PACIFIC RIM

pacific-rim-poster-otachi-418x600

Pacific Rim

Director: Guillermo Del Toro

Guión: Guillermo Del Toro y Travis Beacham

Música: Ramin Djawadi

Fotografía: Guillermo Navarro

Intérpretes:  Idris Elba, Charlie Hunnam,  Diego Klattenhoff, Rinko Kikuchi, Charlie Day, Burn Gorman

 EEUU. 2013. 130 minutos

 

“There are things you can’t fight – acts of God.

You see a hurricane coming, you get out of the way.

 But when you’re in a Jaeger, you can finally fight the hurricane.

You can win.”

—Raleigh Becket[1]

 

Kaijus y Jaegers en el fin del mundo

 La película arranca con un rótulo que contiene dos definiciones, con las que identificaremos los dos entes que van a antagonizar durante todo el metraje, y de donde de hecho Travis Beacham y Guillermo Del Toro le extraen el jugo a este aparatoso y divertido juguete cinematográfico del género espectáculo. Uno, Kaiju, japonés, que designa a bestias extrañas,  generalmente traducido como “monstruo”, y que de hecho da lugar a un determinado género en el cine de aquellas latitudes, el tokusatsu (algo así como “cine espectacular”), que llega a concretarse, cuando comparecen criaturas mitológicas de esta ralea como kaiju eiga. El otro, Jaeger, derivación del vocablo alemán “jäger”, que cabría traducirse por cazador. Dos términos de procedencias culturales distantes, que pueden funcionar como símbolo de dos tradiciones aquí invitadas a colisionar, aunque aglutinen los conceptos con mucho más desparpajo. Los monstruos inspirados en aquellos cuasimitológicos nipones contra los robots con apariencia de transformers que incorporan ultimísima ingeniería armamentística, y que, como réplica a los primeros –los kaigu están diseñados, clonados, son una especie de perros de presa alienígenas–, están igualmente diseñados, pero por los hombres. No necesariamente, digo, un enfrentamiento cultural tanto como un acopio transcultural, pues desde el país del Sol Naciente también se exportaron al mundo robots todopoderosos que defendían al mundo –lo dice alguien que creció viendo Mazinger Z por la tele-, mientras que la Patrulla X incorpora entre sus personajes un Jaeger, que nada tiene de robótico. Se trata, ya digo, de barajar conceptos para alumbrar un combate primordialmente lúdico, un macroespectáculo simpático, por mucho que el guión juegue con la pomposa premisa de un apocalipsis probable causado por causas semejantes a las que nos habló H.G. Wells en su celebérrima “La Guerra de los Mundos”, invasión ésta que, a diferencia de la de Wells, no llega del espacio, sino de una brecha interdimensional abierta en el fondo del Océano Pacífico.

 

Mucho se hablará sin duda de la paternidad o huella de personalidad marcada de Guillermo Del Toro en esta Pacific Rim, título que supone su regreso a la dirección cinco años después de Hellboy II (Hellboy II: The Golden Army, 2008), años en los que el cineasta ha ejercido asiduamente de productor –en estos lares a menudo, en el cine de género o no, y también en el patrocinio de películas de animación estadounidenses para el gran público– y participó en la gestación de El Hobbit, por mucho que finalmente fuera Peter Jackson quien asumiera la realización de la película-trilogía (2012-2014). Con esta película carísima, y más arriesgada de lo que su condición de blockbuster aparenta, Del Toro sin duda que se la está jugando en el feudo cinematográfico o establishment norteamericano, algo que, de entrada, nos invita a ver con buenos ojos la película. Pero no porque en ella se produzca una apropiación autoral que nos recuerde las maneras de, por ejemplo, Cronos (1993). El realizador, también productor y coguionista, ha trabajado a partir de una historia de Travis Beacham, joven guionista en cuyo currículo apenas hallamos algo más que la mediocre Furia de Titanes (Clash of the Titans, Louis Letterrier, 2010) y quien a priori tuvo la idea de mestizar todos esos referentes en un enfrentamiento titánico de tan otras latitudes mitológicas. Del Toro lo ha llevado a su terreno, sí, y eso es lo que hace de Pacific Rim una obra, amén de vistosa, entretenida, también. Pero habría que aclarar cuál es ese terreno específico.

 

No es, o no es tanto, juegos con una determinada iconografía o el recurso a unos determinados actores –al habitual Ron Perlman podemos añadir aquí un pequeño papel de Santiago Segura– que nos dejan el claro aroma de lo deltoroniano: aquí todo ello se concentra en unos determinados y breves pasajes que discurren en un escenario llamativo pero secundario, cabría decir que incluso desaprovechado. Claro que hay rastros iconográficos en muchos otros elementos de construcción visual, pero igual que remiten al autor de Mimic o Hellboy lo hacen a otros universos narrativo-visuales del cine fantástico más o menos reciente, sea mainstream –el Michael Bay de Armageddon, por ejemplo– o no tanto –el Paul Verhoeven de Robocop o de Starship Troopers–. Lo que sin duda fascina a Del Toro es la posibilidad de urdir una multimillonaria película de serie B que aporte al cine de gran presupuesto un argumento sencillo pero servido con suma frescura y, por encima de todo, bajo aquel cobijo narrativo, explorar y explotar las posibilidades de sense of wonder que ofrece esa imaginería doble y cruzada –entre los monstruos de apariencia entre prehistórica y fantástica y los mega-robots articulados por el hombre a la manera urdida por Richard Matheson en el guión de un episodio de Twilight Zone  titulado Steel (1962) y que el espectador recordará por una reciente revisión para todos los públicos de aquel relato, Acero puro (Real Steel, Shawn Levy, 2011)– a través de los aspectos creativos y técnicos que siempre han interesado al cineasta, en un nutrido y virtuoso balance entre el imaginativo diseño (y no hablo sólo de criaturas, sino de utilería militar, por ejemplo) y la implementación de las últimas técnicas de CGI.

 

Y lo que fascina a los espectadores puede ser ese esmerado acabado visual, los vistosos diseños de los alienígenas monstruosos –que conforme avanza el metraje revelan cada vez más sofisticaciones en su manufactura visual–, la cinética por lo general bastante efectiva en el diseño de movimientos y coreografía de los salvajes enfrentamientos (que, inevitablemente, llevan de suyo la destrucción de mobiliario urbano a grandes dosis), o la gestión del montado rítmico de acción y suspense en diversas y rutilantes set-piéces, algunas muy largas, que sostienen el metraje (largo, demasiado, cierto, pero sin que ello empañe en ningún momento el asegurado entretenimiento). Pero las historias siempre mandan sobre los aderezos de las mismas, y todo lo anterior fascinaría menos si Del Toro no hubiera edificado la trama con suficiente astucia –virtud demostrada en proyectos personales como el citado Cronos o la hermosa El laberinto del fauno (2006), pero también en ajenos, como Blade II (2002)-, gestionando un tono que compagina lo grave con el aderezo de dosis humorísticas, y poniendo en danza los conflictos dramáticos desde anécdotas y clichés que, empero, sabe disfrazar convenientemente para que resulten efectivas/os. Espectáculo palomitero genuino, intenso, en algunos momentos brillante –ese prólogo largo que pone al espectador en situación a través de un breve montaje donde mezcla un estilo periodístico con las primeras y dosificadas imágenes de los monstruos y robots–, Pacific Rim tiene todos los ingredientes de un buen blockbuster veraniego, una de cuyas virtudes –y no la menor– es indudablemente la deportividad con la que ofrece el espectáculo, la conciencia de estar creando un abigarrado pero sencillo divertimento, la carencia de mayores ínfulas. A este último respecto, supongo que habrá quien anote que ciertos detalles de guión nos hablan de un futuro distópico que incorpora una crítica nada velada a los excesos de nuestro funcionamiento socio-económico; sin duda que es así, pero no debería buscarse en ello una construcción de un discurso en sí mismo, sino una plataforma, perfectamente válida pero en este caso poco más que anecdótica, para llevar a ebullición el macroespectáculo que el filme promete regalar y, a diferencia de otros, en efecto termina regalando a las plateas.

http://www.imdb.com/title/tt1663662/?ref_=fn_al_tt_1

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s