CONAN EL BÁRBARO

Conan the Barbarian

Director: Marcus Nispel

Guión: Thomas Dean Donnelly, Joshua Oppenheimer y Sean Hood, según caracteres creados por Robert E. Howard

Intérpretes: Jason Momoa, Stephen Lang, Rachel Nichols, Ron Perlman, Rose McGowan, Bob Sapp, Leo Howard

Música: Tyler Bates

Fotografía: Thomas Kloss

EEUU. 2011. 112 minutos

 

Volviendo a Howard y a Millius

Tomando en consideración el auténtico filón comercial que en la última década ha supuesto para el cine mainstream la apuesta por el heroic fantasy desde que Peter Jackson lograra un formidable éxito con su mesiánica trilogía a partir de El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien (filón sólo equiparable al del cine sobre superhéroes), y por otra parte atendiendo al recuerdo entre el gran público de la cinta que John Millius rubricara hace más de un cuarto de siglo sobre el guerrero Conan (Conan, el bárbaro/Conan the Barbarian), era sólo cuestión de tiempo que Hollywood propusiera una reinvención cinematográfica del personaje creado por Robert E. Howard en 1932 y popularizado sobre todo por los cómics de la Marvel a partir de los años setenta. Y se da la circunstancia de que, dados otros antecedentes, también resulta muy lógico que dicho remozado cinematográfico haya sido encomendado a la dirección de  Marcus Nispel, cineasta de nueva hornada que, más que especialista en remakes, parece condenado a consumir su filmografía en ese campo, pues ésta se compone de las sucesivas revisiones, por así llamarlas, de The Texas Chain Saw Massacre (revisión del clásico de Tobe Hooper), otro slasher celebérrimo: Friday the 13th (de Sean S. Cunningham), y una joya genérica de la cinematografía sueca, Veiviseren – Ofelas (Pathfinder). Precisamente la realización del último título citado habilitaba este tránsito más consolidado ahora del territorio terrorífico al de las aventuras, pues este Conan the Barbarian se ubica, faltaría más, en los parámetros del cine sword and sorcery, pariente cercano del heroic fantasy al que nos referíamos al principio del párrafo; y como dato añadido no está de más consignar que su protagonista y encargado de dar la réplica a uno de los roles más celebrados de Arnold Schwarzenegger, Jason Momoa, forma parte del reparto principal de la serie de la HBO que más éxito ha tenido este año, Juego de Tronos (Game of Thrones, según una saga de novelas de George R. Martin), para más datos encarnando al cabecilla de una tribu bárbara, los Dothrakis.

 

Nispel

Pero, tras esas notas introductorias sobre los designios actuales de la más poderosa industria del cine, centrémonos a Marcus Nispel. Permítanme por una vez acudir a la autocita, un comentario que escribí a propósito de Pathfinder y que pueden hallar en otro lugar de este blog: “si Nispel ha hecho señera de algo en sus películas hasta la fecha es de la búsqueda de una cualidad estética y de una fuente atmosférica que defina la necesidad y trascendencia del remake que en cada caso aborda […] a este realizador le debemos agradecer el esfuerzo y pericia por acuñar cierta sintaxis cinematográfica de llamativo envoltorio, pero, al menos hasta la fecha, no podemos hablar de la creación de un discurso propio en imágenes.” A mi parecer, viene al caso postular todo lo anterior también de Conan the Barbarian, película de hasta cierto punto apetecible visionado pero que dista mucho de ser notable, y en la que, a pesar de la inevitable atenuación de la hiperviolenta fórmula explorada por Millius, agradecemos hallar un paisaje espiritual y estético que no termina de ser domeñado por la senda de la corrección política, fruto de un alambicado argumental no brillante pero tampoco mediocre y, principalmente, de una determinada apuesta manierista en la creación de lo atmosférico que aboga por los lugares comunes adultos de la literatura y cine de espada y brujería, y por tanto ofrece pocas concesiones a la visión de la misma más aséptica que, por otra parte debe recordarse, hallamos en la bastante decepcionante continuación de la cinta de Millius, la Conan el destructor (Conan the Destroyer) que filmó nada menos que Richard Fleischer.

 

Las limitaciones de las CGI

El mejor hallazgo del entramado argumental de la película radica en mixturar las motivaciones particulares del cimmerio (una venganza) con la trama de envergadura épica que –parafraseando al Jackson del arranque La Comunidad del Anillo (The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring, 2001), aunque en versión acelerada- se nos presenta en el prólogo de la película y se desarrolla a partir de la ilustración de los estragos que causa el villano Khalar Zym (Stephen Lang), quien, con el inestimable apoyo de su hija bruja (Rose McGowan), sustentan la carga de oscurantismo mítico propia del (¿sub?)género (aunque, ay, por otra parte no evitan el tufillo a la consabida y maniquea metáfora sobre la invasión y dominio del mundo por parte de fuerzas maléficas). En ese sentido, Conan no deja de erigirse en un héroe por accidente, pues es ajeno en todo momento de la consecuencias funestas de los actos que trata de impedir por motivaciones primarias, y esto resulta por lo menos congruente con la naturaleza del personaje imaginado por Howard. En la ilustración visual de todo ello, Nispel, realizador forjado en el campo del videoclip, propone una sintaxis fundada en el movimiento de cámara, el plano y el montaje cortos, pero sabe utilizar ese recurso con la mesura y eficacia requerida para que los episódicos lances argumentales de la película resulten por lo general dinámicos y vistosos, deparándonos algunos tour de force de altura, especialmente esa secuencia final en la que la amante de Conan se halla atada a una enorme rueda (evocación muy obvia, por cierto, de un pasaje de Indiana Jones y el templo maldito/Indiana Jones and the Temple of Doom), y, cuando la misma se halla medio suspendida en un precipicio, libra allí el combate a muerte de rigor, resultando un duelo espectacular tanto por su planteamiento como por sus logrados efectos cinéticos. Pero a todo lo anterior Nispel le añade, ya lo anunciábamos, el factor atmosférico, que de forma ya recurrente en su filmografía se sostiene en una fotografía de tonos que viran a lo azulado, y que se trabaja también con los diversos escenarios en los que acontece la acción (siempre presentados con un plano panorámico y un rótulo con su denominación), donde brilla una labor sobre todo en sede infográfica que pretende transmitir las vis entre tétrica y atemporal que caracteriza este tipo de relatos, con resultados a veces sugerentes. Todo lo anterior, empero, no está exento de una crítica, que se extiende a la totalidad de la obra y sus resultados: una de las razones (no la única) por las que la cinta de Millius es mucho más evocadora y contundente tiene que ver con las limitaciones de este nuevo concepto de espectacularidad forjada desde lo infográfico, circunstancia que cabe predicar de muchos filmes aventureros y/o épicos de los últimos años y que la película que nos ocupa, precisamente por su esmero en ese apartado, es un buen ejemplo de ello: por laborioso y reseñable que resulte el trabajo con  los efectos digitales, aún se halla lejos de contener las texturas y transmitir la fisicidad de los decorados y métodos tradicionales de puesta en escena del paisaje, lo que inevitablemente revierte en una cierta sensación de impostación que perjudica nuestra percepción y sugestión ante lo narrado en imágenes (y, añadámosle, que aún se agrava más, y no lo contrario, por razón del 3D, reinvento cuyas bondades están, al menos según mi percepción, aún por descubrir).  Al respecto, empero, decir que no todo está perdido. Filmes de la última década tan espectaculares como Master and Commander de Peter Weir o Apocalypto de Mel Gibson nos recuerdan que aún existen fórmulas para compaginar técnicas más tradicionales con las de última generación para la efectividad de eso que damos en llamar los visos de autenticidad.

   http://www.imdb.com/title/tt0816462/

http://es.wikipedia.org/wiki/Conan_el_b%c3%a1rbaro

http://filmophilia.com/2011/08/20/film-review-conan-the-barbarian/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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