LA CASA DE LOS 1000 CADÁVERES

House of 1000 Corpses

Director: Rob Zombie.

Guión: Rob Zombie

Intérpretes: Sid Haig, Sheri Moon, BillMosseley,Chad Bannon, William Bassett,  Karen Black, Erin Daniels,  Joe Dobbs III,  Judith Drake, Dennis Fimple

Música: Scott Humphrey y Rob Zombie

Fotografía: Alex Poppas y Tom Richmond

Montaje: Kathryn Himoff, Robert K. Lambert y Sean K. Lambert

  EEUU. 2003. 99 minutos.

 

Rob Zombie

Si podemos hablar de un cierto afán, o al menos nociones, de contracultura en la nación de las barras y estrellas durante la última década, allí cabría encuadrar a Rob Zombie (aunque para hacerlo deberíamos ser generosos con la definición de contracultura, o centrarnos únicamente en la vis más explotable). Personaje sin duda curioso, fundador de un grupo de groove metal bastante conocido, White Zombie (nombre que, por si alguien que lee esto no sabía, cosa que dudo, está extraído del arcano clásico terrorífico de Victor Halperin, La legión de los hombres sin alma), donde ya empezó a dar rienda suelta a su declarada fascinación por el cine de terror –quizá sólo en parte podamos puntuar “de serie B”- mediante la inclusión de diversas referencias en las letras de unas canciones de vocación insurrecta y algo tenebrosa; siguió semejantes parámetros en una ulterior carrera en solitario (me limito a informar por referencias objetivas y más bien parcas, porque reconozco que no soy seguidor de su trabajo musical; que conste) y, con el cambio de milenio, se atrevió a dar el salto al territorio de lo cinematográfico, escribiendo y dirigiendo la película que nos ocupa, carrera adicional que también ha proseguido con éxito con otros títulos –todos afiliados a la causa del género, The Devil’s Rejects (2005), secuela de la que nos ocupa, las consecutivas Halloween: el origen (2007) y Halloween II (2009), reinvenciones de la célebre saga slasher, y Lords Of Salem (2012)- sin dejarla de simultanear con la musical.

Continuidad o ruptura

El parto de la película que nos ocupa fue dificultoso, porque al parecer la Universal, que inicialmente había auspiciado el proyecto, se retractó del mismo cuando vio que el resultado en imágenes era demasiado “fuerte” para el target de público con el que se relaciona (lo podría haber dicho de otra forma, pero creo que en realidad ésta también es válida), quedando la película en el congelador de la industria hasta que dos años después de su realización, en 2002, Lion’s Gate la asumió y le dio salida. House of 1000 Corpses se convirtió rápidamente en un título de culto y, aunque como leerán no me parece que nos hallemos ante una obra maestra, sí entiendo que la clase de carne en el asador que Zombie pone en la picota visual ha influido a diversos cineastas y obras reputadas en el género de estos últimos tiempos, caso de Alexandre Aja, Marcus Nispel o incluso nuestro Jaume Collet-Serra. Si se está de acuerdo con esta apreciación, también queda claro que existe una fina línea que une el cine de terror norteamericano de los últimos cuarenta años, pues la película, allende sus particulares –algunas muy interesantes- referencias al cine de terror clásico y la cultura pop del siglo XX asociada con el mismo, establece una conexión –temática y de discurso- bien visible con La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, 1974), por lo que no cabría hablar de auténtica ruptura en el seno del panorama genérico como el que sí cupo predicar desde mediados de los años sesenta del siglo pasado. De hecho, que el relato se ubique en 1977 sin que ese dato se explote de forma histórica viene más bien a insinuar la aceptación por parte de Zombie de esos anclajes.

Museo del Terror

El filme nos narra una historia arquetípica del canónico american gothic, en el que dos jóvenes parejas, viajando de noche con su coche, hacen una fatídica parada en un lugar perdido en la vasta geografía rural, donde serán hostigados, torturados y asesinados por unos asesinos salvajes, en este caso una familia que se halla en la quintaesencia de la definición de lo freak en su acepción más macabra (y cuyos nombres, en diversos casos, remiten a personajes interpretados por los hermanos Marx, innegable muestra de humor negro refinado por parte de Zombie). Es deliberado que ese argumento, o más bien el hecho de que nada nuevo venga a ofrecernos, sea utilizado por el autor a modo de plantilla, molde argumental en el que imprimir unos intereses estéticos e insertar unas reflexiones que abrazan lo metafórico, el subtexto social, con lo metanarrativo. Y ello, que es una mirada que quiere moverse entre el vitriolo de formas y la rebeldía o incorrección de contenidos, se materializa en los escenarios de lo malsano que se muestran; y antes que la casa que da título a la película y sus horribles moradores y dependencias, nos hallamos llamativamente con un museo del terror y ese maestro de ceremonias llamado Dr. Spaulding (que, atinadamenteojo, spoiler-, Zombie hará ingresar en la nómina de desquiciantes relaciones de personajes aprovechando el inevitable twist final de la función). En el arranque de la función –tras ese prólogo de evocación al terror clásico televisivo-, en la magnífica secuencia del tren del terror, Zombie ya muestra sus señas de estilo e intenciones narrativas, utilizando un juego de montaje para relacionar los personajes/sketches de cartón piedra del tren-museo con otra escenificación, la imagen granulada, que corresponde a flash-backs sobre esos personajes y siniestras actividades por ellos desarrollados (uno de ellos, Ed Gein –otra conexión con la película de Hooper-; otro, el Dr. Satan, alrededor de cuya leyenda negra se canalizarán buena parte de los acontecimientos).

Malévolos

Así se prefigura el juego especular que la obra nos promueve, y donde puede resultar grato buscar las conexiones y juegos –ora ref/verenciales, ora sardónicos- que la película establece con otras, pero interesa más el hecho de que, a fuerza de acumulación, Zombie convierte esta House of 1000 Corpses en un declaración de amor por la ficción terrorífica, de ayer a nivel iconográfico, y de ayer y hoy a nivel alegórico, pues no hay mayores rastros de pretensión de verismo en la puesta en escena y tratamiento de los personajes, precisamente porque el filme pretende mostrarnos cómo el aliento de la Función de Horror Cinematográfica, su poso oscuro y subjetivo, se apropia de nuestra percepción y de la frágil objetividad, de modo tal que se reivindica la propia materia de la fascinación. Por poner ejemplos variados –dejándome muchísimos, y dejando también en el tintero aquéllos que me vinieron a la mente por sugerencia-: la referencia poco velada al Doctor Caligari en la figura del Doctor Satan, el clip de El caserón de las sombras de James Whale o un enorme cartel de La mujer y el monstruo en la habitación de la nymphette asesina encarnada por Sheri Moon Zombie; los ecos de Alicia en el país de las maravillas en el clímax final, donde una de las jóvenes secuestradas, disfrazada de conejita, trata de huir de la infernal madriguera; Otis (Bill Moseley) citando una frase de Ash de El ejército de las tinieblas; o, last but not least, el más que malicioso apunte irónico sobre los conceptos familiares a costa del actor que encarnaba al anciano Soldado Ryan en la célebre película de Steven Spielberg (Harrison Young): Young, con la misma ropa, aparece en la película, en busca de su hija (anotemos que en la película de Spielberg también tenía hijas), y, tras ser asesinado, el perturbado Otis le arranca la piel, se la pone encima y fuerza a la hija del anciano a besarle con esa máscara puesta (sic). A todo lo anterior añadamos la ubicación argumental en la noche de Halloween, y los rituales criminales que celebran los personajes –la ficción-, llevando al extremo el juego cultural del que hasta los niños son partícipes en la vigilia de Todos los Santos: la ficción interpreta la realidad, la puntúa de una forma malévola e intencionada.

Sobre el significado cultural del horror

En consecuencia, y como estandarte que pretende ser del significado cultural del horror, podemos decir que en La casa de los 1000 maníacos la mirada gamberra y malcarada impone su ley, y pretende una celebración de lo dionisíaco, en deriva hacia lo dantesco, a modo de reivindicación de las membranas más turbias o mórbidas del comportamiento/emoción humano/a y a modo de reacción contra toda convención de lo políticamente correcto. Para ejemplificarlo recurro a uno de los clímax más comentados de la película, el plano general elevado y alejado de los personajes que muestra a Otis apuntando con su pistola al policía antes de darle muerte; muchos han visto una estrategia narrativa clásica, consistente en demorar la resolución para generar un momento de suspense en estado puro; ciertamente es así, pero en mi caso estaba seguro de cuál iba a ser la resolución de la secuencia (por inercia de sentidos del relato), con lo que el elemento del suspense no me parecería tan destacado como la otra idea, enfatizada por el cuadro elevado y distante, que prima lo simbólico: todo lo que Otis representa va a volarle los sesos, aniquilar, destruir, a todo lo que un agente de la ley representa, y si permanecemos unos segundos esperando a que así sea es para darle naturaleza de ritual. La óptica que Zombie nos invita a compartir, en definitiva, nos aboca a la abstracción. Se demuestra en la naturaleza de la atmósfera que Zombie pretende vestir, y explica que en algunos lugares se diga que, amén de una película de terror, es una comedia. Se demuestra en la utilización fragmentada del montaje y en ese recurso visual de mostrar negativos y alteraciones cromáticas del mismo plano, indicativo de que se están dirimiendo diversas cuestiones narrativas en la misma elección de encuadre. Se demuestra en la carencia de interés en la credibilidad argumental (la repercusión lógica de que tanta gente desaparezca por aquellos lares, y aún más la desaparición de dos policías) y la distancia que el punto de vista propone respecto de los personajes, intencionadamente arquetipos, así como la poca querencia que el filme demuestra específicamente por las víctimas, lo muy poco en serio que se toma la cuestión dramática (y ahí hallaría un reparo a las secuencias finales, antes referidas en la suerte de madriguera o catacumba, donde el personaje llamado a sobrevivir recibe, de golpe y porrazo, un tratamiento distinto, más convencional, dejando la impresión de que quizá Zombie no quiso terminar de llevar al extremo sus propias premisas, aunque también defendible si insistimos en lo antes mencionado de la utilización del relato-tipo como plantilla, pero incluso en ese caso detectaríamos aquí poco trabajo sobre esa plantilla, lo que le resta puntos a la supuesta condición anarquista y subversiva de la película).

http://www.imdb.com/title/tt0251736/

http://0to5stars-moria.ca/horror/house-of-1000-corpses-2003.htm

http://www.dvdverdict.com/reviews/house1000corpses.php

http://www.monstersatplay.com/review/dvd/h/h1k.php

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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