DRIVE

Drive

Director: Nicolas Winding Refn

Guión:Hossein Amini, según una novela de James Sallis

Intérpretes: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan

Cranston, Albert Brooks, Christina Handricks, Ron Perlman

Música: Cliff Martinez

Fotografía: Newton Thomas Sigel

EEUU. 2011. 100 minutos

 

¿Herencias?

Si echamos cuentas a las diversas y muy entusiastas críticas que acompañan a Drive tras su pase exitoso por diversos festivales –el último, el de Sitges-, nos encontramos con una retahíla de ávidas comparaciones con cineastas y encuadramientos cinematográficos que sin duda resultan llamativas: del cine de Michael Mann al de Quentin Tarantino, del policiaco norteamericano de los setenta –y el Bullit de Peter Yates- al de la década posterior, en las cintas ubicadas en Los Angeles –Vivir y morir en LA, de William Friedkin-, de Animal Kingdom (David Michôd, 2010) a El americano (The American, Anton Corbijn, 2010), como referentes cercanos, o de Driver de Walter Hill a la definición psicológica del cine de Jean Pierre Melville… Si las tomáramos a todas en consideración podríamos decir que Nicolas Winding Refn ha efectuado un pastiche, refrito o túrmix de banderas estéticas diversas que –la mayoría- han marcado con fuego el devenir del cine policiaco en su formulación contemporánea, moderna y posmoderna. Sí que es cierto que se rastrean opciones estéticas sacadas de aquí y allí, pero la anterior aseveración resultaría injusta, pues le restaría al filme lo que sin duda tiene: personalidad. Una más maliciosa podría de hecho acusar de una cierta pretenciosidad a la labor de Winding Refn, teniendo en cuenta que Drive depura su estilo fundamentalmente en el apartado formal, para la ilustración “diferente” (con diversas herencias, en efecto, aunque yo la que vea más clara sea quizá, dejando de lado la fachada ochentera, la que tiene que ver con el director de Le Samourai, y, en sus primeras proposiciones, el Monte Hellman de Carretera asfaltada en dos direcciones) de una trama que en realidad no tiene nada de novedosa ni siquiera de fecunda. Quizá podamos convenir que el cineasta -quien, con el premio conseguido a la mejor dirección en el Festival de Cannes, sin duda verá afianzado un prestigio que hasta la fecha quedaba relegado a círculos más específicos y marginales- encuentra sus virtudes precisamente donde podrían radicar esos objetos a la crítica de su trabajo: en el atractivo, por momentos fascinante, remozado visual de motivos argumentales muy estandarizados en el tan transitado territorio genérico en el que se mueve, el thriller.

Opciones narrativas y estéticas

Winding Refn ya despeja muchas de sus bazas narrativas en el brillante arranque de la función/presentación del personaje, que narra cómo aquél recoge un vehículo en un taller mecánico, acto seguido colabora como conductor en la perpetración de un acto criminal (que discurre en over) y, en la huida, despliega de forma tan mecánica como eficaz formidables estrategias para eludir el acoso policial. El relato se desgranará a modo episódico, si bien serán primordialmente el montaje y la utilización del sonido las herramientas esgrimidas por el cineasta para edificar tanto lo descriptivo como lo dramático, creando unas imágenes caracterizadas por una aguda estilización pasada casi siempre por el tamiz de la subjetividad, por mucho que, al mismo tiempo, se revele un poderoso caudal de fascinación por lo que observan (elemento que probablemente tenga que ver con el hecho de que ésta es la primera incursión del realizador en el cine americano). Como relato de resortes turbios que se van condensando en lo atmosférico, en muchas de las (también muchas) secuencias eclosivas o climáticas de la película tiene un papel importante la labor con los claroscuros del operador lumínico Newton Thomas Sigel, colaborador bastante habitual tanto de Bryan Singer como del George Clooney director, que aquí interpreta con fiereza expresiva el tránsito anímico de la película –de los tonos metálicos al poso impenetrable de las sombras (atiéndase, por ejemplo, a la magnífica secuencia del ajuste de cuentas en la playa). Casi a modo de corolario a la tan intensa elucubración atmosférica de la película,  destaca de Drive tanto la visualización cruda, un punto hipertrófica, de la violencia cuanto, sobre todo, la magnífica labor de planificación, rodaje y montaje de las secuencias de persecuciones, marcadas por su lograda fisicidad, en las que la película transmite el peligro y el vértigo desde un asumido, y muy logrado, afán de realismo.

Fábula negra y trágica

Una herencia distinta de las anteriormente citadas, en cierto modo asimilada por la película desde lo espiritual, podría ser el Travis Bickle que Robert De Niro encarnó en la referencial Taxi Driver, y nos sirve para presentar el relato en sus rabiosamente subjetivos términos. El protagonista encarnado por Ryan Gosling aquí es, como aquél, un hombre de parca expresividad y verbo, de quien el realizador se sirve para mostrarnos una cara oculta, sórdida, de la ciudad –que atestiguamos constantemente, sobre todo merced de la planificación subjetiva, sentados a su lado en el vehículo que conduce-; es un personaje cuya frialdad sólo lo hace permeable a los sentimientos hacia quien considera desvalido y necesitado de protección –hay una clara línea de equiparación al respecto entre Irene, la comparsa del driver que encarna Carey Mulligan, y la joven prostituta Iris, Jodie Foster en la película de Schrader/Scorsese-, y que está condenado a ser arrastrado por una vorágine de violencia –aquí las motivaciones y lo que tiene que ver con su raíl genérico son muy diferentes, y por lo tanto la equiparación también, pero no tanto el hecho de que esa violencia forme parte del bagaje previo del personaje y, de un modo u otro, esté llamado a explotar en un ajuste de cuentas en el que el personaje asume su condición de salvador-. La tan matizada pero innegable solfa de lo sociológico en Taxi Driver se difumina en las altas cotas de abstracción sobre las que se cimienta el relato de esta Drive, que se halla lejos de proponer una radiografía de su tiempo porque, en sintonía con las estrategias de storyteller que el cineasta articula, la prioridad recae en la universalidad de sus planteamientos, los de una fábula negra y trágica que, en primera instancia, utiliza la a menudo sugestiva metáfora motorizada para sugerir la cualidad ascética y sobrehumana de su personaje protagonista para, en última, mostrar cómo ésta puede ser quebrantada (y digo “puede ser” porque las sutilezas narrativas aplicadas al cierre del relato dejan las puertas abiertas a diversas interpretaciones) por su implicación en menesteres ajenos, de aquéllos que conforman una realidad visible pero que, por supuesto, no era la suya (y aquí cabrían todos los personajes que acompañan al driver, tanto Irene y su marido ex–convicto y traicionado cuanto los gángsters con los que inevitablemente entra en conflicto, e incluso su jefe mecánico y promotor de carreras, que, con fuerte sentido de lo simbólico, termina de involucrar al protagonista en el periplo criminal). Así, y según la disposición narrativa que habita más en las imágenes que en las especificaciones argumentales de la película (y ya no me refiero al sustrato del mismo, la novela de James Sallis, que no he leído), en Drive se produce una chocante relación de simetría entre el proceso de humanización del personaje y la eclosión de la violencia, de lo que resulta una interesante y muy subyugante composición de lo psicológico y dramático en los términos de lo que podríamos tildar como épica contemporánea.

http://www.drive-movie.com/

http://www.imdb.com/title/tt0780504/

http://www.sfgate.com/cgi-bin/article.cgi?f=/c/a/2011/09/15/DDHV1L3U7F.DTL&feed=rss.moviereviews

 Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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