LOS IDUS DE MARZO

The Ides of March

Dirección: George Clooney

Guión: George Clooney, Grant Henslov y Beau Willimon,

según un relato del tercero.

Intérpretes: Ryan Gosling, George Clooney, Philip Seymour Hoffman,

Paul Giamatti, Evan Rachel Wood, Marisa Tomei, Jeffrey Wright

Música: Alexandre Desplat

Fotografía: Phedon Papamichael

Montaje: Stephen Mirrione

EEUU. 2011. 108 minutos.

Primary and secondary colours

 Uno de los comentarios recurrentes sobre el sistema electoral norteamericano, y que recuerdo haber escuchado a menudo durante las última contienda por la Presidencia, la que enfrentó en 2009 al demócrata Barack Obama y al republicano John McCain, es que “quien gana en Ohio, gana las elecciones”. Es una cuestión estadística, también extensible a algunos otros Estados del midwest de la Unión, pero que por supuesto tiene que ver con el mapa territorial y el alto número de representantes que en aquel territorio, como en Florida o Minnessotta, se suman a la causa del color azul o rojo, en una equivalencia entre los números y la apariencia cromática en ese paisaje bicolor de los diversos Estados. Esa constancia de la relevancia del signo electoral en Ohio es la que Beau Willimon, el autor de Farragut North, el relato en el que se basa The Ides of March –y que el propio autor, junto con George Clooney y Grant Heslov, convierte en libreto del filme- utiliza como hábil punto de partida, al ubicar la historia durante las primarias del Partido Demócrata en el estado de Ohio, para desgranar la sucesión de turbios sucesos que acaecen en el seno del equipo de campaña de uno de los contendientes, el Gobernador Mike Morris (Clooney), y que marcarán de forma decisiva tanto el resultado de esas primarias cuanto, más importante, las servidumbres que heredará el vencedor y que terminarán revirtiendo, si el candidato logra finalmente acceder ala Casa Blanca, en el rumbo de sus políticas.

La premisa es sin duda interesante, tanto en términos abstractos o genéricos (esto es en términos de codificación de un thriller político) cuanto en la lectura en clave política aplicado al aquí (los EEUU) y ahora. Sobre esto último nos centraremos más adelante. Empecemos por decir que Clooney, en esta su cuarta película, da muestras de un hasta cierto punto sorprendente savoir faire narrativo, y nos entrega una pieza de género brillante, magníficamente edificada desde el trazo firme sobre conflictos dramáticos y que gestiona con elegancia y tino los mecanismos del crescendo de intriga. Digo “hasta cierto punto” porque el bagaje previo de Clooney tras las cámaras –Confesiones de una mente peligrosa, Buenas noches y buena suerte y Ella es el partido– ya me parece en líneas generales estimulante, incluso tocado por diversos destellos de auténtico genio en fórmulas, siempre distintas –aunque, como aquí, al servicio de intereses discursivos bien marcados-, caracterizadas por una saludable asunción de riesgos. Pero también digo “sorprendente” porque, sin perjuicio de lo anterior, o en oposición, parece que la mirada de Clooney se vuelve aquí mucho más circunspecta, y se aprecia una adecuación de lo formal al tono (y entraña y sentido) del relato en el que se revelan cartas estilísticas desconocidas del cineasta que dejan evidentes muestras de su madurez, y no sólo de su temperamento y de su avidez expresiva.

La sombra de Aaron Sorkin es muy alargada, eso ya lo sabemos, y en el trenzado de lo situacional y descriptivo, más en los hipervitaminados diálogos, se aprecia clarísimamente la influencia de esa pieza maestra televisiva que es El ala oeste de la Casa Blanca. En efecto, The Ides of March parece en su arranque una versión aún más estilizada y ostentosa de cualquier episodio de las primeras temporadas de la serie de Sorkin (baste citar esa secuencia inicial en la que, de golpe y porrazo, emergen de la nada, de los bastidores de un atrio dispuesto para un speech político, tres intérpretes tan poderosos como Phillip Seymour Hoffman, Ryan Gosling y Paul Giamatti). Pero en su progresivo, y tan absorvente, viraje dramático hacia lo sombrío y problemático, el filme reclama sus propias credenciales de personalidad, dejando acaso rastros de una herencia mucho más lejana asentada en la tradición del cine conspiranoico de los setenta, pero que se destila desde lo espiritual (que anida en las elecciones lumínicas principalmente), desde los pulsos de lo irresistible y trágico que a medio metraje empiezan a postularse y en el negro desenlace terminan por asentarse. Para alcanzar la eficacia de esas oscuras tesis, es preciso un guión perfectamente pulido, como el que aquí concurre, en el que cada personaje tiene una propia y marcada aureola condenada a lidiar en el mar embravecido de las restantes, en un tapete dramático en el que convive felizmente la voluntad verista en la descripción del juego de la política desde sus diversos agentes (el político, su esposa –que, como en The West Wing, parece entenderlo todo sin que nadie le haya dicho nada-, los jefes de campaña, la mano de obra administrativa –Molly (Evan Rachel Wood)-, los lobbies –aquí representados por el apoyo de una inestimable cantidad de delegados que controla el Senador Thompson (Jeffrey Wright)-, y el contrapunto de la prensa especializada –la reportera del Times que encarna Marisa Tomei-) con una cohesión de lo dramático que se fortalece merced de la evidente capacidad de penetración psicológica que caracteriza a la película, porque ese puñado de buenos actores en estado de gracia resultan sin duda esenciales, pero, como sucede por ejemplo en el cine de Sidney Lumet, hay un reseñable esmero de planificación, patente especialmente en las muchas secuencias que carean a dos personajes en la intimidad, por desnudar en sus rostros, ademanes, miradas y silencios los conflictos, dudas, tribulaciones o sentimientos arrojados al límite de esos personajes, lo que lleva ese trabajo interpretativo al estadio de lo virtuoso.

Y, como antes anunciaba, esa ejemplar disposición de las piezas narrativas que atesora The Ides of March –y que se apuntala en el envoltorio de una memorable partitura de cadencias entre atmosféricas y emotivas de Alexandre Desplat- no limita su propósito a la intensidad y efectividad que es dable esperar de un thriller político comme il faut. Clooney, por supuesto, propone sus tesis. Desde la elección nada ociosa de ese escenario –Ohio-, a los contenidos escogidos de los diversos speech que le escuchamos a Morris (la referencia a la renovación tecnológica para disminuir la dependencia económica del petróleo, la defensa a ultranza de la Constitución por encima de la visión parcial que se fomentan por parte de los guardianes de las doctrinas religiosas, …), (spoilers) desde la mención a un asunto de infidelidad sexual hasta el hecho traumático de un aborto, el filme parece proponer un peligroso juego de espejos con la realidad del propio partido Demócrata, y en la solución del relato se desvela, en mi opinión, una evidente pulla contra las expectativas no cumplidas por la actual administración de Obama. Pero, allende esas correosas concomitancias con la actualidad política, es innegable que The Idus of March efectúa una pertinente digresión sobre la imposibilidad del idealismo en los tiempos del pragmatismo y las renuncias, sobre la tensión insuperable entre las convicciones políticas y las servidumbres que se heredan en el espinoso recorrido para acceder al poder, y que inevitablemente dan por malbaratar esas convicciones. Constatamos, pues, que Clooney de nuevo tiene malas noticias para la audiencia, un manto pesimista que, al menos hasta la fecha, se reclama principal seña de carácter de su condición autoral.

http://www.sonypictures.com/homevideo/theidesofmarch/

http://www.imdb.com/title/tt1124035/maindetails

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20111005/REVIEWS/111009992/1001

http://www.austinchronicle.com/calendar/film/2011-10-07/the-ides-of-march/

http://cine-invisible.blogs.fotogramas.es/2011/11/01/los-idus-de-marzo-the-ides-of-march-ee-uu-2011/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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