ADAM RESUCITADO

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Adam Resurrected

Dirección: Paul Schrader

Guión: Noah Stollman, según la novela de Yoram Kaniuck

Intérpretes: Jeff Goldblum, Willem Dafoe, Derek Jacobi, Ayelet Zurer,    Hana Laszlo,        Joachim Król

Música: Gabriel Yared

Fotografía: Sebastian Edschmidt

Montaje: Sandy Saffeels

EEUU-Alemania-Israel. 2008. 94 minutos.

La memoria, la dignidad, la soledad

 La ya muy nutrida, sin duda desigual, pero a menudo estimulante batería de títulos que el cine contemporáneo  -europeo o norteamericano– ha consagrado a las secuelas del genocidio del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial añade con esta Adam Resurrected una aportación valiosa por lo que narra y por el cómo lo narra.  Lo primero, que podemos identificar con el noble sustrato literario de partida, El hombre perro, de Yoram Kaniuk; lo segundo, con la mirada siempre personal e intransferible de su promotor cinematográfico, Paul Schrader. Aunque el autor del libreto de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1975) no firme en esta ocasión la conversión en guión de la novela de Kaniuk (labor de la que se encomienda Noah Stollman), las razones por las que a Schrader le interesó el proyecto son fáciles de conjeturar; qué duda cabe de que el espinoso trayecto catárquico de Adam Stein, el personaje que (de forma soberbia) encarna Jeff Goldblum en la película encaja perfectamente con ese imaginario schraderiano poblado de conflictos tortuosos y que se dirimen en el campo de batalla psicológico o espiritual. Adam es sin duda un personaje apasionante, cuya miga debe ser explorada desde lo intuitivo, como así resulta siempre en las apuestas narrativas de Schrader; y el tapete argumental, en correspondencia con lo anterior, resulta más bien poco ortodoxo, utilizando una cronología en dos tiempos (ayer, el de la herida; hoy, el de las secuelas) como modo efectivo de abrir las compuertas que difuminan la diferencia entre la crónica histórica y aquélla (que en el cine normalmente es muy otra) versada en las patologías del espíritu, en este caso los traumas enquistados en la memoria del personaje, unos recuerdos que, siendo patrimonio privado de Adam, el filme abre a la paráfrasis colectiva, trascendiendo lo descriptivo y llevando las riendas dramáticas a la interpelación del espectador. (que es el modo que tiene el cine de promover sus juicios, en este caso sobre la Historia).

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En esa danza cronológica, las ventanas que se abren al pasado –filmadas en blanco y negro hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial, como si de otra existencia se tratara– corresponden, de forma convencional (flashbacks) a las dolorosas evocaciones del pasado cuando éste, fruto de alguna asociación mental, emerge en el presente. Lo llamativo, casi esperpéntico, es el planteamiento de esa evocación: Adam se halla en un centro psiquiátrico, pero no está recluido en él: de un modo chocante, el filme describe cómo su raro carisma le convierte en una especie de líder entre los pacientes, de modo tal que puede hacer valer una cierta jerarquía entre los miembros del equipo terapéutico (detalle importante, porque encaja perfectamente con la idiosincrasia de Schrader, que propone una forma realmente novedosa, absolutamente contraria a los lugares comunes, de relatar la relación entre el individuo y el centro psiquiátrico que le acoge); allí entrará accidentalmente en contacto con un niño que tiene diagnosticado un grave padecimiento psíquico que encaja perfecta y trágicamente con la tortura física y psicológica a la que Adam se vio sometido durante sus años de reclusión en el campo de concentración nazi, por parte de un oficial al mando, el Coronel Klein (Willem Dafoe), que conocedor del oficio de Adam –era showman en un cabaret berlinés–, lo adoptó como protegido a cambio de exigirle que se comportara… como un perro. David, el niño enfermo con el que, tantas décadas después, Adam entra en contacto, vive recluido en la convicción de que es un cánido. Con semejante, pasmosa y brillante, premisa de conflicto, el filme deshojará el proceso catárquico del personaje merced de su labor como improvisado psiquiatra que tratará de sanar al niño, pues lograrlo supondría para Adam cerrar la honda herida del pasado y encontrar la forma de rehabilitar algo de lo que sigue desposeído, su propia dignidad. Pero el camino no será fácil, ni para Adam ni para David, aunque, y es importante, el filme se limita a enunciar los progresos del menor, porque en lo que en realidad se centra es en las reacciones emocionales del torturado personaje protagonista.

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El de Schrader es sin duda un cine de experiencias fuertes, y en Adam Resurrected el cineasta demuestra principalmente la condición insobornable de su mirada, convirtiéndose en un febril ilustrador de los periplos internos del personaje, que el cineasta viste con tanta elocuencia como carencia de complejos. Se apoya principalmente en la extraordinaria composición de Goldblum para transcribir en imágenes los pasajes que corresponden al pasado, de un modo atractivo pero limitado por lo gráfico; pero el auténtico territorio de tesis anida indudablemente en los pasajes que discurren en el centro psiquiátrico, espacio en el que Schrade diluye las reglas de la lógica de modo tal que el espectador se ve arrastrado por la vorágine subjetiva, a través de la cual el cineasta compone un retrato tan patético como conmovedor de su personaje, un hombre cuya inteligencia y sensibilidad le hace aún más susceptible de ser acuciado por la inestabilidad emocional.

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A la postre, Adam Resurrected termina hablándonos con voz queda de algo que trasciende el epígrafe histórico que lo sustenta: el formidable peso de las máscaras en la existencia humana, y su implacable proceso de descomposición. No es de extrañar que la catarsis –incluso subrayada en una secuencia epifánica, de esas con las que Schrader sazona algunas de sus obras, desconcertando a buena parte de los espectadores– sea, al final, sólo aceptada en su auténtica mesura: como Adam confiesa en el hermoso cierre, es posible recobrar la cordura y el equilibrio; pero ni lo uno ni lo otro desmienten la dolorosa huella de lo que hemos sido y hecho. O, dicho de otro modo, ni en última instancia quedan recetas para el recuerdo ni la soledad.

http://www.imdb.com/title/tt0479341/

http://www.elantepenultimomohicano.com/2012/10/critica-adam-resucitado.html

http://www.cinedivergente.com/criticas/adam-resucitado

http://www.cineycine.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1507:adam-resucitado&catid=13:pellas&Itemid=39

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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