EL VUELO

Flight

Director: Robert Zemeckis

Guión: John Gatins

Música: Alan Silvestri

Fotografía:  Don Burgess

Intérpretes:  Denzel Washington, Tamara Tunie, John Goodman, Don Cheadle, Kelly Reilly, Bruce Greenwood, Nadine Velazquez

EEUU. 2012. 132 minutos

De tolerancia o resistencia

Del mismo modo que se suele menospreciar la (importante) aportación de Robert Zemeckis al paisaje del cine en la era digital que supusieron sus tres sucesivas aportaciones al cine de animación –en dos de los tres casos, no para niños– mediante el 3D y la técnica del motion capture, muchos probablemente verán esta Vuelo, drama centrado en los avatares vitales de un piloto de avión alcoholizado, como un run for cover con el que el realizador de Forrest Gump (Id, 1997), intenta rehabilitar su posición en la industria. Incluso se llegará a decir que Zemeckis “se pone serio”, por el hecho de hallarnos ante uno de los pocos filmes de su filmografía que no incorporan elementos fantásticos en su tenor argumental, éste que bien al contrario se centra en una temática bien áspera, que, por lo demás, por el modo (coherente) con el que Zemeckis ha materializado el proyecto, se ha labrado una clasificación de R o restricted, algo que se traduce en un severo peaje en las taquillas. Tan esperables, inevitables falacias ni siquiera bastan para negar las francas semejanzas que el filme guarda con Náufrago (Cast Away, 2000), el último de acción real que filmara antes de las sucesivas y aludidas Polar Express (The Polar Express, 2004), Beowulf (Íd, 2007) y Un cuento de Navidad (A Christmas Carol, 2010). Y es una buena noticia, pues si Náufrago era una película indudablemente sólida, la que nos ocupa no le va a la zaga.

 

En ello tiene mucho que ver un esmerado y perfectamente estructurado guión, firmado por John Gatins, que aunque contenga un aparatoso pasaje (que Zemeckis convierte en espectacular secuencia) en el que un avión se estrella, se dirime en términos netos de introspección psicológica, proponiendo una intensa radiografía de los sentimientos e impulsos al límite que atenazan al personaje protagonista, Whip Whitaker. El filme abona muchas de las convenciones narrativas heredadas de filmes que, como Dias sin huella (The Lost Weekend, Billy Wilder, 1945) o Días de vino y rosas (Days of Wine & Roses, Blake Edwards, 1962), abordan la problemática del alcoholismo. Empero, merced del preciso perfil que el guión propone del personaje, como de la muy matizada, magnífica interpretación que del mismo efectúa Denzel Washington, a diferencia de los citados títulos (y tantos otros), en Flight se modulan severamente a la baja los pliegos más melodramáticos (véase por ejemplo la secuencia en la que Whip visita a su ex-mujer y su hijo adolescente, donde toda emotividad es fagocitada por la vehemencia de la cruda situación), y el grueso de secuencias de borracheras se dirimen desde lo elíptico, a menudo con breves y llamativas referencias visuales (el plano sostenido en el detalle de un botellín de vodka ubicado sobre un mueble-bar, que termina en el preciso instante en que vemos una mano, la de Whip, cogerlo con ímpetu) o graduadas según el punto de vista de terceros (la secuencia que sigue a la citada, en la que Charlie Anderson (Bruce Greenwood) y el abogado Hugh Lang (Don Cheadle) acuden a buscarlo para acudir a la comparecencia ante la comisión investigadora del accidente aéreo).

 

Esas opciones específicas de trazo tanto argumental como visual resultan pertinentes porque aquí, el retrato de ese personaje al límite de sus fuerzas se entreteje con la inquisición a que es sometido durante esa investigación de las causas de dicho accidente, que tuvo víctimas mortales de las que, por tanto, Whip deberá responsabilizarse si se resuelve que su conducta fue negligente, algo que sobre el papel parece evidente, puesto que el piloto había consumido alcohol y cocaína en el fatídico momento del crash aéreo. Y ese trenzado entre la enfermedad del personaje y el accidente, o el hecho de que ese accidente marque, en los primeros compases del filme, el point of no return de la disipada vida que lleva el personaje, busca un punto de complejidad en la proposición añadida de que, a pesar de hallarse bajo los efectos de las drogas, Whip demostrara una gran pericia en el manejo de la aeronave, logrando salvar vidas (muchas, 96 viajeros de los 102 que iban en el avión salvaron la vida) con una maniobra espontánea y harto complicada. Esa proposición ofrece una opción argumental interesante y más incisiva de lo que aparenta. Interesante porque plantea en el espectador un dilema más allá de lo obvio en sus términos de identificación con el personaje. Incisivo porque, a poco de pensarlo, se hace evidente que, siendo el personaje adicto a esas sustancias tóxicas, el no haberlas ingerido previamente a aquella crisis en el vuelo hubiera revertido negativamente en su actuación, pues probablemente le hubiera faltado el tiento y la sangre fría que atesoró hallándose bajo el efecto de un alcohol sedante de los nervios y una cocaína que reanima de la resaca. Esas razones de naturaleza y contexto, con incidencia en la causalidad de lo investigado y con las complejas razones psicológicas del personaje son bien exprimidas para dotar al relato de cierta espesura expositiva y dramática. Y, allende esas consideraciones estrictamente cinematográficas, una panorámica cultural permite contemplar Flight como una película que sin duda nos aleja del fantasma del 11-S, ya que por primera vez en mucho tiempo un avión en peligro o accidentado sustancia un drama en la tradición convencional del cine de Hollywood sin ningún aderezo ideológico, enemigo alusivo o parábola terrorífica de trasfondo.

Como tantas otras películas centradas en alguien alcoholizado, Flight se pliega a las proposiciones, sin duda universales, de las historias que nos hablan de un arduo proceso de penitencia y redención. Algo que, al menos bajo mi punto de vista, no le resta puntos a un relato siempre que esa historia y esas proposiciones estén bien urdidas. A pesar de recurrir a convenciones, Zemeckis, ya desde la primera y llamativa secuencia –en la que vemos a Whip despertarse resacoso en una habitación de hotel y colocarse con cocaína mientras su amante se pasea desnuda por la estancia– juega atractivas bazas escenográficas que básicamente proponen términos de oposición entre lo objetivo y lo subjetivo, los acontecimientos que son y la visión/versión que de los mismos tiene/da Whip, que es la distancia entre la realidad objetiva y el autoengaño a que se somete un alcohólico (un detalle interesante en ese sentido es la inclusión en la banda sonora de conocidas piezas de rock y soul que actúan como transmisores de lo anímico, siempre sujetos a cambios abruptos del personaje, y, en correspondencia, se escuchan o dejan de escuchar de forma abrupta). La subtrama que relaciona a Whip con otra alcohólica, Nicole (Kelly Reilly), ésta en proceso de desintoxicación, es otro elocuente ejemplo de savoir faire expositivo: esa relación que sirve de acicate para la reacción del personaje es, sobre el papel, muy prototípica, pero se desentraña  mediante breves y bien escritas secuencias en las que Zemeckis demuestra a menudo tanta elegancia como elocuencia visual (v.gr. el momento en el que Nicole regresa a casa y halla a Whip tumbado en una butaca borracho, momento capturado mediante un plano fijo que mantiene al hombre, tumbado, en primer término, y a la mujer, desenfocada, en último, entre uno y otra una mesa llena de botellas vacías). Incluso cuando, en el último cuarto de hora de metraje, el filme recurra a los tópicos más manidos –spoiler: la confesión pública del personaje, la solución argumental–, las piezas logran casar de forma concisa y efectiva, lo que tiene que ver con la atenta disposición de las piezas cinematográficas tanto como con ese bien calibrado discurso que juega con las expectativas del espectador entre lo que es (un alcohólico) y lo que hace (pilotar magníficamente aviones) el personaje, ambivalencia que terminara desmoronándose por el propio peso de la irrefutable lógica. Lo que decíamos: proposiciones universales. Que siguen funcionando. Es cierto que Zemeckis es de esos realizadores que dependen mucho de los guiones que manejan; pero si, como en este caso, dispone de uno bueno, se convierte en un imaginativo y hasta percutante storyteller.

http://www.imdb.com/title/tt1907668/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20121031/REVIEWS/121039998

http://www.sfgate.com/movies/article/Flight-review-Top-flight-drama-4000945.php

http://www.slantmagazine.com/house/2012/10/new-york-film-festival-2012-flight/

http://joethemnmovieman.com/2012/11/26/movie-review-flight/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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