MIDNIGHT IN PARIS

Midnight in Paris

Director: Woody Allen.

Guión: Woody Allen.

Intérpretes: Owen Wilson, Rachel McAdams, Marion Cotillard, Kurt Fuller, Mimi Kennedy, Kathy Bates, Michael Sheen, Carla Bruni.

Fotografía: Darius Khondji.

Montaje: Alisa Lepselter

Francia-España-EEUU. 2011. 94 minutos.

 

Woody Allen, 2000-2011

Desde Match Point (2005), y quizá con la única excepción de la olvidable Scoop (2006) -y quizá parte de Si la cosa funciona/Whatever Works (2009)-, Woody Allen viene demostrando en estos últimos años y filmes –tres de ellos rodados en Londres, otro en Barcelona y éste en París– que ha dejado atrás la tendencia al adocenamiento creativo (y hasta mediocridad) que se había instalado en algunos de los títulos de su filmografía al inicio del nuevo milenio, sobretodo en las consecutivas Granujas de medio pelo/ Small Time Crooks, 2000; La maldición del escorpión de jade/The Curse of the Jade Scorpion, 2001; Un final made in Hollywood/Hollywood Ending, 2002). El cineasta neoyorquino sigue aferrado a sus tan idiosincrásicos códigos tonales, temáticos y argumentales (que de hecho le erigen en el auteur más fácilmente reconocible del cine, al menos entre el público europeo), pero las variaciones que va introduciendo en los planteamientos-matriz de sus películas –por lo general leves, quizá con la única salvedad de Cassandra’s Dreamestán articuladas con un entusiasmo, sentido del riesgo y una complejidad que le echábamos de menos en esa tríada de títulos consecutivos citados, y que modulan nuestra percepción del universo alleniano instalando nuevas y estimulantes cadencias que, sirviendo de forma excelente a las tramas y conflictos entre personajes, por un lado no hacen otra cosa que recordarnos que esos conflictos dramáticos que el cineasta maneja son universales, y por tanto inagotables, pero por otro también introducen algunos signos de los tiempos, no tanto (que también) anotaciones sobre cuestiones ideológicas (casi siempre, cargar las tintas con saña contra la Administración Bush y el perfil neocon estandarizado entre los republicanos de la pasada década) cuanto sesgos anímicos que asociamos con una perspectiva (desangelada) acorde con el progresivo envejecimiento del cineasta.

 

Fuga de la realidad

Esto último resulta fundamental para afrontar el análisis de esta Midnight in Paris, obra que nos cautiva eminentemente por su poderoso aparato emotivo, aparato emotivo que, por supuesto, viene erigido por la personalidad que le conocemos al cineasta y sobre el modo determinado en el que, a través de esta parábola entre lo onírico y lo fantástico (diversas fugas atrás en el tiempo del protagonista, Gil –Owen Wilson-), Allen alienta su vena más imaginativa para encajar en esos parámetros de personalidad reconocible la materia de lo sensible. Déjenmelo formular de otro modo, partiendo de una doble forma de ver Midnight in Paris. La primera de ellas, como nada más que una fábula que reivindica la vis artística y creativa del ser como receta contra una existencia acomodada pero castrante para el espíritu; desde esa óptica, podremos convenir que se trata de una fábula sencilla, por momentos inspirada o divertida en sus situaciones o giros, aunque por otra encorsetada por unas premisas de partida muy estereotipadas (Inez, la prometida del protagonista –Rachel McAdams-, se nos hace antipática desde el mismo principio de la película, y lo mismo sucede con los padres de ella y con Paul –Michael Sheen-, su amigo petulante y demasiado íntimo, así que el problema es de credibilidad o congruencia: ¿por qué ama Gil a esa mujer?, nos preguntamos en todo momento). Sin embargo, los anteriores planteamientos y cuestionamientos están más bien fuera de lugar, porque, al menos en mi opinión, Allen plantea la película desde otros parámetros, esa segunda forma de ver la película que nos lleva a restar importancia a esa vertiente de, digamos, disquisición existencial y moral, para centrarnos más bien en el elemento romántico más estricto: lo que esos viajes al pasado tienen de literal, consciente y obcecada fuga de una realidad indeseada… o quizá insuficiente. Se trata de un tema que Allen ya ha visitado en diversas ocasiones, y precisamente por ello se agrava la sensación de que Midnight in Paris supone una recapitulación.

 

Joie de vivre

Así pues, desnudemos la obra a su esencia romántica. Y seamos francos: es imposible no dejarse cautivar por la atmósfera etérea y mágica que el cineasta perfila en su lienzo cinematográfico, y que, tantos años después de Recuerdos/Stardust Memories (1980), quizá acerca más que nunca el universo propio alleniano a las razones espirituales del cine de Federico Fellini. Y de forma genuina, esencial, no forzada a partir de meros juegos caligráficos, como en aquel título del por entonces aún muy joven Allen. Es imposible no sentirnos cautivados por ese contraste lumínico que, con tanto énfasis (y talento por parte de Darius Khondji), discierne la aséptica realidad del presente de la temperatura arrebatada de ese pasado idealizado; y en relación con lo anterior, apreciamos que el idealismo en lo discursivo se identifica con la plasticidad en lo formal y visual: en esos viajes/evocaciones al pasado, Allen filma algunas de las imágenes más hermosas de sus últimas obras. Es imposible no dejarse seducir por esa retahíla de músicos, pintores, escritores o sus musas que el protagonista va conociendo en la retrocedida/imaginaria noche parisina; y la seducción queda más allá del buenhacer de los intérpretes, o de las sonrisas que nos pueda arrancar algún gag dialogado –protagonizado por Ernest Hemingway (Corey Stoll) o Salvador Dalí (Adrien Brody), principalmente-; cala hondo más bien porque Allen convierte ese encuentro con los druidas del arte moderno en una cuestión cuasimitológica, transmitiendo en el grueso de esas secuencias una sensación de perfecto equilibrio, de joie de vivre, de ternura. En definitiva, por mucho que parezca que Allen nos propone una moraleja (pariente cercana a la metáfora sobre lo que Denys Arcand llamaría las invasiones bárbaras), al fin y al cabo resulta que el cineasta no pretende ir a ninguna parte, no busca un destino, sino aferrarse al valor de dejar ese camino en suspenso y quedarse colgado de los sueños, la imaginación y, por supuesto, la inspiración, todo ello interpretado con ingenio a partir de la idealización de un escenario, ese París que, en el mismo prólogo de la película, es descrito en infinidad de encuadres de sus lugares más conocidos (en una sucesión de imágenes que, por lo demás, cubren un abanico horario y meteorológico, del día hacia la noche, de la luz a la cortina de la lluvia).

 

Barcelona-París

Sin perjuicio de todo lo anterior, Midnight in Paris supone una perfecta ocasión para reivindicar la tan injustamente denostada película que Allen filmó en la ciudad condal, Vicky Cristina Barcelona. Indudablemente, el filme que le valió a Penélope Cruz su Oscar es un pariente muy cercano en lo temático a esta Midnight in Paris. En ambos casos, y a diferencia de lo que sucede con las películas londinenses, la ciudad europea funciona como un escenario que es observado con ojos de foráneo, si quieren de turista, pero en ambos casos dejándose vencer por un influjo, un hálito invisible –que nada tiene que ver con las imágenes de postal que se captan– que hace aflorar en los protagonistas sentimientos que previamente permanecían ocultos. Owen Wilson aquí y Rebecca Hall allí comparten algo tan esencial como una existencia metódicamente organizada en lo sentimental que no hace otra cosa que dejar tras de sí un poso de frustración que pugna por aflorar, y que de hecho lo hará en los pulsos de, respectivamente, la noche francesa o española. Ambas películas se erigen en la crónica de un desasimiento emocional. La barcelonesa no plantea el elemento fantástico ni onírico, y se resuelve de un modo convencional, acorde con el statu quo social del personaje de Vicky, pero trágico para sus sentimientos. La parisina se sirve de ese elemento fantástico y onírico para llevar las piezas dramáticas a otras derivas, que se resuelven de forma devastadora para el statu quo social de Gil, pero redentor para sus sentimientos.

http://www.imdb.es/title/tt1605783/maindetails

http://www.miradas.net/2011/05/actualidad/criticas/midnight-in-paris.html

http://www.salon.com/entertainment/movies/andrew_ohehir/2011/05/11/midnight_in_paris

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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