ARGO

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Argo

Dirección: Ben Affleck

Guión: Chris Terrio, según un libro de Tony Méndez y un artículo de Joshuah Bearman

Intérpretes: Ben Affleck, Bryan Cranston, Alan Arkin, John Goodman, Victor Garber, Tate Donovan, Clea DuVall

Música: Alexandre Desplat

Fotografía: Rodrigo Prieto

Montaje: William Goldenberg

EEUU. 2012. 118 minutos.

 

Huída del planeta de Jomeini

 Tras su iniciar su carrera tras las cámaras con dos interesantes thrillers, Adiós, pequeña, adiós (Gone Baby Gone, 2007) y The Town: ciudad de ladrones (The Town, 2010), Ben Affleck decidió ampliar miras con esta Argo, recreación dramática de unos hechos entre rocambolescos y heroicos que se hallan en los anales de la CIA (en este caso, desclasificados desde 1997): concretamente, el increíble plan urdido por un miembro del servicio de inteligencia  estadounidense, Tony Méndez (el propio Affleck), para intentar evacuar de Irán a seis trabajadores del Consulado de los EEUU en aquel país que, tras el asalto al lugar perpetrado por una masa popular en noviembre de 1979, se habían ocultado durante varios meses en la residencia del Cónsul canadiense. El extravagante plan, asimismo documentado en el libro de Méndez El maestro del disfraz y en un artículo firmado por Joshuah Bearman y publicado en la revista Wired con el título La gran evasión, no era otro que hacer pasar a esos seis miembros del cuerpo diplomático estadounidense por… ¡profesionales del cine!, miembros del staff de producción de una película de aventuras al estilo Star Wars (George Lucas, 1977) precisamente titulada Argo y que se hallaban en Irán en sede de preproducción de la obra, buscando localizaciones exóticas, ardid para cuya credibilidad Méndez logró obtener la complicidad de un productor de Hollywood, Lester Siegel (Alan Arkin), quien publicitó el inexistente proyecto en la meca del cine, efectuó el casting y obtuvo la publicidad buscada por parte de la prensa especializada, todo ello con la única intención de ofrecer una cobertura creíble a la empresa de Méndez.

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Argo, no la película simulada sino la filmada en 2012 por Affleck, juega con la baza de esta historia que, por estrambótica que sea, incide en un tema al que el Hollywood contemporáneo ha prestado una atención intermitente pero a menudo estimulante –los más recientes ejemplos, Confesiones de una mente peligrosa (Confessions of a Dangerous Mind, George Clooney, 2003) y La guerra de Charlie Wilson (Charlie Wilson’s War, Mike Nichols, 2008)–, que no es otro que la relación entre la política y el showbusiness, en esta ocasión elevando el juego de las premisas a lo paroxístico, convirtiendo la ficción cinematográfica, por ende superficie para la metáfora y lo alusivo, en el soporte instrumental sine qua non para realizar una gesta humana en el peligroso laberinto de los conflictos de política internacional, por lo demás con un miembro de la CIA como protagonista y dos hombres del cine (a Siegel se le debe sumar el experto en maquillaje John Chambers (John Goodman), enlace de Méndez y a través del cual contactó con Siegel) como cooperadores necesarios. En este sentido, sobre el papel, y materializado en imágenes con suma astucia en los pasajes del filme que discurren en tierra californiana, Argo utiliza su anécdota argumental para meditar sotto vocce sobre el modo en que la maquinaria industrial de Hollywood (ese lugar que, no por azar, visualizamos en más de una ocasión desde formidables panorámicas aéreas) se pone al servicio de los intereses de funcionamiento ideológico, social y cultural (estos dos últimos ítems bien representados en el esfuerzo por la recreación visual de una determinada  época de la historia americana, los años del mandato de Jimmy Carter). Como digo, el filme perfila más de una idea interesante en torno a esos suculentos aspectos radiográficos, aunque el interesado en los mismos probablemente lamente la oportunidad desaprovechada de haber profundizado mucho más en ellos, pues, al fin y al cabo, Argo acaba concentrándose mucho más en la narración concreta de la evacuación de los seis estadounidenses de Irán que en los comentarios subyacentes del fértil tapete de premisas que ofrece el argumento.

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Más arriba hemos citado un punto de concomitancia entre el filme que nos ocupa y la opera prima de George Clooney, Confesiones de una mente peligrosa; no es ocioso mencionar al respecto que Clooney y su avezado colaborador Grant Heslov sean, junto al propio Affleck, los productores de la película. Y no es ocioso porque Argo, con todas sus virtudes y limitaciones, se erige de forma innegable en un vástago de ese ya nutrido corpus de filmes con la figura de Clooney como bastante asiduo epicentro (productor, director, actor), que soportan parte importante de la conciencia liberal del cine norteamericano actual, corpus que busca lo discursivo a través del incidir en cuestiones a menudo subterráneas del funcionamiento político, económico o social y en lo narrativo y estético alberga importantes herencias del talante escenográfico de ese discutido pero brillante realizador que es Steven Soderbergh (cuya ¡El soplón!/The Informant!, 2009, podríamos perfectamente incardinar en este corpus), y, algo menos y superficialmente, de la iconoclastia formal de los hermanos Coen. Aquí instalados, cierto es, se plantea una paradoja: ¿cómo cuadra esa conciencia liberal y presunta voluntad crítica con un filme, como Argo, en el que se muestra la cara más humana de un organismo tan y tan cuestionable como es la CIA? Pero, si observamos con atención, la paradoja se diluye: en primer lugar, por lo sustantivo, merced del –magnífico– prólogo en el que se resume la historia reciente de Irán y se revela que el despótico Sha que precedió al Ayatollah Jomeini fue avalado, por intereses económico-estratégicos, por Gran Bretaña y los EEUU: atiéndase que, dada la naturaleza del relato, no había necesidad alguna de ese prólogo, y por tanto debe atenderse su intención informativa-objetiva, que desmarca el relato de lo particular –el periplo de Méndez y quienes participan en él- de lo contextual y general –el sufrimiento del pueblo iraní y la responsabilidad de las políticas exteriores del gobierno estadounidense-; en segundo lugar, por lo discursivo: Argo defiende el valor de una opción individual que en realidad se rebela contra el statu quo (el gobierno de los EEUU no dio luz verde a la operación), y por tanto en su retrato de la presunta humanidad de la CIA el diagnóstico es claro: la humanidad, o el heroísmo, proceden de una persona, no del organismo para el que trabaja.

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Lo anterior es la constatación de que los responsables del filme se toman ciertas molestias en poner los puntos sobre las íes en los paradigmas sobre lo histórico, de modo tal que el aparatoso nudo narrativo sea realmente visto como lo que es: una anécdota, un hecho aislado, que nada tiene de representativo de un contexto verídico; démonos cuenta de que en otras manos –y quizá en otros tiempos, más cercanos al acontecimiento radiografiado–, un discurso maniqueo hubiera sobrevolado sobre el relato heroico para fraguar una definición ideológica tan fascistoide como la de, por poner un ejemplo radical que, empero, comparte alguna semejanza argumental con la película que nos ocupa (el rescate de nacionales en un entorno extranjero y hostil), Rambo (First Blood, Part II, George Pan Cosmatos, 1986). En esta Argo, en cambio, hay brazos ejecutores pero no villanos; hay violencia pero no es gratuita, sino fruto de la injusticia (me parece sobresaliente, en ese sentido, la secuencia de arranque de la película, que recrea ese asalto al Consulado estadounidense acaecido en Teherán el 4 de noviembre de 1979), y, lo que hay principalmente, se mire adonde se mire, son víctimas (y al respecto, atiéndase que sobre las seis en concreto sobre las que el filme se detiene, no se excluya una descripción que busca su humanización precisamente haciéndoles un punto antipáticos –la secuencia preliminar a la operación en la CIA, donde se describe quién es cada uno de ellos y qué hacía en Irán-). También hay, no lo olvidemos, una mirada sardónica sobre el funcionamiento de la industria del cine (ello concretado perfectamente en el cinismo que caracteriza los roles que asumen tanto Arkin como Goodman, ambos magníficos), y, si me apuran, una glosa final (que explica que el resto de funcionarios del Consulado, que cuando el lugar fue tomado no escaparon y por tanto fueron retenidos por el ejército iraní –como represalia por el asilo que los EEUU habían ofrecido al derrocado Sha-, terminaron siendo todos liberados, aunque un año y pico más tarde) que termina de relativizar la relevancia histórica del acontecimiento relatado, afianzando por tanto su importancia más bien recreativa.

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Todos esos ingredientes de definición del relato y los personajes, más el look retro tan esmerado que luce el filme, cuyo trazo persigue una iconografía periodística, terminan de edificar la cierta distancia dramática que en su planteamiento caracteriza al filme (elemento de naturaleza que encauza directamente con ese cine de/con Clooney antes aludido). Sucede sin embargo que Affleck termina disintiendo un tanto de esa frialdad expositiva, no sé si por voluntad propia o por la inercia del relato, cuando éste encara el largo clímax en el que se relata la preparación in situ y materialización de la evacuación de los funcionarios consulares (algo que de hecho ocupa poco menos que la segunda hora de metraje), pasajes donde Argo termina sumergiendo su vis radiográfica en los resortes de la intriga sin coartadas, una intriga en todo caso bien gestionada en su concatenación de situaciones-límite (desde la visita al Gran Bazar de Teherán a la larga secuencia en el aeropuerto), y que desaguan en un desenlace entusiástico, en el que el filme se atreve, ni que sea por única vez, a destilar lo emotivo. Argo es, a la postre, una película extraña, que chirría en diversos aspectos, pero que revela suma efectividad en el articulado del relato, especialmente en su métrica, y en esa glosa historiográfica superficial pero no tramposa.

http://argothemovie.warnerbros.com/

http://www.imdb.com/title/tt1024648/maindetails

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20121010/REVIEWS/121019999/1001

http://www.sfgate.com/movies/article/Argo-review-Gripping-crisis-in-Iran-3939878.php

http://www.cinedivergente.com/criticas/argo

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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