AIRBENDER, EL ÚLTIMO GUERRERO

The Last Airbender

Director: M. Night Shyamalan

Guión: M. Night Shyamalan, según la serie televisiva

 creada por Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko.

Intérpretes: Noah Ringer, Dev Patel, Nicola Peltz, Jackson Rathbone, Shaun Toub, Aasif Mandvi, Cliff Curtis, Seychelle Gabriel

Música: James Newton Howard

Fotografía: Andrew Lesnie

Montaje: Conrad Bluff IV

EEUU. 2010. 104 minutos

 

Tres de las posibles formas de aproximarse a esta película podrían ser, primera, glosarla como adaptación, relacionar y comparar la película con el sustrato televisivo del que parte; segunda, cotejarla con el resto de la filmografía de M. Night Shyamalan, buscando las razones, puntos fuertes y débiles de este punto en concreto de la carrera cinematográfica del autor de El Sexto Sentido; tercera, desentrañarla desde el punto de vista del género del que participa, la heroic fantasy, y en el contexto de las recientes aportaciones al mismo que la industria nos ha ido presentando desde que Peter Jackson triunfara con su adaptación de El Señor de los Anillos.

 

Avatar

La verdad es que difícilmente puedo encarar la primera y lógica posibilidad de análisis habida cuenta de que desconozco totalmente la serie televisiva que sirve de sustrato a la película. Partiendo de datos objetivos y del contenido argumental de la película, decir que The Last Airbender está basada en la primera temporada de la serie animada denominada Avatar: la leyenda de Aang (de hecho, al respecto, recuerdo que uno de los working titles del filme era precisamente Avatar, que posteriormente debió modificarse por, huelga decirlo, el estreno de la película de James Cameron); se trata de una galardonada serie de televisión animada estadounidense creada por Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko y producida por la cadena televisiva Nickelodeon, que en su manufactura y estética recibe fuertes influencias del anime y el manga. Emitida en tres temporadas, de 2005 a 2008 en Estados Unidos, la serie ubica las canónicas aventuras de artes marciales en un universo fantástico imbuido de elementos de espiritualidad oriental, traducido en una descripción geográfica conformada por reinos correspondientes a diversos elementos (Tierra, Agua, Fuego y Nómadas del Aire), y que pone en la picota la habilidad de diversos personajes –eminentemente ese Avatar presente en el título de la serie y descrito como “el último guerrero” en el de la película en España– de manipular esos elementos y utilizarlos como herramienta de lucha al tiempo que como estandarte de esa espiritualidad. La labor desarrollada por Shyamalan en la película (guionista adaptador en solitario) pretende glosar en formato largometraje los veinte capítulos que conformaban la primera temporada.

 

El ruedo del mainstream

La de varapalos que le han llovido al cineasta por todas partes nos sirve para introducir la segunda perspectiva de análisis, centrada en la posición de esta The Last Airbender en la filmografía del cineasta, y también para cerrar el comentario referido a la adaptación diciendo que muchas voces, que no comparto ni acredito ni desacredito ni desmiento, consideran que malbarata el interés de la serie. También se le ha criticado, a menudo con saña, el infantilismo de la propuesta, algo demasiado relativo como para ser expuesto a secas; y también, y en eso sí que estoy plenamente de acuerdo, los problemas relacionados con un montaje algo deslavazado: Jordi Costa, en su comentario publicado en Fotogramas, comenta que la película “tiene pinta de ser una de esas películas que han sufrido lo indecible en la sala de montaje”, algo que sin duda conecta con la quebradiza posición en la industria de Hollywood de quien antaño se labrara el mayor prestigio (con los tres éxitos consecutivos de El Sexto Sentido, El Protegido y Señales), para luego irlo perdiendo con los progresivos fracasos, de público y crítica, especialmente la autóctona, de sus siguientes películas (El Bosque (The Village), La Joven del Agua y El Incidente); del mismo modo que El Incidente, filme con aroma a serie B afiliable a la tendencia catastrofista del cine fantástico en los últimos años y al mismo tiempo amparado en una premisa extravagante pero original, suponía un matizable run for cover del cineasta tras el resultado fallido de La Joven del Agua, su obra probablemente más personal (o al menos en la que exponía de la forma más radical los conceptos que le interesan y que siempre están presentes en sus relatos), puede decirse que esta The Last Airbender es una matizable vuelta al ruedo del mainstream: Shyamalan ya no tiró de un material original, buscando una fórmula comercial tanto en lo general (el género en boga) cuanto en lo particular (el éxito de la serie televisiva), y es seguro que no pudo asumir con la misma libertad que antaño tuvo el control creativo en todas las fases de producción; de ello se sigue ese comentario de Jordi Costa, bien apreciable en las imágenes de la película, sobretodo en el desarrollo narrativo entre las set-pieces climáticas de acción y en los diálogos; en esos pasajes intermedios da la sensación de que la película que estamos viendo es un reader’s digest de una versión mucho más extendida (que no sé si existe, existirá o quedará, como en tantas otras ocasiones, en el limbo de “lo que pudo haber sido” –aunque, en todo caso, acuso que la versión estrenada, que dura poco más de hora y media, supone un metraje quizá innecesariamente ceñido para este tipo de producciones–), perdiendo con el canje el empaque atmosférico (que sí habita en los momentos climáticos) y parte del dramático (pues aunque la crítica también se ha cebado a menudo en los intérpretes, creo que el problema, sí que en parte identificable con una dirección tal vez demasiado expeditiva –por ejemplo, a la manera de Lucas en su segunda trilogía de Star Wars–, tiene más que ver con la falta de oxígeno en el apartado narrativo referido a la descripción de personajes). Esa mengua en el control creativo, que en realidad resulta del todo lógica en términos industriales –pues no hubiera tenido lugar si Shyamalan hubiera optado de nuevo por una cinta de perfil más low-budget–, revierte, para decirlo de un modo resumido, en una cierta falta de convicción, la de Shyamalan por la que atañe a las imágenes de la película, a menudo en peligro de quedarse en tierra de nadie, entre el artificio con estética disneyiana y ciertos arrebatos, intermitencias, de sabiduría fílmica innegable, que si no cuajan del todo bien es precisamente por culpa de un desacompasado tempo narrativo.

 

Cuestiones de Fe

Esa falta de convicción debe tenerse en cuenta a la hora de abordar el análisis desde el punto de vista de la pertenencia al género de la película. Al respecto, podemos regresar a los comentarios más extendidos sobre la película –éste, que no sé si debe entenderse como una crítica negativa a la misma–, que viene a decir que nos hallamos ante la obra más impersonal del cineasta (o más antishyamalaniana, según casi impronunciable vocablo que he leído en alguna parte). La verdad es que esa aseveración tiene que ver con diversos de los motivos expuestos en el párrafo anterior (lo relacionado a la arritmia, no lo que tiene que ver con los diálogos, pues Shyamalan puede ser pertinente en sus diálogos, pero raramente brillante, y a menudo es muy poco sutil, como atestiguan obras como Señales o La Joven del Agua, e incluso El Bosque en sus pasajes finales), y, en correspondencia, con razones de escenografía. Pero, por otra parte, debe refutarse tomando otros considerandos. Primero, que The Last Airbender, en su afiliación al heroic fantasy, debe participar de ciertas convenciones narrativas que difícilmente casan con la introspección psicológica de los títulos que la mayoría aún retienen como lo mejor del cineasta: El Sexto Sentido y El Protegido, y los raíles genéricos, sobretodo en el cine comercial, y sobretodo en un espacio de la épica maximalista, no pueden ni deben desnaturalizarse tan fácilmente. Y segundo, y eso es lo esencial, que en esta historia sobre las naciones del Aire, el Agua, la Tierra y el Fuego enlazadas por un destino escrito en los oráculos viven, e incluso cabe pensar que desaguan, o que es su cauce más natural, el grueso de obsesiones temáticas de Shyamalan, las cuestiones referidas a lo fabuloso y lo legendario, la preponderancia de las fuerzas de la naturaleza y, sobretodo, el nexo de la espiritualidad como conditio sine qua non y catalizador del todo. Si en todas las películas previas del director existía un(o o más) proceso(s) de revelación de algo fantástico o mágico que pasaba por un esfuerzo de Fe en el personaje implicado, en esta ocasión la Fantasía ya no necesita hallar un camino, pues ya el género la convierte en premisa, y, empero, como reflejo inverso, aquí hay personajes que cuestionan la sabiduría de los oráculos y las fuerzas sobrenaturales (el senescal del Rey de la tierra del Fuego, quien destruirá uno de esos espíritus). Y en cualquier caso, por supuesto, está la celebración de la Fe como acicate del éxito de la proeza que lleva a cabo el protagonista de la función, al aceptar su condición y su celibato (por no hablar de la materialización de esa gesta, las impresionantes imágenes infográficas del agua alzándose sobre el destino de los hombres, expresión narrativa de obvias connotaciones bíblicas).

http://www.imdb.com/title/tt0938283/

http://www.thelastairbendermovie.com/intl/fr/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20100630/REVIEWS/100639999/1023

http://chicago.metromix.com/movies/movie_review/movie-review-the-last/2040937/content

http://movies.nytimes.com/2010/07/01/movies/01last.html

http://www.screeninglog.com/journal/2010/7/2/movie-review-the-last-airbender.html

http://www.webcitation.org/5qkFtBF4y

http://es.wikipedia.org/wiki/The_Last_Airbender

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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