SEARCHING FOR SUGAR MAN

Searching for Sugar Man

Director: Malik Bendjelloul

Guión: Malik Bendjelloul

Música: Sixto Rodríguez

Montaje:Malik Bendjelloul

Suecia-EEUU. 2012. 85 minutos

 

Elvis regresa de entre los muertos

 Los acontecimientos que narra Searching for Sugar Man son tan fantásticos que podrían perfectamente servir de premisas para uno de esos falsos documentales o mockumentaries que comentan la realidad a través de una farsa que ofrece reflejos deformados/deformantes de ella. Existen, es indudable, poderosas razones para vestir de negra ironía esta historia de un músico que, sin haberse significado lo más mínimo en su país, y sin siquiera enterarse, se convertía en un superventas o hasta en tótem cultural en otras y bien remotas latitudes. El comentario sobre lo caprichosos y al mismo tiempo despiadados mecanismos de la industria discográfica –sobre los que, oh ironía, el personaje que resulta más antipático de los que aparecen en imágenes es un hombre de color, cabeza visible de la discográfica que recibía los royalties de las jugosas ventas de discos de Sixto Rodríguez en Sudáfrica sin informar de ello al artista o siquiera a los productores del disco, ni mucho menos darle un solo centavo–, quedaba servido, entre otras opciones posibles, entre ellas la crónica socio-cultural en torno a la situación de Sudáfrica en los años de auge del movimiento anti-apartheid.

 

Pero la realidad supera la cínica ficción, y, por increíble que parezca, la historia de este cantautor emergido de los neblinosos (metáfora que no es mía, sino del realizador del documental) callejones de Detroit es verídica. Sixto Rodríguez sacó dos discos a principios de los setenta –Cold Fact y Coming to Reality–, en los que combinaba la carga combativa política de un Pete Seeger o un Phil Ochs, con la rosca lírica de Bob Dylan y las maneras interpretativas y melódicas de Don Mc Lean; a pesar de la poco discutible calidad de sus canciones, no pudo trascender el anonimato, probablemente por falta de estrategia o medios de difusión promocional por parte de los responsables de ello, porque su filiación y nombre latinos (hijo de mejicanos) resultaba venenoso para el mercado, o por las dos cosas. Hasta aquí, empero, la historia no tendría nada de extraño, y si Searching for Sugar Man se limitara a narrar esos hechos sería uno de esos blues cinematográficos (argumentalmente, se entiende) que relatan los incesantes agujeros negros del sueño americano. Sin embargo, la película dirigida por el realizador sueco Malik Bendjelloul tiene algo ciertamente sorprendente a añadir a esa glosa biográfica, el espontáneo –por carente de mecenazgo– y formidable éxito de esos dos discos de Rodriguez en Sudáfrica, que, años después, cuando el cantautor tenía consolidada allí su condición de artista de culto, mito de la música sobre cuya desaparición se habían construido grotescas versiones, motivaron el enconado research por parte de musicólogos y periodistas de aquellas latitudes que dieron de resultas, para su soberana sorpresa, el conocimiento de que Rodríguez seguía vivo –si bien retirado, pues nunca más volvió a sacar otro disco, viviendo desde entonces de sus modestos ingresos como trabajador de la construcción en Detroit–, fruto de lo cual llegaron a organizarse diversas giras en las que el músico, veinticinco años después de haber sacado sus discos, fue recibido en loor de multitudes en aquel país en el que, sin él saberlo, había sido elevado a los altares del éxito y el prestigio.

 

La realidad, revela esta interesante película, nunca puede ser tan cínica como la ficción. Por eso las poderosas razones para una crítica despiadada a la industria pueden rastrearse pero se subordinan, en las imágenes de la película, a otro considerando, el emotivo, que es el que, sobre todo en la segunda mitad del metraje –desde el momento en el que una ventana se abre literalmente y Sixto Rodríguez efectúa una aparición casi fantasmagórica–, termina dilucidando las reglas del relato y barnizando los muchos elementos dignos de comentario crítico, cuya vocación lírica cobra forma conmovedora (el concierto de 3 de junio de 1998 en Ciudad del Cabo) o incluso elegíaca (los comentarios de las hijas del cantautor, o especialmente imágenes poderosas como la que cierra el filme, en la que se muestra a contraluz la silueta de Rodríguez, de espaldas, tocando la guitarra frente a una ventana que nos deja ver la nieve que cae en el exterior, sobre la ciudad de Detroit). Bendjelloul, también montador, arreglista de la música de acompañamiento e incluso autor de los dibujos que de forma aislada –pero no caprichosa: marcan el inicio del camino de ida y del de vuelta–, resuelve de esta manera este poderoso relato sobre un hombre y su música.

 

Amén de un desgarrador drama humano –más aún por la actitud estoica que al respecto adopta su protagonista–, Searching for Sugar Man se erige en un efervescente documento sobre una época y dos lugares distintos, cuyos reflejos opuestos se diluyen en parte merced de la increíble constancia de lo caprichosos que pueden resultar los acicates del éxito. El talento del autor de la película queda patente, especialmente, en la efectividad con la que, desde un relato con visos introspectivos, se terminan elevando no sólo las citadas y crudas verdades sobre el funcionamiento de la industria discográfica, sino también una muy pertinente digresión sobre los volubles contornos de eso que damos en llamar trascendencia. Al final, parece rezar la película, Sixto Rodríguez alcanzó la trascendencia al componer y escribir aquellas canciones, sin necesidad de alcanzar éxito alguno. Pues no es lo mismo la trascendencia que la repercusión comercial. Percepción, o más bien tesis final, que si se hubiera formulado con menos convicción hubiera quedado como nada más que una fórmula encomiástica con la que reivindicar una voz largamente menospreciada, pero de la forma tan quieta y sincera que lo proclama Bendjelloul, consigue contagiar las elecciones vitales del artista.

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