THE ADDICTION

Según fue publicado en el portal cinearchivo.com

http://www.cinearchivo.com/site/Fichas/Ficha/FichaFilm.asp?IdPelicula=2379



The Addiction 

Director: Abel Ferrara

Guión: Nicholas St John

Intérpretes: Lili Taylor, Christopher Walken, Edie Falco, Annabella Sciorra, Paul Calderon, Fredro Starr, Kathryn Erbe, Michael Imperioli

Música: Joe Delia

  Fotografía: Ken Kelsch

Montaje: Mayin Lo

   EEUU. 1995. 80 minutos

 

“In the end, we stand before the light

and our true nature is revealed.

 Self-revelation is annhilation of self.”

 

Cult-movie

Película que sin duda ostenta la categoría de obra de culto (incluso en los estrictos márgenes de la filmografía del no siempre interesante Abel Ferrara, que en diversos foros también tiene afianzado ese prestigio), el hecho de que su realización, durante el año 1995, fuera pareja al rodaje de El Funeral (The Funeral), estrenada un año después, nos revela que el director nacido en el Bronx neoyorquino se hallaba por aquel entonces en el cénit creativo de su carrera, pues ambas obras son, para quien esto suscribe, lo mejor que nos ha legado su dispar y a menudo sobrevalorada filmografía, quizá con el permiso de la previa Bad Liutenant (1992), obra de la que esta The Addiction reformula diversos temas. El relato –urdido por el colaborador habitual de Ferrara, Nicholas St John– nos presenta una realmente poco convencional y fuertemente alusiva aportación a la inagotable cantera de lo vampírico, al ubicarnos en la Nueva York actual y narrarnos los avatares sufridos por una estudiante de antropología, Kathleen Conklin (Lili Taylor), quien, tras ser atacada, mordida en el cuello por una mujer llamada Casanova (Annabella Sciorra), empieza a desarrollar los diversos síntomas por todos conocidos que atañen a los no-muertos, el principal de los cuales, el instinto primario de abastecerse de sangre humana. En el proceso de aceptar esa sobrevenida necesidad, Kathleen también se interroga sobre la misma.

 

         Desasimiento moral

A partir de esa variación contemporánea de la clásica fábula vampírica, que Ferrara ajusta en imágenes con precisión y gusto, explorando las posibilidades expresivas de una escenografía minimalista y una fotografía de austero blanco y negro, The Addiction logra poner en solfa una condensa, algo pretenciosa, algo alucinada parábola sobre el desasimiento moral –sin duda, leit-motiv temático de la completa filmografía del director–, a partir de la hábil inserción de postulados filosóficos y referencias culteranas (citas explícitas al determinismo, a Heidegger, Nietzshe, Feuerbach, Dante, Sartre, Beckett, R.C. Sproul o sobretodo a El Almuerzo Desnudo de William Burroughs, obra cuyo dogmas y elucubraciones de una realidad desbocada sin duda inspiran no pocos axiomas de esta película en particular –algo confeso desde el instante en el que el persuasivo Peina, el personaje encarnado por Christopher Walken, se lo recomienda a Kathleen como si de una hoja de ruta para el discernimiento de la realidad agazapada se tratara– y de la formulación artística de Ferrara en general) en una entraña narrativa en la que lo terrorífico palpita con fuerza ello y a pesar de hallarse soterrado, en lo dramático –y el cauce psicologista que reconocemos a primera vista en esa estética underground y en la matizada y excelente composición de Lili Taylor – e incluso en los momentos de eclosión de la violencia (y hasta el splatter), como en la orgía de sangre climática en que se convierte la fiesta de graduación de Kathleen, en la que la coreografía de esa violencia desatada (pues agresores y víctimas se funden en abrazos cual si de comparsas en un baile se tratara) está observada desde una mirada un punto distante, resguardada, abstracta, casi a modo de vivisección del comportamiento humano.

 

         Fantasmático

El por momentos bizarro artefacto filosófico de Ferrara, con sus ambigüedades y excesos (atiéndase v.gr. al sentido de la inclusión reiterada de esas fotografías del campo de concentración de Dachau o de las víctimas del conflicto bélico en Bosnia), puede atraer por su originalidad, y a mí me resulta convincente como meditación sobre la naturaleza humana y su predisposición natural hacia el mal; empero, entiendo que, como territorio abonado a las ideas que es, resulta francamente opinable, y puede suscitar idéntico interés que repulsa o indiferencia dependiendo del bagaje del espectador. Cosa bien distinta –y sin duda donde la película reclama su valor– es en el apartado de la puesta en escena y disposición de los elementos cinematográficos para generar esta suerte aturdida, pero no por ello menos innegable, de horror. De la exposición serena, realista, que caracteriza los primeros compases de la función, la atmósfera va enrareciéndose a la par que la visión subjetiva, de Kathleen, se va desquiciando, otorgando una mayor preponderancia a las sombras, o utilizando el sonido y la música como elementos que añaden ansiedad, de modo tal que la película va desplazándose hacia un espacio fantasmático en la descripción de las diversas vigilias del personaje o sus acercamientos a víctimas potenciales; todo ello que se quiebra en los pasajes de violencia para habilitar la oposición tan cacareada entre el Bien y el Mal que es intrínseca a la leyenda vampírica y a la que Ferrara saca tanta punta discursiva. Ítem más, como no podía ser de otra forma, el cineasta sigue en esta obra aferrado a la expresión de lo urbano como espacio de y para la degradación (v.gr. el momento, al inicio de la función, en el que Casanova aborda a Kathleen, surgiendo en segundo término en un plano que nos muestra el bullicio callejero nocturno, el personaje encarnado por Sciorra y la cámara desplazándose hasta reunir a las dos mujeres durante un breve instante, para que acto seguido la primera arrastre a su víctima a un alley penumbroso, la imagen medio devorada por las sombras de un enrejado en su encuadre de las dos mujeres y el decisivo instante).

 

En vena

Como aportación contemporánea/vuelta de tuerca al mito vampírico, la película gestiona sus tópoi con habilidad y sugerencia (v.gr. ese plano-secuencia, cámara inmóvil, en el que vemos aproximarse a Kathleen y a su compañera de estudios por la penumbra de un pasillo de la universidad, hasta que los pasos alcanzan un punto de luz colándose por un ventanal: Kathleen se detiene en seco y retrocede). Ferrara y su guionista se sacan de la manga diversos reflejos aplicados al espacio geográfico, cronológico y espiritual que transitan: la urbe contemporánea; probablemente el más interesante al respecto sea la idea plasmada en la primera dosis que la Kathleen vampirizada se procura: extrae sangre de un yonqui que yace en el suelo inconsciente y se la inyecta por vena; es una solución argumental sin duda muy imaginativa y pertinente en lo narrativo, para mostrar el primer eslabón de esa progresión traumático-instintiva del personaje; de paso, y en sintonía con el título de la película, habilita esas frecuentes y superficiales lecturas del filme que inciden en su condición de alegoría sobre la drogodependencia.

 http://www.imdb.com/title/tt0112288/

http://en.wikipedia.org/wiki/The_Addiction

http://www.pasadizo.com/index.php/component/peliculas/?view=peliculas&id=425&type=critica

http://www.rottentomatoes.com/m/1068307-addiction/

http://www.terra.es/personal/prometeo/otrofilm/addiction.htm

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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UN CUENTO DE NAVIDAD

‘R Xmas

Director: Abel Ferrara.

Guión: Abel Ferrara y Scott Pardo, basado en una historia de Cassandra de Jesus.

Intérpretes: Drea DiMatteo , Lilo Brancatto jr., Lisa Valens, Ice-T, Gloria Irizarri, Victor Argo.

Música: Schooly-D.

Fotografía: Ken Kelsch.

EEUU. 2001. 94 minutos.

 

Humanidad

Supongo que tiene bastante sentido que un realizador cuyos mejores trabajos son obras tan insurgentes como Bad Liutenant y The Funeral se acerque a una historia navideña con el más soterrado de los cinismos. Y digo el más soterrado de los cinismos porque la doble vida que de los protagonistas de la cinta se retrata (el matrimonio de traficantes portorriqueños que viven en el upper neoyorquino y que alternan las habituales compras y celebraciones navideñas con la preparación de papelinas para el tráfico de cocaína y la gestión de ese negocio) tiene toda su carga de denuncia cobijada bajo una apariencia inofensiva, de costumbre, de mecánica,… de humanidad (sobretodo en las circunstancias dramáticas que conciernen a la mujer que encarna Drea DiMatteo -quien por cierto rubrica una excelente interpretación-). Ello puede verse como una obvia declaración de intenciones sobre la hipocresía de que participan esos buenos sentimientos navideños en la sociedad de consumo –hay no pocas situaciones aceradas al respecto: la irrealidad de la obra que interpreta la hija de la pareja protagonista y que sirve de apertura del filme, la porfía entre dos señoras en los grandes almacenes por hacerse con la última muñeca que se ha convertido en el regalo-estrella en la ciudad, la compra de la misma en el mercado negro por una pornográfica cantidad de dinero, los sobres rojos que el esposo (Lillo Brancatto, jr) va entregando a todos sus empleados …-; pero más allá de esa visión generalizante, Ferrara promueve también una visión más particular de la coyuntura a la que se refiere, que se concreta en esos planos del Bronx, donde se ve a los traficantes jugar a baloncesto mientras mueven las papelinas, y sobretodo en el meollo de la trama, el secuestro del marido por parte de esos policías corruptos que asumen una especie de condición de ángeles justicieros (así se describe al personaje de Ice-T), obligando a la mujer a mover piezas a la desesperada para conseguir una cantidad abstracta de dinero, “mucho dinero”.

 

The King of New York: 2001

Han pasado once años desde la filmación de The King of New York. Las reglas para el drug-dealing han cambiado en la ciudad que ahora describe Ferrara: hogaño, las pistolas sólo son para la defensa, al gangsta rap lo sustituyen villancicos,  y a la anarquía moral y sexual, un retrato de familia feliz (y no se olviden de los policías: ahora están voluntariamente desarraigados). Quizá en sintonía con ese cambio –estableciendo tantos puentes entre ambos títulos de su filmografía, y también entre ambos momentos creativos de su autor- Ferrara rehuye toda violencia en el tratamiento visual, y opta por una frialdad expositiva que se concentra sobretodo en esos estilizados planos de los viajes en el BMW que la pareja, primero, y la esposa, después, realizan de una a otra puntas de la ciudad. Está en ese sentido bien descrita la figuración de esos viajes como distancia objetiva (económica) y subjetiva (moral: de los personajes respecto de su propia condición de delincuentes), y al mismo tiempos se está incidiendo en, por un lado, cierta sensación de ingravidez e irrealidad (al fin y al cabo, esto es un cuento de Navidad), y, por otro, en lo mediato de esa delincuencia (los gángsters, al mudar de piel y de hábitos, han abandonado las calles –y, por supuesto, no se les ocurre viajar en metro-).

 

Giuliani

Para terminar, la parábola política que subyace del contexto histórico de la narración -el periodo de alcaldía de siete años del Major de Nueva York que precedió a Giulliani- quizá explique la vocación localista de la historia –y su título ‘R Xmas, cuya erre contraída proviene de our, esto es se refiere a “nuestra Navidad”-. Quizá también de vueltas con el cinismo, esa puesta en situación de lugar y tiempo puede leerse de forma tan abierta como el propio continuará que cierra la película, que puede referirse a una eventual ulterior película-parábola sobre la alcaldía de Giuliani o bien como el cambio (o no) de circunstancias referidos a ese flujo narco-mercantil, o –y ésta es la opción que se sigue más literalmente del texto de la película- que no podemos saber si ese cambio de intenciones que pregonan los protagonistas en su momento de vulnerabilidad y reflexión se traducirá o no en sus actos, o más bien se perderá en el marasmo de intenciones que trascienden de las buenas (intenciones) que se predican tan alegremente por Navidad; o, dicho de otro modo, las intenciones a las que se obedece en la realidad.

http://www.imdb.com/title/tt0217978/

http://www.rottentomatoes.com/m/rxmas/

http://www.shaviro.com/Blog/?p=11

http://reassurance.blogspot.com/2009/04/decade-list-r-xmas-2001.html

http://www.filmsinreview.com/2002/11/19/r-xmas/

http://www.dvdverdict.com/reviews/rxmas.php

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

EL REY DE NUEVA YORK

King of New York

Director: Abel Ferrara.

Guión: Nicholas St. John

Intérpretes: Christopher Walken, Laurence Fishburne, David Carusso, Wesley Snipes, Steve Buscemi, Giancarlo Esposito.

Música: Joe Delia.

Fotografía: Bojan Bazzelli

EEUU. 1990. 106 minutos.

 

New York, New York

 

Aunque su fama no llegue a emparentarlo con Woody Allen, Martin Scorsese, Sidney Lumet o Spike Lee, Abel Ferrara también engrosa la categoría de la nuevayorkinidad; sea mediante historias urdidas por él mismo o por su fiel guionista Nicholas Saint John, el realizador nacido en el Bronx sitúa muchas de sus historias en la capital de la costa este norteamericana no con afanes meramente escénicos o de oportunidad, sino en la pretensión de personificarla por la vía metafórica para construir discursos de corte sociológico. En ese sentido, y en estrictos términos de codificación-Ferrara no iba desencaminado un comentario que leí hace tiempo sobre esta King of New York en el que se decía que Frank White, el protagonista encarnado por Christopher Walken, podía verse a modo de alter ego salvaje del major Rudolf Giuliani, del mismo modo que la sombra de sus políticas desentrañaba la maraña de esa extraña pieza intimista filmada en 2001, ‘R Xmas.

 

        

Filme-puente

 

En 1990, fecha de realización del filme que nos ocupa, a Ferrara aún no se le había colgado el marchamo de director de culto que progresivamente le fueron cimentando sus obras más célebres, Bad liutenant (1992), The Addiction (1995) y The Funeral (1996). En The King of New York la búsqueda de abstracciones y aderezos líricos aún es sutil, bien sumergida bajo el envoltorio de un filme policiaco canónico que trata sobre las escaramuzas que dirimen los negocios del drug-dealing y la persecución de esas mafias por parte de una facción policial. Sin embargo, The King of New York debe verse como una película-puente en la filmografía de Ferrara, por cuanto esas enseñas temáticas y el tono de sus pasajes de acción y violencia (que por su buscada exuberancia pueden verse como una recapitulación de la filmografía tanto cinematográfica como televisiva previa del autor) conviven con una mirada que apunta lacónicamente a lo dramático (desde el punto de vista del tratamiento de los personajes) y, con mayores aspavientos, a lo metafórico (en la confección de ese retrato del entorno neoyorquino, en la plasmación de los aparatosos episodios de violencia en sus calles, pero también ejemplificado en el proverbial discurso contenido en la secuencia en la que White cierra un negocio de compraventa de cocaína mientras visita a los niños enfermos de un hospital que quiere ayudar a rehabilitar, o en el contraste -y cohabitación- entre las fiestas de alcurnia social en Harlem y la party privada y salvaje de drogas, sexo y gangsta rap). Esa condición de filme-puente no sólo es predicable en el contexto de la filmografía de su autor, sino también en los motivos estéticos de su género: en The King of New York las imágenes están imbuídas de las enseñas visuales del thriller americano de la década de los ochenta, pero la escenografía es, por lo general, más desnuda, y en la planificación de los tiroteos y persecuciones motorizadas a Ferrara le gusta puntuar más lo sórdido que lo enfático; son síntomas de que esa caligrafía visual empezaba a dar señas de estar quedándose obsoleta.

 

Nihilismo

 

Ferrara ha dejado un legado ciertamente nihilista en sus filmes, ello patente desde la propia dirección de actores, en los perfiles tonales abruptos que construye, o en las definiciones argumentales en que se mueve (que serpentean a través de los discursos sobre la redención que caracterizan las obras de Scorsese y Schrader, pero nunca la alcanzan). En The King of New York la ciudad se erige en un laberinto esquinado en el que nadie puede sentirse a salvo. Sin llegar a culminar su discurso en imágenes (porque a la figura de Frank White, personaje/símbolo y eje de todos los acontecimientos, no le falta carisma, pero es de una naturaleza a menudo estrambótica, más indescifrable que fría), intuímos que Ferrara quiere decirnos que la política no deja de ser una extensión de los negocios en un sistema de celebración del mercantilismo a cualquier precio, y que las piezas humanas no dejan de ser eso, piezas, abocadas a estrellarse contra el sistema por causa y efecto de la violencia (nadie logra sus objetivos en la película, todos viven y matan a fuego, pero el sistema se mantiene intacto). En ese sentido, más que los aderezos estéticos del filme –anclados a una cierta mecánica teatral y al regusto neogótico-, me quedo con la utilización de esos escenarios en su sentido poético: es una clara declaración de intenciones que a White le guste pasearse de noche por los vientres de la ciudad (en metro), y que sea allí donde se dirima la cuita final: en el antológico desenlace, vemos a Walken abandonar el metro, pero sabemos que no encontrará una salida: camina exangüe, y al final coge un taxi, que no va a ninguna parte, y allí termina su historia, rodeado por la policía y por tantos otros vehículos devorados (como él) por el tráfico, que al ser encuadrados en plano general se vuelven anónimos.

http://www.imdb.com/title/tt0099939/

http://www.cinefreaks.com.ar/Perfiles_ferrara.htm

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.