JACK REACHER

Jack Reacher

Director: Christopher McQuarrie

Guión: Christopher McQuarrie, según una novela de Lee Child

Música: Joe Kraemer

Fotografía: Caleb Deschanel

Intérpretes:  Tom Cruise, Rosamund Pike, Richard Jenkins, David Oyelowo, Werner Herzog, Robert Duvall, Jai Courtney,Vladimir Sizov

EEUU. 2012. 132 minutos

Justicia civil, militar o material

 ¿Quién iba a pronosticar que se podría predicar de una película netamente de género protagonizada por Tom Cruise el haber acusado negativa e injustamente –al menos en las carteleras españolas– el estreno simultáneo con la catarata de películas que compiten por los Oscar, siendo tan digna como cualquiera de ellas, y, para quien esto suscribe, mejor que diversas de entre ellas? El firmante de estas líneas, recomendado por buenos amigos, tuvo el placer de verla en la sala más diminuta de un multisalas barcelonés un jueves por la noche, justo el último pase antes de que, al menos en VO, la película fuera retirada de circulación cinematográfica.

 En la larga reseña que Tomás Fernández Valentí le dedica a la película en su siempre interesante blog cinematográfico (http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2013/01/justiciero-y-nomada-jack-reacher-de.html), menciona las concomitancias que la película guarda, más allá de lo aparente y superficial, con el clásico de Don Siegel Harry el sucio (Dirty Harry, 1971). Me remito a y al mismo tiempo me apropio de esas muy atinadas consideraciones, y a partir de las líneas distintivas entre la formulación temático-argumental y estético-visual, me propongo a incidir sobre los puentes y fallas que existen no tanto entre esas dos miradas (la de Siegel y la de Christopher McQuarrie) cuanto, a partir de ellas, como exponentes de una determinada proyección temática, psicológica, sociológica y quizá incluso ideológica que se efectúa del género en dos contextos tanto históricos como cinematográficos distintos. Para ello doy por sentado que tanto la una como la otra son “hijas de su tiempo”, algo clarísimo en el cine de Siegel –que precisamente por la pertinencia contextual de sus postulados generó tanta polémica en el tiempo de su estreno como, a la larga, esa polémica coadyuvó a que cristalizara su prestigio cinematográfico– y que resulta acaso discutible en el caso de la película de McQuarrie, discusión que pretendo resolver en sentido afirmativo, comprendiendo que no es lo mismo ser un título representativo del canon reconocible según el cual se formula visualmente un género en un época (cosa que Jack Reacher no es, o es poco) que esa filiación, pertinencia como glosa de/pertenencia a una época, definición más abstracta y de mayor resonancia cultural.

 

Sucede que Jack Reacher le da un poco la espalda a las corrientes estéticas que se estilan en el thriller y el filme policiaco actual y mira precisamente al horizonte del cine seventies en lo general (para elaborar su trama) y en lo concreto (la construcción de diversas set-piéces y la recolecta de diversas referencias visuales, incluso algunas tan iconográficas como el Camaro que Reacher conduce en la inevitable secuencia del pursuit automovilístico). Pero los tiempos han cambiado, o al menos las necesidades de apariencia, y quizá por ello algo que sorprende de Jack Reacher es que, para afinar sus motivos temáticos, juegue la baza de efectuar una cierta abstracción de tiempo: por mucho que la acción acontezca en el presente, podría haber acontecido hace diez, veinte o cuarenta años, y sus premisas básicas no se habrían resentido lo más mínimo. Estoy hablando de lo que se narra, no de la manera en la que se narra, pero lo uno y lo otro, al fin y al cabo, están irremediablemente unidos por el rigor narrativo, y ésta es una película que cumple sobradamente con ese rigor. El filme gira en torno a lo difusas que resultan las nociones de la justicia material, utilizando a una abogado, un fiscal, un investigador privado y un policía como personajes motrices, y desgranando un planteamiento o trama que se basa en un levantamiento del velo que nos indica que el autor de un acto criminal no es aquél que carga con la imputación (planteamiento clásico de las court-room movies y whodunits policiacos de toda la vida); pero atiéndase a que ese levantamiento del velo concierne a los personajes, pero no a los espectadores, pues en el arranque del filme, en el que se relata el crimen perpetrado por el francotirador, un primer plano nos muestra perfectamente su rostro, y por tanto sabemos quién es, y por tanto que no es aquél que ha sido detenido como presunto autor. Es una decisión llamativa, sin duda, máxime viniendo de McQuarrie, cuya celebridad proviene en primera instancia de los astutos trampantojos narrativos que escribió en el celebrado guión de Sospechosos habituales (The Usual Suspects, Bryan Singer, 1995); pero si en aquélla McQuarrie ya demostraba su endiablada habilidad para narrar o evocar cosas que se hallaban mucho más allá del envoltorio, por refulgente que aquél fuera (aunque en aquel caso hiciera falta un segundo visionado para poder concentrarse en ellas), aquí, guardando todas las distancias que se quieran, termina sucediendo algo parecido. Y es que, si conocemos de primera mano al asesino, ¿se limitan las intenciones de la película a relatar los periplos de Reacher para localizar y dar caza al o a los culpables? En absoluto: esos periplos, que dirimen la progresión argumental, están anclados en unos temas concretos que, bien agazapados, bullen bajo ese tenor argumental y sobre los que se interpela al espectador. Y ese tema, íntimamente relacionado con el desde hace tiempo candente debate en los EEUU sobre la posesión de armas de fuego, no es otro que la colisión entre la existencia civil y la militar, una colisión fruto de su inevitable coexistencia, cuestión de sesgo sociológico de perenne actualidad en un país, el de las barras y las estrellas, donde la cultura de las armas y el alarmante índice de criminalidad pueden ser vistos como los reversos de la misma moneda.

 

Jack Reacher (Tom Cruise) es un personaje-puente entre los dos ámbitos, la vida militar y la civil; puede ser perfectamente visto como un desarraigado, si bien, como personaje positivo que es, no se le atribuyen los rasgos nocivos que suelen caracterizar a este tipo de personajes en el cine (los brotes psicóticos, la adicción al alcohol, los problemas familiares…); pero su lógica de pensamiento y acción está fuertemente impregnada de lo que aprendió ejerciendo de investigador en el ejército, aptitudes sin las cuales no podría dar caza a los asesinos, comandados por ese siniestro personaje, Jeb (encarnado, y de forma espléndida, por nada menos que el cineasta Werner Herzog). Es, en ese sentido, menos anecdótico de lo que aparenta que Reacher consiga un aliado de ocasión en el anciano regente de un campo de tiro (Robert Duvall), un personaje diríase que caricaturesco por la vía ominosa. Como Acorralado (First Blood, Ted Kotcheff, 1981), Jack Reacher nos habla del feroz encuentro entre hijos de la guerra y civiles, pero, a diferencia del estimable título de Kotcheff, aquí no hay una lectura en concreto (los fantasmas de la guerra de Vietnam), sino abstracta. Y al respecto, a juicio de quien esto escribe, pocas veces en el cine reciente se ha retratado con tanta contundencia esa fatídica, chocante, agresión de la violencia propia de la guerra en un entorno pacífico como en dos secuencias de esta película: una, la filmación de la masacre que sirve de arranque de la película (narración subjetiva utilizando, de forma implacable, la mirilla del francotirador como referencia visual casi absoluta); la otra, (SPOILER) el asesinato a sangre fría y sin la menor contemplación de la joven Sandie (Alexia Fast); podríamos incluso añadir aquélla en la que Jeb le propone a uno de sus empleados que se arranque los dedos a mordiscos para evitar ser ajusticiado; en todos los casos, la consigna narrativa es la frialdad expositiva: los autores de los crímenes son mercenarios, pero están arrancados de un entorno bélico y despliegan su lógica carente de todo escrúpulo y metodología brutal en un entorno bien distinto, el civil, pacífico y, por supuesto, inerme e incapaz de la más mínima reacción. Es por ello que McQuarrie utiliza un contraste casi cómico para relatar el modo en que Reacher se revuelve contra agresores aficionados… civiles: la pelea en la puerta del bar y el instante en el que es asaltado con bates de béisbol en la morada del sospechoso al que busca (SPOILER) (porque no sabe que, al no haber aceptado arrancarse los dedos con la boca, está muerto).

 

Todo lo apuntado en el párrafo anterior es asimismo coherente con el perfil del personaje protagonista, ese tipo que se mueve en el alambre que separa al héroe-superhombre (referencia abstracta: su pericia y expeditivos métodos, así como la motivación concreta que le lleva a actuar en este caso, que no es otro que la acción justiciera) de la fantasmagoría que emerge del pasado (referencia concreta: su experiencia militar, y su servicio en Irak, de donde emerge el vínculo con el imputado como autor del atroz crimen cometido), un tipo sin apenas señas de identidad, que viaja “con lo puesto”, que no utiliza un teléfono móvil, y sólo conduce coches que toma prestados. A diferencia de John Rambo, Reacher es insensible a nada que no sea la acción de la justicia (atiéndase a la magníficamente gestionada tensión sexual que la película establece entre él y la abogada que le contrata, Helen (Rosamund Pike), en secuencias como aquélla, jocosa, en la que ella le reprende que está a pecho descubierto, para acto seguido esperar un beso al confundir las intenciones de un ademán de él), un personaje que aglutina las convenciones de la tipología del héroe pero al mismo tiempo las filtra de un modo peculiar, atractiva plataforma de carácter desde la que el actor-productor, Tom Cruise, puede vehicular su lucimiento (lo cual realmente aquí sabe hacer, logrando una perfecta sintonía entre sus señas interpretativas reconocibles y lo que el rol que interpreta le demanda). McQuarrie, empero, no hace más concesiones de las necesarias, y buena prueba de ello (SPOILER!!) es que Jack decida, en la solución de la película, matar a sangre fría al villano que ha capturado, tomarse la justicia por su mano, para no arriesgarse a sufrir una injusticia material (que Jeb no sea condenado) merced de subterfugios procesales. Reaparece en esta solución, y con viveza, el eco a Dirty Harry, pero los tiempos, decíamos, han cambiado: en esta ocasión no se trata de un policía hastiado y airado, sino de un nothing man, un ideal utópico que lidia a través de la ficción con un problema real cuya solución sea probablemente no menos utópica.

http://www.imdb.com/title/tt0790724/?ref_=fn_al_tt_1

http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2013/01/justiciero-y-nomada-jack-reacher-de.html

http://www.rollingstone.com/movies/reviews/jack-reacher-20121218

http://www.bigpicturebigsound.com/Jack-Reacher.shtml

http://movies.nytimes.com/2012/12/21/movies/tom-cruise-in-jack-reacher.html?_r=0

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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