MÁTALOS SUAVEMENTE

Killing Them Softly

Dirección: Andrew Dominik

Guión: Andrew Dominik, según la novela de George Vincent Higgins

Intérpretes: Brad Pitt, Scoot McNairy, Frankie Ben Mendelsohn,

        James Gandolfini, Vincent Curatola, Richard Jenkins, Ray Liotta

Fotografía: Greig Fraser

Montaje: John Paul Horstmann y Brian A. Kates

EEUU. 2012. 96 minutos.

UNDERWORLD USA

En esta vida, uno debería asumir sus propios actos, o, en materia de crítica cinematográfica, sus propias palabras. Tras el estreno de la segunda y anterior película de Andrew Dominik, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007), fui de quienes quedó fascinado por el “refulgente imperio visual” de la obra, de la que detectaba herencias “ya ajenas al clasicismo” para alumbrar una propia versión de la “sustancia mítica” del western en general (o el episodio histórico referido en el título, en particular), caracterizada en imágenes, entre otras cosas, por su “sugerencia y mesura” (véase en este propio blog la crítica de la película). En esta siguiente película de Dominik, Killing Them Softly, se opera una nítida transición de todos estos elementos citados, que pasan del western al territorio del noir, tras la aceptación de las reglas de cuyo reencaje pueden volver a pregonarse como virtudes, o al menos elementos distintivos del filme, al igual que otros que también cité en mi citada reseña, por ejemplo el hecho innegable de que “Dominik se revela como un maestro del plano y su composición, de la dirección de actores, y de los mecanismos rítmicos”.

 

La diferencia, en realidad tan sustanciosa que implica la misma carta de naturaleza de la obra, puede enunciarse de dos formas distintas que, de todos modos, nos llevan a idéntica conclusión. Una de ellas tiene que ver con la muy cabal diferencia en el apartado de la introspección psicológica y la vertiente subjetiva, que si en Jesse James era una formidable baza vertebradora del drama, aquí en cambio modifica sus señas claramente hacia ese territorio más cercano a la entomología humana, una distancia fría –a veces analítica, otras apenas descriptiva- que puede emparentar a la película con el cine de gángsters de Scorsese (quizá no sea una casualidad que Ray Liotta asuma un papel de cierta importancia en la trama), con la aproximación por excelencia a la modernidad de lo mafioso, la serie de la HBO Los Soprano (tampoco sería, pues, casualidad que Gandolfini sea uno de los secundarios del filme, así como otros dos personajes encarnado por actores que los seguidores de aquella serie reconocen ipso facto cuando aparecen en pantalla), y con nociones dispersas de lo postmoderno que tienen un ancla innegable en Quentin Tarantino. En Killing Them Softly existe una trama en realidad más bien parca, que se sirve a (contundentes) golpes de set-piéce, secuencias a menudo relumbrantes por mucho que, en el capítulo de la materialización de la violencia, Dominik prefiera entregarse, diría que gustoso, al cierto vitriolo que termina campando a sus anchas cuando se le da cancha a la definición de hiperrealista.

 

La otra forma de enunciar la diferencia entre las dos obras tiene que ver con el modo a través del que se canaliza lo alegórico, algo de hecho estrechamente relacionado con lo anterior y que también obedece a la ubicación contemporánea del relato, a la cercanía de los acontecimientos (principalmente económicos, bajo ese trasfondo político) que son objeto de digresión. En esta película cuyo tagline es, curiosamente, la penúltima frase de la película (“América no es un país, es un negocio”), Dominik nos propone una suerte de cortocircuito entre el territorio de las ideas y los vericuetos del relato que las ilustran, algo patente desde el mismo principio de la película –donde un speech político se va interrumpiendo de forma desconcertante para introducir el propio aliento del relato, sus primeras imágenes-, pero que el cineasta sabe llevar más allá de lo obvio trabajando con agudeza esa cohabitación (lo que se narra y lo que subyace) y perfilándola a través de referencias visuales –carteles en marquesinas, imágenes televisivas- o auditivas –más discursos- que se cuelan en el propio devenir narrativo a modo de subrayado muy intencionado de lo concreto, o incluso llevando el énfasis un paso más allá, al convertir a uno de los personajes, el asesino a sueldo que encarna Brad Pitt, en interlocutor directo y demiúrgico con esos elementos (así se revela cuando anticipa las palabras concretas que, creo recordar, Obama pronuncia en un discurso), ubicando al personaje en realidad más allá del bien y el mal, más allá de la ficción, en una suerte de limbo entre el resto de personajes, el subtexto alegórico y el espectador, e invitando con ello muy directamente a la subordinación de la trama con respecto de sus atributos figurados. Todo lo anterior, que estaría de todos modos lejos de encauzar su indudable efectividad si en la traducción visual de este relato negro que articula –basado en un relato de George Vincent Higgins- el cineasta no se tomara tantas molestias escenográficas en edificar un pertinente encourage desolado, la versión más desglamourizada posible de una urbe americana, unos suburbios abandonados a través de los que el cineasta cosecha la metáfora de la disolución del propio concepto de vía pública, un lugar cercano a lo fantasmagórico, en el que la condición de peatón se asume en pasiva (y condición de víctima) o queda reservada sólo para los parias.

 

Observación esta última que viene a ejemplificar la densidad de frentes narrativos o metanarrativos que alienta, bajo la superficie, esta película en la que Dominik nos propone, de forma a veces extravagante, siempre minuciosa, algunas cautivadora por su contundencia, desnudar ese otro mito –no tan americano- que se cobija bajo las enseñas narrativas del cine negro. Killing Them Softly, película erigida entre diversas pequeñas productoras y por tanto en el off-Hollywood (y que, al igual que Jesse James, no duden que si ve la luz comercial es por el actor que tiene como cabeza de cartel), es una obra percutante, que sorprende por el modo tan lacónico esgrimido para presentar y desarrollar el conflicto, y al mismo tiempo por la sabiduría en la gestión de las elipsis que van constriñendo la trama a esos lacónicos términos. Que sorprende por las estrategias diversas a la hora de definir sus atmósferas y tonos en la edificación particular de cada una de esas secuencias concatenadas (v.gr. la utilización del sonido y la música: del silencio disoluto que puntúa el robo de la partida a la utilización de los arpegios iniciales del Heroin de la Velvet Underground en la secuencia en la que los dos ladrones discuten sobre el asunto, uno de ellos casi noqueado por la droga), así como la perfecta supeditación de las jerarquías de lógica narrativa entre personajes, que ponen en cuarentena la diferencia entre roles principales o secundarios. Que, en fin, sorprende por lo paradójico que resulta cuán férreo y sugerente puede resultar el dictado de la puesta en escena para alumbrar un espacio dramático y discursivo tan feísta y nihilista. Sin duda que a Dominik hay que seguir teniéndolo en cuenta. Y confiar en que tarde menos de otro lustro en poder edificar una nueva película.

http://killingthemsoftlymovie.com/

http://www.imdb.com/title/tt1764234/

http://www.urbancinefile.com.au/home/view.asp?a=19062&s=Reviews

http://thoughtsonfilm.co.uk/movie-reviews/killing-them-softly-movie-review/

http://www.theartsdesk.com/film/killing-them-softly

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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