LA TRAMA (BROKEN CITY)

Broken City

Director: Allen Hughes

Guión: Brian Tucker

Música: Atticus Ross, Leopold Ross, Claudia Sarne

Fotografía: Ben Seresin

Intérpretes:  Mark Wahlberg, Russell Crowe, Catherine Zeta-Jones, Jeffrey Wright, Barry Pepper,Alona Tal, Natalie Martinez

EEUU. 2012. 113 minutos

Asuntos sucios

 La trastienda de la política, y los posos de corrupción que son connaturales al ejercicio de ésta, son temáticas que han interesado al arte desde siempre. El cine no podía ser una excepción, pero en el Séptimo Arte, por su corta historia, se hace fácil detectar que es en los momentos de mayor turbulencia social es cuando más y mejor progresan las películas que nos hablan de la cara oculta de la política. Ubicados en la era contemporánea, la recesión económica y la severa crisis social que en EEUU tuvo lugar en los años setenta dio lugar a ese especie de subgénero que denominamos conspiranoia, que en títulos como La conversación (The Conversation, Francis Ford Coppola, 1973), El último testigo (The Parallax View, Alan J. Pakula, 1974), Los tres días del Cóndor (Three Days of the Condor, Sydney Pollack, 1975), o Todos los hombres del presidente (All the President’s Men, Alan J. Pakula, 1976) nos planteaban una visión ciertamente pesimista del statu quo socio-cultural, en un destilado temático según el cual el poder estaba absorbido por intereses corporativos superiores, implacables y, por supuesto, invisibles. Cineastas de procedencia y estilo tan diverso como Sidney Lumet, John Sayles o George Clooney, por ejemplo, comparten el haber hecho de la crítica de las instituciones (policial, política, legislativa, judicial) un caballo de batalla filmográfico de resultados nada estériles. Hoy, el cine político viene casi categóricamente asociado a una idea menos abstracta pero no más optimista, que hace bueno el aforismo que reza que el ejercicio de poder por ende termina llevando a la toma de decisiones con intereses que no tienen que ver con el (interés) público, sino más bien espúreos.

 

Y de entre esta surtida nómina de obras dedicadas a relatar los claroscuros del ejercicio de poder emerge esta primera película en solitario de Allen Hughes –hasta la fecha había formado tándem con su hermano Albert, con quien firmó con el nombre de “Hughes Brothers” filmes como Dinero para quemar (Dead Presidents, 1995), la adaptación homónima del magistral cómic de Alan Moore Desde el infierno (From Hell, 2001) o El libro de Eli (The Book of Eli, 2010)–, que a su vez parte de un libreto escrito por un neófito, Brian Tucker, pero que nos relata una historia que despierta rápido en cualquier espectador una acusada sensación de dejà vu, al plantear una trama en la que un investigador privado, Billy Taggart (Mark Whalberg), descubre importantes trapos sucios de la acción política del alcalde de Nueva York Hostetler (Russell Crowe) en el curso de la investigación, encomendada precisamente por aquél, que busca conocer la identidad de un supuesto amante de su mujer, Cathleen (Catherine Zeta-Jones) –trapos sucios que se concretan en las implicaciones harto dudosas de un proyecto urbanístico, un housing project, premisa que recuerda poderosísimamente uno de los ejes vertebradores de la segunda temporada de la magnífica serie de Farhad Safinia Boss (2011-         )-.

 

La verdad es que Broken City, tanto por lo que plantea como por el cómo lo plantea, no trasciende enunciados ya sobradamente conocidos ni por tanto nada más aporta al género al que pertenece –un thriller en toda regla– que esas consideraciones de implicación entre lo temático e ideológico que puedan insertarse en la realidad informativa inmediata, en la que los periódicos día sí y otro también nos revelan infinidad de indicios bastante evidentes de corruptelas políticas de toda índole. Sin embargo, ése valor en sí mismo no haría la película apreciable si no fuera porque ésta cumple con solvencia sus considerandos estrictamente cinematográficos: Broken City –bonito y alusivo título– nos propone un acercamiento a los conflictos entre personajes y tramas implicadas en el que los convencionalismos de todo tipo están ahí, pero servidos con suficiente garra –tanto en la escritura de la trama y los diálogos como en la puesta en escena– para vestir un relato atractivo, que precisamente se disfruta más bajo el prisma de su codificación genérica.

 

Es efectivo, por ejemplo, el planteamiento de los resortes dramáticos desde el punto de vista externo a la política, la de un ex-agente de policía estigmatizado por un error del pasado, y reciclado en private eye, que en el curso de esa investigación que supera todas sus expectativas, deberá enfrentarse con un conflicto que atañe a toda una colectividad –concretamente, una planificación urbanística que afecta directamente a la familia, inmigrante, de su mujer–; en ese aspecto, más que el elemento motriz de la necesidad del personaje de exorcizar sus cargos de conciencia, es interesante el modo en que la narración puede abrirse a las consideraciones de lo colectivo, de la política, a partir de los conflictos individuales, dosificando la importancia de personajes que al principio parecen anecdóticos, y sirviéndose de un contexto muy determinado –unas elecciones inminentes– como acicate de la urgencia y trascendencia. En este relato que, salvando todas las distancias de época y planteamiento, juega del mismo modo que lo hacía From Hell con las nociones de un putrefacto funcionamiento de la política a través de las vicisitudes de una investigación (en este caso ni siquiera criminal, en principio), Hughes vuelve a dar muestras de su habilidad para servir un producto visual estilizado pero nada estridente, en el que las reglas del storytelling se imponen a cualquier consideración esteticista, y que progresa con un brío insobornable, capaz de equilibrar las consideraciones de los personajes un poco más allá de los tópicos sin por ello sacrificar el desarrollo percutante de la trama (y tesis) criminal que nos invitan a desglosar. Nada nuevo bajo el sol de la ciudad de los rascacielos, cierto, y ni siquiera líneas de profundidad apreciables en el desarrollo temático –si es eso lo que les interesa, vayan a buscarlas donde ahora se cuecen, en el medio catódico, en series como The Wire o la citada Boss–, pero siempre se agradecen los productos honestos y bien resueltos en imágenes.

http://www.imdb.com/title/tt1235522/?ref_=sr_1

http://www.rollingstone.com/movies/reviews/broken-city-20130117

http://www.villagevoice.com/2013-01-16/film/broken-city/

http://entertainment.time.com/2013/01/18/the-mystery-of-broken-city-who-killed-the-new-york-crime-drama/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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