IN THE LOOP

In the loop

Director: Armando Ianucci.

Guión: Armando Ianucci, Jesse Armstrong,

Simon Blackwell y Tony Roche

Intérpretes: Peter Capaldi, Gina McKee, Tom Hollander, James Gandolfini, Chris Addison, Anna Chlumsky.

Fotografía: Jaime Cairney.

Montaje: Billy Sneddon y Anthony Boys

GB. 2009. 106 minutos.

 

Pasar por el aro

El título de la función (que el doblador español, según sus indescifrables baremos, en esta ocasión ha decidido no traducir) puede muy bien contener la desalentada tesis que los guionistas de filme, Armando Ianucci, Jesse Armstrong, Simon Blackwell y Tony Roche, plasman en imágenes: sin apenas tomarme licencias, podría traducir ese in the loop como “en la rueda”, y hacerlo extensivo a “estar metido dentro de la rueda”, o también “pasar por el aro”: una rueda o un aro que, es evidente, identificamos con el sistema, con el modo en que se gesta y ejecuta la política. El primero de los cuatro guionistas, Ianucci, también director y por tanto artífice principal de tan acerada comedia, pretende llevar al cine unas enseñas de personalidad (e intencionalidad) que le han dado, bien merecidamente, la magnífica reputación que ostenta en su medio de procedencia, el catódico. Ianucci es el creador de la serie de la BBC The Thick of it (realizada entre 2005 y 2007), corrosiva serie de situación que plantea una actualísima y despiadada sátira al mundo de la política (a modo ejemplificativo, decir que más de uno la ha definido como una versión salvaje y nihilista de The West Wing).

 

Armas de destrucción pasiva

Citar al elenco de guionistas resulta imprescindible al afrontar una crítica del filme. Lo que hace de In the loop un título digno de mención y recuerdo tiene que ver, en una primera apariencia, con la agudeza (deslenguada, en este caso) de los constantes y martilleantes diálogos que entrecruzan los diversos peones en la trama; escarbando a mayor profundidad nos damos cuenta de que esos diálogos sostienen un relato con una marcada personalidad, que se aleja mucho de los cánones narrativos del cine sobre política, incluida su vertiente sátira, y que la frialdad expositiva –o, dicho de otra forma, la poca querencia que el filme muestra, a los diversos niveles, por todos los personajes- obedece a unas razones superiores, largamente meditadas, que precisamente son las que dan carta de naturaleza al invento: nuestra política (en este caso exterior) depende de las actitudes y decisiones de una retahíla de personajes a los que de lo menos que podemos acusar es de mediocres. Eso, de entrada. Fijándonos en el desarrollo argumental –perfectamente raílado de forma lineal, sin un solo flashback ni una sola concesión al twist casi canónico-, esta producción británica nos presenta una parábola sobre una cuestión muy concreta y reciente en la memoria de todos: la decisión de atacar a Irak (aunque Irak no se nombre) con base a un informe de dudosa credibilidad que sostenía que allí existían armas de destrucción masiva (aunque, otra vez, en ningún caso se hable de armas de destrucción masiva), y se centra sobretodo en la glosa-crítica del papel que de mero comparsa asumió el gobierno británico de la iniciativa tomada por la Administración Bush (y en concreto por Donald Rumsfield, que guarda un parecido hasta físico con David Rasche, el actor que  encarna al político Linton Barwick).

 

Entomología de los políticos

Si al principio de la reseña decía que en el título se contiene la tesis de la película, o si en el párrafo anterior mencionaba lo antipáticos que resultan todos o casi todos los personajes en liza, ello tiene que ver con el hecho de que In the loop no efectúa un desarrollo dramático de los personajes, éstos no evolucionan, sólo se mueven como pueden y/o deben, afianzando las piezas en un tablero predeterminado. Ya no se trata de que no haya un solo héroe de la función –las dos burócratas políticas de la Administración de Washington, Liza Weld y su ayudante Judy Molloy, podrían haber asumido ese rol si el planteamiento hubiera sido otro, pero no es el caso- sino de que el punto de vista narrativo está muy alejado de los personajes, y su desapasionada mirada es precisamente la que habilita esa disección feroz, a veces entomológica, de las razones o sinrazones que mueven a los diversos peones de la política que aparecen en imágenes. El filme no nos explica el modo en el que esos personajes “acaban pasando por el aro” sino que lo constata: toma esa premisa como hecho consumado. Sus móviles son el acatamiento de órdenes, la promoción personal a cualquier precio (los jóvenes) o el mantenimiento de su status (los viejos), actitudes todas ellas asimilables a un culto egocéntrico exacerbado que casa muy mal con lo que de endémico debería significar la política.

 

Invisible e implacable

Una demostración inequívoca de la naturaleza soterrada de algunas ironías de la película la podemos hallar en el hecho de que el personaje que desde fuera identificaríamos como más poderoso, todo un Ministro de Asuntos Extranjeros británico, sea en el fondo el más paria (una condición de paria de la que derivan algunas de las situaciones más tronchantes de la función, cuando le entra el miedo escénico en cada reunión a la que asiste), sea porque evidentemente la cartera que tiene asignada no es vocacional, sea porque en realidad no tiene nada claro lo que quiere hacer, sea porque tampoco sabe utilizar los instrumentos a su alrededor, sea porque no sabe escoger a sus ayudantes (elige a un joven que le cae más simpático que su anterior ayudante, una chica mucho más competente), o sea porque, exprimiendo a gusto tantos puntos flacos, todo el mundo se dedica a presionarle. En cambio el que se supone un burócrata de trabajo gris, el jefe de prensa, es un tipo implacable, que usa la pose de la mala leche para mantener a raya cualquier oposición o siquiera crítica; sus actos de fuerza –por ejemplo, obliga al embajador de los EEUU en la ONU a, primero, adelantar, y, después, atrasar una votación del Consejo de Seguridad- no demuestran otra cosa que el infinito poder invisible (en la película) pero identificable (en la realidad) que lo gobierna, y con él a la nación británica, y no hablo sólo del prime minister, pues es evidente de quiénes recibe órdenes, porque conocemos la historia reciente y sabemos algo de los conflictos en liza que auspiciaron aquella guerra (aunque, al respecto, otra vez, nada se nos cuente, apelando a la inteligencia del espectador). También hay personajes positivos, sí, las dos funcionarias norteamericanas citadas, o la imagen de honestidad del alto cargo diplomático británico: tanto unas como otro, no obstante, están inmovilizados, derrotados de antemano por el sinfín de artimañas políticas y manipulaciones masivas que contaminan la opinión pública. Para terminar, no querría olvidarlo, queda el alto cargo militar –encarnado con habitual convicción por James Gandolfini-, un hombre de carrera y juicio, que tras luchar por sus razones con todas sus fuerzas y darse cuenta que ha sido derrotado, cierra filas en torno a la bandera para eludir la dimisión. No deja de ser una broma casi metacinematográfica que los responsables de In the loop hayan escogido al icónico Tony Soprano para encarnar a… ¡Colin Powell! 

http://www.imdb.com/title/tt1226774/

http://en.wikipedia.org/wiki/In_the_Loop_(film)

http://www.avalonproductions.es/intheloop/

http://www.rollingstone.com/reviews/movie/25457793/review/28818494/in_the_loop

http://addictivethoughts.com/2009/07/22/in-the-loop/

http://danlandmovvies.blogspot.com/2009/10/movie-review-in-loop.html

http://opinion.labutaca.net/2009/12/09/in-the-loop-entre-the-office-y-el-ala-oeste-de-la-casa-blanca/

http://www.channel4.com/film/reviews/film.jsp?section=review&id=172636

http://www.littlewhitelies.co.uk/reviews/in-the-loop/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

 

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