LA MISIÓN

the mission (1)

The Mission

Dirección: Roland Joffé

Guión: Robert Bolt

Intérpretes: Jeremy Irons, Robert De Niro, Liam Neeson,

 Aidan Quinn, Cherie Lunghi

Música: Ennio Morricone

Fotografía: Chris Menges

EEUU. 1986. 120 minutos.

 

 Eslabones perdidos

El caso de La Misión es paradigmático de esos muchos títulos que, por razones diversas y a menudo inconcretas, van desapareciendo del recuerdo del espectador ello y a pesar del éxito y la trascendencia (recepción crítica, premios: entre ellos la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1986) que en su día obtuvieron. Y esa posición que la película ocupa en el eslabón (literalmente) perdido que cabe buscar entre el clásico contemporáneo y la cult-movie (y de la que con mi texto intentaré humildemente sacarla) probablemente tenga algo que ver con el cierto descalabro de las expectativas que entorno a su director, Roland Joffé, depositó la industria cuando en 1986 firmó esta su segunda película apenas dos años después de rodar una opera prima que había devenido en otro título referencial de aquellos tiempos (y hoy, también semiolvidado), como fue Los gritos del silencio (The Killing Fields, 1984). Tras estas películas su carrera empezó a degenerar, alternando largas temporadas de inactividad con sonoros fracasos (caso de La letra escarlata, The Scarlet Letter, 1995), probablemente fruto de la conjunción de razones de suerte (o su carencia) y las alergias propias del establishment hacia figuras controvertidas (en este caso, sus tendencias ideológicas izquierdistas, puestas de manifiesto en las dos obras citadas, y que, previamente, a mediados de los años setenta, ya habían estigmatizado al cineasta al ser incluido en una lista del MI5, servicio secreto británico, por el presunto riesgo a la seguridad que encarnaban sus opiniones políticas). Parece que el filme de reciente estreno entre nosotros, Encontrarás Dragones (There Be Dragons, 2010), entorno a la figura del fundador del Opus Dei, Jose María Escrivá de Balaguer, no ha ayudado a reintegrar al cineasta en un lugar de prestigio o, cuanto menos, respeto en el seno de la industria. En cualquier caso, nada puede empañar la magnificencia del filme cuyo análisis aquí nos ocupa.

 the mission 

Imperialismo

Podemos decir de entrada que The Mission supuso el último proyecto de ese excelente guionista que fue Robert Bolt, quien colaborara con David Lean en títulos tan fundamentales como sin duda son Lawrence de Arabia, (Lawrence of Arabia, 1962), Doctor Zhivago (1965) –que le supuso un Oscar al Mejor Guión Adaptado–, o La hija de Ryan (Ryan’s Daughter, 1970), amén de firmar libretos tan celebrados como el de Un hombre para la eternidad (A Man for All Seasons, 1966) – que le valió un segundo Oscar–. En este ya tardío trabajo, Bolt volcó una de sus diversas preocupaciones temáticas aferradas a acontecimientos históricos: la película nos ubica  en el siglo XVIII, y en el contexto de la firma del Tratado de Madrid entre los reinos de España y Portugal para la gestión de sus colonias americanas, e incide en el papel desempeñado y las contriciones sufridas por los Jesuitas (cuya cabeza más visible es el padre Gabriel, encarnado por Jeremy Irons) en una misión en tierras de los guaraníes, pueblo indígena que moraba en los territorios fronterizos de las cataratas de Iguazú, en Brasil, de la que ese pueblo terminó siendo desplazado con violencia por mor de esas opinables (por no decirlo de otra forma) decisiones políticas de división territorial. En esta radiografía sobre razones de fondo relacionadas con la cultura y el imperialismo, Bolt parte de la mirada rigurosa sobre un acontecimiento concreto para trazar un discurso que fácilmente puede admitir una lectura en términos de mayor alcance y trascendencia historiográfica; buena prueba de ello es la utilización en su relato por parte del guionista de referencias y motivos diversos que pertenecen a otros tiempos y lugares, pero siempre en el escenario-marco de la Sudamérica colonizada: por ejemplo, las semejanzas entre el perfil del Padre Gabriel que efectúa la película y la figura del jesuita Roque González de Santa Cruz (1576-1628) santo, mártir criollo asunceno fundador de varias misiones y reducciones jesuíticas; o el parangón que cabe establecer entre el episodio histórico relatado y acontecimientos pretéritos de idéntico cariz merced de la utilización e importancia narrativa del escenario (las misiones fundadas por los jesuitas a principios del siglo XVII en la ribera del río Paranapanema, cerca de las cataratas Guaría, de las que en 1631 fueron evacuados por un golpe de fuerza de las brigadas paulistas); incluso el cruento enfrentamiento final deja una clara evocación a un acontecimiento histórico, la batalla de Mboroé, acaecida en 1641, librada en territorio argentino entre los guaraníes que habitaban las Misiones Jesuíticas y los bandeirantes, exploradores y aventureros portugueses, y que terminó con una victoria de los indígenas.

 zR5IhQsD9b69jMnvA3971DNwh4P 

El genocidio del pueblo guaraní

El desenlace de la batalla de Mboroé, empero, no es el caso narrado en The Misión, que esencialmente pretende ofrecer una crónica de la terrible aniquilación de los guaraníes, o, expresado de otro modo, efectuar una pequeña rendición de cuentas del genocidio llevado a cabo en aquellos lares por los pobladores “civilizados”, botón de muestra de la práctica generalizada de la barbarie librada contra los moradores nativos de aquellas zonas de la América Meridional. Bolt, en su libreto, ni siquiera se ve en la necesidad de incidir demasiado en el hecho de que a priori la única salvación para los guaraníes pasaba por su conversión al catolicismo (y que la tribu, que seguro que no tenía ninguna conciencia de esa necesidad impuesta de tener que ser salvados de sí mismos, aceptó ese catolicismo como única vía para no ser destruida), pero sí en una infamia aún menos discutible, el hecho de que ese sacrificio, esa renuncia a las propias señas de identidad cultural, tampoco les libró de la ruina. En tales términos, el acicate dramático escogido por la película, y que en realidad le da carta de naturaleza, pasa por la plasmación de los hechos en clave épica, y ello canalizado en buena parte a través de la relación que la película traza entre dos personajes en realidad antagónicos pero que devienen complementarios en sede del contexto hostil sobrevenido: hablo, por supuesto, del jesuita encarnado por Irons y del esclavista redimido Rodrigo Mendoza (Robert DeNiro, en la que probablemente sea una de sus últimas interpretaciones memorables); uno y otro personifican reacciones diversas ante una agresión, pero nunca antagónicas, por cuanto comparten una misma visión, conciencia y decisión, la de no abandonar a su suerte a los indígenas que con tanto denuedo han querido evangelizar; por tanto, se erigen en dos reversos de la única lectura en clave discursiva de la película.

 MovieQuiz_437-5

Espectáculo

El rodaje del filme fue arduo, principalmente por el empeño del productor David Puttnam y Joffé de filmar la película en los mismos parajes naturales de las cataratas de Iguazú a que se refiere geográficamente el relato, amén de otros exteriores sitos en Colombia, Argentina y Paraguay. La mayoría de actores y figurantes que encarnan a los indígenas eran, en realidad, nativos de aquella zona virgen de la América Meridional, que no hablaban ni una palabra de inglés y a quienes se les dio permiso para que, en aquellos pasajes en los que debían hablar, dijeran lo que les viniera en gana (una curiosa anécdota al respecto es que, al parecer, en una determinada secuencia dos indígenas están en realidad invocando una tormenta). El grueso de staff técnico y artístico trasladado a Sudamérica para el rodaje del filme fue víctima de una disentería, de la que ni siquiera se libraron los actores protagonistas, a excepción de  Robert De Niro. Barajando un presupuesto estimado que terminaría ascendiendo a veinticuatro millones y medio de dólares, resulta de todo punto elogiable los esfuerzos de todo tipo que los responsables de producción, artistas y técnicos, llevaron a cabo para darle credibilidad historicista y, al mismo tiempo, el soberbio look visual que la película acabó revistiendo. No por casualidad los dos aspectos técnicos de la película que reclaman su primacía son la oscarizada dirección fotográfica de Chris Menges y la inolvidable partitura musical de Ennio Morricone, lo que nos ilustra sobre la clase de relato que Joffé y Puttnam planean y edifican en imágenes (y sonidos). La dimensión enunciativa y crítica que contiene La Misión se forja en buena parte por contraste, un contraste que cabe buscar entre la hostilidad colonialista y su objeto por metonimia: la inopinable majestuosidad de ese escenario idílico, a menudo retratado como si de un lugar mitológico se tratara. El rodaje en exteriores a que antes hacíamos referencia no hace otra cosa que recordarnos la existencia de una dimensión, la espacial y natural, más poderosa que los designios y caprichos del hombre. De tal modo, el filme está atravesado de principio a fin de una formidable carga de espiritualidad, precisamente apoyada en la feliz conjunción entre la labor de Menges y el bellísimo score que nos brinda Morricone, lo uno tanto como lo otro plasmaciones categóricas de una sublime riqueza presta a capitular y de una superioridad moral llevada al sacrificio. En definitiva, La Misión es, eminentemente, una película espectacular, que un cuarto de siglo después de su estreno, sigue manteniendo intacto ese aparato de plasticidad y grandilocuencia visual en el que, de forma tan sencilla como genial, se traducen los postulados historiográficos. No sólo es una viva demostración de que el cine main stream dispone de muchos cauces para exponer cualesquiera tesis sin caer en lugares comunes acomodaticios (y que ello no se malinterprete/reduzca a entender que toda película espectacular deba contener una lección de Historia-en-mayúsculas), sino del hecho innegable que las partituras visuales maximalistas son un medio idóneo para la exploración de fórmulas de exacerbado, pero no por ello menos genuino, dramatismo.

Un pensamiento en “LA MISIÓN

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s