ORIGEN

Inception

Director: Christopher Nolan

Guión: Christopher Nolan.

Intérpretes: Leonardo Di Caprio, Marion Cotillard, Ken Wetanabe, Cillian Murphy, Ellen Page, Joseph Gordon-Levitt, Tom Hardy

Música: Hans Zimmer

Fotografía: Wally Pfister   

  Montaje: Lee Smith

EEUU. 2010. 142 minutos

 

“(Mal): I’m the only thing you do believe in anymore.

 
(Coob): I wish. I wish more than anything.

 But I can’t imagine you with all your complexity,

all you perfection,

 all your imperfection.

 Look at you.

You are just a shade of my real wife.

 You’re the best I can do;

but I’m sorry, you are just not good enough.

 Nolan’s

La profesión y cometido del equipo capitaneado por Dom Cobb, el protagonista de esta Origen encarnado por Leonardo Di Caprio, nos puede servir para ilustrar, por la vía del comentario alegórico, cuáles son los intereses como cineasta de Christopher Nolan, por qué territorios (o cabría hablar de vericuetos) del lenguaje cinematográfico se mueve, y, en definitiva, cuál es su aportación al estado de las cosas en el cine actual (y no añado los epítetos “americano” ni “mainstream para no encorsetar el discurso ni focalizarlo sólo en razones industriales o mercantiles; como mucho, añadiré el de “fantástico”). En el universo de ciencia-ficción implementado (con tanta convicción como pocos aspavientos) por Nolan, guionista y director, en la película que nos ocupa, Cobb es un avezado ejecutor de una técnica de espionaje industrial hoy por hoy sólo imaginaria o imaginable: la de infiltrarse en los sueños de próceres industriales para robarles, o ver revelados, secretos industriales escondidos en su mente (lo que en el filme denominan extraction); también cabe la posibilidad, y en ella se desgrana la trama de la película, que Cobb y sus partners se adentren en esos sueños con idénticas intenciones pero metodología que cabría calificar de inversa: introducir una idea en el sueño, una idea que germine desde el subconsciente del individuo y le lleve a tomar una decisión concreta (definición de la palabra que da título original a la película: inception). Nolan, a través de sus alambicadísimos relatos, intenta introducirse en el pensamiento o ánimo del espectador para manipularlo, aunque sus fines no tengan nada de espurios. En realidad, estaría diciendo nada más que una verdad de Perogrullo, si no fuera porque lo que Nolan pretende no tiene sólo que ver con el contenido de sus obras, sino con el contenido a la luz de la forma, en las posibilidades que dan los medios para iluminar los fines. Es decir, no se trata sólo de que Nolan, como cualquier artista, pretenda involucrarnos intelectual o emocionalmente en su obra, sino que pretende ensanchar el horizonte en el que damos cobijo a los relatos que nos son narrados mediante el lenguaje cinematográfico, estableciendo para ello una serie de reglas, las que conforman su universo narrativo, y aplicándolas a unos temas e ideas complejos, los que a Nolan le interesan, los que encajan con sus intenciones, y que quizá de otro modo no hallarían cauce expresivo.  

 

 Deconstrucción del relato

Nolan se enfrenta a dos problemas. Uno, que aparece en un panorama cinematográfico (éste sí, mainstream) caracterizado por el gusto por la sofisticación narrativa, los argumentos enrevesados y la inesquibable presencia de twists, técnicas y estilemas argumentales todos ellos que, prioritariamente, no hacen otra cosa que ocultar la escandalosa carencia de originalidad que es moneda de cambio habitual en Hollywood desde hace ya demasiados años. En ese sentido, el peligro radica en que sus ficciones sean confundidas con nada más que eso, argucias argumentales vacuas, y por tanto se vea a Nolan como nada más que un mero artesano de esta coda manierista, quizá un director meramente hábil que se atreve a dar la enésima vuelta de tuerca. Podremos sortear ese escollo desde el conocimiento y la perspectiva que nos da la filmografía de Nolan, deteniéndonos por ejemplo en títulos como Memento o The Prestige, o incluso en Following. Todas ellas se caracterizan por la deconstrucción del relato (probablemente Memento utilizando la fórmula más sencilla, pues el relato no se desentraña desde dentro, sino retrocediendo secuencia a secuencia, de forma lineal), una deconstrucción que nos lleva a plantear los términos del relato de un modo distinto, pero no sólo para reconsiderar lo aparente –como suele hacerse–, sino para establecer otra lógica, otra forma de hacer avanzar el relato, otro crescendo dramático. En el caso de Memento y de The Prestige, para mí sendas obras maestras, lo que de cartesiano tiene el relato no deja lugar a dudas: hay, en cada caso, una poderosísima historia de personajes que sostiene la estructura del guión. En la iniciática Following, por momentos sucede algo semejante, por mucho que esas normas se hallen en un estadio lógicamente más rudimentario, mucho más cerca aún de lo intuitivo (lo que el cineasta siente que le interesa) que de lo intelectual (las herramientas ya concretas para llevarlo a cabo en los términos del lenguaje y del engranaje de medios implicados en la realización de una película).

 

Complejo tablero narrativo

El otro problema tiene que ver con los términos de complejidad ya aplicados al contenido, y se agrava por el hecho, en lógica subsiguiente, de que Nolan trata al espectador de forma inteligente, eludiendo sentimentalismos y sirviéndose a menudo de elipsis para desnudar el relato a lo esencial. En una obra como Inception, aún de forma más acusada que en títulos anteriores del cineasta, el esfuerzo por comprender los entresijos meramente de la trama (la arquitectura del sueño, la tarea de cada miembro del equipo, los niveles del sueño y sus duraciones dispares, la conexión con el limbo…) ocupan, entretienen al espectador de forma tal que complican su absorción de lo que habita bajo la trama: la sustancia dramática y las posibilidades alegóricas. Es cierto que uno siempre puede permanecer durante los títulos de créditos finales, o a la salida del cine, meditando sobre esos significados; sin embargo, constato que un segundo visionado de Inception sitúa al espectador en disposición de deleitarse con algo decididamente distinto de lo que le deleitó la primera vez. Algo que necesita lo previamente sentado o comprendido, pero que enriquece con mucho la experiencia del visionado, pues nos adentra en ese contenido dramático y alegórico. Haciendo un símil fácil, parece como si en la primera ocasión dispusiéramos el tablero y las piezas que en ellas se mueven, y sólo en la segunda pudiéramos jugar. Porque, y evidentemente estoy generalizando, la memoria y la capacidad de absorción de contenidos es limitada, y no es lo mismo pensar la película tras verla que pensarla mientras se vuelve a vivirla. El peligro a que esta circunstancia da lugar nos vuelve a llevar a la posibilidad de que un espectador poco dado al género o al esfuerzo mental juzgue la película como un mero artefacto de relojería cinematográfica, quedándose con ideas atractivas pero superficiales, y abandonando todo el poso figurado o alusivo que habita en el relato. Y bien cierto que es una lástima que haya espectadores que no lleguen a introducirse en el apasionante territorio de las ideas que habitan en este complejo tablero narrativo. En este particular, además, ciertamente Inception supone un auténtico paso adelante en la filmografía de Nolan, una asunción añadida de riesgo que en realidad es del todo coherente. Otra vez, y sin pretender efectuar categorizaciones sino meramente ejemplificar, podemos sortear ese escollo desde el conocimiento y la perspectiva que nos da la filmografía de Nolan, deteniéndonos ahora en títulos, exploraciones narrativas previas, como Insomnia o las dos películas sobre Batman, Batman Begins y The Dark Knight. Evidentemente, ninguna de ellas tenía una estructura ni unas premisas a explorar tan complejas como Inception, pero, ubicando cada obra en su espacio genérico-convencional, Insomnia no pasaba sobre el papel de ser un filme policiaco, un whodunit, ni las dos películas sobre Bruce Wayne dos aportaciones más al poblado universo cinematográfico del cómic de superhéroes, y en los tres casos acababan existiendo poderosas razones de argumento y desarrollo dramático que ofrecían más que valores añadidos, aportaciones en la esencia o meollo narrativos, en todos los casos referidos a los llamados dopplegangers, consideraciones psicológicas o hasta filosóficas de enjundia, así como unos juicios (o su carencia) que terminaban encauzando senderos muy lejanos a los que marca la corrección política o la convención aceptada.

 

El cineasta en la industria

Hemos hablado de problemas. Sin embargo, esos problemas o peligros referidos a la percepción de las obras de Nolan también han revertido, inteligencia del cineasta mediante, en su capacidad para labrarse un espacio cómodo en el seno de la industria, y disponer de tantos medios como libertad creativa para desarrollar sus proyectos, un equilibrio siempre difícil que ya concurría en The Dark Knight y que probablemente esta Inception (película presupuestada en ciento cincuenta millones de dólares) ejemplifica de la forma más evidente. La taquilla manda, y en Nolan se ha conjugado el talento con la suerte, la destreza artística con la habilidad para moverse en los parámetros y razones industriales, yendo un paso más allá de lo logrado por Peter Jackson, Bryan Singer o M. Night Shyamalan en su día o, en parámetros de razones artísticas bien distintas, lo que revelan estas alturas de la trayectoria filmográfica de Michael Mann. Porque si algo parece a estas alturas bastante indiscutible es la personalidad de Nolan, su constante edificar un universo propio, caracterizado por supuesto por los temas que hemos ido enunciando y por esas férreas y complejas estructuras argumentales, pero también por una gramática y una sintaxis cinematográfica determinada, en realidad alérgica al artificio espectacular, por una cierta frialdad tonal compatible con la convicción en los postulados dramáticos esgrimidos. Los diálogos/monólogos pulidos a lo esencial, por lo menos una idea valiosa en cada frase, raramente un cabo suelto en el destilado conceptual de la película. La búsqueda de una estética visual verista y una cinética aferrada a la fisicidad, de visos más genuinos que la sensación de irrealidad que desprende, aún hoy, el ya muy extendido uso maximalista de lo infográfico. La consecución de una determinada métrica en la repetición de encuadres y el uso de la música. La presencia reiterada de algunos intérpretes (caso de Cillian Murphy, Ken Wetanabe o Michael Caine) que en ocasiones incluso reproducen idénticas tipologías de personajes, estableciendo así más vasos comunicantes entre sus relatos.

 

Posibilidades expresivas

Me congratulo de lo bien que está funcionando en taquilla esta Inception, una obra que sin duda no tiene nada de acomodaticia, y que si en su definición argumental de género asume referencias varias especialmente sobre películas que se han acercado a lo que damos en llamar la rubber reality o realidad virtual en el sentido más amplio –y conceptualmente, también a postulados literarios de autores como Borges o Philip K. Dick–, nunca cae en el pastiche, ni siquiera en el homenaje velado o desvelado, básicamente porque tanto las ideas matrices puestas en la picota cuanto los mimbres que van erigiendo el relato son bien novedosos. La estructura argumental se asemeja mucho a la de The Prestige, ya que se trata de un desarrollo bastante lineal de los acontecimientos, pero que abre constantemente compuertas a hechos pasados. Pero aquí no sólo por la vía del flashback, sino también a través de las posibilidades que el extraordinario argumento del filme le confiere, utilizando el sueño como espacio (físico y narrativo) de y para la memoria (o dicho de otra forma, aplicados a esos términos del ciberespacio, las posibilidades de apaisamiento o hasta disolución del tiempo). La elucubración de esos diversos “niveles de sueño” dotados, como digo, de propias reglas de tiempo –y también de espacio, jugando con diversas e imaginativas definiciones estéticas– ofrece y al mismo tiempo exige al espectador un juego de análisis que se desdobla en la sincronización de todos ello y en el análisis compartimentado (palabra que no en vano aparece durante el metraje) que radica en cada uno de ellos. De ello resulta un puzzle urdido con tanta templanza como ingenio, que ofrece ideas brillantes en su manipulación de los significantes y significados de ese espacio-tiempo multiplicado y al mismo tiempo conectado de forma intrínseca; pero todo ello sólo es un primer eslabón narrativo de la película, que la ubicaría en el territorio del thriller de ciencia-ficción más puro; sin embargo –y recordándonos donde radica lo más fascinante del cine fantástico– existe un eslabón narrativo superpuesto, más intrincado, sugestivo y rico en matices, que habilita la entraña dramática de la película, al adentrarnos en las atormentadas razones personales que incumben a Cobb, la tragedia que hipoteca su pasado y que hace pender su futuro, su esperanza, de un hilo. Todo ello perfilado a través del personaje de su esposa, Mal, una Marion Cotillard que Nolan dibuja como una antológica personificación del hálito romántico más universal, y que vive y participa activa, decisivamente en el relato ello y a pesar de que su espacio, a diferencia del del resto de personajes, sólo es el onírico, la materialización por la vía de la evocación, un recuerdo tan deslumbrante como desasosegante, que, del mismo modo que los miedos y los deseos condicionan los actos de los hombres, macula constantemente los intentos de quien fuera su marido de encapsular en lo objetivo un espacio, el del sueño, donde lo subjetivo no sólo es una presencia primordial, sino también incontrolable.

 

La fertilidad del relato

Para no destriparle el argumento a nadie, ni introducirme (por apasionante que se me antoje) en apreciaciones personales sobre el mismo, no desvelaré más información. Baste consignar que, por todo lo expuesto, Nolan atesora como mínimo la fusión de dos relatos de enjundia en uno solo, haciendo aflorar en el texto lo que por ejemplo Alfred Hitchcock en sus relatos de suspense hacía aparecer por la vía del sui generis. Y que conste que no me interesa comparar a dos cineastas tan diversos, pues en la esencia del cine de Hitchcock se hallaba el imperio de la imagen, bien capaz de subvertir los términos de un relato, cuando Nolan hace todo lo contrario, su puesta en escena sirve, con humildad, al argumento, no porque sepa ilustrarlo meramente con oficio, sino probablemente en el breve y frágil espacio necesario para que el artificio no decline el sentido de tantos argumentos preexistentes en el libreto. Hitchcock y Nolan, como tantos otros brillantes cineastas, sí que comparten lo esencial: lo que acaba brillando, el legado cinematográfico, es la fertilidad del relato. Pues lo más interesante en Inception, en el cine de Nolan, es lo que ese argumento doble convoca y refunde: por un lado, el relato objetivo que habita en la superficie, una aventura ciberespacial de proposiciones cartesianas, el género como vehículo para un entretenimiento inteligente; por el otro, superpuesto del mismo modo que dos ideas pueden concurrir en una sola frase de diálogo o que un inserto de montaje puede violentar el sentido de una secuencia, el comentario subjetivo, el hablar del poder creador y asimismo destructor de la mente, y el adentrarse en nociones románticas articuladas desde pulsiones psicológicas oscuras. Del mismo modo que se puede ilustrar hazañas del justiciero de Gotham y al mismo tiempo reflexionar sobre el miedo (Batman Begins) o sobre la quebradiza definición del Bien y el Mal que sostiene un sistema jurídico y político (The Dark Knight); o que se puede vestir una pursuit story enajenada o un arrebatador relato sobre la competición y la competencia entre dos magos al tiempo que se perfila, con más que notable agudeza, el desasimiento emocional que convoca el olvido (Memento) o la simiente del odio que define la ambición humana (The Prestige). En realidad, vemos, muchas cuestiones relacionadas con la moral humana, que Nolan visita una y otra vez no para adjudicarles un punto de vista, sino para, bien al contrario, recordarnos sus ambivalencias, la infinidad, a poco de pensarlo terrorífica, de esos puntos de vista.

http://www.imdb.com/title/tt1375666/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20100714/REVIEWS/100719997/1023

http://8th-circuit.com/?q=content/review-inception

http://alinaderzad.blogspot.com/2010/07/opposing-views-bowen-sounds-off-on.html

http://moria.co.nz/index.php?option=com_content&task=view&id=4757&Itemid=0

http://movies.nytimes.com/2010/07/16/movies/16inception.html

http://www.thecinematheque.com/2010reviews_x_inception.html

http://www.unexaminedessentials.com/2009/12/inception-christopher-nolan-2010.html

http://www.cinematical.com/2010/06/24/interview-inception-cinematographer-wally-pfister

http://www.cinemablend.com/new/An-Illustrated-Guide-To-The-5-Levels-Of-Inception-19643.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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