MACHUCA

Machuca.

Director: Andrés Wood.

Guión: Andrés Wood, Eliseo Altunaga, Roberto Brodsky y Mamoun Hassan.

Intérpretes: Matías Quer, Ariel Mateluna, Manuela Martelli, Ernesto Malbran, Aline Küppenheim, Federico Luppi.

Música: Miguel Miranda, José Miguel Tobar.

Fotografía: Miguel Joan Littin M.

Chile. 2004. 115 minutos.

 

Radiografía

 

Nos hallamos en Chile, en 1973. Gonzalo Infante y Pedro Machuca son dos niños de once años que viven en Santiago, el primero en un barrio acomodado y el segundo en un arrabal. El Padre McEnroe, director de un colegio religioso privado, integra en la elitista institución a chicos de familias de escasos recursos procedentes del poblado. Lo hace por consignas políticas del nuevo régimen instaurado por Salvador Allende, pero también por propias convicciones. Pedro y Gonzalo comparten la misma clase y entre ellos germinará un poderoso vínculo de amistad, aunque, eso sí, mediatizado por el clima de convulsiones sociales y políticas en las que la sociedad chilena se halla inmersa… Esa es la premisa argumental de esta obra escrita y dirigida por Andrés Wood, proyecto entre cuyas intenciones se hallan primordialmente el afán de radiografía de un tiempo y un lugar, radiografía que tamiza lo político y social desde lo sentimental, por cuanto su artífice nació en Chile en 1965 y por tanto vivió en sus propias carnes, durante su tierna infancia, los hechos históricos que se entraman (y quizá parte de la narración íntima propuesta, a juzgar por la dedicatoria inserta en los rótulos finales de la película, ensalzando la figura de un cura, personaje que en la película encarna Ernesto Malbran, el Padre McEnroe).

 

Amistad

 

La vocación eminentemente trágica de la película puede mascarse desde un principio, y desde fuera, desde los antecedentes históricos que el espectador conoce: cuando al inicio del metraje los nuevos alumnos, los niños de familias sin recursos, se mezclan con los niños-bien de la escuela inglesa, uno sabe que esa integración está, más allá de todo condicionante, condenada a truncarse en el momento en que se produzca el golpe de Estado en la Plaza de la Moneda y el General Pinochet asuma el mando. En ese contenido trágico concentra sus esfuerzos la película, si bien los intimiza (y magnifica en todos los sentidos) al centrar su narración en aquella amistad que surge entre dos chavales de raigambre tan opuesta, y al mostrar desde esa perspectiva intuitiva la posibilidad de “respetarse los unos a los otros” de que hablaba el Padre McEnroe, y aun ir mucho más allá, compartiendo el aprendizaje vital, confesiones, cuitas preadolescentes y hasta primeros escarceos sexuales.

 

Silvana

 

En el guión de Machuca se yuxtaponen con talento dos planos narrativos, cuales son el testimonio histórico-sociológico (del que participa lo que atañe al trasfondo familiar), y, en oposición con esos dos elementos (¿con la realidad?), la progresiva intimidad que surge entre los dos amigos, y posteriormente con Silvana, la vecina de Machuca. En el retrato de la amistad entre los dos amigos Wood opta por la vía del romanticismo, y se sirve de fórmulas simbólicas no por evidentes menos efectivas (esa bicicleta compartida, que recorre el trayecto que separa los dos domicilios, los dos mundos). Quiebra (y endurece) el plácido tono de esa amistad el personaje de Silvana, que ya está dejando de ser niña, y ello se utiliza de puente entre los dos planos narrativos: bajo los inocentes juegos sexuales que promueve anida una triste descripción de la conciencia de clase que asume, del mismo modo que la vemos –contrariamente a los niños- tomar postura política (y en el desenlace sufrir el mayor precio).

 

El Padre McEnroe

 

A pesar de sostener toda la narración desde la perspectiva de un inocente (Gonzalo), no precisamos alcanzar la terrible catarsis del desenlace para conocer la toma de postura ideológica de la película. A aquel retrato de la amistad condicionada pero incondicional entre Gonzalo y Machuca (y la complicidad con Silvana), se opone la descripción de los compañeros de clase ricos y gamberros así como del novio fascista de la hermana de Gonzalo, descripciones demasiado estereotipadas, que constituyen el peor descosido de la película. Más interesante resulta la narración mediante diversas secuencias implosivas de la relación adúltera de la madre de Gonzalo con el personaje encarnado por Federico Luppi, o el capítulo en que vemos a los niños emborracharse en la fiesta que la hermana de Gonzalo da en su casa: con audacia descriptiva se está abundando en los vicios de la alta burguesía, y hasta en el desmembramiento de los valores que dice defender. Sin embargo, el mejor retrato de la película se ofrece incondicionalmente al ya citado padre McEnroe, y se resume en la secuencia en la que, antes de abandonar la escuela, acude a la capilla, abre el sagrario y come el cuerpo de Cristo, para después maldecir la estancia (“este lugar ya ha dejado de ser la casa del Señor”): McEnroe, no lo olvidemos, es un capellán, pero es un capellán “rojo”: Gonzalo, Machuca y los demás alumnos toman nota (y el espectador con ellos) de una evidencia que se halla más allá de los hechos: que los valores católicos también podían sostener el modelo social que Allende propulsaba; que el nombre de Dios no entiende de políticas, y por tanto cualquier utilización es instrumentalización.

 

Dedicatoria

 

Volviendo a los tintes autobiográficos de que hablaba al principio, quizá Andrés Wood fue Gonzalo, aquel niño que llegó a salir de su pequeña burbuja y conoció a los marginados, y después tuvo que traicionarlos obligado por la infamia de las circunstancias políticas. Ello explicaría no sólo la dedicatoria al director de su escuela, el Padre McEnroe, sino un ensalce aún mayor, que da sentido a la película al alcanzar al propio título: si la película se titula Machuca es por razones de profunda nostalgia, al amigo que fue, a la chica que amó, a los que pudieron ser y nunca fueron, a los parias, a los humillados. Que, nos dice la película, ahora habitan en algún limbo de la memoria, más allá de la horrible mácula del dolor, porque en la edad dorada de la existencia, durante la limpia infancia, pudieron conectar, ser hermanos, más allá de los condicionantes sociales y económicos.

http://www.imdb.com/title/tt0378284/

http://fotograma.com/notas/reviews/3769.shtml

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