LA NOCHE MÁS OSCURA (ZERO DARK THIRTY)

Zero Dark Thirty

Director: Kathryn Bigelow

Guión: Mark Boal

Música: Alexandre Desplat

Fotografía:  Greg Frasier

Intérpretes:  Jessica Chastain, Kyle Chandler, Jennifer Ehle, Harold Perrineau, Jeremy Strong

EEUU. 2012. 148 minutos

La maquinaria implacable

 Aun cuando falla la inspiración, o la clarividencia analítica, puede pervivir la intención. Quizá por ello en tantos comentarios al respecto de La noche más oscura (Zero Dark Thirty) se entrelazan dos argumentos que guardan entre sí tanta relación como el tocino y la velocidad pero que, según cómo se aireen, pueden servir para magnificar el interés de la película o denostarla. El primer argumento o dato, que Kathryn Bigelow es la primera mujer que jamás haya logrado un Oscar a la Mejor Dirección. El segundo, que el filme aborda por primera vez (habrá quien hable de “definitiva”, yo no lo creo), el pursuit y final caza y asesinato del jefe de Al-Qaeda y ex–colaborador de la CIA Osama Bin Laden. ¿Cómo se barajan esos argumentos? Diciendo que la directora ha hecho valer su posición de poder en la industria para materializar un proyecto que, de otra forma, no hubiera podido llevar a cabo: falacia, por supuesto, sin duda que hubiera podido llevarlo a cabo, quizá con otros medios y respaldos, o quizá ni siquiera eso variase. En todo caso, es curioso eso de relacionar el prestigio obtenido con un Oscar con el arrojo y la personalidad (quienes enaltecen la película) o el oportunismo y condescendencia ideológica zafia (quienes la critican) de un, o en este caso una, cineasta; curioso y reseñable, cuando ello termina sirviendo, para lo bueno o para lo malo, para otorgarle al filme un papel crucial en el paisaje del cine que, durante lo que llevamos de siglo XXI, ha abordado la temática del llamado enfrentamiento de civilizaciones y la “Guerra contra el terrorismo” que, desde el 11 de septiembre de 2001, ha centrado buena parte de la política exterior y acción militar estadounidense, al menos a los ojos del público.

En mi humilde opinión, no hay para tanto. Ni en un sentido ni en el otro. Ni Zero Dark Thirty  es una gran película (o una película peligrosa por su cauce ideológico) ni le toma el pulso a una época con mayor relevancia que, por citar algunas, las interesantes Syriana (Syrianna, Stephen Gaghan, 2005), La batalla de Hadiza (Battle for Haditha, Nick Broomfield, 2007), Redacted (Id, Brian De Palma, 2007), o las más irregulares En el valle de Elah (In the Valley of Elah, Paul Haggis, 2007), Green Zone: Distrito Protegido (Green Zone, Paul Greengrass, 2010), Route Irish (Id, Ken Loach, 2010) o En tierra hostil (The Hurt Locker, Kathryn Bigelow, 2010). Éste último título, que fue el que catapultó a la ya veterana realizadora, estaba escrito por Mark Boal, con quien Bigelow ha vuelto a colaborar en el filme que nos ocupa. Mi impresión respecto tanto a una como a otra películas, difiere en realidad poco: me parecen títulos con algunos elementos interesantes, pero bien lejos de alcanzar la brillantez. No obstante, y a pesar de que las bombas, o el terrorismo, se hallan en su epicentro temático, se trata de obras de proposiciones distintas; la primera, cine bélico, centrada en la labor de un artificiero en territorio iraquí durante y tras la guerra, y que se desarrollaba a fuerza y acumulación de largas y en lo escenográfico a menudo brillantes set-piéces; la segunda, más bien un thriller, que nos propone una radiografía de seguimiento cronológico de largo alcance centrado en esa investigación en torno al paradero del hombre más buscado de la década, y que en sus planteamientos narrativo-visuales obedece mucho más a los dictados de la estructura de guión y el montaje.

Lo primero que debe señalarse de la película es que la carencia, por lo general, de una labor escenográfica más trabajada deja a la intemperie un problema en realidad bastante común en el cine norteamericano actual, su larga duración. El filme busca su ritmo a base de ir sazonando el desarrollo narrativo con secuencias que son de choque en lo literal, esto es explosiones, atentados, torturas o expresiones de violencia explícita que van contrapunteando la labor de despacho que, mayoritariamente, a través de diálogos, va definiendo los datos llamados a encajar en la trama. Zero Dark Thirty, en ese sentido, entreteje siempre breves secuencias que, a veces, saltan en lo cronológico varios años hacia adelante, y nos invita a poner nombre, rostro y algo (no mucho) de contexto a los individuos que, básicamente a través de declaraciones logradas bajo tortura, acercan a la CIA a su objetivo. Semejante estrategia narrativa, o quizá más bien esa forma más bien plana que, cobijado bajo el parapeto del afán documentalista, utiliza Bigelow para articular el relato en lo visual, hacen inevitable constatar que al filme le sobran, perfectamente, tres cuartos de hora de metraje. Y eso es mucho. Porque una cosa es oxigenar la presentación de las piezas narrativas, lo que se hace durante la primera hora, y otra bien distinta es demorarse en datos y explicaciones que, dada su levedad (o hasta vacuidad) sustantiva, podrían haberse sintetizado mucho. En este sentido, quizá deba darse la razón a los detractores del filme cuando opinan que el filme de Bigelow se adorna demasiado en su propia conciencia de estar contando algo muy importante, cuando en el cine lo más importante es saber cómo contar las cosas, para dejar que sea el público quien juzgue su importancia, definición ésta que vale igual para el relato surgido de la imaginación como el basado, como suele decirse, “en hechos reales”. Buena prueba de que Bigelow y Boal (los dos co-productores del filme, junto a Megan Ellison) se toman muy a pecho eso de estar contando trascendentes acontecimientos históricos es la larga media hora de metraje final que sustancia el asalto a la fortaleza donde Bin Laden se halla oculto, larga secuencia nocturna donde, al menos, Bigelow sí vigoriza el relato merced de la planificación, el uso de la cámara subjetiva y el montaje, si bien en muchos aspectos visuales hallamos ecos bien visibles de filmes como el antecitado Green Zone.

La sustancia caliente del thriller se concreta antes de esto, en la segunda hora de metraje, que asimismo coincide con la exploración dramática que concierne al personaje protagonista, Maya, la investigadora encarnada –tan bien como acostumbra– por Jessica Chastain. Mucho más que el ancla narrativa, el personaje de Maya encarna los valores e intenciones que sostienen el relato más allá de su tan cacareado enunciado temático. En el filme, Maya es un personaje del que sabemos poco, y de cuya fragilidad sólo tenemos noticia merced de la matizada composición de la actriz (que no demérito de Bigelow, que la dirige), y se erige más bien en la representación casi pluscuamperfecta del tesón, el sentido de la responsabilidad, la inteligencia, la paciencia y la dosis justa de vehemencia que se requieren para lidiar con todos los condicionantes que hacen de la suya una misión harto compleja. Condicionantes que para la CIA tienen que ver con las dificultades intrínsecas de localizar a Bin Laden, y a las que a Maya también se le suman las cortapisas que recibe desde las propias instancias políticas y operativas.  Hay quien ha manifestado al respecto que Maya vendría a personificar una especie de alter ego de Bigelow, teoría que vendría a comparar la difícil posición de dos mujeres en un entorno totalmente dominado por hombres. Alter ego o no de Bigelow, a quien esto suscribe se le hace evidente que lo más reseñable de Zero Dark Thirty es precisamente ese dibujo de su personaje principal, y no tanto porque considere que es ejemplar ni mucho menos brillante, pero sí admitiendo las posibles resonancias culturales que, a través de su consonante temática, el filme halle en la digresión sobre esa cuestión que relaciona el statu quo con el sexo. Maya es a todas luces una auténtica heroína, y por si le faltaba algo de trabajo “de campo” para certificarlo, los guionistas la enfrentan a dos atentados, uno directo contra su persona –es tiroteada cuando intenta salir del aparcamiento con su vehículo– y otro accidental –estalla una bomba en los aledaños del lujoso restaurante en el que se halla cenando con una compañera de trabajo–. Y, como antes decía, al peligro “externo”, se le suma el que halla en su propio entorno profesional, los superiores con los que debe lidiar, a los que debe convencer, para hacer prevalecer el suyo un criterio que se erige en el ingrediente sine qua non del éxito de la operación. Cuando conversa con los soldados que van a llevar a cabo el asalto a la fortaleza en la que se halla el terrorista, Maya les manifiesta algo así como que ellos son la extensión de su mente, brazos ejecutores de algo que ella ha planificado con total esmero, y de lo que tiene, a diferencia del resto, el 100% de la certeza. En Zero Dark Thirty, qué duda cabe, Bigelow nos dice que el heroísmo es la conciencia de estar en última instancia sola con las propias decisiones y el saber exprimir todos los recursos para movilizar al entorno en beneficio de esas decisiones. ¿Las mujeres al poder? Al concreto tenor de lo expuesto, probablemente. Pero no lo diré, no se me vaya a acusar de machista sin comprender que me parece la mar de legítimo enarbolar esa, o cualquier otra, bandera. Lo importante es el cómo se enarbola. Y como he manifestado, a Bigelow, en esta película, le falta contundencia cinematográfica.

http://www.imdb.com/title/tt1790885/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20130102/REVIEWS/130109998/0/A

http://www.washingtonpost.com/entertainment/movies/zero-dark-thirty-and-the-new-reality-of-reported-filmmaking/2012/12/13/3630ce2c-4548-11e2-8e70-e1993528222d_story.html

http://www.monstersandcritics.com/movies/reviews/article_1708725.php/Zero-Dark-Thirty—Movie-Review

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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