FRANKENSTEIN CREÓ A LA MUJER

Frankenstein created woman

Director: Terence Fisher.

Guión: John Elder (Anthony Hinds).

Intérpretes: Peter Cushing,  Susan Denberg,  Thorley Walters,  Robert Morris,  Duncan Lamont,  Peter Blythe,  Barry Warren,  Derek Fowlds.

Música: James Bernard.

Fotografía: Arthur Grant.

Diseño de producción: Bernard Robinson

GB. 1967. 87 minutos.

 

En algún lugar leí que esta Frankenstein created woman era el equivalente de la Hammer Productions a La Novia de Frankenstein (James Whale, 1935), comparación probablemente simplona basada en la irrupción del elemento femenino en (el título) de los relatos cinematográficos respectivos (el estudio de Carl Laemmle, el de Michael Carreras) emergentes del sustrato literario escrito por Mary Shelley. La obra de Whale, empero, goza de una reputación incluso superior a la de su precedente y original (El Doctor Frankenstein, también de Whale, 1931), mientras que el título que nos ocupa se halla quizá todavía semioculto entre las obras menos conocidas de la productora (por mucho que, también es cierto, la Hammer ha sido reivindicada con justicia y éxito en los últimos años), incluso entre el meollo de filmes dedicados a la revisión del mito del moderno Prometeo: el primero –y probablemente el más famoso– es  La maldición de Frankenstein (1957), dirigido por Terence Fisher, y que comparte con Drácula el mérito de la eclosión de esas particulares enseñas narrativas y visuales que impondría la Hammer y quedarían para los anales del cine fantástico de todos los tiempos; sólo un año después llegó la primera secuela, de nuevo dirigida por Fisher, The Revenge of Frankenstein (1958), y otro título antológico de la factoría. En 1964 Freddie Francis firmaría The Evil of Frankenstein, y más tarde el propio Fisher retomaría el personaje (que no franquicia) con otros tres títulos, el que nos ocupa, filmado en 1967, El cerebro de Frankenstein, de 1969,  y Frankenstein y el monstruo del infierno, que supuso su despedida filmográfica en 1974.

 

Amantes malditos

De los diversos títulos citados, quizá Frankenstein created woman supone la aportación que funciona de forma más autónoma, o que guarda menor relación o anclajes con los motivos argumentales de la completa línea filmográfica dedicada al barón Frankenstein. De hecho, el protagonismo del personaje encarnado por Peter Cushing se diluye mucho en la película, y aunque su relevancia no puede considerarse por menos que decisiva en tanto que son sus experimentos –en este caso, de mayor sofisticación: conservar un alma (sic) e inserirla en un cuerpo inerte para que éste no carezca de ella al resucitar– los que sostienen los motivos de la historia, su posición en la miga dramática de la función no deja de ser la de un testigo más bien en fuera de juego (condición de testigo que, de hecho, se hace literal en una secuencia de la película) en unos acontecimientos en realidad centrados en el periplo de dos amantes malditos, Hans y Christine, el primero ejecutado en la guillotina tras ser erróneamente condenado por asesinar al padre de la segunda, ésta vencida por el dolor tras conocer la noticia de la condena y muerte de su amante, y que se suicida arrojándose al río, el alma del primero que Frankenstein y su ayudante implantan en el cuerpo revivido (y perfeccionado, pues tenía la cara deformada y era tullida) de la segunda, lo que da lugar a una suerte de alineación sentimental sobrenatural, dos almas concentradas en un solo cuerpo, que no tienen otra intención ni razón de existir que llevar a cabo una sangrienta venganza contra los responsables, directos o mediatos, de su muerte, tres jóvenes acaudalados, soberbios e inquinos, a los que les gustaba mofarse de las máculas físicas de Christine, que asesinaron a su padre y que, finalmente, coadyuvaron a la acusación que por dicho crimen se cernió contra el inocente Hans.

 

Del alma, los recuerdos y la venganza

El relato, urdido por Anthony Hinds (en una de sus diversas y muy valiosas aportaciones como guionista a los títulos de la factoría –entre otros, firmó los libretos de Drácula, príncipe de las tinieblas, The Reptile, El sudario de la momia, Drácula vuelve de la tumba o El poder de la sangre de Drácula–,siempre firmando con el pseudónimo John Elder, para distinguirse de su faceta como productor, aún más prolífica) mixtura con tanto desparpajo como agudeza los lugares comunes de lo trágico y lo terrorífico, erigiendo un relato extraño, de algunos impensables poros de ternura, genial en diversas de sus formulaciones, a menudo que trascienden los códigos genéricos con suma solvencia, y que se atrincheran en los voluptuosos sentimientos de un romanticismo exacerbado partiendo de una peculiar, rebuscada pero no impostada, definición fantástica del amor bigger than life. Ese amor culminante más allá de las barreras de la muerte, y su formidable fuerza destructiva, habilitan espacio para algunas de las constantes temáticas y de personalidad que la productora nos legó: nociones de la belleza y el sexo asociados a un mal devorador, el asesinato y la venganza – el personaje encarnado por Susan Denberg, cuando revive en una figura sensual y con melena rubia, es, bajo la apariencia, el reverso malvado, en realidad maculado, de la joven pelirroja, de rostro deforme y cuerpo tullido que Hans amó en vida–, la presencia de detalles mórbidos no gratuitos –la cabeza de Hans que Christine exhuma para poder hablar con el que es su alter ego–, o la sublimación de alegorías sobre lo cultural y social (no sólo, o no tanto, la lucha de clases implícita entre Hans y los tres jóvenes de clase acomodada –el primero, noble de corazón, los segundos, despóticos y ruines en toda la amplitud de ambos términos–, sino también razones más sutiles, como pueda ser el peso castrante de las tradiciones familiares, quizá ligadas a lo religioso, lo que explica que Hans no se atreva a revelar en el juicio que pasó la noche del asesinato junto con Christine, coartada que le habría eximido de la condena).

 

Peones del destino

Fisher, probablemente el director que más cerca ha estado de las entrañas del ser humano, penetra en todas esas cuestiones con su ávida mirada. Atiéndase a la presentación del hado malsano que naturalizará el relato en forma de esa guillotina que forma parte del paisaje para, evidentemente, consolidar el peso de un fatal recuerdo que también es un estigma para Hans, así como la anticipación de un aciago destino, fruto de un círculo vicioso, estéril y trágico. Atiéndase a las elipsis o capturas parciales, subjetivas, de la irrupción de la violencia en todos los pasajes en los que ésta concurre salvo la secuencia en la que los tres jóvenes hacendados  matan a golpes al padre de Christine; esa oposición entre las formas de visualizar lo virulento acaba siendo una declaración de intenciones, un mecanismo de identificación para el espectador, que celebrará la violencia ejercida contra esos tres personajes que el filme presenta como cobardes y despreciables. Y precisamente ésa es una idea clave para comprender la transgresión de los términos genéricos que el filme lleva a cabo: si la muerte de Hans y Christina no es terrorífica, sino trágica, los posteriores ajustes de cuentas tampoco lo son, porque tienen una justificación, no por oscura menos válida, romántica. Y entre unos y otros peones de esta historia queda el barón Frankenstein, incapaz una vez más de encapsular la vida en sus diagramas racionales. El plano final de la película, en el que vemos a Cushing mirando el triste final de su bella criatura queda para la posteridad como uno de los mayores rastros de humanidad que Fisher capturó del personaje, que indudablemente termina más cerca de un sentimiento de melancolía que de una sensación de fracaso.

http://www.imdb.com/title/tt0061683/

http://notesoncinematograph.blogspot.com/2009/10/frankenstein-created-woman-1967.html

http://www.britishhorrorfilms.co.uk/frankcreated.shtml

http://www.dvdverdict.com/reviews/frankensteincw.php

http://www.eccentric-cinema.com/cult_movies/frank_woman.htm

http://homepages.sover.net/~ozus/frankensteincreatedwoman.htm

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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