AVATAR

Avatar

Director: James Cameron.

Guión: James Cameron

Intérpretes: Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver, Stephen Lang, Michelle Rodriguez, Giovani Ribisi.

Música: James Horner

Fotografía: Mauro Fiore.

Montaje: James Cameron, John Refoua y Stephen E. Rivkin

EEUU. 2009. 164 minutos

 

Otra vez la película más cara

Acudí al cine a ver la película, en una sala de proyección en 3D, cuando Avatar llevaba casi un mes en cartel; y sin embargo no había plateas vacías, y escuché algunos aplausos al terminar la función. Debo reconocer que James Cameron ha sabido vender bien su producto, con el tiempo (de Terminator 2 a Titanic y ahora a Avatar) ha ido entendiendo que eso de manejar “el presupuesto más caro de la Historia del Cine” (respectivamente, cien millones de dólares, doscientos y más o menos el doble) puede venderse como un suculento reclamo comercial, el de las miradas ávidas por saber en qué se pueden gastar tantos cuartos, que a estas alturas del siglo XXI más bien relativizan el coste económico en pos de fisgonear de forma epidérmica en el cómo de esa evolución tecnológica aplicada al Cine. Los aplausos responden a eso, al espectador agradecido o convencido de que Cameron en efecto ha hecho mucho por el desarrollo tecnológico en el Cine, o incluso, por pura, absurda –y condicionada por la publicidad- metonimia, ha hecho mucho por el Cine. Pero tiene más que ver con las gafas que se han puesto para ver la película: en esta segunda (o tercera) eclosión del formato tridimensional (en el que Hollywood ya lleva tiempo trabajando, los ejecutivos de las majors convencidos de que es una buena forma de luchar contra la piratería: el Cine ofrece algo que sólo puede verse –por ahora- en una sala cinematográfica), la acusada sense of wonder que ofrece el formato se identifica con “espectáculo” por sí mismo, pues el espectador (¿aún?) se halla en un estadio demasiado rudimentario para analizar en qué sentidos puede sacársele mayor partido expresivo al formato, y por tanto la capacidad crítica es más bien nula. Sea como sea, hay una cosa innegable: el Cine comercial tiene una vocación cada vez mayor de espectáculo de barraca. Que cada cual juzgue, si le interesa, lo que ello tiene de bueno o pernicioso, en qué se está traduciendo a nivel sociológico y cultural, y adónde nos llevará.

 

Espectáculos

A mí simplemente me queda dilucidar y tratar de expresar lo que sentí visionando Avatar, esto es ofrecer un juicio personal y honesto de lo que me entregó Cameron (y sus miles de ayudantes) a cambio de mi entrada. Y atendiendo a la naturaleza de la película, es ineludible, incluso antes de centrarse en la historia, traer a colación ese dichoso concepto “espectáculo”. Decir al respecto que puedo considerar curiosos pero no espectaculares muchos de los efectos que buscan potenciar las prestaciones del sistema 3D: ver una bola de golf aproximándose, por ejemplo, un objeto en nebulosa concretarse, los cálculos de distancias de personajes y movimientos de cámara en idéntica dirección a la de la mirada del espectador… Otros, menos curiosos, se vuelven cansinos de tanta repetición, sobretodo los que tienen que ver con armas de diverso pelaje (metralletas de unos, cuchillos de otros) apuntando hacia el respetable. En el apartado de la artesanía y los efectos especiales (donde, también debe anotarse, Cameron recurre a las factorías de Lucas –Industrial Light & Magic- y Peter Jackson –Weta Workshop-), la invención del equipamento tecnológico de los marines y los científicos en el año 2154 (momento del futuro en el que nos sitúa la historia) es atractivo, aunque el auténtico punto fuerte de la función estética es la recreación de ese paraíso perdido, perdón, por descubrir; hablo, claro, de los selváticos escenarios del planeta Pandora, una creación visual despampanante aunque no especialmente original. En ese espacio de nutrido cromatismo y luz, Cameron arranca las mejores secuencias del filme en los pasajes que describen el modo en que Jake es formado en las ciencias y costumbres del pueblo indígena (reteniendo especialmente la maravillosa secuencia del primer vuelo con el ave escogida por el protagonista); supongo que los efectos especiales creados para las secuencias de las batallas finales debieron de resultar igual de dificultosos, aunque a mí no me satisficieron especialmente, en parte por el defecto que también detecté en algún pasaje de la tercera película de The Lord of the Rings: esas panorámicas que pretenden mostrarlo t-o-d-o de la forma más diáfana y en los que la imagen de síntesis ocupa la totalidad del plano acaban produciendo una sensación de (abigarrada, eso sí) acumulación mecánica; creo que la Historia del Cine está plagada de ejemplos que demuestran que hay formas mucho más emocionantes/trepidantes/dramáticas de mostrar los conflictos bélicos.

 

De la CI-FI a la fantasía

El relato, tanto en su construcción general, como en su definición de personajes cuanto en su atención a los detalles, deja bastante que desear (y eso explica en parte que el metraje de Avatar se haga demasiado largo, algo pesado en algunos pasajes –y mi premisa afirma implícitamente, y lo hago ahora explícito, que en el Cine, y aún más en el comercial y en el de género, importan más las historias que se narran que los aderezos técnicos, por importantes que se consideren éstos-). No sé si bromeo o no cuando digo que, amén de que se nota el calco argumental a la historia de Pocahontas, en muchos sentidos puede considerarse la película como un inconfeso remake de Dances with wolves (Kevin Costner, 1991), donde los marines son, como allí la joven nación americana, un pueblo colonizador que sólo pretende destruir a los nativos, y el protagonista de la función, antaño convencido miembro del ejército, al contactar con esos nativos, con su modo de vida y con su espiritualidad, descubre unos valores mucho más preciosos por los que vivir y luchar, y se afilia a la causa de los desfavorecidos (amén de enamorarse de una chica). Bromeo un poco más, aunque no del todo, cuando digo que a ese Dances with wolves se le puede sumar el condimento de una caracterización de los nativos heredada bastante categóricamente de los elfos inventados por John Roland Reulen Tolkien –elfos de los bosques, of course-, cuya naturaleza y obras se referencian en las longevas crónicas que de la Tierra Media nos ha dejado el literato inglés, la más famosa de ellas, por supuesto, The Lord of the Rings; a ver quién me niega las semejanzas entre el poblado de estos nativos y el bosque de Lothlorien. En cualquier caso, estas semejanzas y muchas otras pueden traerse a colación, y nunca terminaríamos; el propio James Cameron ha manifestado que para él esta Avatar sería algo parecido como un Star Wars (George Lucas, 1977), título fundacional o mera presentación de un mundo mitológico que puede servir para desarrollar multitud de histori(eta)s en ulteriores capítulos, sean cinematográficos, televisivos o lo que se les ocurra. Por todo ello, mejor zanjar el tema diciendo que aunque la obra presenta premisas de ciencia-ficción (la razón por la que tanto Marines como científicos se hallan en el planeta de Pandora), la película pronto mixtifica el género con el de fantasía, para ir instalándose en él, y en él dejarnos cuando el filme llega a su fin, y (ojo, spoiler) los humanos abandonan Pandora con el rabo entre las piernas y el antiguo humano maculado –parapléjico- se convierte en bendecido guerrero de sangre y vida Na’vi.

 

Aliens llamados Na’vi

No sé si es bueno o malo, pero revela la personalidad de Cameron el hecho de que tanto el devenir del relato como el contenido dialogado diste de los estilemas y lugares comunes propios del cine actual (más sofisticados), y en sus arquetipos, que los hay a montones, respire cierta (y a veces sanota) ingenuidad más propia del cine de hace veintitantos años, cuando Cameron fue haciéndose un hueco en la industria. Se puede discutir si ese tono un poco demodé le otorga carisma a la película o no, pero en cualquier caso creo que a Cameron le hubiera venido bien contratar a algún guionista de oficio que le puliera un pelín más el texto y los diálogos. Porque lo que sí revierte negativamente en la historia es esa acumulación de arquetipos, o que el realizador y guionista se quede en la vía fácil de la indecisión a la hora de definir el tono de la función: tenemos épica, pero la embotellamos en palabrería; nos cantan las virtudes de cierta espiritualidad a lo new age, pero no se lleva al extremo de vulnerar los tópicos al uso (por ejemplo, el archiesperable enemigo de Jake en el seno de la tribu, que acabará siendo su amigo –¡otra vez Dances with wolves!-)… En fin, que las costuras se ven demasiado, así que a uno le cuesta tomarse la historia en serio. A mí, sin ir más lejos, me dio por entretenerme con menudos divertimentos, como por ejemplo comparar la película con una propuesta anterior (y creo que mejor) de James Cameron, Aliens (1986), a la que el cineasta, estoy seguro que conscientemente, utiliza como reflejo especular para plantearnos precisamente lo opuesto: desde el planteamiento del relato –aquí los marines están desposeídos de ética, no van en misión de salvamento sino por intereses del todo espurios-, a su definición –¡aquí los alienígenas son los buenos!-, pasando por la utillería militar (esos robots con forma humana, igual que uno con el que Ripley –Sigourney Weaver, voilà– se enfrentaba a la Alien madre en el clímax de la película), por tipologías de personajes -a Cameron le gustan las mujeres de carácter, es bien sabido, y aquí, aparte de la Weaver y de Zoe Saldaña, incluye una conductora de helicóptero calcada a la cabo Vasquez en Aliens-, e incluso a soluciones narrativo-visuales –uno de los marines invasores muestra un ordenador con el que detecta movimiento cerca de su radio de ubicación: lo que en Aliens era un motivo de suspense, pues los monstruos se acercaban peligrosamente a los buenos, aquí es motivos de regocijo, pues los buenos van a rendir cuenta con los monstruosos marines-;… Todo esto da lugar, como ven, a la anotación jocosa, pero quizá haya algo menos anecdótico que apuntar al respecto. Aliens se estrenó durante el mandato de Ronald Reagan; Avatar, con su discurso ecologista incluido, ha llegado cuando semejantes vientos en la política-ideología americana han cambiado y Obama detenta el poder. Cameron, definitivamente, sabe lo que hace. Como decía Bob Dylan, “no necesitas a un hombre del tiempo para saber por dónde sopla el viento”. A Cameron no se le puede comparar, por ejemplo, con Steven Spielberg: el primero tiene el talento y la visión necesaria para marcar tendencias estéticas (v.gr. Jaws o ET) o definir desde la alegoría paisajes ideológicos concretos (v.gr. War of the Worlds), el segundo tiene la habilidad de apostar por el caballo ganador. Así se reconoce la limitación del cineasta. Pero no hay que hacer de ello motivo de escarnio: creo sinceramente que el director de Terminator lo supedita todo a la celebración de su pasión por el desarrollo tecnológico, a lo que se entrega en cuerpo y alma. Que lo disfrute y nos haga disfrutar. Si puede ser, un poco más que con esta Avatar.

http://www.imdb.com/title/tt0499549/

http://www.avatarmovie.com/

http://en.wikipedia.org/wiki/Avatar_(2009_film)

http://latimesblogs.latimes.com/season/2009/12/is-avatar-the-new-best-picture-front-runner-by-pete-hammond.html

http://peliculas.labutaca.net/avatar

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20091211/REVIEWS/912119998/1023

http://www.salon.com/ent/movies/review/2009/12/17/avatar/index.html?CP=IMD&DN=110

http://paullevinson.blogspot.com/2009/12/avatar-in-science-ficion-perspective.html

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ABYSS

The Abyss

Director: James Cameron.

Guión: James Cameron.

Intérpretes: Ed Harris, Michael Biehn, Mary Elizabeth Mastrantonio, Kimberly Scott, John Bedford Lloyd.

Música: Alan Silvestri.

Fotografía: Mikael Salomon

Montaje: Conrad Buff IV

EEUU. 1989. 137 minutos.

 

Cameron sumergido

        Tras el visionado de esta Abyss, cuyo noventa por ciento del metraje transcurre en las profundidades marinas, quedan claras las razones por las que James Cameron fue escogido para dirigir su celebérrima Titanic, y aún más, en lo que se refiere a sus preferencias creativas, las posteriores obras en tres dimensiones donde ha seguido explorando los continentes sumergidos. Lo más curioso del caso es que Abyss es, con sus defectos, mucho mejor película que Titanic, y en relación inversamente proporcional con ello, fue un fracaso en taquilla, e incluso se la llegó a considerar una obra fallida. No lo es en absoluto, y mucho menos considerando que, casi dos décadas más tarde, y aunque nunca se mencione, no son pocas obras main stream de cine fantástico las que han seguido sus postulados en el apartado argumental, caso de por ejemplo algunas películas de la factoría Bruckheimer, como Armageddon (ítem aparte sería la trascendencia técnica del filme: en la crítica de Terminator 2 ya se apuntó la importancia de la presente película como experimentación previa en los efectos especiales que se hicieron famosos en aquella secuela).

 

Serie B mesiánica

        Bien es cierto que Cameron recoge otros postulados, sobretodo visuales, de predecesores como Ridley Scott, de quien, tras haberlo estudiado para realizar la secuela de su Alien, queda patente que heredó el gusto por lo atmosférico (esos pasillos claustrofóbicos, llenos de tuberías; ese diseño sucio, industrial, de la nave petrolífera, que nos recuerda, guardando las distancias, la del Nostromo). En lo visual, Abyss está muy cerca de Aliens, en ambos casos obras artesanales, bien manufacturadas.         En el apartado argumental, Cameron propone un refrito diría que mesiánico de cualquier argumento de la CI-FI clásica de serie-B, una trama en la que se mezcla una misión de salvamento en las profundidades marinas, el peligro nuclear y, por si fuera poco, alienígenas. Cameron se mueve con soltura por semejante refrito, sabe perfilar los personajes, sabe plantear y desarrollar bien las situaciones de tensión, aventura o suspense para que no se note demasiado el gran dislate que en el fondo propone el argumento del filme. Por otro lado, juega a efectuar variaciones a su predecesora Aliens, estableciendo un juego dialéctico de oposición con aquella: por ejemplo, los Marines dejan de ser héroes y pasan a ser más bien un estorbo si no directamente la representación del peligro (personificados precisamente en el actor-fetiche de Cameron, Michael Biehn, quien del papel salvador de Hicks en la secuela de Alien se convierte aquí en el auténtico villain paranoico de la función); por otro lado, aquí vuelve a haber extraterrestres, pero se sitúan en las antípodas de la hostilidad, hasta el punto de salvar la vida a los protagonistas -en la plasmación de los alienígenas, sugerente y onírica, Cameron adeuda bastante a las sinfonías visuales de Douglas Trumbull, a Tron y a los extraterrestres spielbergianos de Close Encounters on the third Kird-.

 http://www.imdb.com/title/tt0096754/

http://www.rottentomatoes.com/m/abyss/

http://www.cornponeflicks.org/abyss.html

http://www.killermovies.com/a/theabyss/reviews/

http://cinepad.com/reviews/abyss.htm

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TERMINATOR 2

Terminator 2: Judgement Day

Director: James Cameron.

Guión: James Cameron y William Wisher jr.

Intérpretes: Arnold Schwarzenegger, Linda Hunt, Edward Furlong, Robert Patrick, Joe Morton.

Música: Brad Fiedel.

Fotografía: Adam Greenberg

Montaje: Conrad Buff IV

EEUU. 1991. 131 minutos.

 

Cameron y Arnie

        Mucho antes de que la mediocre Titanic le erigiera como uno de los realizadores más célebres del cine americano (statu quo que, por cierto, perdió rápidamente y, años más tarde volvió a reclamar con Avatar), el irregular guionista y realizador James Cameron pudo abrirse camino en aquel entramado industrial llamado Hollywood mediante una pieza original, posmoderna y violenta llamada Terminator. Otro que se abrió camino con el protagonista de la cinta y de otro lacónico y bárbaro personaje llamado Conan fue Arnold Schwarzenegger, cuya meteórica carrera ha trascendido de la pantalla para, cual película inverosímil, alzarle como gobernador republicano en California.

 

T2, FX

        Pero dejemos las otras historias para otras crónicas y digamos de entrada que esta secuela, rodada varios años después de la original, apuntó un poco más allá del mero exploit de un éxito, no por razones artísticas dignas de especial alabanza sino meramente económicas y técnicas: T2 fue una secuela de qualité, una de las películas de mayor presupuesto y marketing del año 91, y se confeccionó (quizá ése verbo es más preciso que el de “se realizó”) contando con impresionantes alardes técnicos, incluida una revolucionaria técnica de digitalización (que Cameron ya había probado en su filme previo, The Abyss) y que, sirviendo para la caracterización del villano del filme, el T-1000, una máquina hecha de una aleación de metal líquido (sic), significó uno de esos renglones visibles en el torrencial progreso de los efectos especiales del Cine (a colocar, cronológicamente, junto a los dinosaurios de Spielberg en Jurassic Park).

 

No fate

        Probablemente esos efectos especiales, esa pirotecnia de lujo, resulta la mayor y mejor consideración que merece esta segunda Terminator, y como espectador que no hace ascos al puro entertainment debo decir que su brillantez técnica, indiscutible, casi puede justificar el visionado del filme. Pero digo “casi” porque otros productos de su categoría genérica e industrial han efectuado piruetas con los FX igual de flamantes e incluso admirables y no por ello se han convertido en filmes soportables (de hecho, en lo que va de este siglo XXI hay muchos, demasiados ejemplos de lo que digo en el cine denominado “fantástico” que nos viene de Hollywood). Si T2 se acaba convirtiendo en una película más o menos simpática, y de visionado entretenido, es por mor de que esa labor técnica se parangona con una labor argumental que, sin ir muy allá, sí que sabe desplegar con un mínimo de originalidad las premisas de su predecesora, aprovechando de este modo las mayores posibilidades económicas en beneficio de un exceso que se salva de la gratuidad: si en Terminator, ya hacían bastante Linda Hamilton y Michael Biehn con aniquilar a la máquina mortífera que quería asesinarles, en este caso lo que está en juego es mucho más grandilocuente, es el control del destino de la humanidad –no fate, leit-motiv temático e incluso textual del filme-, y por ello la gracia consiste en aniquilar absolutamente todas las posibilidades de que el desarrollo tecnológico militar pueda llegar a pergeñar máquinas demasiado listas como para aguantarnos más a los humanos. Con ello, y por aquello de que a pesar de su violencia la película estaba destinada a un gran público (así como teniendo en cuenta que un peso pesado del star-system como Arnie ya no estaba para hacer de villano), Cameron tiene la buena idea de tratar con cierta sorna una humanización del personaje, canalizada mediante el personaje del adolescente John Connor (Edward Furlong) con quien Arnie, perdón, el T-800, establece una cierta relación de compañerismo o incluso paternofilialidad, y que se resuelve mediante hilarantes escenas como aquella en la que John enseña a la máquina a decir tacos o a no matar a todo quisque, y alguna otra perdida en la mesa de montaje en la que la máquina analiza una sonrisa humana para intentar aprenderla.

 http://www.imdb.com/title/tt0103064/

http://www.rottentomatoes.com/m/terminator_2_judgment_day/

http://www.dvdverdict.com/reviews/t2extreme.php

http://www.metacritic.com/video/titles/terminator2?q=terminator%202

http://www.visualeffectssociety.com/documents/ves50revelfin.pdf

http://en.wikipedia.org/wiki/Terminator_2:_Judgment_Day

http://www.filmaffinity.com/es/film576352.html

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ALIENS, EL REGRESO

Aliens

Director: James Cameron.

Guión: James Cameron, David Giler y Walter Hill, basado en los personajes creados por Dan O’Bannon y Ronald Shusett.

Intérpretes: Sigourney Weaver, Carrie Henn, Michael Biehn, Lance Henricksen, Bill Paxton, Paul Reiser.

Música: James Horner.

Fotografía: Adrian Biddle

Montaje: James Lovejoy

EEUU. 1986. 134 minutos.

 

Segunda parte

Considero que Aliens es una buena secuela, y ello porque sus responsables (James Cameron a la cabeza) fueron conscientes de sus propias limitaciones artísticas. Los productores de Alien eran sabedores del halo mítico que ya empezaba a planear sobre la película de Ridley Scott, y su condición primordial en el imaginario de la ciencia-ficción. Más o menos burdo –dependiendo en buena medida de su presupuesto-, un calco hubiera asegurado el agravio comparativo, y el fracaso desde un punto de vista cinematográfico. Así se aprecia en esta continuación de Alien uno de los productos main stream más rescatables de los años ochenta en su(s) género(s), una película que muestra el respeto hacia su original de la forma más digna posible: rehuyendo la comparación.

 

Ripley II

El bueno de Cameron llevó los ítems a su terreno (los aliens y su maldad, el heroísmo casi maniático de Ripley), y subvirtió la historia de terror por el mero traslado a un terreno muy diferente, el bélico. Un purista del título de Scott podría echarse las manos a la cabeza apenas conocer que en lugar de una sola criatura (que se las apañaba, principalmente con su inteligencia, para aniquilar a toda una tripulación –¡o casi!-) hay cientos de ellas, ejército hostil en una aguerrida batalla en un confín del universo. Y no le falta razón, Aliens vulgarizó la naturaleza de la criatura materializada por H. R. Giger (algo que Fincher después volvería a modificar en su versión mucho más sórdida, Alien 3). De hecho, una buena definición de la diferencia entre las dos obras podría pasar por la diferencia entre el robot que protagoniza cada una de ellas: la distancia entre Ash (Ian Holm) y Bishop (Lance Henricksen) da buena cuenta de la mala leche perdida por el camino. Pero Cameron manejó los tópicos con suficiente habilidad como para conseguir que el relato, su relato, no chirriara, y aunque rebajó a la anécdota el trasfondo sociológico (de socio-ficción, podría decirse) que habitaba en Alien (mediante la inclusión, a menudo con calzador, del burócrata encarnado con escasa convicción por Paul Reiser), supo aportar ingredientes nuevos al elemento narrativo que sin duda más le interesaba: la definición de heroína feminista encarnada por la Weaver, a quien en esta ocasión le vemos trabar lo que parece más que amistad con un soldado (Hicks, Michael Biehn, actor fetiche de Cameron), asumir la adopción de una niña pequeña, imponer su coraje en el seno de nada menos que una legión de tipos duros (Marines de película), y, como colofón, hallar un enemigo de su altura, la creadora de los huevos, no por casualidad una “reina madre”.

 

En escena

En su puesta en escena, supo gravar su impronta personal, en las antípodas de la de Scott, mucho más funcional, categóricamente enraizada en el respeto de las convenciones, pero bien planificada y capaz de aportar soluciones visuales de categoría, como puedan ser el primer ataque de los aliens al pelotón de marines, rodado desde el punto de vista de las helmet cams de éstos que Ripley y la comandancia están observando o la demorada culminación del filme, el citado tour de force entre Ripley y la madre de los aliens, enfrentamiento resuelto con un magnífico sentido del ritmo y del espectáculo.

 http://www.imdb.com/title/tt0090605/

http://es.wikipedia.org/wiki/Aliens,_el_regreso

http://www.rottentomatoes.com/m/1000617-aliens/

http://www.reelviews.net/movies/a/aliens.html

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/19860718/REVIEWS/607180301/1023

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