EL AMERICANO

The American

Director: Anton Corbijn

Guión: Rowan Joffe, basado en la novela de Martin Booth.

Intérpretes: George Clooney,  Irina Björklund, Lars Hjelm,  Johan Leysen,  Paolo Bonacelli,  Thekla Reuten 

Música: Herbert Grönemeyer   

  Fotografía: Martin Ruhe

Montaje: Andrew Hulme   

  EEUU. 2010. 116 minutos

 

Clooney haciendo de…

Uno de los comentarios más recurrentes en el vox populi sobre esta El Americano se centra en George Clooney y su rol interpretativo, muy diferente, según esas voces, del prototipo habitual y o reconocible en el actor. Me parece llamativa esa apreciación teniendo en cuenta que este personaje protagonista de la película de Anton Corbijn, al que a veces llaman Jack y otras Edward, en realidad no está muy alejado de los parámetros dramáticos del que Clooney encarnaba en Michael Clayton (Tony Gilroy, 2008) o incluso, si me apuran, del que interpretaba en Up in the Air (Jason Reitman, 2009), dos de los títulos más cercanos a este The American en la filmografía del actor. En los tres casos, se trata de un individuo sobresaliente en una actividad profesional éticamente cuestionable (o directamente reprobable) que, por diversas circunstancias, cobra conciencia de la iniquidad de sus actos, en un proceso parejo al de la asunción de los amargos posos de una soledad anteriormente buscada, y ahora cuestionada por inclinaciones sentimentales sobrevenidas (a una mujer, a amigos, a un hijo), lo que lleva al personaje a la búsqueda de compañía y redención. Así pues, ante tantas concomitancias esenciales en el perfil dramático, ¿dónde buscar esa diferencia presuntamente tan notable? Superficialmente, cabe argüir que la concreción de esa redención en la solución narrativa de la película es distinta en cada caso. Empero, a mi parecer la cuestión cardinal tiene que ver con la naturaleza muy diversa de los relatos; y no hablo de argumentos ni de raíles genéricos, sino más bien de (la causa de esos raíles,) la disposición de los elementos cinematográficos, en el caso de El Americano la más radical de las tres propuestas, un territorio narrativo poco convencional, de cuyos axiomas no se desliga (pues forma parte) la interpretación de Clooney, y también el modo en que la cámara lo retrata constante el metraje.

 

Un tema clásico

La verdad es que El Americano, basado en una novela no homónima (“A very Private Gentleman”) escrita por Martin Booth (e inédita en España), sorprende principalmente por su manufactura visual, aunque podamos decir también que su guión (adaptación firmada por Rowan Joffe) contiene muchas de las claves del relato, así que más bien cabe hablar de feliz maridaje entre story y storytelling. No resulta fácil dejar esa sensación de originalidad y frescura en el abordaje de un relato de temática clásica, como es la pugna de un hombre por su redención, materia narrativa fecunda desde los tiempos de las primeras películas de gángsters, que ha dado lugar a infinidad de desarrollos dramáticos en el cine (primordialmente de género) de todos los tiempos y latitudes (en algunos casos, como el western, erigiéndose incluso en un arquetipo de personaje secundario) y que, ya instalados en los parámetros que identificamos como contemporáneos, ha llegado a constituir tema central de auteurs como Paul Schrader, o tangencial de muchos otros como puedan ser John Casavettes o Jean Pierre Melville (cuyo El Silencio de un hombre/Le Samurai aparece como cita ineludible de la película que nos ocupa por razones de interpretación subjetiva y tono), por no hablar de casos particulares como el de Fuga sin fin (The Last Run, 1971, Richard Fleischer), otra obra con la que cabe establecer parangones concretos. No sé hasta qué punto asume Corbijn todas estas referencias –y muchas otras que me dejo en el tintero–, pero lo cierto es que El Americano es una obra que en absoluto puede verse como un pastiche, ya que hace gala de tanta personalidad en su planificación como rigor en la puesta en escena. Según el propio director de la película admite, su bagaje como espectador de cine es más bien parco. No sé, al fin y al cabo, si eso puede tener que ver con la sensación de singularidad que deja la película. No sé, insisto, de dónde emerge la originalidad. Lo que importa es que emerja.

 

Proceso subjetivizante

Lo que sí se hace patente en El Americano es el medio de procedencia del realizador. Corbijn se venía ganando la vida como fotógrafo hasta que decidió pasarse a la dirección de películas con Control, la película que precede a ésta en su filmografía. Esa procedencia, a la que además se cita o guiña en la representación del rol legítimo que John/Edward escoge (al hacerse pasar por fotógrafo entre los aldeanos del pequeño pueblo de Los Albruzos en el que discurre el relato, dejándose ver por sus rincones cámara fotográfica en mano, como si buscara localizaciones o determinadas luces naturales), se hace presente en las principales características (virtudes) escenográficas, y no hablo tanto (aunque también) de la importancia que se concede al paisaje cuanto al concienzudo estudio del encuadre y los movimientos de cámara en virtud de la mirada subjetivizada que asume, además de forma bastante radical, el relato, que habilita a un tiempo la tensión como elemento narrativo (ésta es una película de suspense) como el meollo dramático (ésta es una película de personaje(s)), todo ello desde esa focalización en el continuo proceso de descubrimiento, también de muchas zonas de sombra, que atañe al protagonista. En El Americano la cámara juega mucho con la distancia focal, se imprimen sentimientos a través de lo cromático –sea en interiores o exteriores–, se invita a mirar al espectador en idéntica dirección que el protagonista, lo que se subraya en los muchos planos en los que vemos a George Clooney mirar, la cámara jugando con la profundidad de campo para mostrarnos ese acto concreto, el de su inquisición o curiosidad. Y en ese mirar es donde se muestra, en toda su complejidad, la condición falible del personaje; su condición infalible (anudada a la premisa de su profesión: es un asesino a sueldo de sobrada inteligencia) es algo que, por el contrario, se nos narra por referencias dialogadas o a través de otra mirada, objetiva, hacia sus actos, punto de vista que se va disipando conforme Jack/Edward deja de ser esa persona fría y calculadora y se empieza a involucrar sentimentalmente con los que le rodean (todo ello, por lo demás, certificado en uno de los diálogos que mantiene con el cura, cuando éste le dice que se puede vivir en el infierno haciendo alusión a su aislamiento personal y social).

 

La crisálida

Película de devenir reflexivo, pausado, aunque puntuado con momentos que elevan la tensión narrativa de forma soberbia (y no hablo sólo de los pasajes de acción, sino también en lo que concierne al apartado sexual –donde hay una clara confrontación entre los sentimientos que concurren cuando el protagonista hace el amor con la prostituta de la que se enamora y los instintos primarios y malsanos que se adivinan en las secuencias que aquél comparte con la otra mujer de la función, su clienta, principalmente aquélla que discurre en el bosque, en la que ella se dedica a probar la mercadería que él está confeccionando para ella–). El Americano acaba permaneciendo en la retina por razones similares a la citada película de Fleischer, por la escrupulosidad y precisión con las que describe esa encruzijada personal, sirviéndose de todos los elementos narrativos a su alcance, haciéndole justicia en imágenes al formidable peso que lo trágico ostenta en la historia de este hombre, equiparable al de una crisálida, pugnando a muerte por merecer una belleza que, quizá, ha descubierto demasiado tarde, y que corre constante peligro de desaparecer.

http://www.imdb.com/title/tt1440728/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20100831/REVIEWS/100839999/1023

http://www.salon.com/entertainment/movies/2010/09/01/the_american/index.html?CP=IMD&DN=110

http://cinephilemagazine.blogspot.com/2010/10/lff-2010-review-american.html

http://elblocdejosep.blogspot.com/2010/11/increible.html

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