THE LORDS OF SALEM

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The Lords of Salem

Director: Rob Zombie

Guión: Rob Zombie

Música:Griffin Boice y John 5

Fotografía:  Brandon Trost

Intérpretes:  Sheri Moon Zombie, Bruce Davison, Jeff Daniel Phillips, Meg Foster, Patricia Quinn, Ken Feroe, Dee Wallace

EEUU. 2012. 96 minutos

Las novias del Diablo

 Para quien esto suscribe sin duda una de las voces actuales del cine fantástico con más cosas que decir, la de Rob Zombie es una filmografía brillante, espoleada por un gusto por el exceso en las formas que esconde poco una vena irónica y políticamente incorrecta, algo que también se materializa a través de cierta dialéctica posmoderna que sus imágenes atesoran, fruto sin duda del interés entre la cinefilia y el comentario más amplio, de resonancias culturales, que moviliza la intencionalidad del autor. Y en este atractivo paisaje fílmico, The Lords of Salem ocupa un lugar específico, importante, habida cuenta que con ella Zombie opera un cambio de tercio creativo reseñable, pues, sin moverse de los parámetros del terror, se desmarca de los temas y plataformas narrativas en las que se habían afincado sus obras previas, el slasher (algo evidente en sus dos aportaciones a la saga de Michael Meyers, Halloween: el origen (2007) y la excepcional Halloween II (2009), y un poco menos en sus otras dos películas, La casa de los 10.000 cadáveres (House of the 10,000 Corpses, 2003) y Los renegados del diablo (The Devil’s Rejects, 2005), jugueteos con el american gothic afinados por una vena subversiva y grandguignolesca, que, empero se estructuraban de forma asimilable a los relatos-tipo del subgénero, con La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, Tobe Hooper, 1974) como referente global más notorio). Aunque a falta de conocer su filme de animación The Haunted World of El Superbeasto. (2009),  definido en wikipedia como una “exploitation musical horror comedy”, The Lords of Salem viene en todo caso a reubicar los intereses creativos de Zombie, pues la película aborda la temática de una posesión demoníaca, cuyos móviles culturales, de hecho agitados explícitamente en el relato, nos retrotraen a los juicios de brujería de Salem (y otros lugares de Massachussets) que tuvieron lugar a finales del siglo XVII y sobre los que la literatura, y después el cine, han efectuado diversas crónicas o comentarios entre lo historiográfico y lo parabólico, y sobre los que el director-guionista propone una relectura en clave contemporánea.

 

Sí es cierto que esas premisas se exploran de manera bien idiosincrásica e intencionada por parte de Zombie en el filme que nos ocupa, y que, al mismo tiempo, esas maneras e intenciones visten y hacen reconocible la personalidad del combativo cineasta al establecer no pocos nexos con sustancias narrativo-discursivas abonadas en las citadas obras pretéritas. Quizá las más importantes relacionadas con el mestizaje cultural, como plataforma formal, y con el estudio de lo oculto y malsano como temática de choque. En lo que concierne a lo primero, no es baladí anotar que el desencadenante del relato sea un extraño disco cuya enfermiza melodía tiene el poder de subyugar la mente y el espíritu de quienes lo escuchan y de un modo u otro están sujetas a la arcana maldición del pasado que se nos enuncia en el prólogo y después se va detallando a través de la investigación que lleva a cabo el personaje incorporado por Bruce Davison. Conceptualmente me parece llamativo: Heidi (Sheri Moon Zombie), llamada a ser la mujer poseída por el Diablo (o, si lo prefieren, el Anticristo), es una presentadora de un programa nocturno de música heavy y repertorios sobre la subcultura, por tanto una comunicadora; y es a través de las ondas radiofónicas, ritual moderno, que progresa la maldición en este otro mundo, el actual. Tampoco parece al respecto anecdótico que la ceremonia climática tenga lugar en un teatro, y venga a erigirse, literalmente, en una ceremonia del caos más enfermizo –tan del gusto zombiano– que es, al mismo tiempo, una representación iconoclasta y salvaje hasta los límites de la irreverencia. En esos términos, y como adjetivos interesantes de semejantes construcciones, también deben anotarse las inclusiones de guiños musicales o cinéfilos por parte de Zombie, llamados de un modo u otro a interactuar con los personajes y agudizar los sentidos de la alienación de la que a la postre nos habla el filme: esas películas en blanco y negro que Heidi ve por televisión, o esa imagen del Viaje a la Luna (1902) de Mélies que le sirve de cabecera a su cama, por citar los ejemplos más notorios, o las traslaciones narrativas a costa de La semilla del diablo, la novela de Ira Levin y fidedigna adaptación de Roman Polanski.

 

Junto a esto, en el todo insidioso que Zombie nos articula, centrarnos en el segundo aspecto, el de la descripción de las fuerzas ocultas y perversas que vienen a regir nuestros destinos, nos invita a hablar de la edificación visual de la película. En realidad, podemos emparentar The Lords of Salem con La casa de los 1000 maníacos, opera prima del cineasta, pues en ambos casos se propone una celebración de lo dionisíaco, en deriva hacia lo dantesco, a modo de reivindicación de las membranas más turbias o mórbidas del comportamiento/emoción humano/a y a modo de reacción contra toda convención de lo políticamente correcto. Sin embargo, aquí no hay una mirada gamberra y malcarada que imponga su ley: Zombie sigue siendo insurrecto, pero con otras armas. Atmosféricas, de tono, de implementación dramática. Zombie edifica un relato claustrofóbico gestionando con suma habilidad, con ayuda del director de fotografía Brandon Trost (que repite colaboración con Zombie tras el segundo Halloween), la definición lumínica y estética –los blancos y negros y los tonos desvaídos inundan, progresivamente, una realidad en descomposición, y el contraste, luces artificiales o chillones neones, supuran en diversas de las secuencias en las que acontece lo insano– y las composiciones y métricas que cabe dirimir de espacios escénicos que las estrategias de puesta en escena y montaje, también depuradas en Halloween II, constriñen o recargan para crear ese efecto abrumador que, a través del periplo infernal que vive la protagonista, se contagia al espectador. Se hace evidente que Zombie sabe manejar el relato con una precisión quirúrgica, y las percutantes apariciones de lo barroco y lo obsceno no hacen otra cosa que revelar la genialidad del cineasta, pues no resulta nada fácil urdir tan extravagante contenedor de pulsiones visuales sin que la oclusiva atmósfera se resienta. De nuevo, una virtud que ya conocíamos de Zombie pero que aparece debidamente matizada, actualizada a otro formato y a otra partitura temática.

http://www.lordsofsalem.com/

http://www.imdb.com/title/tt1731697/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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