WINNIE THE POOH

Winnie the Pooh

Director: Stephen Anderson y Don Hall.

Guión Stephen J. Anderson, Clio Chiang, Don Dougherty, Don Hall,

Brian Kesinger, Nicole Mitchell y Jeremy Spears, según los personajes de A.A. Milne y Ernest Shepard

Intérpretes (voces): John Cleese, Jim Cummings, Bud Luckey, Craig Ferguson, Jack Boulter, Travis Oates

Música: Henry Jackman

Fotografía: Julio Macat

Montaje: Lisa Linder   

    EEUU. 2011. 84 minutos.

 

Exitosísima franquicia

El cincuagésimo primer largometraje de la factoría Disney, actualmente Walt Disney Animation Studios, retoma a uno de sus personajes más icónicos (aunque, hablando con propiedad, no se trata de su personaje, ya que la troupe del Bosque de los Cien Acres fue creada por Alan Alexander Milne (1882-1956), y lo que hizo Disney fue comprar en 1961 sus derechos de imagen –según se cuenta, porque sus propias hijas eran grandes entusiastas del osito amarillo y su amigos–). De entrada se puede decir que es “uno más”, otro título a añadir en una surtida nómina en la que hallamos, y no sé si me dejo alguna, Winnie the Pooh y el árbol de miel (Winnie Pooh and the honey tree, 1966), Winnie the Pooh y el día borrascoso (Winnie the Pooh and the Blustery Day, 1968), Winnie the Pooh y un día para Igor  (Winnie the Pooh and a day for Igor, 1974), Winnie the Pooh y Tiger también (Winnie the Pooh and Tigger Too, 1974), todas ellas de corta duración, y los posteriores largometrajes Las grandes aventuras de Winnie the Pooh (The Many Adventures of Winnie the Pooh, 1977, que de hecho era una trilogía conformada por las previas),  La gran aventura de Pooh (Pooh’s Grand Adventure, 1997), La película de Tigger (The Tigger Movie, 2000), La gran película de Piglet (Piglet’s Big Movie, 2003) y La película de Héffalump/Winnie the Pooh y el pequeño efelante (Pooh’s Heffalump Movie, 2005). Vemos, pues, que se trata de una exitosísima franquicia que viene y sigue conectando con generaciones de jóvenes espectadores desde hace más de seis décadas.

 

Animación tradicional

La peculiariedad del título que nos ocupa, simplemente Winnie the Pooh, se halla en el formato escogido para buscar, una vez más, esa sintonía con el público infantil. La película está filmada según el método de animación tradicional, y de hecho evoca algunos de los primeros de la terna de títulos antes citados, aroma visual específico de suavidad y redondez en el diseño que casa bien poco con los estilemas visuales que actualmente se estilan, y que supone un antojo particularmente arriesgado por los responsables de la película si tomamos en consideración que esa estética también aleja el filme de los patrones visuales que los niños pueden reconocer de su actual homóloga televisiva, la serie Mis amigos Tigger y Pooh (My Friends Tigger & Pooh, 2008-   ), que sí participa de las bondades y defectos de la animación digital de última generación. Esa forma bastante chocante, y también admirable, de afrontar esta nueva aventura del llamado Osito de Miel, parece hallar su sentido en el intento de regresar un poco a los orígenes del personaje, ya hemos dicho que en estética, también en tono, y en argumento, pues el filme mixtura dos relatos clásicos y hasta ahora no llevados a la pantalla (pequeña o grande), cuales son In Which Eeyore Loses His Tail, and Pooh Finds One, del primer libro del personaje, Winnie-the-Pooh, y In Which Rabbit Has a Busy Day, and We Learn What Christopher Robin Does in the Mornings, de The House at Pooh Corner. En cualquier caso, se trata de una opción visual y formal asumida de forma concienzuda, tal y como lo demuestra el hecho de que sea Burny Mattinson, un veterano de la productora que trabajó en el grueso de títulos pretéritos de Pooh, a quien se hayan encomendado los roles tanto de supervisor del argumento cuanto de responsable central de la labor de storyboard (lead storyboard artist, según consta en los créditos), sin que haga falta decir cuán trascendente es esa labor en la manufactura tradicional del dibujo animado.

 

Ficción escrita-filmada

De hecho, la Disneysiempre ha esgrimido los elementos más entrañables del sustrato literario (el hecho de que tanto Winnie thePooh, como Piglet, Tigger, Igor, Cangu y Rito eran juguetes reales del hijo del escritor creador, Christopher Robin Milne –al parecer, Conejo y Búho fueron inventados por su padre inspirándose en los animales del bosque cercano a su residencia-), y no es la primera ni la segunda vez en la que la introducción nos presenta en imagen real esos peluches y, de forma canónica, un libro se abre ante nuestros ojos para empezar a narrar la historia que pasaremos a ver de forma animada. Sin embargo, en este título dirigido por Stephen Anderson y Don Hall y en cuya producción se hallan Clark Spencer y el mismísimo John Lasseter, esa búsqueda de la propia personalidad a través del tributo al referente literario (que, no lo olvidemos, goza de gran prestigio en los países anglosajones) se extiende a un juego formal que podrá sorprender y divertir al espectador joven al tiempo que el adulto puede hallar inteligentes comentarios metanarrativos: hablo de la más o menos continua aparición de las letras y palabras del relato escrito, llamadas a interactuar con los propios personajes que protagonizan esa ficción escrita-filmada, interacción que puede ser anecdótica o puede llegar a definir algún lance del argumento (por ejemplo, diversas letras son utilizadas por el osito para construir una escalera con la que salir de un hoyo). En la sempiterna (y a menudo estéril) competición para agradar-del-mismo-modo-a-grandes-que-a-pequeños, esta (no por aferrada a códigos visuales añejos menos flamante) Winnie the Pooh esgrime una carta honesta, vistiendo una fábula de todo punto doméstica que de hecho halla su sentido en un juego de palabras malinterpretado –en la traducción, Christopher Robin deja una nota en la que dice que volverá pronto, y sus amigos interpretan que se lo ha llevado un monstruo llamado ponto, de quien Búho, cuentista verborreico, narra temibles actos–, y dejando que la forma y el fondo se confundan para, lejos de desmitificar el universo de A. A. Milne, utilizar las propias costuras del relato para enriquecerlo, darle su particular condimento; al fin y al cabo –y ello sólo quedará desmentido en ese epílogo que sólo los que permanecen en la sala del cine hasta el final de los créditos llegan a ver, pues se trata de una broma final-, sucede que Winnie Pooh, Tigger, Piglet, Cangu, Rito, Búho y Conejo participan de una misión ficticia, pues pretenden rescatar a alguien que no ha sido capturado y enfrentarse con alguien que no existe, pero lo que importa no es lo que en realidad suceda, sino lo divertida y emocionante que pueda acabar resultando esa misión… Es lo mismo, por supuesto, que decir que lo importante es el camino por el que la imaginación te lleve, pero a ello hay que añadir la acotación que corresponde a los adultos, y que se halla precisamente en el cruce de referencias entre el cuento físico –y sus palabras y letras- y el sentido de las mismas, el relato; esos adultos, la mayoría de los cuales son padres o parientes que leen o cuentan cuentos a sus hijos, sobrinos o nietos pequeños, están siendo espoleados literalmente por ese tan preciado objeto, que nos recuerda que sus hojas y dibujos pueden cobrar vida, y desprender magia, si se utilizan debidamente.

http://www.imdb.es/title/tt1449283/maindetails

http://www.dustinputman.com/reviews/w/11_winniethepooh.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Winnie_the_Pooh

http://www.disney.es/winnie-the-pooh/inicio/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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