LA PIEL SUAVE

 

La peau douce

Dirección: François Truffaut

Guión: François Truffaut y Jean-Louis Richard

Intérpretes: Jean Desailly, Françoise Dorléac, Nelly Benedetti,  Daniel Ceccaldi, Laurence Badie, Philippe Dumat,    Paule Emanuele

Música: Georges Delerue

Fotografía: Raoul Coutard

Montaje: Claudine Bouché

Francia. 1964. 120 minutos.

Luces que se apagan, habitaciones vacías

Sucede a menudo en el cine de François Truffaut, y el de la película que nos ocupa sería un caso paradigmático, que las mismas razones por las que a algunos sus obras les pueden parecer discutibles revelan la esencia misma de su condición creativa, su personalidad, sus intenciones y cómo las lleva a puerto. De La piel suave, que atesora demasiadas imágenes poderosas como para no ser tenida en cuenta, lo primero que puede decirse es que tiene la encomiable virtud de retratar algo tan socorrido por el cine como son las infidelidades matrimoniales desde una perspectiva fresca, peculiar, aguda en muchos planteamientos e intencionada en el trasfondo socio-cultural en el que bucea. El problema con el que se enfrenta el espectador es el chocante desenlace del relato, y no me refiero únicamente a su secuencia final sino al modo en que la naturaleza de lo conflictivo y de las razones psicologistas aducidas queda atravesada, sojuzgada o directamente mutada por consideraciones narrativas muy distintas para, por decirlo de un modo simplificado, conseguir casar los contornos dramáticos en la ecuación de un naturalismo que desemboque en la crónica negra. En realidad, se trata de dar virtualidad cinematográfica a algo difícil de representar en esos términos: las inercias sentimentales y las consecuencias más hiperbólicas de sus crisis.

El argumento de La peau douce está extraído, según manifestaciones de su propio guionista y realizador, de una página de sucesos, de una noticia sobre un crimen pasional cometido en su ciudad, material de partida que, si entendemos la construcción del relato a partir de esa premisa, Truffaut busca poner en contexto y antecedentes para abundar en el aparato de la causalidad de un modo intuitivo, no discursivo ni mucho menos moralizante, y sí en cambio aferrado a cierta cinefilia (junto a resortes reconocibles del noir americano de serie B encontramos en la película, por ejemplo, ecos del mismísimo Hitchcock). La propuesta es arriesgada y está asumida con suma habilidad descriptiva, manejando lo sutil y lo implosivo merced tanto de estrategias de planificación o utilización de lo lumínico cuanto de mecanismos de concatenación de lo rítmico de modo tal que se incide, con sumo talento, en el retrato de lo cronológico desde el prisma subjetivo, es decir el paso del tiempo como reflejo del desgaste de las estructuras emocionales de cada uno de los tres personajes principales de la trama. Si, como antes decía, acaso la película puede resultar insatisfactoria en su solución ello puede deberse al modo abrupto en que, por contraste con el modo en que se plantean los conflictos, se dirime el modo en que se precipitan los acontecimientos; sucede que un relato lleno de piezas de vocación inconclusa se lleva a su conclusión en términos inequívocos y radicales. Quizá, en ese sentido, media hora más de metraje hubiera oxigenado ese tránsito narrativo, ganando enteros no tanto la credibilidad dramática del relato cuanto la construcción tonal de la obra.

Una vez sentada la percepción de este cronista de que a La piel suave la faltan más que le sobran ingredientes y metraje, paso a detenerme en algunos de los fragmentos cinematográficos de que se va constituyendo este relato de vocación fatalista soterrada en las paráfrasis entre lo naturalista y las pinceladas simbólicas y líricas. Quizá como paráfrasis de las derivas sentimentales en liza (sumadas a ese ingrediente cinéfilo que a menudo invoca el autor de La noche americana), a Truffaut le seducen esas tomas filmadas desde interiores de vehículos en movimiento (una ruta a toda prisa en dirección al aeropuerto de París, una travesía nocturna y más bien desnortada por las calles de un pueblo, …); esas imágenes pueden ser vistas como la máxima expresión de esa coda escenográfica que es la cámara en movimiento –y a menudo premuroso- siguiendo las idas y venidas del personaje protagonista, Pierre Lachenay (Jean Desailly), que transmite perfectamente los condicionantes de la doble vida del personaje (el riesgo, la incertidumbre, la improvisación). En relación con lo anterior, Truffaut trabaja los contrastes entre la vida pública (es un escritor de éxito) y la vida privada: la fachada de honorabilidad de Pierre equiparada con la de su propio matrimonio con Franca (Nelly Benedetti), ello en oposición a la soledad del personaje en sus viajes y estadías en hoteles tanto como a la clandestinidad de las pulsiones sexuales que libera con la joven azafata Nicole (Françoise Dorléac). En muchas soluciones de guión se arbitra esta relación de oposición entre lo uno y lo otro (la constancia de que Pierre es absolutamente incapaz de compaginar los actos de presentación de una película en el pueblo de Reims con el tiempo a dedicar a su amante, o el hecho de que Franca se entere de que su marido la engaña precisamente a través de los organizadores de aquel evento, al contradecir la versión de su marido de dónde está y qué hace), pero más interesantes resultan las ideas de puesta en escena que sostienen esta cuestión, como por ejemplo la secuencia que nos muestra al escritor en la sala en la que espera el inicio de una conferencia, sala enmarcada en plano fijo que se sostiene cuando el escritor ya la ha abandonado para salir al atrio donde dará la ponencia, que quedará en over. Esa habitación vacía guarda una relación de simetría con otro plano muy posterior, el (doloroso) plano que muestra la cama de matrimonio vacía en la secuencia en la que Pierre se marcha de casa.

Tan amante de la gestualidad como alérgico a los diálogos (que las palabras no deben explicar los acontecimientos es uno de los principios sobre los que sostiene toda la película),  Truffaut se muestra profuso en ideas sugestivas en el trabajo en interiores, a menudo buscando, por la vía de la planificación y el montaje, significados subjetivos a actos cotidianos o aparentemente irrisorios. Véase por ejemplo ese plano fijo que muestra el movimiento de subida y bajada del ascensor (los cinco pisos que separan las respectivas habitaciones de Nicole y Pierre) en el hotel lisboeta en el que se hospedan, o, secuencia consecutiva a la anterior, aquélla en la que las luces que se encienden y apagan en las dependencias de la habitación de Pierre, más los movimientos del personaje por ellas, más la puntuación musical, dan una medida muy precisa de su estado anímico, antes y después de que Nicole acepte tomar una copa con él; esta luz que se enciende o apaga, enfatizada por planos de detalle de ese interruptor manipulado, extenderá el sentido de esa euforia previa de Pierre a la constancia del primer encuentro sexual entre éste y Nicole, mientras que, en otro instante del metraje, en el piso parisino de la familia Lachenay, también el acto de apagar y encender la luz en habitaciones y pasillos puntúan una anodina conversación entre el marido y la mujer, intrépida asociación por lo objetual y visual que efectúa el cineasta para sugerir que esa morada familiar es un escenario enmarañado de lo aparente, las certezas tan intermitentes como esas luces que se encienden y apagan. Detalles como los que hemos ido recogiendo son los que, al fin y al cabo, dilucidan lo mejor del cine de Truffaut, especialmente el de aquella primera época de su filmografía: la vitalidad, el ímpetu, el temperamento y la imaginación con la que se acerca a cualquier acontecimiento para reclamar alguna trascendencia o significado oculto. Una mirada, en fin, tan fascinada y pletórica que resulta contagiosa.

http://www.imdb.com/title/tt0058458/

http://www.villagevoice.com/2011-03-09/film/truffaut-s-unjustly-neglected-the-soft-skin-ripe-for-reappraisal/

http://oldschoolreviews.com/rev_60/soft_skin.htm

http://iheartthetalkies.com/2011/01/21/film-review-silken-skin/

http://www.miradas.net/2005/n35/estudio/lapielsuave.html

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