AFTER EARTH

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After Earth

Director: M. Night Shyamalan

Guión: M. Night Shyamalan y Gary Whitta

Música: James Newton Howard

Fotografía:  Peter Suschitzky

Intérpretes:  Will Smith, Jaden Smith, Sophie Okonedo, Zoë Kravitz, Glenn Morshower

 EEUU. 2012. 106 minutos

Supervivencia y catarsis

Es difícil rebatirle a nadie que After Earth sea, principalmente, una película “de” Will Smith. El actor y cantante que se hizo famoso con aquella serie en la que hacía de rebelde domeñable en el seno de una familia de pijos bordes de Bel-Air ejerce aquí de productor, coprotagoniza el filme junto con su hijo Jaden Smith, y de hecho firma la historia o argumento –que no el guión–, dejando a las claras, y en parte por reiteración -no es la primera vez que se reúne ante las cámaras con su hijo–, que éste es un vehículo pensado para darle un empujoncito a la carrera de Jaden (que, dadas sus limitadas capacidades interpretativas, o al menos las que aquí demuestra, de veras lo necesita), una suerte de apadrinamiento continuado que se lee en idénticos términos si pensamos en las circunstancias de explotación mercantil/gestión de la carrera e imagen de los señores Smith senior y junior que en el argumento escogido, pues en éste se relata una historia de transferencia entre padre e hijo, en el que el segundo aprende a convivir con el peligro para convertirse en alguien de la misma y prestigiosa ralea que su padre (ubicado en un futuro lejano en el que La Tierra se ha vuelto un lugar inhabitable y los humanos viven en otros planetas que han colonizado, la trama de After Earth relata cómo un joven y su padre tienen un accidente con su nave espacial y van a recabar precisamente en el ahora hostil planeta Tierra, donde el chico debe auxiliar a su padre, gravemente herido en una pierna, asumiendo una misión que a aquél correspondería, concretamente recorrer a pie un largo trayecto para localizar la cola de la nave, donde se halla una baliza de salvamento que permitiría su localización y rescate).

 

Todo lo anterior queda claro, pero hay un elemento chirriante: a diferencia de en En busca de la felicidad (2006), donde el realizador escogido, Gabriele Muccino, era lo de menos, en After Earth hallamos tras las cámaras a nada menos que M. Night Shyamalan, cineasta de demostrado genio pero que, como les sucedió y seguirá sucediendo a tantos otros, cayó en desgracia crítica y comercial hace unos años, concretamente desde la para mí interesante –aunque fallida– La joven del agua (2006), tras la que se redimió en lo artístico con la muy notable pero apaleada El incidente (2008), viéndose obligado a efectuar hasta la fecha dos sucesivos run for cover (antes que el filme que nos ocupa dirigió Airbender: el último guerrero (2010)), que desgraciadamente no parecen haber servido para reubicar su nombre en el paisaje creativo y en el lugar de prestigio que el firmante de piezas tan indiscutibles como El protegido (2002) o El bosque (The Village) (2004) sin duda merece figurar. Pero dicen que en la vida hay que jugar con las cartas que a uno le dan, y de tal modo, ya lo hizo en Airbender y vuelve a demostrarlo aquí, Shyamalan se erige en un artesano que asume con convicción su cometido y entrega un trabajo no superior pero sin duda irreprochable desde el punto de vista escenográfico. Sin embargo, me parece a mí, en los dos citados y a priori tan impersonales títulos, y más específicamente en el que estamos refiriendo que en el anterior, cabe hallar algunas señas idiosincrásicas de Shyamalan que nos invitan a degustar la obra desde los parámetros referidos a la personalidad del cineasta desde ese punto de vista que trasciende la condición de mera ilustración artesanal. De hecho, si se analiza lo que da de sí la película con un poco de profundidad, uno descubre que, quizá sorpresivamente, la trasciende mucho.

 

Aquí cabe hablar de algunas razones de puesta en escena donde, aparte de una buena gestión visual de los resortes de la espectacularidad tanto en los efectos digitales como en la elucubración visual en (y belleza plástica que extrae de) los escenarios naturales (costarricenses) donde se filmó el filme –y una magnífica labor lumínica en ellos de Peter Suschitzky–, cabe detectar la habilidad expositiva del director de Señales (2002), por ejemplo su gusto por edificar la intriga de forma sutil a través de composiciones visuales que dosifican la información que se ofrece al espectador –no necesariamente al personaje– pasando del detalle al todo (por ejemplo, esa suerte de cortinas que van abriéndose y cerrándose, con el joven protagonista detrás de ellas, en el interior de la nave, tras producirse el crash; o la imagen del enorme ave moribunda que halla el joven después de ser salvado in extremis de morir congelado). Pero esas razones, más allá de su atractivo formal, inciden en cuestiones de temática, abordaje temático que se plasma en el guión que el propio Shyamalan firma (de hecho lo co-firma junto con Gary Whitta, pero el hecho de ser éste un especialista en territorios narrativos apocalípticos –en su breve haber filmográfico hallamos algunos episodios de la serie televisiva The Walking Dead y la película El libro de Eli (Albert y Allen Hughes, 2010)– invita a pensar que Whitta se centró en aspectos coyunturales y corrió a cargo de Shyamalan la definición de personajes y elucubración de lo dramático). Y en ese guión, en el relato en que termina concretándose la trama imaginada por Will Smith, hallamos no pocos elementos que fácil y claramente nos redirigen a otros paisajes dramáticos del cine de Shyamalan y que, en última instancia, condensan su imaginario ideológico y espiritual, sobre el que se ha hablado tanto que parece innecesario volver a recapitular al respecto.

 

Centrémonos simplemente en After Earth, y efectuemos un breve compendio de razones dramáticas y situaciones: como en El protegido o en Señales (o en El Sexto Sentido (1999), si contamos una relación paterno-filial improvisada, no sanguínea), hay un progresivo encuentro entre padre e hijo(s), fruto de la asunción por parte de uno u otro(s) de su destino, algo que se fragua a gran coste, si lo medimos en términos de urgencia dramática y peligro; este último elemento es de hecho el central de la epopeya según Shyamalan, que tiene indudables resonancias clásicas y, al mismo tiempo, que se inserta claramente en el ideario religioso de la tradición judeo-cristiana: como en las tres citadas obras, pero también como en El bosque, La joven del agua y El incidente, el o los protagonistas deben llevar a cabo una misión que inevitablemente el destino les depara para demostrar su auténtico fuste, sus habilidades, su inteligencia, sus capacidades, donde brilla a menudo el elemento intuitivo, extrasensorial, o, dicho en última instancia, fantástico, pero también una prueba espiritual, un enfrentamiento contra los propios y más enquistados miedos, una suerte de travesía por la noche oscura. En diversas de esas obras, principalmente en El incidente, pero también de forma alusiva en El bosque y La joven del agua, la naturaleza juega un papel crucial en la progresiva búsqueda de ese equilibrio interior de los personajes, siendo al mismo tiempo una poderosa fuente de peligro/pavor y una fuerza superior que también reequilibra las mentes y los espíritus, invitándoles a la trascendencia; todo ello resulta capital también en After Earth, donde, aparte de las criaturas de La Tierra, hallamos una criatura alienígena, el Ursa, que, llamativamente, se caracteriza porque no ve nada sino que detecta las feromonas de quienes sienten temor: es una obvia, y por otro lado profundamente shyamalaniana, paráfrasis simbólica de ese citado enfrentamiento contra los propios miedos y fantasmas como peaje ineludible para encontrar La Virtud. En After Earth, por lo demás, hay otras dos alusiones simbólicas a través de animales; una de ellas, que viene a hablarnos de la providencia divina, el águila, y que resulta que comparecía ya en La joven del agua. ¿Casualidad? No lo creo. La otra, las ballenas –alusión extraída de una cita reiterada al clásico literario de Herman Melville, Moby Dick–, también inciden en lo sobrenatural, y llegan aquí a corolar el relato en una última imagen que enriquece lo que en otras manos sería una historia anecdótica y manida para reclamar una cualidad rayana en lo legendario y lo místico.

http://www.imdb.com/title/tt1815862/?ref_=sr_1

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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