LA LEYENDA DEL INDOMABLE

 

Cool Hand Luke 

Director: Stuart Rosenberg

Guión: Donn Pearce y Frank R. Pierson, según una novela del primero

Intérpretes: Paul Newman,  George Kennedy,  J.D. Cannon,  Lou Antonio,

  Robert Drivas,  Strother Martin, Jo Van Fleet 

Música: Lalo Schifrin

Fotografía: Conrad L. Hall  

Montaje: Sam O’Steen

  EEUU. 1967. 120 minutos 

 

“What we’ve got here is…

failure to communicate.”

 

         Newman, y mucho más

Aunque fue George Kennedy, actor secundario y no Paul Newman, principal, quien en 1967 se alzó con un Oscar interpretativo, La Leyenda del Indomable es una película indisociablemente unida a la estela mítica que en el imaginario cinematográfico, hijo del star-system, de todos los tiempos ostenta el actor, sustentada en ese rol de antihéroe que previamente ya había explotado, siempre de forma soberbia, en títulos como El Buscavidas/The Hustler (1961) o Hud (1963). Cool Hand Luke, empero, amén de la arrojada y brillante encarnación de Newman, atesora muchos otros valores y virtudes cinematográficas dignas de mención y recuerdo, muchas de ellas que han servido para que la película aguante el paso de los años manteniendo intacta, o casi, su convicción narrativa, incluso más allá de su paráfrasis antisistema, que por el tiempo de su estreno sintonizaba a la perfección con los movimientos contraculturales que habían llevado a la ebullición la temperatura de los conflictos ideológicos y sociales en los EEUU (y muchos otros lugares del globo). Se trata de un chain-gang prison film, un drama carcelario (y el éxito de la película especializó a su director Stuart Rosenberg, en ellos: su siguiente película fue Brubaker, en esa ocasión con Robert Redford en cartel), basado en la novela homónima publicada dos años antes por Donn Pearce, un ex convicto (que también firmó el libreto de la película junto con Frank R. Pierson), y que basaba las circunstancias del protagonista Luke en otro preso que Pearce había conocido, Donald Graham Garrison.

 

 Contra el poder establecido

El filme nos ubica a principios de los años sesenta del siglo pasado, en una prisión sureña cuya población de presos liquida condenas de trabajos forzados. Allí recaba Luke Jackson (Paul Newman), al que después apodarán “Cool Hand”, antaño héroe condecorado en la Segunda Guerra Mundial, y que, según se nos narra en la secuencia prólogo, es detenido y condenado a dos años por daños en la vía pública, compretamente por romper, hallándose en estado de embriaguez, diversos contadores de aparcamiento. Esa secuencia inicial nos ubica perfectamente en el que será el relato de un hombre cuyo único aunque decisivo problema es su dificultad por aceptar la cuadrícula de las normas (véanse esos planos de detalle de los contadores que marcan, cual metrónomo, el inicio visual de la película: un rótulo rojo donde leemos “violation”), todo ello, según sabremos después, relacionado con razones de aprendizaje (la presencia –en una única y destacada secuencia– de su madre enferma, el posterior advenimiento del fallecimiento de aquélla, cuya noticia recibe Luke en la penitenciaría), y también el peso de las máculas psicológicas de la guerra (una clase de máculas que aquí sólo se enuncian de pasada, casi conformando un subtexto, y que, poco después, con el advenimiento de las películas sobre Vietnam –principalmente desde El Cazador, que nos habla de un tortuoso homecoming–, devendrán tema central sobre el que se instituirá un auténtico subgénero). En cualquier caso, Cool Hand Luke, con su esforzado dibujo del carácter solitario, outsider, y la naturaleza inconformista del protagonista, que merced del dramatismo creciente en el relato nos lleva a asociar al personaje en términos lírico a eso que damos en llamar un espíritu libre, condenado a estrellarse contra la implacable cuadratura del sistema, se erige en una fábula antiautoritaria, enraizada de forma febril en la defensa de los derechos individuales frente a las arbitrariedades del poder, tema, como decía, muy acorde con la coyuntura social de aquellos años, pareja a las protest songs que copaban las emisoras de radio, y que seguiría dando argumentos y películas a Hollywood hasta alcanzar el éxito formidable en 1975 de Alguien voló sobre el nido del cuco, One Flew Over the Cuckoo’s Nest, obra basada en una obra de Ken Kesey, autor de influencia marcadamente hippie, y que, en esencia, reproduce ítems muy semejantes a los que ocupan esta Cool Hand Luke.

  

De lo desenfadado a lo trágico

Algo que sorprende de la película –relacionado probablemente con la modulación tonal que Rosenberg efectúa de la visión de escritor improvisado, y ante todo cronista subjetivo de unos acontecimientos, que ostenta Donn Pearce– es su habilidad por compaginar lo desenfadado e hilarante (en el dibujo de actitudes y sentimientos de los diversos reclusos, el principal de los cuales el fanfarrón pero ingenuo Dragline “Drag” (Kennedy), en el dibujo de sus cotidianos y anécdotas –la celebrada secuencia de los huevos duros que Luke debe ingerir, o aquélla otra, también recordada, en la que los presos se divierten y excitan espiando el modo sinuoso en el que una jovencita de cuerpo explosivo se dedica a  lavar su coche, capítulo por lo demás convertido en arquetipo erótico-festivo en toda regla) con lo dramático, crudo y melancólico. Ello tiene que ver con la sapiencia expositiva de Rosenberg, a menudo que prima las reacciones a las propias acciones, que evita unos subrayados (v.gr. la secuencia de la pelea entre Luke y Drag) para centrarse en otros (las repeticiones rutinarias de ciertos actos, como desvestirse para entrar en esa celda de aislamiento llamada la neverathe box, en VO–), y que sabe conseguir que aflore de forma natural, en ese devenir narrativo entre tonos, el pesimismo (en la temperatura emocional del personaje o del grupo) o la violencia (en los últimos compases de la película, probablemente desde la secuencia en la que Luke recibe el virulento bofetón del alcaide (Strother Martin), justo antes de decirle esa frase “What we’ve got here is failure to communicate…/Lo que tenemos aquí es un problema de comunicación“, quote retenida en el imaginario colectivo tanto tiempo después, y reivindicada por una banda de rock tan famosa como los Guns n’Roses en 1991, pues la recogieron para iniciar la canción Civil War, y con ella el disco Use your Illusion II).

 

El factor Hall

Así, Cool Hand Luke es una obra que, paralelamente al retrato de su personaje –cada vez más maltratado por sus custodios, cada vez más solo en su quimérica empresa, cada vez más desorientado, en patética pugna con el mismísimo Todopoderoso–, va instalando lo tétrico y el portentoso peso de lo dramático, hasta lúgubre, en una coda que inicialmente se nos antojaba desenfadada, estrategia narrativa que se revela de todo punto efectiva. Aunque en todo ello también tiene que ver la magnífica labor de puesta en escena de Rosenberg, y la inestimable colaboración del director de fotografía Conrad L. Hall, cuya definición estética parte del contraste entre el preciosismo en la captura del paisaje y las tonalidades de luz natural –esos maravillosos crepúsculos, los planos de situación constantes que nos muestran la labor en la carretera de los reclusos– con el desagradable contexto de una condena penal, y que deriva hacia lo sombrío cuando así lo exige el texto, de un modo que recuerda a otras obras de aquellos tiempos como La Jauria Humana/The Chase (Arthur Penn, 1966). Al filme, cuya escenografía constantemente mima el detalle visual como fuente de evocaciones simbólicas (ello ejemplificado por ejemplo en esas gafas de sol que uno de los agentes de prisión no se saca nunca, que la cámara llega a reflejar con un efecto de luz en una secuencia nocturna, y que al final serán aplastadas bajo la rueda de un coche), a menudo se le atribuyen representaciones de los religioso  en virtud de diversas referencias visuales, la principal de las cuales, más allá de que el escenario en el que acaece el desenlace sea una iglesia, es sin duda el montaje de la secuencia epilogar, en la que Dragline mantiene vivo el recuerdo de Luke al explicar el final de su periplo a los otros reclusos, y se nos muestran imágenes del personaje sacadas de diversas secuencias previas de la película, tras lo cual una panorámica aérea se aleja de un cruce de caminos (lugar de trabajo habitual de los presos), imagen que perfectamente puede considerarse que se constituye en símbolo de la crucifixión cuando la última efigie de Luke es superpuesta a ella extrayendo de ellas la equiparación del protagonista del filme con un Jesucristo contemporáneo.

 http://www.imdb.com/title/tt0061512/

http://www.filmsite.org/cool.html

http://en.wikipedia.org/wiki/Cool_Hand_Luke

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/19671203/REVIEWS/712030301/1023

http://crazy4cinema.com/Review/FilmsC/f_cool_hand.html

http://movie-gurus.com/content/reviews//1063/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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