EL ESPÍRITU DEL 45

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The Spirit of ’45

Director: Ken Loach

Guión: Ken Loach

Montaje: Jonathan Morris

Música: George Fenton

RU. 2013. 98 minutos

Para conquistar el futuro

 Es innecesario decir a estas alturas que el veterano cineasta británico Ken Loach ha hecho del cine instrumento de lucha ideológica, ya desde el principio de su carrera –las primeras películas por las que se le recuerda, Agenda oculta (Hidden Agenda, 1990) o Riff-Raff (Id, 1991), pero también en su pretérita labor televisiva en los años ochenta del siglo pasado, a menudo, como documentalista–. Y poco menos que innecesario es apuntar que, si bien al cineasta no le faltan obras estimables en su corpus filmográfico, es a menudo la vena enfática de sus discursos la que lastra un tanto la calidad cinematográfica resultante, en el sentido de que priorizando ese discurso con el modo de conseguirlo a Loach no parece preocuparle nunca dar una visión claramente parcial, que a veces incurre en el sesgo panfletario, quebradizo sustento del que adolecen obras suyas incluso entre las más laureadas, caso de la por otro lado intensa El viento que agita la cebada (The Wind That Shakes The Bartley, 2006). No es que esta The Spirit of ’45 no presente una visión totalmente parcial sobre el funcionamiento de la política y la economía, pero sí es curioso que, a través de la sencillez con la que expone conceptos en realidad complejos del funcionamiento socio-económico, sea precisamente desde el formato documental, de no-ficción, de donde emerja un discurso menos maniqueo que el articulado en esas otras obras de ficción.

 

En este regreso al documental –donde se aprecia una ausencia notable, la del escudero guionista de Loach, Paul Laverty–, el autor de Sweet Sixteen (2002) efectúa un siempre encomiable ejercicio basado en proponer recetas para el futuro a partir de la revisión del pasado. Concretamente una receta basada en la fórmula socialista que Clement Attlee, el líder del partido laborista, un poco a la manera de Roosevelt en los EEUU en los años de la Depression, aplicó en el Reino Unido destrozado por las guerras mundiales (aunque hay que matizar esa aseveración, pues el filme subraya que el contexto de miseria de las clases trabajadoras venía de lejos, y no fue fruto de las contiendas militares, sino del azote de un Poder en manos de muy pocos prolongado en el tiempo). A través de glosas de analistas políticos y económicos actuales mezclados con emotivos testimonios de trabajadores que vivieron aquel periodo que se inició a la finalización de la contienda bélica contra los nazis, de imágenes de archivo –incluyendo fotografías- y de extractos de textos y discursos políticos, el cineasta perfila una crónica de aquellos años y acontecimientos socio-políticos que, es verdad, resultan trascendentes y son menos conocidos que otros que sí ocupan la fachada de la Historia (contraste que viene a ejemplificarse en el mayor conocimiento que el público indudablemente guarda de Winston Churchill que de Attlee, a pesar de que, llamativamente, le ganó las elecciones el mismo año de finalizar la Segunda Guerra Mundial). Sólo por eso el documental ya resulta valioso, algo que afirmo por encima de su parcialidad, en el bienentendido que, por un lado, la parcialidad es parte inherente a la construcción de un relato, incluyendo el documental, y que, por otro, como se ha apuntado, Loach no esconde en ningún momento sus cartas y su punto de vista, con lo que se puede acusar el documental de escatimar los argumentos de doctrinas contrarias (la que se opondría a los postulados de la working class que emergió merced de la inversión en infraestructuras públicas y el énfasis en la edificación del Estado del Bienestar), pero no que Loach maneje sus fuentes y datos de forma maniquea.

 

Pero el discurso no emerge de una mera revisitación a aquel pasado lejano. Tras dedicar más de dos tercios del metraje a aquella lección de Historia, las imágenes de archivo nos llevan, salto del tiempo mediante, a 1979, concretamente al momento en el que Margaret Thatcher empezó a ocupar el cargo de primer ministro del Reino Unido. A partir de ahí, y en un ritmo narrativo mucho más fulgurante, se relata el modo en que el gobierno implementó las tesis (ultra)liberales de Milton Friedman y la Escuela de Chicago en políticas que se tradujeron en la progresiva privatización de tantas infraestructuras públicas en las décadas progresivas y que fue a la par, o al menos está desaguando, en la desballestación de ese Estado del Bienestar edificado años atrás. Este contraste entre dos episodios históricos lleva a Loach o reclamar, en estos tiempos de profunda crisis tanto económica como ideológica, una toma de partido por el socialismo, que no sería la definición o tesis actuales del partido laborista sino que se aferraría a algo considerado hoy mucho más a la izquierda, acaso revolucionario.

 

Como buen documental, The Spirit of ’45 despliega sus tesis con esmero, un punto de apasionamiento o emoción en el recuerdo del dolor sufrido, un sano idealismo en el postulado de las tesis por parte de los veteranos y un añadido irónico en el contraste entre lo que, según aquellas tesis, el grueso de la población ganó desde finales de los años cuarenta y empezó a perder en los ochenta (ironía que se detecta, por ejemplo, en la elección como imagen que nos introduce en ese pasado más reciente la que tuvo lugar el 4 de mayo de 1979, precisamente cuando Thatcher llegó a la que sería su residencia en el número 10 de Downing Street, y le escuchamos decir la famosa paráfrasis de la Oración de San Francisco de Assís: “Donde haya discordia, llevemos la armonía. Donde haya error, llevemos la verdad. Donde haya duda, llevemos la fe. Y donde haya desesperación, llevemos la esperanza”). Sin embargo, la riqueza en las explicaciones, testimonios y opiniones, invitan al espectador a postular las mismas tesis que se defienden, por supuesto, pero no le escatiman la posibilidad de razonar más allá de lo que han constatado las imágenes vistas y las palabras escuchadas. Y ése es el valor más precioso, al menos cinematográficamente, que nos deja el documental de Loach. Por ejemplo, en los últimos compases del filme, una reflexión nos lleva a pensar si precisamente no fue la propia y apoderada clase media la que, una vez consolidado su statu quo y su cierta estabilidad y progresión económica, termina responsabilizándose en parte de que, dicho gráficamente, lo que sus padres ganaron sus hijos estén condenados a perderlo de nuevo. Es una pregunta incómoda, cierto, que trasciende las elecciones ideológicas del documental, pero que también anida en su subtexto, dejando entre otras cosas la constancia de que la sustancia valiosa de The Spirit of ’45, más allá de las ideas que propone, se dirime en términos de poderoso diálogo transgeneracional.

http://www.imdb.com/title/tt2332801/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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