SPRING BREAKERS

Spring Breakers

Director: Harmony Korine

Guión: Harmony Korine

Música: Cliff Martinez, Skrillex

Fotografía: Benoit Débie

Intérpretes:  Selena Gomez, Vanessa Hudgens, Rachel Korine, Ashley Benson, James Franco, Heather Morris, Emma Holzer, Ash Lendzion, Josh Randall, Gucci Mane

EEUU. 2012. 93 minutos

Sueños y pesadillas adolescentes

 Definida por Ángel Sala como “una película única, valiente, definitiva y a la que cabe aplicarle el tópico (necesario hoy en día) de revolucionaria… la gran noticia cinematográfica del año”, la verdad es que Spring Breakers es una obra que a pocos dejará indiferente. Su guionista y director, Harmony Korine, recoge algunos motivos narrativo-discursivos de sus colaboraciones con Larry Clark (firmó los guiones de Kids y de Ken Park), y los lleva a otra dimensión, que en su propia, distintiva formulación eriza los términos de la radiografía sociológica, incluso cultural, que cobija.

 

A grandes trazos –y el guión funciona a grandes trazos– la película relata los planes de cuatro jovencitas de algún lugar indeterminado del interior de los EEUU por costearse sus propias vacaciones primaverales (para el desconocedor del término, el spring break es un periodo festivo, quizá equivalente a la Semana Santa, en el que los jóvenes universitarios de aquellas latitudes organizan viajes a zonas cálidas y litorales, donde se desmadran en fiestas orgiásticas dominadas por el exceso de alcohol y la celebración más impúdica del sexo). Al carecer de fondos, las chicas asaltan una cafetería, golpe que se resuelve con éxito, y viajan a las playas de Florida, donde se unen a la incesante fiesta, hasta que la policía las detiene por posesión de droga, y un hampón local, Alien (un James Franco en vis histriónica) paga su fianza y las invita a unirse a su gang, como compañeras sexuales y quizá algo más.

 

Así leído, y conociendo la citada colaboración de Korine con Larry Clark, uno puede presagiar que el filme nos presenta un relato de sesgo naturalista que incide de forma nihilista en las prácticas y motivaciones de la juventud actual (norteamericana, en este caso). Sí hasta cierto punto. La gracia de Spring Breakers es el modo en que despliega su baza subjetiva, un relato anclado en buena medida al punto de vista de las jóvenes desnortadas que protagonizan el relato, y que lleva hasta las últimas consecuencias narrativas ese subjetivismo en beneficio de la plataforma discursiva que las imágenes convocan, que puede resultar por ello más esquiva y compleja, y precisamente por ello más fértil, más rotunda, más capaz de convocar reflexiones que de resolverlas.

 

Korine nos propone un artefacto visual hipervitaminado de las formas estéticas que el videoclip y el videojuego han trasladado al cine, y con esas piezas de convicción escenográfica elabora un relato de desarrollo más o menos cronológico pero fragmentado, que avanza de forma secuencial y funda su efectividad y sentido en el uso del montaje y la sincronización entre las imágenes y los subrayados musicales (la partitura musical compuesta por Cliff Martínez en colaboración con Skrillex, un adalid del actual paisaje de la música electrónica). En sus momentos más efervescentes, el filme puede alardear de un virtuosismo puesto al servicio de una indudable poesía visual: pienso por ejemplo en el modo en que se resuelve –en primera instancia: después se narra desde otra óptica- el asalto de las jóvenes a la cafetería, a través de la cámara ubicada en el interior del coche que avanza despacio y nos muestra de forma difusa lo que acaece a través de los ventanales del local; o, por supuesto, el clímax de la función, recolección de violencia a través de una vena visual etérea, de magma ensoñador, que además de su rotunda definición plástica –la utilización de lo cromático- cobija la vocación lírica que termina definiendo la película, cruzando la última frontera entre lo improbable y lo irreal. Pero más allá de lo más o menos inspirado de las set-piéces que la conforman, Spring Breakers se hace fuerte en su retórica visual, elucubrada a partir de lugares comunes en torno a esa existencia de excesos adolescentes y/o materialistas que se expanden o retuercen de forma salvaje, percutante, absorbente, obligando al espectador a tomar parte, siempre más allá de esa superficie subjetiva, de lo que acontece en las imágenes. Cada cual podrá extraer sus conclusiones, pero está claro que esta fábula al corazón evanescente de un mal asimilado sueño americano lanza sus dardos envenenados en un (sí, desolado) paisaje que no tiene nada de abstracto, y sí mucho de coyuntural y vigente. Eso es precisamente lo más inquietante de esta febril crónica de un naufragio.

http://www.imdb.com/title/tt2101441/?ref_=sr_1

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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