GOLPE DE EFECTO

Trouble with the Curve

Dirección: Robert Lorenz

Guión: Randy Brown

Intérpretes: Clint Eastwood, Amy Adams, John Goodman, Justin Timberlake, Ed Lauter, Matthew Lillard, Robert Patrick

Música: Marco Beltrami

Fotografía: Tom Stern

Montaje: Joel Cox y Gary Roach

EEUU. 2012. 111 minutos.

Las curvas de la vida

Gus, el protagonista de Golpe de efecto, es un anciano algo huraño, herido en su orgullo por su creciente decaimiento físico, principalmente una pérdida de visión que afecta muy directa y negativamente a su pericia en la que ha sido su profesión de toda la vida, la de ojeador de una equipo de béisbol, a la que a pesar de todo se sigue aferrando, convencido él y tratando de convencer a quienes le rodean de que el factor intuitivo y la experiencia (de ambas cosas le sobran) siguen resultando imprescindibles e insustituibles en el frío y estadístico mundo en el que hoy se vive. Ese personaje que Clint Eastwood interpreta en la película, a nadie se le escapa, podría casi verse como un apéndice de Walt Kowalski, el personaje que el actor (y allí también director) encarnaba en la estupenda Gran Torino (2008), y que, según el susodicho manifestó, iba su última aparición ante las cámaras cinematográficas. Si allí, por razón de las malas relaciones que mantenía con sus hijos, llegaba a, por así decirlo, convertirse en tutor o protector de dos jóvenes vecinos inmigrantes asiáticos, un poco antes, Frankie Dunn, el veterano entrenador de boxeo de la imborrable Million Dollar Baby (2004), hacía lo propio con una boxeadora de condición humilde ya que su hija, por razones encerradas en el pasado, no quería saber nada de él. Así puesto en perspectiva se hace evidente que la asunción de la vejez y los espinosos contornos de las relaciones paterno-filiales en la edad adulta son dos temas vectores en el paisaje filmográfico más reciente de Eastwood. En ese sentido, aunque no dirigida por él, Golpe de efecto reclama su valor específico y coherente con ese imaginario eastwoodiano; y no se trata sólo de afinidades temáticas: Eastwood co-produce, cabe pensar que cede la realización a un protegido suyo (Robert Lorenz, que firma su primera película en un currículo en el que hasta ahora su nombre era indisociable al de Easwood, habiendo sido asistente de dirección de un buen puñado de filmes suyos desde Los puentes de Madison (1995), y co-productor de todos los que ocupan su última franja filmográfica desde Deuda de sangre (2003)), y, no tiene nada de anecdótico, cuenta en los créditos con indispensables aliados de su última franja filmográfica (de Tom Stern en la fotografía a James J. Murakami en el diseño de producción, pasando por Joel Cox y Gary Roach en el montaje) que terminan de apuntalar algo innegable, el hecho de que el aroma Eastwood late con fuerza en el filme que nos ocupa.

Aunque también cabría plantearlo al revés y reflexionar sobre las razones por las que Golpe de efecto, siendo una película que atesora diversas virtudes, dista de parecerse en lo esencial a películas dirigidas por Eastwood como las citadas, como El intercambio (2008) o como Más allá de la vida (2010), quedándose, para ser del todo francos, lejos de ese ingrediente de genialidad que sólo habita en el gran cine. La principal diferencia es de tono, pero no tiene tanto que ver con la concreción de las piezas argumentales (sin ir más lejos, ecos de las dosis de humor irónico que destilaba Gran Torino se detectan claramente aquí) como con la ciencia escenográfica: la posición de la cámara, la duración de los planos y la determinada métrica que, atesorada por cada secuencia, viste una armonía tonal y acumula una clase de intensidad de cuya manufactura Eastwood es un maestro de difícil parangón en el cine actual. Al respecto, no se trata de decir que Lorenz sea un cineasta deficiente; simplemente se revela aquí como un aplicado calígrafo, diestro en lo descriptivo y en la conjunción rítmica (no se debería negar que, con sus casi dos horas de metraje, Golpe de efecto es una película sumamente entretenida), pero incapaz de trascender en la introspección dramática con esa inusitada fuerza que a Eastwood le viene, en realidad, de los tiempos de la excepcional El aventurero de medianoche (1982).

Cual si el guionista, también debutante, Randy Brown planteara una réplica a la muy reciente Moneyball: rompiendo las reglas (Bennett Miller, 2012), el filme que nos ocupa defiende el valor de lo intuitivo y la experiencia como elementos indispensables en la ciencia siempre difusa del éxito deportivo, concretamente de un equipo de béisbol. Trouble with the Curve, el título original –a saber a qué viene eso de “golpe de efecto”– alude precisamente al problema de ejecución técnica en el bateo que Gus, con la ayuda de su hija Mickey (Amy Adams), detectan en una joven promesa llamada a triunfar en la elección del draft que efectúan los equipos de la Major League, problema que nadie más percibe y que, quizá en la solución más obvia del filme, será puesta en evidencia, certificando la vigencia de esas tesis de lo personalísimo en el oficio del ojeador de béisbol. Sin embargo, y por supuesto, el título también funciona como metáfora de los diversos aspectos dramáticos que conforman el núcleo duro narrativo, principalmente los problemas de comunicación entre el padre y su hija, así como la inexorable pérdida de facultades físicas a las que Gus debe enfrentarse en su ancianidad (aspecto que, sobre todo en la primera mitad de metraje, las imágenes del filme se detienen en describir utilizando incluso el punto de vista subjetivo –la visión borrosa–, y que, curiosamente en su último apunte al respecto, como si se tratara de una catarsis imposible, juegan con una situación en la que la metáfora del título se vuelve literal: Gus, al volante de su coche y con su hija al lado, mide mal una curva y sufre un accidente).

Sucede sin embargo que esos planteamientos sobre los duros peajes de la senectud terminan rebajándose, quedándose a medias en su definición –que en esos primeros compases del filme parecía implacable–, optando el filme en cambio por articular un relato que adopta las convenciones –e incluso la simpleza– para abordar sus conflictos con la (respetable, por supuesto) intención de darle una pátina de luminosidad y optimismo a sus premisas. Por concretar, si al personaje de Mickey no se le hubiera añadido la subtrama de la relación sentimental emergente con el ex-jugador y ahora ojeador Johnny (Justin Timberlake), el filme, por definición lógica, hubiera incidido con mayor profundidad en el conflicto paterno-filial; y si es de lamentar que no sea así es porque, al fin y al cabo, lo mejor de la película terminan siendo las dos (sobresalientes) interpretaciones que ofrecen los protagonistas, Eastwood y Adams, pletóricos de matices emocionales en sus diversos careos. En cambio, Golpe de efecto se escora hacia el territorio afable y tan transitado de la superación de los lastres emocionales anudada a esa otra superación, la profesional, trenza relacional tan prototípica del cine americano de siempre, y tradición a la que el filme, con su esmerado guión (que no deja cabos sueltos, aunque para hacerlo incurra a veces en lo acomodaticio) y su escenografía limpia pero más bien plana, se termina plegándose concienzudamente. Y no acuso al filme de conformista, máxime teniendo en cuenta que se trata de una opera prima; pero del mismo modo que quien esto suscribe termina volviendo a las reflexiones del inicio de esta reseña, cualquier espectador que conoce el cine de Eastwood volverá, al cerrar la película, al planteamiento que ofrecían sus expectativas antes de empezar: ¿y si la hubiera dirigido Eastwood?

http://troublewiththecurve.warnerbros.com/

http://www.imdb.es/title/tt2083383/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20120919/REVIEWS/120919983

http://smellslikescreenspirit.com/2012/09/trouble-with-the-curve-review-2/

http://www.tollbooth.org/index.php/home/movie-reviews/650-trouble-with-the-curve

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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