LOS MERCENARIOS

 

The Expendables 

Director: Sylvester Stallone

Guión: M Sylvester Stallone y Dave Callahan.

Intérpretes: Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Eric Roberts, Mickey Rourke, Randy Couture, Steve Austin, Terry Crews, Dolph Lundgren

Música: Brian Tyler

Fotografía: Jeffrey L. Kimball

Montaje: Ken Blackwell y Paul Harb

EEUU. 2010. 104 minutos

 

Genio y Figura

Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger fueron los dos máximos exponentes de un determinado cine de acción (o actioner) que proliferó en los años ochenta del siglo pasado, de calidad más bien baja (entiéndase: algunas de las películas que realizaron afiliables al género no son tan despreciables; como siempre, hay que analizar título por título, y generalizar lo justo); pero fueron algo más, de hecho mucho más: su fórmula fue tan exitosa que la industria cinematográfica y televisiva la explotó ad nauseam; los dos actores, mostrando sus montañosos pectorales (robando el epíteto “montañoso” de una frase que Danny De Vito le dedica a Schwarzenegger en Los Gemelos golpean dos veces/Twins, 1988), se erigieron en probablemente los más célebres iconos del mainstream de aquella completa década, fotos de Rocky Balboa, John Rambo o Terminator retenidos en la memoria colectiva de aquellos años del mismo modo que, por citar algunas, la imagen de ET asomando su rostro en una puerta blanca, Eddie Murphy sentado en un coche en una calle de Beverly Hills o Kim Basinger a punto de efectuar un strip-tease para Mickey Rourke en Nueve Semanas y media (1986). Su peso en la industria alcanzó tales niveles que sus películas se convirtieron en las más caras de aquellos años: la por entonces pornográfica cantidad de 63 millones de dólares que costó Rambo III supuso el presupuesto récord en Hollywood en 1988, récord que tres años más tarde sería superado por los 100 millones que costó otra secuela, Terminator 2. A la manera de Ronald Reagan, Schwarzie, casado con una periodista estadounidense de la dinastía Kennedy (Maria Shriver), se abrió camino en la política y en el año 2003 se convirtió en el mismísimo Gobernador de California; en cambio, Sly, que creara Rambo, el icono más politizado de los últimos tiempos (visto por muchos como la representación de los valores ultraconservadores y fascistoides de la Administración Reagan), quiso seguir vinculado con la industria cinematográfica, aguantando mecha como action-hero hasta la llegada del nuevo milenio (con títulos como Get Carter y Driven) , para, al alcanzar la condición de sexagenario, y contra todo pronóstico, reinventarse de nuevo al resucitar las dos sagas que le encumbraron, con Rocky Balboa (2006) y Rambo (2008), ambas escritas y dirigidas por él mismo, para después embarcarse en el proyecto de esta The Expendables que aquí nos ocupa. ¿Les suena la expresión “genio y figura hasta la sepultura”?

 

¿Prescindible?

Mucho se ha comentado sobre el hecho de que esta Los Mercenarios es una reunión entre amigos (Tomás Fernández Valentí, en la crítica de la película publicada en su blog, explicaba muy bien la condición de la película de guilty pleasure), actuando por supuesto Stallone como aglutinador, reuniendo, aunque sólo sea para un breve y jocoso cameo a sus compañeros de generación, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger, recuperando a Mickey Rourke (para darle además un papel con ínfulas líricas, tal y como corresponde a la imagen que el actor siempre ha tenido y que con la dramática The Wrestler se ha subrayado) y a Eric Roberts (cuya cara de pocos amigos sigue otorgándole la convicción necesaria para actuar de malo malísimo); convocando a Jet Li y a Dolph Lundgren como representantes de una generación posterior, y a Jason Statham (coprotagonista de la película con Sly) en representación de los referentes actuales junto con los secundarios Randy Couture, Steve Austin, Terry Crews y Gary Daniels. Sin embargo, hay que añadir algo más, que en realidad transcribe la (escueta, sí) entraña dramática de la película, y que la convierte en una secuela inconfesa de Rambo en la que todos los actores citados son poco más que meros comparsas del héroe (a Statham, para disimular, le inventan una más que tópica subtrama relacionada con sus problemas sentimentales, y a Rourke le erigen en una suerte de guía espiritual y voz de la conciencia del héroe, Barney, el personaje que Stallone encarna). Me baso en una célebre quote de Rambo (First Blood part II, George Pan Cosmatos, 1985), en la que el guerrillero conversaba con una mujer de la que se había enamorado, una chica vietnamita que le había ayudado a fugarse del fortín en el que se hallaba recluido; Rambo le comentaba a la chica que todo lo que él era o representaba era “prescindible”, “expendable” en v.o., queriendo expresar tanto su condición de peón sacrificable en la guerra como su condición de marginado social. Se trataba probablemente del único (¡y también escueto!) apunte dramático de la celebrada película, que halla su evidente reflejo en esta otra ya desde su mención en el título, pero sobretodo al construir la trama, más allá de la operación negra por la que el personaje de Church (Willis) contrata a Barney, a partir del anclaje emocional que despierta en Barney la situación personal de Sandra (Giselle Itié), hija del gobernador títere y miembro de la Resistencia en la región en conflicto a la que el grupo de Barney son enviados. Evidentemente, los tiempos han cambiado, y si en John Rambo el protagonista prestaba su ayuda a una oenegé, ahora es el turno de reivindicar el valor de las vidas humanas individualmente consideradas como forma de salvación del alma (redacción no caprichosa de este cronista, sino que recoge el speech decisivo que el personaje encarnado por Rourke le espeta al atribulado Barney).

 

The Boys are back in town

De lo que es Cine, ni siquiera hemos hablado hasta ahora, y bien poco podremos decir en lo sucesivo. Que Stallone, cada vez más afianzado en su posición a la contra de los cánones actuales del cine de género, se rodea de diversos profesionales que ayudaron a cimentar o aplicaron las normas estéticas de las cintas actioner de hace veintitantos años, caso de los productores  Boaz Davidson, Danny Dimbort o Avi Lerner, o del operador lumínico Jeffrey Kimball (antaño responsable de películas como Top Gun, Superdetective en Hollywood II o Revenge), y pide a los responsables de efectos visuales y sonoros una implementación de motivos aferrados a una aparatosa fisicidad (que ofrece un buen resultado en la secuencia del ataque aéreo en el muelle y en cambio un aborrecible e interminable clímax final), recurriendo a la infografía sólo de forma puntual. Hasta ahí, la cosa tiene su gracia, pero todo se cae por la borda por culpa de un guión basado en una concatenación de frases lapidarias que definen a cada personaje de forma ultratópica, todo ello entre el inevitable catálogo de exabruptos canónicos, todo ello que da lugar a una suerte de guión-batiburrillo de todo punto infumable (que no inflamable, como cabría esperar si los postulados se hubieran llevado a un puerto coherente de ironía y mala leche), y es digno de mención que muchos de los actores apenas llegan a interpretar: salvando a Stallone, Statham, Roberts y Rourke, del resto se nos muestra apenas un plano corto de su rostro cuando pronuncia cada una de las cortas frases lapidarias que el guión le asigna. El resultado sería, en realidad, un auténtico despropósito si no fuera por la referida excusa de “broma semi-privada” del todo, y, en consideración cinematográfica, porque, al igual que (la mejor que ésta) John Rambo, esa trama argumental se atreve tímidamente a incidir en motivos relacionados con coyunturas bélicas reflejo de la realidad de este mundo (y alguna anotación relacionada con la actualidad mediática, como los piratas somalíes), ello incluyendo las razones que tienen el imperialismo económico de fondo, razones que, a fin de cuentas, el personaje de Eric Roberts expone a las claras en su última aparición en el filme. Por lo demás, y eso sí en sintonía con esa pátina de rebeldía y nostalgia adrenalítica arrebujada en este bizarro meeting, el filme está apuntalado por una serie de magníficas piezas rockeras de tiempos pretéritos, incluyendo  Keep On Chooglin’  y  Born on the Bayou de los Creedence, o, elección ciertamente muy a propósito, esa  The Boys Are Back in Town de Thin Lizzy que acompaña los créditos finales.

 http://www.imdb.com/title/tt1320253/

http://www.losmercenarioslapelicula.com/

http://www.salon.com/entertainment/movies/film_salon/2010/08/13/expendables/index.html?CP=IMD&DN=110

http://www.sfgate.com/cgi-bin/article.cgi?f=/c/a/2010/08/13/MVLF1ERS4E.DTL

http://dorkosphere.com/2010/08/19/review-the-expendables/

http://elcineseguntfv.blogspot.com/2010/08/un-placer-culpable-prefabricado-los.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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