EL CHICO DEL PERIODICO (THE PAPERBOY)

The Paperboy

Director: Lee Daniels

Guión: Lee Daniels y Peter Dexter, según la novela del segundo

Música: Mario Grigorov

Fotografía:  Roberto Schaefer

Intérpretes:  Zac Efron, Matthew McConaughey, Nicole Kidman, John Cusack, Macy Gray,  David Oyelowo,  Scott Glenn

EEUU. 2012. 120 minutos

 

El duro aprendizaje de la vida

 Desconozco la novela escrita en 1995 por Pete Dexter que se halla en la base del relato que nos ocupa. Así que necesariamente me centraré sólo al respecto del guión de la película, que el propio Dexter rubrica junto al realizador de la misma, Lee Daniels. Es un guión en el que bullen y se agitan muy diversos temas: el doloroso proceso de aprendizaje vital de un joven, que incluye traumáticas catarsis familiares; la crónica social de una determinada época (finales de los años sesenta del siglo pasado), y en un determinado, y muy marcado, contexto geográfico (una comunidad rural sureña, concretamente del Estado de Florida); a nivel secundario, como raíl de los dos temas anteriores, una investigación criminal; y como engarce narrativo del todo, el elemento del sexo: sexo reprimido, sexo compulsivo, obsesivo o enfermizo; el sexo que, como despejando lo que está sublimado en un buró psicoanalítico, termina dirimiendo los no pocos recovecos ominosos, hasta trágicos, del relato, cerrándolos.

 

Sin duda, el mero enunciado de todos estos temas refleja un relato tan ambicioso como espinoso, tan complejo como frágil. La labor en ese sentido de Dexter y Daniels (cuesta vaticinar qué cuota creativa corresponde a cada uno, pero quizá a la vista de los resultados visuales, y teniendo en cuenta el bagaje previo de Dexter como escritor/guionista de relatos afiliados al noir, o hasta al hardboiled, diríase que el escritor de la novela definió el esqueleto narrativo y Daniels metió mayor baza en los elementos de introspección dramática) es sin duda apreciable, aunque también imperfecta. Asumen ciertos riesgos, pero no se dejan llevar por su inercia, algo que hubiera llevado la película a otros territorios, ahora indescifrables, probablemente desconcertantes, pero quizá necesarios para hacerle justicia a esta historia que equipara la madurez emocional con la constancia de las pulsiones más destructivas que anidan en el espíritu y en el propio contexto socio-cultural. El libreto mantiene en cambio siempre un ancla en la ortodoxia narrativa, utilizando para ello a un personaje secundario, la criada de la familia Jansen, Anita (Macy Gray), como narradora, prueba patente de la incapacidad para dejar oxigenar este relato de vocación poliédrica, pues Anita participa del contexto pero sólo es a la postre espectadora de unos acontecimientos que a menudo sobrepasan su punto de vista.

 

A pesar de lo anterior, lo que descalabra inexorablemente esta The Paperboy es indudablemente la materialización en imágenes que nos propone Lee Daniels. El firmante de Precious es un talento inmensamente sobrevalorado en los EEUU y que, en este caso, evidencia de forma palmaria su incapacidad para asumir el potente material narrativo que maneja; su apuesta escenográfica, encima con pretensiones, es absolutamente incapaz de desentrañar las esencias profundas de esta historia, prefiriendo raílarlas desde la superficialidad más campante, una superficialidad que no está reñida con cierta y deliberada impudicia expositiva –sobre todo en lo que se refiere a las connotaciones sexuales– a la que se le acaban viendo demasiado las costuras; y esas costuras no son otras que la servidumbre a ciertos dictados del actual star-system, por supuesto referidos al careo (más físico que dramático) entre la joven estrella Zac Efron y la actriz consagrada, una Nicole Kidman cada vez más pendiente de superar un listón imaginario de su propio ego y menos centrada en respetar los términos de lo que es dable esperar de un actor o actriz en la ecuación creativa global de una película.

 

Resulta harto curiosa la semejanza de esta The Paperboy con las dos películas que hasta la fecha ha rubricado Antonio Banderas: la a pesar de todo apreciable Crazy in Alabama (Locos en Alabama) (1999) y la fallida El camino de los ingleses (2006). De la primera recoge la lectura sociológica en una clave que se pretende, sin lograrlo, novedosa y aguerrida; de la segunda, el esteticismo vacuo –por más que Banderas entregara una película mucho más trabajada en lo formal– como plataforma descriptiva de lo intuitivo y sentimental, bajo el prisma de un personaje joven, en este caso Jack Jansen (Efron). Quizá el problema es que ni uno ni otro elementos son suficientes para alambicar este drama que se prometía denso, intenso e introspectivo, todo ello merced de sus lindes con los elementos de la trama que incorporan rasgos del filme de suspense modalidad gótica sureña. Se podría argüir que quien mucho abraza, poco aprieta, pero eso sería reconocerle méritos, aunque limitados,  a una labor que, en cambio, y de forma más imperdonable, se pierde en sus propios excesos petulantes, a los que termina subordinándose la propia entraña del relato, que avanza a hachazos narrativos (léase meros enunciados de guión, nada que ver con elipsis), considerando suficientes, importantes, un catálogo de tics visuales que ni tienen valor intrínseco en su manufactura técnica ni revelan ningún sentido o armonía. Sin duda que The Paperboy hubiera agradecido un guión más pulido y unos diálogos más escogidos y percutantes; pero especialmente hubiera necesitado un director con más garra y menos ínfulas, que probablemente hubiera podido arrancarle a este interesante material, al menos, una buena película.

http://www.imdb.com/title/tt1496422/?ref_=sr_1

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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