ON THE ROAD

On the Road

Director: Walter Salles

Guión: José Rivera, según la novela de Jack Kerouac

Música: Gustavo Santaolalla

Fotografía: Eric Gautier

Intérpretes:  Sam Riley, Garrett Hedlund, Kristen Stewart, Amy Adams,

Tom Sturridge, Alice Braga, Elisabeth Moss, Danny Morgan, Kirsten Dunst, Viggo Mortensen

EEUU. 2012. 124 minutos

 

Páginas vividas

 Terminada por Jack Kerouac en 1951, pero no publicada hasta seis años después, On the Road estaba basada en diversos viajes del escritor y algunos de sus amigos –especialmente Neal Cassidy, Dean en la novela-  por la geografía estadounidense. Fusionando con absoluto genio una prosa espontánea con una percutante resonancia lírica, febril, la novela rápidamente se convirtió en el trabajo más definitorio de la generación beat, quizá junto al poema de Allen Ginsberg Howl. Según el propio escritor, el tema principal  del relato era una cuestión de búsqueda de Fe -“nos embarcamos en un viaje a través de la América post-Whitman, tratando de desentrañar lo que esa América significaba y la bondad inherente en el hombre americano. Realmente es la historia de dos jóvenes católicos que salieron a buscar a Dios… y lo encontraron”-, aunque, como vemos, claramente contextualizada por lo sociológico y cultural. Atiborrada de drogas, enardecida por el frenesí del jazz, inspirada por el sentimiento más abierto del amor y al tiempo fustigada en sus constancias sobre la asimetría de las relaciones humanas, En el camino (así titulada en castellano, A la carretera, más fielmente, en catalán) es para quien esto suscribe una novela inolvidable, que embarga los sentidos por su potencia expresiva, por su vastedad expositiva y por las altas cotas de emotividad que logra alcanzar en diversos pasajes.

 

Así las cosas, y dada la naturaleza poliédrica y resonante de la novela, la tarea de adaptarla al cine es un ejercicio tan complicado que sin duda roza lo imprudente. Debió ser uno de los cineastas más imprudentes y geniales que quedan en activo, Francis Ford Coppola, quien decidiera asumir esos riesgos, proyecto largamente acariciado –compró los derechos en 1979- que, si bien por diversos motivos el autor de Corazonada no pudo finalmente asumir la dirección, sí se halla detrás de la producción ejecutiva de la obra, cuyo director, Walter Salles fue elegido por el propio cineasta, al parecer, tras el visionado de Diarios de motocicleta, el filme que Salles realizó sobre los años mozos de Ernesto Guevara, cuyo guionista, José Rivera, fue asimismo contratado para reescribir y pulir el guión del filme, tras diversos borradores del mismo existentes, entre ellos algunos trabajados por el propio Coppola. Guste más o menos el filme, no se puede negar que Salles interiorizó largamente el material antes de concretar el proyecto: como prueba tenemos el documental que filmó previamente, Searching for On the Road, rodado a lo largo de diversos viajes que el cineasta realizó por idénticas rutas a las transitadas por los protagonistas de la novela/de la historia y que incluye conversaciones con poetas beat que conocieron a Kerouac.

 

La crítica la ha recibido por lo general de forma tibia, y ello tiene que ver con algo innegable que, empero, acaso también era muy previsible: On the Road, el filme que nos ocupa, no es un parangón cinematográfico de la novela, y cualquier aficionado a Kerouac o a la beat generation sin duda seguirá esperando, si es que alguna vez lo ha esperado, una pieza cinematográfica que se atreva a ir más allá en su recorrido narrativo y lírico por el paisaje de la novela y su glosa de ese momento sin duda relevante y apasionante de la cultura norteamericana del siglo XX. Quien esto rubrica defiende el interés del filme, reivindicable siempre que se admita cuál es su auténtica naturaleza de intenciones, y la consideración –que es lo que me lleva a defenderlo– que Salles, Coppola, los magníficos actores protagonistas y el resto de profesionales implicados en la realización de la película sí han logrado un buen balance entre esas intenciones y los resultados cinematográficos. Para quien prefiera una formulación más académica, quizá esta On the Road es una adaptación superficial de la entraña narrativo-discursiva de la singular novela de Kerouac, pero sí atesora diversas virtudes que la convierten en una buena película, incluyendo entre ellas la aceptación de sus propias limitaciones, algo que aquí se hace más obvio en todo momento que en, por ejemplo, Howl, la aproximación al poeta Allen Ginsberg escrita y dirigida por Rob Epstein y Jeffrey Friedman hace unos pocos años, que proponiendo una aproximación a la personalidad y antecedentes biográficos de Allen Ginsberg, incidía también en la temperatura política de los años de la eclosión de ese movimiento literario.

 

En el filme de Salles, las intenciones se agotan en tratar de glosar la temperatura emocional que se esconde en las decisiones impetuosas de Sal Paradise (Sam Riley), Dean Moriarty (Garrett Hedlund), Marylou (Kristen Stewart), Carlo Marx (Tom Sturridge) o Old Bull Lee (Viggo Mortensen) –trasuntos en la ficción novelesca y cinematográfica, respectivamente, del propio Kerouac, Neil Cassidy, LuAnne Henderson, Ginsberg y William Burroughs-. Las drogas –especialmente la marihuana y la benzedrina– comparecen como coda visual –acompañada por el incesante humear de pitillos–; la banda sonora de Gustavo Santaolalla está sojuzgada por percusiones jazzísticas –y en un par de momentos se transcriben brevemente algunos de esos alucinados pasajes de la novela en los que los dos protagonistas asisten a conciertos de música negra–; y lo dramático está también constantemente contrapunteado por escenas de sexo –o de amor y sexo, en definición más cercana a la propuesta en la novela–. Glosando una estructura semejante a la zanjada por Kerouac –donde un fundido en negro y una elipsis temporal marca las distancias de cada uno de los viajes, siempre regresando a la umbilical Nueva York–, el filme transita ágilmente por los paisajes cambiantes de la geografía y el clima de la vasta norteamerica visitada (cambios subrayados por las imágenes a veces evocadoras que se concentran exclusivamente en esos paisajes y carreteras), haciendo paradas en el grueso de lugares –y con el grueso de acompañantes ocasionales– que habitan en la novela de Kerouac. Nada hay en lo anterior de reprochable; la métrica cinematográfica funciona y está puesta al servicio de una ilustración a lo peor gráfica, pero no insustancial ni mucho menos tramposa, del texto literario de partida.

 

Llegados a este punto, se hace plausible decir que los responsables de este On the Road fílmico buscan con denuedo entregar una película más conceptualmente cercana a lo que de iconográfico se halla, hoy, tras la novela de Kerouac, y no adentrarse con belicosidad cinematográfica en los vericuetos líricos que en definitiva la convierten en una obra literaria cumbre. Pero eso, en todo caso, no me parece tarea fácil, de ahí mi apreciación favorable de la obra. La producción, de 25 millones de dólares, cuida mucho el encourage de época, porque la fachada exterior de la historia es, desde cualquier punto de vista, muy importante. Salles trabaja mucho la cámara en mano y continuo movimiento, a menudo muy cercano a los rostros de los personajes, a menudo con un meritorio trabajo de planificación fotográfica detrás; lo hace para predisponer al espectador a lo íntimo, a la antes citada temperatura emocional, emotiva que hace avanzar incondicionalmente el relato. Logra puntuar con eficacia los instantes escogidos de joie de vivre y liberación, y, más importante, exponer muy bien la sensación de orfandad espiritual, de hallarse perdidos, que en todo momento acucia a Sal y a Dean. Pero ni siquiera se atreve a adentrarse en los términos densos de esa entelequia en la que se erige su búsqueda. Diría que en esa buena lógica, aunque el filme termine con la cita de las últimas y sobrecogedoras frases de la novela, uno termina teniendo la sensación de que a esa elección le faltan algunos fragmentos: ésa es la distancia entre lo que el filme propone y a lo que el filme renuncia. Quizá, o probablemente, sólo unas maneras cinematográficas mucho más underground podrían acercarse a hacerle justicia al meollo literario de Kerouac. Por el interés que en diversas parcelas de su obra ha demostrado por el movimiento beatnik, Gus Van Sandt podría ser un buen candidato. Sin embargo, y hasta que éste o cualquier otro se atreva a accionarlas –y, cuando lo haga, hasta que no se compruebe si lo difuso de esa eventual lírica visual se aproxima o no a lo difuso de una lírica literaria como la que nos ocupa, o bien propone otra cosa–, dejaría un poco en segundo término lo de “adaptación superficial” e invitaría a cualquiera, incluyendo quienes como yo sienten devoción por la novela, a acercarse a esta sin duda humilde, quizá convencional, pero atenta y honesta propuesta.

http://www.imdb.com/title/tt0337692/?ref_=sr_1

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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