IRREVERSIBLE

 

 

Irréversible

Director: Gaspar Noé.

Guión: Gaspar Noé.

Intérpretes: Vincent Cassel, Monica Bellucci, Albert Dupontel, Jo Prestia, Philippe Nahon.

Música: Thomas Bangalter

Fotografía: Gaspar Noé, Benoit Debie.

Francia. 2002. 97 minutos.

 

 

         Polémicas

 

Al analizar un filme desde cierta perspective cabe, amén de la radiografía estrictamente cinematográfica, la referencia a otras cuestiones que tienen que ver con el valor/significado otorgado a la obra en un momento determinado, o incluso, como en este caso, a las controversias que despertó entre facciones de la crítica más o menos sesuda. Sí, la radical propuesta de Gaspar Noé generó en el momento de su estreno mucha polémica. Pero esa aseveración, en abstracto, merece dos matices: uno, que la radicalidad de una propuesta no tiene necesariamente que revertir en una mayor calidad de la misma; dos, que lo mismo sucede con la polémica que la obra suscita: ser polémico no es garantía de calidad, ni tampoco de fraude, en realidad debería dejar al espectador desacomplejado (o avisado, porque muchas polémicas esconden intereses comerciales), antes de ver la película, ante idénticas perspectivas a las que tendría si esa polémica no hubiera existido. Esto puede parecer obvio, pero a menudo se olvida, y es importante tenerlo en cuenta al analizar obras como esta Irreversible, porque a menudo resulta complicado desentrañar la maraña –temática, discursiva, tonal, argumental- de una película, pero no es así en este caso, a no ser que intentemos desentrañar la maraña de-lo-que-se-dijo-de-la-película, algo, esto sí, ciertamente laberíntico, amén de todo punto innecesario. Y todo lo expuesto también sirve al respecto de la crítica efectuada por el propio autor de la obra: si nos centramos en las manifestaciones del mismo podremos centrarnos en analizar los propósitos de la película (a no ser que mienta para polemizar, lo que también entra dentro de lo posible): pero entre los propósitos de una obra y su resultado dista un trecho. Fíjense que tipos como David Lynch o David Cronenberg no suelen hablar demasiado de lo-que-querían-decir en sus películas. Ellas hablan por sí mismas. Irreversible, también, para lo bueno y para lo malo.

           

 

 

De poco sirve hablar de la supuesta homofobia de la película por el tratamiento que se da a los homosexuales que practican perversiones sexuales diversas en el Rectum -aquel garito infame donde se dirime el erróneo ajuste de cuentas-, aunque en este caso sí cabría romper una lanza a favor de Gaspar Noé, porque esa acusación es uno de tantos ejemplos de corrupción del espectador por parte de la lógica interesada de la corrección política: viendo Irreversible uno no se lleva la sensación de que los homosexuales sean unos depravados, y si el Rectum fuera un sucio burdel frecuentado por heterosexuales nadie se habría echado las manos a la cabeza, lo que nos lleva a adverar que ese intento de discriminación positiva pretendido por los promotores de esa presunta denuncia está más que pasada de vueltas. De nada sirve entrar a analizar las razones de la violencia en el filme, o el sentido de la misma en concreto o abstracto: sus razones tendría Gaspar Noé para mostrar de forma tan explícita el asesinato a golpes de extintor, y aunque la solución pueda seducirme más o menos que otra, ello no me llevará a decirle a los demás lo que tienen que pensar al respecto; lo mismo sirve al respecto de la ya tan célebre escena de la violación en tiempo real de la que es víctima Alex (Monica Bellucci): su crudeza está fuera de toda duda, pero no soy quien para poner límites a la expresión de la violencia en el cine; la gratuidad o no de esa crudeza sí que es asunto sobre el que pueden efectuarse anotaciones, y a mí personalmente me parece que, tratándose como se trata de la secuencia decisiva, la que rompe en dos la narración, sí que merecía un tratamiento especial, y la opción escogida por Noé es, por un lado, coherente tanto con la turbiedad del resto del metraje (en este caso previo) como con los mecanismos formales que definen la narración, y por otro una solución visual entre cuyas virtudes se cuenta algo más que el efecto impactante del contenido sórdido.

 

Retroceder la narración

 

         Y ya centrándonos en el meollo de la cuestión, me parece totalmente fuera de lugar la acusación de “terrorismo intelectual” que se le colgó al director de la obra; y por el mismo precio, también diré que Noé fracasa totalmente en sus propósitos discursivos, si es que había alguno (en realidad, más allá de lo que el cineasta pudiera decir o dejar de decir –que no lo sé, porque no lo he leído-, parece que alguno hay, porque al final de la película así nos lo indica ese rótulo que dice que “el tiempo lo destruye todo”). Analizando el guión de la película, los actos que se narran, el contenido de los diálogos entre los tres personajes principales, y, también, la luz que pudiera arrojar al respecto las opciones escenográficas de Noé, no le encuentro a la narración un sentido superior al que habita en su caligrafía, no hallo un subtexto visible tras la (pretendida y aisladamente lograda, pero siempre aspaventada) lírica de las imágenes del que podamos extrapolar reflexiones de corte sociológico o incluso psicológico. Démonos cuenta de lo que debería resultarnos más que obvio, que el interés de Irreversible radica principalmente en la opción narrativa consistente en hacer retroceder la narración, modificando así el interés del espectador a parámetros bien distintos a los que resultarían de una narración convencional, hacia delante (fijémonos en que una de las diferencias entre esta película y otra, previa, de Christopher Nolan que proponía idéntico juego narrativo, Memento, es que si en la obra de Nolan el visionado inverso, convencional, nos servía un thriller en toda regla y lleno de interés, en Irreversible ese interés de la narración a la inversa menguaría muy mucho). Y otro atractivo del filme, más discutible, tiene que ver con la solución argumental dividida exclusivamente en una serie de largos planos-secuencia, y las filigranas visuales que el realizador se saca de la manga para dar virtualidad visual a esa opción narrativa: a mi juicio, Noé peca de narcisismo y efectismo en muchos de los excesos que propone (principalmente, claro, esa cámara dando tumbos circulares por el local), principalmente en la larga secuencia que transcurre en el Rectum, a la que antes ya nos hemos referido. En cambio, en otras se detecta un apreciable trabajo de la planificación –el fragmento que muestra el desencuentro entre Alex y Marcus (Vincent Cassel) en la discoteca-, y en la última secuencia de la película, la más desnuda de petulancias formales (con excepción de ese par de insertos -¿homenaje? ¿pedante?- al póster de 2001: a space odissey de Kubrick), destaca también por su planificación y esmerada composición del encuadre –moviéndose entre las diversas estancias de la casa- tanto como por la estupenda labor de los dos intérpretes: es aquí, y sólo aquí, donde llega a atisbarse un estudio, en el sentido psicologista más noble, de personajes.

 

 

 

 

 

http://www.imdb.com/title/tt0290673/

 

 

http://www.rottentomatoes.com/m/irreversible/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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