HORIZONTES LEJANOS

Bend of the River

Dirección: Anthony Mann

Guión: Borden Chase, según una novela de William Gulick

Intérpretes: James Stewart, Arthur Kennedy, Rock Hudson, Jay C. Flippen, Julie Adams, Lori Nelson, Chubby Johnson  

Música:  Hans J. Salter

Fotografía:  Irving Glassberg

EEUU. 1952. 93 minutos.

 

El factor Chase

Borden Chase fue un magnífico libretista de cine de género, sobretodo westerns y filmes de aventuras, que descolló a lo largo de las décadas de los años cuarenta y, especialmente, cincuenta del siglo pasado, antes de pasarse, como tantos otros, al medio catódico. Su nombre debe asociarse al del famoso tándem formado por Anthony Mann y James Stewart en su ciclo de westerns rubricados por el primero y protagonizados por el segundo durante el primer lustro de los fifties, pues Chase firmó tres de los cinco títulos: Winchester 73 (1950), Tierras lejanas (The Far Country, 1954), y, entre uno y otro, la película que nos ocupa, y su aportación es esencial en su tan (justamente) loada definición de naturaleza y estilo, afiliable a los parámetros de lo que suele llamarse “el western psicológico”; Chase, guionista que sabía activar los mimbres de la épica a través de complejas y a menudo arduas definiciones de personajes, coadyuvó en estas películas de Mann-Stewart a fijar líneas de profundidad y penumbra al mito del far-west.

 

El drama y la Historia

Podemos decir que en Bend of the River por un lado se nos está narrando la espinosa pugna de los colonos por establecerse en nuevos territorios (siendo la principal adversidad en este caso la climática y la necesidad, esencial para la supervivencia, obtener provisiones para pasar el crudo invierno) y por otro la relación de espejos y opuestos en el carácter de dos personajes, Glyn McLyntock (Stewart) y  Emerson Cole (Arthur Kennedy), que comparten un pasado pero difieren en sus motivaciones, o quizá en su manera de encarar la existencia. Son dos historias que conviven en un solo relato, no de forma paralela, limitándose a cohabitar, sino engarzándose de manera tal que desaguan en un único discurso, una mirada en la que no cabe desligar la crónica historicista del perfil dramático, alcanzando precisamente por esa vía ese calado y esos valiosos matices en el retrato de ese pasado y las condiciones en las que se forjó la nación americana. Una primera conclusión incide, indudablemente, en parámetros de moralidad. McLyntock y Cole son dos pistoleros con un pasado dudoso, pero el primero intenta redimirse liderando la ruta de esa caravana de colonos, esto es entregando su causa al interés general, y el otro no tiene intención alguna en ese sentido, y sus esfuerzos se consagran, se siguen consagrando, al lucro. El enunciado es simple, y su imbricación en esa trama de lucha contra los elementos es válida pero también está desnuda. Empero, tanto Chase como Mann eran cineastas de talento consagrado a la suma avidez expresiva (y que, por lo demás, podía canalizarse de muchas formas, sin excluir la sutileza en caso preciso). Y buena muestra de ello es Bend of the River, película de partitura cinematográfica apabullante, que engrandece en todo momento los postulados argumentales de partida, sea mediante el esmero en el planteamiento concreto de los mismos en situaciones y diálogos, sea a través de la dirección de actores y una puesta en escena esplendorosa.

 

“Hang by the neck”

En una idea brillante, a Chase se le ocurre representar el pasado de los dos personajes protagonistas mediante una soga al cuello, la que tiene Cole en su primera aparición, la que tuvo McLyntock tiempo atrás y que ha dejado una imborrable cicatriz en su garganta, y que trata inútilmente de esconder, porque tarde o temprano deberá mostrarse del mismo modo que afloran los secretos mejor guardados. Esa soga al cuello es la que une a los personajes, pues el segundo, al ver a Cole a punto de ser ajusticiado, recuerda ese trauma del pasado –se lleva la mano al cuello, donde una bandolera esconde la cicatriz-, y reacciona acudiendo en su rescate. Desde los significantes abstractos del relato, esa soga encarna la violencia y la barbarie, cauce habitual de las relaciones humanas en un lugar desprovisto de instituciones y reglas de funcionamiento y sanción social, y es precisamente ese significante abstracto el elemento de engarce: McLyntock y Cole, a partir de esa violencia –de la que participaron en el pasado y que los sojuzgó- son definiciones superlativas del hombre del oeste (por lo demás, hombres solitarios y desarraigados, lo contrario de la familia que acompañan, el padre mentor de la expedición colona y la hija como aspiración sentimental), y la redención del primero opuesta a la incapacidad del segundo por hacerlo (elemento que prefigura algunas de las conocidas líneas de discurso sobre la conquista de la civilización del cine fordiano), o más bien la tensión resultante de esa oposición, delimitan la temperatura en la que Mann retrata los tiempos de la conquista del oeste. Urgente, peligrosa y febril. Y de lo psicológico a lo sociológico.

 

Las consideraciones en el paisaje

Así establecidas las proposiciones narrativas, el personaje de Cole merece un tratamiento específico que, al hacerlo complementario de McLyntock, desmarca al personaje del estereotipo del villano-tipo, al menos hasta alcanzar el clímax. Horizontes lejanos baraja muchos elementos de otras de las películas del citado ciclo Mann-Stewart, y las razones de moralidad puestas en la picota se emborronan por mor de los condicionantes que nos hablan de amistades traicionadas y fratricidios, definiciones en realidad trágicas que, lejos de ser fruto de una visión maniquea, apuntan condicionantes sociológicos y culturales de primer orden en sus definiciones morales. A través de su inspiradísima captura del papel que el paisaje juega en el devenir de los hombres que viven en él (espectaculares imágenes, rodadas todas ellas en parajes naturales de Oregón), Mann intima la correspondencia entre ese entorno físico y los comportamientos, y relaciones de jerarquías que caracterizan a y se establecen entre aquéllos que lo pueblan, y de ello resulta -y ahí es donde quizá esta Bend of the River alcanza su afirmación estética más arrebatadora- una definición de lo épico que contiene lo espectral, lo turbio; en las consideraciones sobre la conquista del Oeste que nos hace la película quizá la celebración en términos de victoria moral (ese elemento de “la redención posible”) no termine siendo, al fin y al cabo, tan importante como la glosa desde otros parámetros, más acordes con la ilustración visual que nos propone Mann, que se refieren al coste de esa conquista en número de vidas sacrificadas o maculadas por la inercia desquiciada de esa violencia que, quizá –y nunca del todo-, la civilización logró finalmente anular.

http://www.imdb.es/title/tt0044413/

http://www.westernclassicmovies.com/movies/bend_river.html

http://www.rottentomatoes.com/m/bend_of_the_river/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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