CON FALDAS Y A LO LOCO

Some like it hot

Director: Billy Wilder.

Guión:I. A. L. Diamond y Billy Wilder

Intérpretes: Marilyn Monroe, Tony Curtis, Jack Lemmon,

George Raft, Joe E. Brown, Pat O’Brien

Música: Adolph Deutsch

Fotografía: Charles Lang   

  Montaje: Arthur P. Schmidt

EEUU. 1959. 116 minutos

 

Gángsters de Wilder y Diamond

La particular, tan exquisita, tan celebrada, clase de humor que destilan las comedias dirigidas y coescritas (mano a mano con I. A. L. Diamond) por Billy Wilder proyectan a través de su tenor corrosivo una radiografía implacable (y ciertamente cínica) de la sociedad estadounidense de su tiempo, y a menudo ello se extiende al comentario cáustico de sus iconos más representativos, donde podemos incluir los lugares comunes del propio medio, el Cine, que en esas obras se dibujan de forma hiperbólica, con rebatos hasta surrealistas que llevan los planteamientos a poco menos que el delirio pero que, bien mirados, no sólo están bromeando a costa de las convenciones sino que desenmascaran los valores y motivaciones intrínsecas a ellas. Ejemplo de ello es sin duda el arranque de Con faldas y a lo loco, en el que las convenciones del (por entonces ya añejo) cine de gángsters se escenifican con ampulosidad gustosa de asumir su propio artificio, propósito al que se consagran todo tipo de esfuerzos: la descripción de escenarios –la funeraria donde radica la sala de fiestas clandestina, el garaje en el que se juega al póker y en el que se produce la Matanza del Día de San Valentín– y arquetipos visuales asociados a la acción y la violencia en el género –la persecución motorizada con la que arranca el relato, con ese fuego cruzado que muestra los agujeros de las ráfagas de balas que dispara la metralleta, y ese ataúd que, al ser perforado, desenmascara el alcohol escondido en su interior, pues mana generosamente del agujero–, la definición tópica de los mafiosos, recurriendo a la (tan cara a Wilder) trascendencia simbólica de los objetos –esos botines que preceden en imágenes al capo que las viste, encarnado por George Raft (sobre cuyo papel en Scarface, el terror del hampa, Howard Hawks 1932, se efectúa una broma a costa de una moneda), los rostros hieráticos y un punto freak de los matones que le siguen– y la reconvención no menos satírica en la definición del opuesto detective Mulligan –encarnado por Pat O’Brien, quien aprovecha para tomarse una copa en el local escasos instantes antes de que él mismo lo clausure, sin olvidar pedir un recibo en el que consta que el whisky que bebe es denominado “café” –… Todo ello por no hablar de los percutantes diálogos, que acaban de apuntalar ese universo propio en el que, a menudo, cuanto más nos reímos, más amargo es el trasfondo que sostiene esa carcajada.

 

         La fórmula mágica

Se puede decir que Con faldas y a lo loco es un título decisivo en el devenir filmográfico de Wilder, no tanto por su tremendo éxito cuanto por las señas de identidad plasmadas en la obra y que sin duda dirigen, cual hoja de ruta creativa y estilística, las restantes obras del director de Bésame, tonto. En Con faldas y a lo loco Wilder encontró al que probablemente fue su actor fetiche, Jack Lemmon; se inicia la colaboración con la Mirisch Company, la compañía que Walter Mirisch fundó por aquel entonces con sus hermanos, Marvin y Harold Mirisch, productora con la que el cineasta se entendió a las mil maravillas, y que dio sus frutos ininterrumpidamente hasta Avanti!, ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?(1972); y teniendo en cuenta que Wilder siempre consideró que el guión era la pieza fundamental de sus obras, más que relevante resulta la figura de I. A. L., Iz, Diamond, con quien Wilder ya había coescrito anteriormente Arianne (Love in the Afternoon, 1957), y quien a la sazón había sido dialoguista para Marilyn Monroe en diversas obras previas de la actriz –Let’s Make it Legal, 1951, Me siento rejuvenecer, 1952–, dejando en Some like it hot definitivamente asentados los términos de un tándem de guionistas que ya legendario en los anales del cine (siendo interesante al respecto constatar la fidelidad profesional que se dispensaron hasta el final de sus respectivas carreras: Iz Diamond fue coguionista en absolutamente todos los filmes sucesivos de Wilder hasta su cierre filmográfico con Aquí, un amigo, 1981, y no escribió guiones para nadie más, con una única salvedad, la del libreto de Flor de Cactus, coescrita por él y dirigida por Gene Sacks en 1969). La conexión de Wilder con estos nombres fructifica en su filmografía (probablemente en mayor medida en los primeros años, en los que consecutivamente Wilder firma tres masterpieces del calado de  El Apartamento, 1960, Uno, dos, tres, 1961, e Irma la dulce, 1963) confiriéndole un ingrediente añadido a ese bagaje previo ya de por sí brillante pero al que le faltaba esa fórmula (probablemente podríamos decir “mágica”) que da la carta de naturaleza finalmente más recordada del cineasta, y en la que uno piensa cuando se refiere a lo “wilderiano”, una fórmula caracterizada por la radicalidad (cada vez mayor) de planteamientos y modernidad de formas (los planteamientos satíricos llevados al extremo y la electricidad en Uno, dos, tres, los juegos metanarrativos en Irma la Dulce, el despiadado vitriolo de Primera Plana…), que nos lleva a señalar que la posición que Con faldas y a lo loco ocupa en la filmografía del cineasta podría equipararse al que La ventana indiscreta (1954) ocupa en la carrera de Alfred Hitchcock: con ellas cristaliza un periodo de depuración estilística y abstracción.

 

El sexo

En la lectura particular que Claudius Seidl rubrica del filme en su libro sobre Billy Wilder –publicado en la colección “Directores” de Cátedra– se levanta acta de que bajo el cobijo del alto voltaje hilarante y eléctrico del relato habita “una película tan inquietante como una pesadilla, y tan estremecedora como una orgía de horror”, radical definición con la que puede estarse de acuerdo o no, pero que en todo caso nos sirve para recordar que Wilder, acérrimo seguidor del cine de Erich Von Stroheim y discípulo de Ernst Lubitsch, se empeñó –y no siempre desde la distancia irónica de la comedia, sino también desde fórmulas dramáticas o pertinentes comentarios railados en lo genérico, como atestiguan títulos como Perdición, El gran carnaval, El crepúsculo de los Dioses o Fedora–  en retratar con lucidez, matices y gran pesimismo la sociedad occidental de su tiempo, y el peso, definitivo y trágico, que el modelo económico impone en el comportamiento humano por la vía de las desigualdades, las servidumbres y la depredación. Y en esa mirada, en la que la acritud del discurso procede precisamente de un acusado sentimiento humanista, Con faldas y a lo loco nos aporta razones esenciales de la parcela que en ese comentario global ocupa el elemento del sexo, la guerra de sexos y el peso cultural y consuetudinariamente aceptado de los roles que cada uno de ellos, hombres y mujeres, desempenañ en la inercia y funcionamiento de esa sociedad. Mucho se ha comentado del talante rompedor de la obra, su sibilina habilidad para adentrarse en un tema tabú bajo el paraguas de la aparentemente inofensiva comicidad, dejando un auténtico reguero de consideraciones ambiguas tras lo jocoso (probablemente la más famosa de las cuales se ilustre en el cierre, la última frase de la película –cuya autoría Wilder concedió a Diamond– en la que el acaudalado y algo senil Osgood (Joe E. Brown) responde a la revelación de Daphne/Jerry con ese ya icónico “bueno, nadie es perfecto”). Sin embargo, y sin desmerecer lo anterior, una atenta revisión de la película nos revela la inequívoca intención, que el libreto alienta y las imágenes consagran, de presentarnos la cruda realidad que moldea el comportamiento social en lo que atañe a esa guerra de sexos: si pocos años antes, en La tentación vive arriba –también con la presencia de Marilyn Monroe como objeto sexual, allí en estado puro– Wilder había escenificado las fantasías más depravadas de un anodino caballerete de la middle class más rampante (Tom Ewell), en esta Some like it hot, a través de la distorsión de esos moldes sociales que perciben en sus carnes aquéllos que por necesidad “se infiltran” en un cuerpo y existencia femeninas (Joe y Jerry, Tony Curtis y Lemmon), amén de corromper tan consciente como sagazmente las convenciones de la comedia romántica al uso –baste pensar en cómo se transfigura la lógica y la superficie del canónico “chico-conoce-chica…”–, se levanta acta de la realidad de los instintos sexuales más primarios del hombre (lectura que sostiene la completa y desternillante secuencia nocturna en el tren, en la que Jerry/Dafne se recrea observando a las chicas de la orquesta que corretean en ropa de cama por el vagón-dormitorio, y que pugna terriblemente con esos instintos cuando Sugar Kane (Marilyn) se acuesta junto a ella en la cama, poco antes de que ese departamento-cama se convierta en el escenario reducidísimo para una multitudinaria fiesta, à la hermanos Marx en la celebérrima secuencia de Una noche en la Ópera), se efectúa una aguda digresión sobre la depredación sentimental sostenida en la prevalencia económica del hombre sobre la mujer que explica las relaciones sentimentales en la cultura del éxito y el dinero (Joe/Josephine finge ser millonario para embaucar a Sugar, que sueña con ellos, mientras el pobre Jerry/Dafne se ve acosado por ese viejo verde con todas las letras que es Osgood Fielding III, al final dejándose seducir por él pensando en las posibilidades de lucro económico (¡!); en uno de los tantos diálogos memorables del filme, los dos protagonistas desvelan el meollo de la cuestión: Joe afirma que “da igual si eres guapa o fea, con tal de que lleves faldas… es como mostrar a un toro un trapo rojo”, y Jerry le replica “pues ya estoy harto de ser trapo rojo, quiero volver a ser toro”), y, en relación de última instancia con todo lo anterior, se concede un espacio al retrato del sino de una mujer codiciada, lo que se enfatiza por el hecho de que esa mujer esté interpretada por la sex symbol por excelencia de Hollywood (circunstancia que lleva al espectador a implicarse de forma específica y metanarrativa, implicando circunstancias biográficas de la actriz, de ésas que decimos que la vida compite con el arte).

 

Sugar, Marilyn

Sobre este último particular, atiéndase al hecho de que Sugar Kane se presenta a sí misma como una fracasada sentimental crónica, y Marilyn la interpreta como un ser adorable en y por su superficialidad, pero bajo toda esa simplicidad y ternura subyace algo frágil y lastimero, un algo que en el papel que la actriz interpretó en La tentación vive arriba no concurría, pero que aquí empieza a evidenciarse, a concordarse con el bagaje de la propia intérprete. Según los anales, Marilyn fue la responsable del bastante accidentado rodaje de la película; como ya empezaba a ser usual en las películas que protagonizó en los últimos años de su vida, sus ausencias, sus lapsus de memoria, sus altibajos anímicos, las interferencias de terceros e incluso los estragos del exceso de química  estaban al orden del día… Sugar, Marilyn, estaba en todas las miradas, pero ese objeto del deseo, dentro y fuera de la pantalla, empezaba a sentir el vértigo, la presencia del abismo, que es el reverso amargo de esa refulgente pero fría materia llamada glamour; los escandalosos vestidos diseñados para la actriz por Orry-Kelly (cuyas transparencias obligaron al operador lumínico a ubicar la cámara y jugar con los efectos de luz constantemente en aras a rebajar al ámbito de la sugerencia lo que corría serio peligro de resultar demasiado provocador –lo que, por otro lado, no deja de resultar irónico, si consideramos que Wilder optó por filmar la película en b/n precisamente para hacer más creíbles las caracterizaciones femeninas de Lemmon y Curtis–) son la patente materialización de esa coda de visos destructivos, la sinuosa apariencia que, al negarlo, devora lo que se esconde tras ella. Así que, a fin de cuentas, Wilder nos está hablando también, en voz baja pero no por ello menos clara, de las miserias del propio establishment al que pertenece.

http://www.imdb.com/title/tt0053291/

http://en.wikipedia.org/wiki/Some_Like_It_Hot

http://www.filmsite.org/some.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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