TWO LOVERS

Two Lovers

Director: James Gray.

Guión: James Gray y Ric Menello.

Intérpretes: Joaquin Phoenix, Gwyneth Paltrow, Vinessa, Moni Moshonov,  Isabella Rossellini, John Ortiz, Elias Koteas.

Fotografía: Joaquin Baca-Asay

Montaje: John Axelrad

EEUU. 2008. 110 minutos.

 

James Gray

El caso de James Gray es realmente insólito en su panorama cinematográfico de procedencia, el norteamericano. Insólito porque, antes de estrenar esta Two Lovers (en España, en mayo de 2010; en EEUU, en 2008), sólo había realizado (y previamente escrito) tres películas en un arco cronológico de nada menos que catorce años (entre Little Odessa, su opera prima, filmada en 1994, y The Yards/El Otro Lado del Crimen, realizada en 2001, distan siete años, y entre ésta y We own the night/La noche es nuestra, de 2007, otros cinco). No tan insólito, pero sí remarcable, porque esas tres obras están íntimamente conectadas a nivel genérico, en el territorio del melodrama criminal, conexión que da lugar a un corpus bastante cerrado en lo que a temáticas y tono se refiere –las razones argumentales y sobretodo el tratamiento de los personajes–, al punto de que cada película, en muchos aspectos, puede verse como una variación de la anterior (o hasta cabe la posibilidad de cruzar interpretaciones, las de una película a la luz de lo expuesto en las otras). Insólito sobretodo por la rara posición en la industria de Gray, pues en estos catorce años, allende sus obras, no ha participado como guionista, productor o cualquier faceta técnica en otras obras cinematográficas ni televisivas, que no ha conseguido que ninguna de sus tres películas alcance mucha celebridad, y, aún así, siempre ha contado con elencos actorales de primera línea mainstream; datos externos que se parangonan con los internos, con la bastante singular hechura de las tres películas, que no se prestan tanto a los cánones genéricos en boga cuanto a los más amplios del drama –de hecho, Gray pretende hacer convivir el policíaco con el melodrama–, pues se caracterizan por la marcada circunspección narrativa, pero que, a tono con lo anterior, tampoco apuestan por la experimentación visual, lo que las sitúa en una tierra de nadie, como mucho emparentada con ciertas formas del clasicismo y, ahondando en su filiación genérica, con los thrillers norteamericanos de los años setenta del siglo pasado, amén de ciertas referencias cinéfilas con las que Gray, gustoso, trufa sus relatos en imágenes y sonido (en este caso, por ejemplo, es interesante comprobar de qué forma Gray hace aparecer un guiño al tercer El Padrino, el realizado por Coppola en 1991, tras sus dos películas en las que muchos críticos habían visto los ecos de los dos títulos de la saga: la inclusión de un movimiento de la Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni).

 

Dostoyevski

A la luz de lo anterior, cabe decir que el colmo de lo insólito resultó, al menos sobre el papel, su decisión de cambiar de tercio genérico y filmar una historia a la que cabe colgarle la etiqueta de romántica, además en términos de producción bien distintos que las anteriores, pues Gray la preparó en poco tiempo, la rodó en menos de un mes y la estrenó menos de un año después del opening de su obra previa. Sin embargo, bajo la más elemental superficie resulta que Two Lovers no está tan alejada de las tres obras previas del cineasta, algo que nos sirve para identificar sus principales enseñas narrativas, y, a partir de esa identificación, usarlo como ejemplo para una definición autoral bien válida y no sujeta a los dos elementos con los que solemos identificar esa definición en estos tiempos, el manierismo o la experimentación formal. El guión escrito por el propio Gray con Ric Menello se inspira no tan lejanamente en Noches Blancas, el relato corto de Dostoyevski que previamente informó a cineastas como Visconti y Bresson, y que narra en primera persona los avatares de un joven soñador y solitario que accidentalmente conoce a una joven, Nástienka, traban amistad, él se enamora perdidamente de ella, pero ella en cambio lo utiliza como confidente, pues está enamorada de otro hombre. En la ecuación argumental de Gray y Menello, a la asimétrica pareja formada por Leonard Kraditor (un Joaquin Phoenix, digámoslo ya, inmenso) y Michelle Rausch (Gwyneth Paltrow), se les une un tercer (cuarto, contando el amante de Michelle, Ronald, encarnado por Elias Koteas) personaje, Sandra Cohen (Vinessa Shaw), que funciona como alternativa sentimental de Leonard, una buena chica de buena familia que está enamorada de él y que le ofrece todo lo que Michelle le niega: estabilidad.

 

Desnortado

Y lo cierto es que el dibujo que de Leonard plantea Gray (y Menello, y Phoenix) en Two Lovers puede leerse como una interesante actualización del atormentado protagonista de aquella obra escrita por la pluma joven de Dostoyevski. Su primera aparición –ese prólogo, que ilustra un patético intento de suicidio–, que nos lo presenta como un tipo destrozado, se ve rápidamente y bien matizado con la presentación de los diversos personajes que constituyen y pasarán a constituir su mundo relacional –sus padres, con quienes ha retomado la convivencia tras la ruptura traumática con su anterior novia; Michelle, un accidente en su corazón desde el primer momento en que la ve; Sandra, que no disimula sus ansias por iniciar una relación sentimental con él; y la familia de ésta, que mantiene una relación de patrocinio comercial con el negocio del Sr. Kraditor–, pintándonos a Leonard como a un tipo locuaz, aunque atormentado por esa herida del pasado, agradable en el trato aunque algo ausente, capaz de arrancar tantas sonrisas como sostener lágrimas… un joven, en fin, al límite de la treintena y que avanza con pasos bastante desnortados por su existencia no porque su naturaleza sea autodestructiva sino porque le ha tocado volver a empezar de cero. Y puestos en el contexto geográfico, la zona neoyorquina de Brighton Beach, de la que Gray sigue sin moverse, que también supone ponerse en contexto cultural, aflora uno de los principales argumentos como narrador del cineasta, su interés por encarar la descripción de microcosmos familiares con cierto sesgo naturalista, quizá la introducción de proyecciones autobiográficas (no porque Gray haya vivido las situaciones de los personajes de sus películas, pero sí porque lleve a la exacerbación motivos sentimentales con los que cualquiera puede identificarse, y que tienen que ver, más que con cualquier otra cosa, con la búsqueda del propio lugar en el mundo y la autorrealización subyugadas por un entorno no hostil pero sí castrante, que puede ser la familia, sin duda, pero también admite márgenes más amplios, los condicionantes sociológicos de toda índole).

 

Mecanismos de identificación

Volviendo a Dostoyevski, el completo relato que nos ocupa puede ser perfectamente puesto en correlación con un determinado fragmento de una de las mejores películas de Woody Allen, Match Point, cuando al arribista encarnado por Jonathan Rhys Meyers se le atragantan sus esfuerzos por enamorarse de la joven aristócrata que puede solucionar su porvenir (Emily Mortimer) en el momento en que le sobreviene una pasión devoradora hacia la joven algo desquiciada que encarna Scarlett Johansson. En aquella película suceden muchas otras cosas, y si en Two Lovers ese conflicto da para el relato entero es precisamente porque Leonard no es un arribista, y la forma en que sortea los obstáculos no pasarán a engrosar el peso de su conciencia, pues siempre mira de frente, y si no se atreve a contarle la verdad a Sandra no es tanto por miedo a desmoronar el rol que su entorno familiar le ha asignado cuanto por el hecho de que Michelle aún no le ha dado un asidero al que agarrarse tal y como desearía, pues su amor hacia ella no es correspondido. Lo anterior debe llamarnos la atención sobre el hecho que Gray no sólo ancla el tema de su relato en lo universal (el triángulo amoroso), sino que rehúsa toda sofisticación y hasta complejidad en el tratamiento de ese tema, reduciéndolo al tenor mínimo. ¿Y por qué? Porque lo que le interesa a Gray, y he aquí otra seña de identidad, quizá la más importante de todas, es generar mecanismos de identificación suficientes en el espectador para alcanzar a transmitir (y no es poco alcanzar) emociones auténticas. Ello explica la llaneza argumental, tan a la contra, de todas sus propuestas, su vis íntima imponiéndose a todo lo circunstancial, y el reguero de dudas e interpretaciones que deja a percepción del espectador.

 

La esencia del melo

Unos propósitos narrativos, artísticos en realidad, que acaban destilando los mejores resultados en esta su cuarta película, lo que quizá sólo obedezca a la inspiración, quizá se deba a que el meticuloso storyteller va perfeccionando su técnica narrativa, o quizá tenga que ver con su superación de la coartada genérica, mediante este otro formato que le permite centrar los términos de un modo mucho menos opinable, al librar al espectador de los inevitables juicios morales que siempre intervienen en el policíaco. En cualquier caso es cada vez más evidente que la esencia del melodrama descifra todas sus variables, remembrando, bajo una perspectiva mucho más introspectiva, quizá tímida, los exponentes de una determinada visión de lo trágico que se pueden perfectamente remontar cronológicamente a Rocco y sus hermanos/Rocco e suoi fratelli (Luchino Visconti, 1960) y alcanzar no mucho más allá de El Padrino, parte II/The Godfather, part II (Francis Coppola, 1974). Atiéndase al hecho de que, al menos desde una vis objetiva, ninguno de los personajes en liza en la película logra trascender lo que es, y apenas uno de ellos lo intenta: el filme deja a Leonard, pero también a sus dos amantes, en exactamente el mismo lugar en el que se hallaban al principio, las puertas de todas las dudas reabiertas una vez puestas a escrupuloso y sentido examen. Y digno de mención y de encomio es que el cineasta recorra muchos de los arquetipos de la comedia romántica y vaya codificándolos en esos términos opuestos del melodrama, por contenidos que éstos sean (de tal modo que revela los límites de cada tratamiento y cada tono), o que asimile referencias cinéfilas de todo pelaje sin que el relato se resienta un ápice. 

 

Ideal(ismo)

Y una vez sentado todo lo anterior, creo legítimo exponer, ni que sea de forma muy aproximada, cuáles son esos sentimientos auténticos que digo haber percibido. Aunque algo sui generis, los comentarios redundan en spoilers, aviso para aquéllos que no hayan visto la película y no deseen conocer su final. Creo que Michelle, desde los interesantes matices interpretativos que le otorga Paltrow a aquéllos otros que le concede la cámara de Gray como subjetivización de la mirada de Leonard, encarna un ideal inalcanzable, con toda la abstracción que permita ese concepto. Teoría ésta que no se asienta primordialmente en razones psicoanalíticas que pudieran explicar la respuesta de Leonard al deber ser que la bondadosa y previsible Sandra le lleva a encarnar según su condicionamiento familiar y social, sino en las explicaciones que Gray nos da en imágenes, trascendiendo los diálogos, en los sonidos, en las angulaciones de cámara, en la importancia cabal de los reducidos escenarios. Michelle ni siquiera debería estar ahí, pero Leonard la necesita, necesita volver a abrir su corazón, creer en la oportunidad de enamorarse como si fuera de nuevo la primera vez, la única. Y quizá por ello Michelle aparece de la nada, y sin apenas encajar el accidente Leonard ve cómo se cuela en su casa, e incluso husmea por el pasillo y le pregunta por su habitación, a la que sin embargo no accede. Sí accede a ella Sandra, y se encuentra con una serie de objetos y desórdenes que simbolizan perfectamente la situación personal y sentimental de Leonard y la sombra del pasado en esa foto enmarcada que, sólo bajo la promesa de Michelle, dejará atrás, tirará a la basura. Leonard y su habitación son la misma cosa, y no es por azar que desde su ventana, y alzando la mirada, pueda ver a su amada ideal, que la inmortalice con su cámara de fotos –signo de su identidad en proceso de búsqueda–, que en los primeros compases mantengan conversaciones con una chispa adolescente (en una situación que parece extraída directamente de las comedias o musicales del Hollywood clásico, ello aún más subrayado en un determinado instante en el que al patio interior en el que la pareja departe llega el eco de una pieza de jazz), y que en la culminación de su amor (imposible) ella le muestre uno de sus senos desnudos para que él pueda quedarse con la imagen de la perfección (según él mismo manifiesta). Y si la importancia de la habitación es cabal, no menos representativos son los diversos encuentros en la azotea, la cámara moviéndose entre obstáculos –columnas, sombras– que separan a los personajes o los obligan a intimar; una azotea, un estar por encima de, lo más arriba a que Leonard alcanza, su mayor perspectiva de las cosas, la virtud hallada en un encuentro sexual que se revelará único. Poco importan al espectador, al fin y al cabo, las neuras y problemas de Michelle, nos son tan ajenos como antipático su amante rico. Michelle nos importa sólo por lo que representa para Leonard, cual aspiración que casi se ve colmada. El ideal nos sirve para perfeccionarnos, por mucho que nunca podamos alcanzarlo. O al menos eso exponen los románticos. Eso podría explicar la distancia entre la escena prólogo y la decisión final de Leonard, en la playa, de nuevo frente a un mar entristecido por la falta de luz. Recoger el guante y el anillo, ir a entregarse a una vida que alguien escribió por y para él. Quizá no hay otra salida, o quizá es un sacrificio que puede aceptarse sólo después de haber vislumbrado el ideal, la imagen de una belleza que puede perdurar en el recuerdo, y que será el motor de una existencia en la que los sueños no quedarán vedados. Quizá. Quizá tantas cosas.

http://www.imdb.com/title/tt1103275/

http://www.twoloversmovie.com/

http://www.cinearchivo.com/site/Fichas/Ficha/FichaFilm.asp?IdPelicula=81594

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20090225/REVIEWS/902259987/1023

http://www.bfi.org.uk/sightandsound/review/4883

http://opinion.labutaca.net/2010/05/17/two-lovers-decisiones-que-encadenan/

http://www.monstersandcritics.com/movies/reviews/article_1461151.php

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s