EL CABALLERO OSCURO. LA LEYENDA RENACE

The Dark Knight Rises

Dirección: Christopher Nolan

Guión: Christopher Nolan, David S. Goyer, Jonathan Nolan

Intérpretes: Christian Bale, Tom Hardy, Anne Hathaway, Michael Caine, Morgan Freeman, Gary Oldman, Marion Cotillard, Joseph Gordon-Levitt

Música: Hans Zimmer

Fotografía: Wally Pfister

Montaje: Lee Smith

EEUU. 2012. 164 minutos.

LA GRAN ESPERANZA OSCURA

 Nadie duda a estas alturas del lugar muy (merecidamente) privilegiado que el Batman de Christopher Nolan ocupa en el transitado paisaje actual del cine superheroico. Y si las sobresalientes aportaciones cinematográficas a las hazañas del justiciero de Gotham que el cineasta ha llevado a cabo en los últimos años han quedado grabadas en la retina del público y la crítica (sí, a parte de ella de forma negativa, que es algo bien distinto a la indiferencia), ello tiene que ver sin duda con el profundo y atractivo remozado estético, visual que proponen del ya lejano legado de Tim Burton (no hablo ya de la degeneración camp que supusieron las aportaciones de Joel Schumacher); del barroquismo y la fantasía a conceptos más aferrados al territorio del relato policíaco e incluso ciertos requiebros noir; pero, inescindible de lo anterior, es el acierto de Nolan –y sus colaboradores en la faceta de guión, David S. Goyer y su hermano Jonathan- de recoger fértiles herencias de clásicos del Noveno Arte (el Batman Año Uno de Frank Miller como primera referencia, aunque también comparecen ecos de títulos como La Broma Asesina de Alan Moore y El Largo Halloween de Jeph Loeb, entre otros) para proponer una aproximación adulta y psicologista a personaje y ambientes, aproximación que terminó concretándose en interesantes digresiones sobre el miedo (Batman Begins, 2005) o sobre la quebradiza definición del Bien y el Mal que sostiene un sistema jurídico y político (El Caballero Oscuro/The Dark Knight, 2008).

 

El visionado de esta tercera parte confirma en todos sus términos lo que Nolan ya tiene desde hace tiempo manifestado, que con ella concluye su relación con el personaje acuñado por Bob Kane. Las cartas de naturaleza de The Dark Knight Rises se emparientan laboriosamente con las sembradas en los dos anteriores títulos, lo que nos invita a hablar, en términos específicos, y no meramente ocasionales, de una Trilogía. En primer lugar, y eso era esperable, hablamos de una coherencia estilística que nadie puede discutir. Arropado por el mismo equipo técnico, Nolan maneja idénticos e idiosincrásicos conceptos formales en el establecimiento de la métrica y el tono, a través del mismo escrupuloso respeto a las normas matrices de la duración de los planos y utilización del montaje que ya hace tiempo que depuró, ello conjugado con la utilización atmosférica del sonido y la música, y un tratamiento fotográfico y un encourage escenográfico ya bien reconocibles –esa Gotham que se equipara con cualquier gran urbe norteamericana, pero en su versión más grisácea y despojada de glamour-, del mismo modo que lo resulta su peculiar elucubración de la baza del espectáculo, que prefiere escorarse en la fisicidad como herramienta pirotécnica que en los aderezos que ofrece la infografía (en ese sentido, anoto que la mayor concesión que la película ofrece en ese aspecto, una secuencia catastrófica en un campo de football, francamente desentona y ofrece peores resultados visuales que el resto de secuencias de acción que atesora el filme, diversas y resueltas con idéntico y efectivo pulso).

 

Pero junto con la coherencia estilística toca hablar de la cohesión en lo temático, elemento éste que, quizá paradójicamente (y quizá, o en parte, fruto de la astuta gestión de las expectativas del público, inconfundible seña de estilo del autor), lleve a más de un espectador al desconcierto en diversos compases del filme. Desconcierto fruto de expectativas que se revelan baldías, que no de las definiciones de los personajes y conflictos que esgrime el filme ni de, en el fondo, su absoluta congruencia con esas definiciones manejadas en los dos filmes precedentes. Trataré de explicarme. Si en Batman Begins el relato se articulaba en torno a un hombre y sus obsesiones (de donde emergía una sencilla y bella parábola sobre la búsqueda de la virtud por la senda del enfrentamiento contra los propios fantasmas) y en El Caballero Oscuro el tapete argumental buscaba la densidad en conceptos relacionados más bien con comportamientos colectivos y condicionantes éticos, en este tercer y conclusivo título la focalización dramática vuelve a mudar sus términos, del mismo modo que la segunda película las mudó con respecto de la primera, para encauzar unas intenciones propias, las que terminan dando carta de naturaleza dramática específica a este capítulo final. Ello no significa que se abandone ese cierto acento sociológico rastreado (otra vez) desde fórmulas expresivas noir (de relectura contemporánea que, empero, sigue haciendo evidentes sus referentes: atiéndase a la secuencia del juzgado popular, cuyo planteamiento recuerda poderosamente un momento climático de la soberbia M, el vampiro de Düsseldorf de Fritz Lang (1931)), pero en The Dark Knight Rises la esencia narrativa se sustenta de nuevo en los conflictos individuales, buscando una convergencia, una recapitulación y un legado propio a una mitología apropiada (del universo del cómic).

 

Decía Alvaro Sanmartín de El Caballero Oscuro que, en ella, “los personajes son meros receptáculos para expresar las hondas reflexiones intelectuales y éticas que fascinan a Nolan (la venganza, la muerte, la soledad, la imposibilidad de la memoria, la obsesión)”. Pues bien, esas inercias que impulsan los actos de los personajes, “incapaces de reaccionar ante ellas, volviéndose por ello meros receptáculos de la acción”, se dirigen a otras latitudes, las que corresponden con un final. Lo que no significa que, en atención a su propia cosmogonía narrativa, en la película no comparezcan los mismos y dolorosos peajes dramáticos, pero se añaden otros condicionantes e intenciones, en deriva conclusiva. Uno se sentiría inclinado a manifestar que en The Dark Knight Rises Nolan regresa al patrón de Batman Begins (un esquema ABA, que, según algunos teóricos, es el canónico de las trilogías), pero en realidad es mucho más complejo, entre otras cosas porque en el cine de Nolan, como siempre, las apariencias engañan. Como en Batman Begins, pero también como en El Caballero Oscuro, un crescendo de suspense ocupa la franja central de metraje, y sigue incidiendo en esos motivos vectores que son el modo en que opera el miedo y la locura sobre el individuo y sobre la colectividad. Pero no hay ningún Joker en esta obra, y las motivaciones de los villanos es bien distinta, mucho menos difusa. Por la misma razón, las orillas dramáticas en razones de flaqueza y desesperación enfocan muy directamente al propio protagonista de la función, haciéndole, muy al contrario que en los filmes precedentes, más que nunca el reflejo del padecimiento de su ciudad. De tal modo, incluso la identidad secreta de Batman queda en entredicho, se diluye, porque, como se afirma en repetidas ocasiones, su único sentido es el de proteger a los seres queridos, y no olvidemos que Bruce Wayne, al fin y al cabo, perdió a quien más quería en el capítulo precedente… Resultaría imposible detallar las razones y desarrollo de cada personaje sin destripar elementos esenciales de la trama, pero sí diré que existe un hilo que termina conectándoles a todos, y que dirige el relato hacia lo optimista, hacia una tesis que termina girando en torno al concepto nuclear de la esperanza, el coraje y, en relación con ello, la supervivencia y la redención. “Rise”, no lo olvidemos, es el verbo que contiene el título de la película.

 

En los últimos compases de The Dark Knight Rises llama muchísimo la atención la concatenación de sucesivos twist o giros inesperados, a veces unos que se superponen con otros a la manera mametiana… o, tal vez, siguiendo estrategias muy cercanas a las que remataban el relato de El Prestigio, el truco final, del que no cuesta apuntar que esta película se erige en una especie de reverso luminoso. Una vez más, no me detendré en esos súbitos y continuos cambios en la información y expectativas que se ofrecen al público en la resolución de la trama, pero sí que por supuesto me sirven para volver a certificar el endiablado sentido de lo cartesiano que atesora Nolan (después de ver Memento, la citada El Prestigio u Origen, ¿a alguien le quedaba alguna duda al respecto?), una virtud que trasciende los parámetros del relato y, especialmente por su específica ubicación en la terminación del relato y la trilogía, también sabe ofrecer, para aquél que las busque, reflexiones metanarrativas de lo más sugestivas. Larga vida al Caballero Oscuro.

http://www.thedarkknightrises.com/

http://www.imdb.com/title/tt1345836/

http://www.rottentomatoes.com/m/the_dark_knight_rises/

http://www.totalfilm.com/reviews/cinema/the-dark-knight-rises

http://www.cine.fanzinedigital.com/24466_1-El_Caballero_Oscuro_La_Leyenda_Renace.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

2 pensamientos en “EL CABALLERO OSCURO. LA LEYENDA RENACE

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