TRIAGE

Triage

Director: Danis Tanovic.

Guión: Danis Tanovic basado en la novela de Scott Anderson

Intérpretes: Colin Farrell, Paz Vega,  Branko Djuric, Nick Dunning, Myia Elliott, Gail Fitzpatrick, Christopher Lee.

Música: Lucio Godoy.

Fotografía: Seamus Deasy

Montaje: Francesca Calvelli y Gareth Young

Irlanda-España-Bélgica-Francia. 2009. 110 minutos.

 

Secuelas

Tras el éxito cosechado con No Man’s Land (que acumuló premios tales como el de Mejor Guión en Cannes, Premio de la Academia del Cine Europeo al Mejor Guión, el César a la Mejor Película, y el Globo de Oro y el Oscar a la Mejor Película Extranjera), película que escarbaba, desde la trinchera (literal y figuradamente), en las razones humanas bajo el conflicto serbo-bosnio, el realizador bosnio Danis Tanovic volvió a incidir en la temática en el episodio que se le asignó de aquel curioso experimento que se tituló 11’09’01, y vuelve a hacerlo con la obra que nos ocupa, esta Triage, basada en una novela de Scott Anderson, que relata el proceso de catarsis emocional de Mark Walsh, un fotógrafo free-lance que cubre el conflicto armado en Kurdistán (la acción se sitúa en 1988), cuando regresa a casa sin su compañero de profesión y amigo y tiene que afrontar las terribles secuelas psicológicas de esa pérdida, o, dicho de otra forma, de las atrocidades vividas en la zona de guerra.

 

Sortear convenciones

Echando una ojeada a la crítica patria, encuentro con un vapuleo bastante concienzudo a la película de Tanovic, acusándola principalmente de su falta de garra cinematográfica y de una flaca dirección de actores. No comparto para nada esas opiniones: cierto es que la película tiene puntos fuertes y otros más débiles, cierto es que su fórmula puede agotarse en buena medida tras el primer visionado, pero en cualquier caso me decanto por quedarme con los diversos elementos que convierten la película en una experiencia sugestiva, a veces intensa. Por ejemplo, no puedo acusar a la película por lo que tiene de vehicular, de sumisión constante, a un discurso; que el cine de Tanovic sea discursivo no lo convierte en mejor o peor; y creo que el realizador tiene las ideas claras y las sabe convertir en imágenes de forma efectiva (de hecho, creo que en Triage se nota que Tanovic domina más el lenguaje cinematográfico que en No Man’s Land). Aunque las premisas del relato puedan parecernos de lo más manidas –la visión espeluznante de la violencia, la consabida historia de un homecoming traumático, la catarsis-, o precisamente por ello, mérito es del guionista y realizador servírnoslas con la suficiente agudeza como para sortear las convenciones. Esas convenciones pueden afectar sobremanera los segmentos que transcurren en Dublín y en los que aparecen las dos mujeres –y después el bebé-, precisamente por lo que esos personajes tienen de mero satélite, de reverso desnudo de la historia de Mark (y de David), pero Tanovic acota ese espacio de contraste (no son muchas secuencias), y, lo más importante, no se deja llevar por el dramatismo, un dramatismo implícito en las situaciones planteadas pero nunca subrayado por las imágenes.

 

Fotografías

Las secuencias que transcurren en el Kurdistán (que, anotémoslo a título anecdótico, fueron rodadas en Alicante), revelan el talento de Tanovic para mostrar la situación de conflicto de un modo realista, recurriendo a imágenes de una calidad austera, efectivas en su plasmación tanto lo descarnado de la violencia cuanto el aparato psicológico, el modo en el que una situación límite se arrebujan los sentimientos y pensamientos. La vocación subjetiva de perspectivas y encuadres se corresponde con el oficio, de observador que se pretende distante y no puede serlo, del fotógrafo, y a la vez nos alinea a nosotros, al espectador que mira. La diferencia entre Mark y su amigo David, el primero que quiere permanecer más tiempo cerca del fuego para captar mejores instantáneas de las ofensivas, el segundo que quiere marcharse porque está cansado de atestiguar tanta violencia, encuentra un correlato más adelante, en una secuencia que transcurre en Dublín, en la esposa de Mark (que encarna Paz Vega) comenta que, a diferencia de las fotos de David, “es difícil encontrar en las fotos de Mark una que se pueda colgar en la pared”, refiriéndose al gusto del fotógrafo por inmortalizar escenas espeluznantes, lo que nos introduce en un interesante enunciado, el de las posibilidades infinitas de búsqueda de la belleza que son connaturales a la expresión artística, y los peajes espirituales que ello comporta (después vemos un plano de Mark mirando sus fotografías en diapositiva, su sombra sobreimpresionada a la imagen por el haz de luz, plano al que sigue el colapso nervioso -psico-somático, debería decir- que sufre en el lavabo).

 

“Sólo los muertos…”

El desarrollo argumental de la película traslada hábilmente el trauma en primera persona que aparentemente nos narra a la mirada desde afuera (la que puede corresponder a la esposa de Mark, que no entiende lo que pasa, pero que es extrapolable, y atañe principalmente, al espectador), por la vía de la supresión (mediante una atinada utilización del elipsis y del montaje) de un único pero muy revelador dato. Ese desconocimiento parcial de las circunstancias vividas por el protagonista permite a Tanovic tensar la cuerda de su discurso  hacia lo abstracto -dejando el componente estrictamente dramático para el final-, una abstracción que cabe buscarla en las palabras y actitudes (y bagaje, pues también se nos narra) de dos personajes en realidad complementarios, el Doctor Talzani (encarnado por el actor bosnio Branko Djuric), y Joaquín Morales (Christopher Lee); el primero, que enseña a Mark cómo convivir con el horror y mantener la integridad; el segundo, que le muestra una vía posible para convivir con el recuerdo de ese horror. Tanovic no busca tanto recetas como constataciones de los estragos que la violencia y la guerra causan en el espíritu humano, y por extensión podemos también entender que habla del peso formidable de esa violencia en la historia de su país. Si el Doctor Talzani ilustra a la perfección el sentido del título del filme (y su transcripción en los rótulos iniciales) mediante la brillante idea de las tiras de color amarillo o azul que adjudican supervivencia o muerte a los heridos, el dictamen que el personaje encarnado por Lee trata de inculcar en Mark puede reducirse a la terrible máxima de Platón que acompaña el cierre de la función: “Sólo los muertos han visto el final de la Guerra”.

 http://www.imdb.com/title/tt1217070/

http://opinion.labutaca.net/2009/11/16/triage-tratamiento-post-traumatico/

http://reelfilm.com/tiff0904.htm#triage

http://www.dailyfilmdose.com/2009/09/tiff-2009-triage.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Triaje

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