UP IN THE AIR

Up in the air

Director: Jason Reitman.

Guión: Jason Reitman y Sheldon Turner,

 según  una novela de Walter Kirn

Intérpretes: George Clooney, Vera Farmiga, Anna Kendrick, Jason Bateman, Sam Elliott, J. K. Simmons.

Música: Rolfe Kent

Fotografía: Eric Steelberg.

Montaje: Dana E. Glauberman

EEUU. 2009. 109 minutos.

 

Las cartas sobre la mesa

Los dos primeros largometrajes de Jason Reitman, Thank you for smoking y, sobretodo, Juno, le convirtieron en un nombre con cierta reputación en el seno de la industria. Le abrieron las puertas necesarias en el seno del establishment para dar el salto cualitativo y de perfil que supone esta Up in the air, cinta auspiciada por la major de que procede, la Paramount (y por otro peso pesado de consideración: George Clooney) y que logró colarse en la terna de películas más cotizadas del año en razón a los criterios de la Academia de Hollywood. En su primera obra, Reitman nos ofrecía una farsa con cierto mordiente, y en Juno se afiliaba al filón indie –con una obra que en realidad no lo era- para narrar una historia sobre familias desestructuradas en busca de redención. Ambas obras basculaban entre el cierto gusto por detalles algo incorrectos y soluciones narrativas que los desmentían, aunque en cualquier caso cabía colgarle a Reitman cierta afiliación a los valores de la progresía americana. Con esta tercera obra, coescrita por el propio director junto con Sheldon Turner (con base a una novela de Walter Kirn), pretende llevar un paso más sus postulados temáticos (no los visuales, pues sigue anclado a una concepción más bien funcional de la puesta en escena), ofrecer algo parecido a una tesis más adulta –menos gamberra-, desde la mayor ambición de contenidos hasta la mayor ambición dramática. Así, revela sus cartas. Y en mi humilde opinión, deja a la intemperie sus muchas limitaciones.

 

Ponerse serio

Porque a la vista de lo que ofrece esta aburridísima Up in the air cabe definir al hijo de Ivan Reitman como un realizador mediocre, con ínfulas a lo Alexander Payne, pero que es incapaz de trascender la radiografía psicológica más elemental y manida, del mismo modo que, antes que él, le sucedió a otros realizadores que surgieron de la comedia y, al ponerse serios, dejaron a las claras su absoluta falta de talento para el desarrollo dramático, una falta de talento que encubren en envoltorios más o menos sofisticados (por lo demás, nada novedosos), pero a todas luces insuficientes de levantar la vacuidad de un conjunto. Caso de Cameron Crowe (con quien Reitman tiene muchos puntos en común), o de Paul Weitz, entre otros. En el lado opuesto tenemos a Judd Apattow y su factoría, que efectúan una senda más bien inversa, y mucho más interesante: esconder bajo un anecdotario de comedia bufa ciertas reflexiones dramáticas que, sin tampoco ir muy allá, sí que habilitan matices y sugerencias.

 

Doloroso aterrizaje

Atendamos a la historia de Ryan Bingham, el prota de la función que encarna Clooney, un tipo que se dedica a viajar por toda la geografía norteamericana para reunirse con trabajadores a quienes su empresa pretende despedir, y que se encarga de darles la mala noticia, mientras en su tiempo libre se dedica a efectuar conferencias en las que defiende los valores más absolutos del individualismo. Up in the air pretende narrarnos el proceso de toma de conciencia de Ryan de su propia vulnerabilidad, ello a partir de su relación con dos mujeres, una, Alex (Vera Farmiga), amante de ocasión de quien Ryan termina enamorándose, y, otra, Natalie (Anna Kendrick), una joven pupila que le acompaña en sus viajes, a quien imparte lecciones profesionales y de quien recibe lecciones de vida. Sobre el papel –y quizá debamos adjudicarle el haber a Walter Kirn, el autor de la novela adaptada-, el relato es sensacional, no sólo por la confusión entre el trayecto íntimo de Ryan y el aparato discursivo socializante que sostiene en buena medida la trama, sino porque las idas y venidas en avión, esa constante y superficial visita a todos los puertos, más la inexistencia del propio hogar (según se muestra en las secuencias en las que Ryan lo visita: un lugar que, incluso para él, es extraño) funcionan a modo de elegante alegoría sobre la irrealidad en la que está instalado el personaje y quizá la sociedad en general, irrealidad que precisa para desarrollar su funesta labor profesional y que, al mismo tiempo, le convierte en alérgico a todo compromiso personal o familiar. En ese sentido, Up in the air narra lo que podríamos denominar el necesario y doloroso aterrizaje de Ryan en una realidad construida del trenzado de las relaciones humanas, o si lo prefieren, del amor (a la familia, a Alex, al prójimo), algo en realidad consustancial al ser humano y que, denuncia el relato, ciertas estructuras del sistema socio-económico en el que estamos instalados (y las consecuentes praxis profesionales de quienes las ejecutan) están escatimándonos (en ese sentido, la solución argumental es probablemente lo mejor de la función, pues resulta honesta).

 

Sin vida

Hasta ahí bien. Queda justificada incluso la inclusión de esa versión soul del This Land is your land de Woody Guthrie en los créditos iniciales (recordemos que no se trata de una canción cualquiera, sino del auténtico himno de la izquierda americana de toda la vida). El problema es que el espectador podrá pensar en todos los argumentos que he mencionado en el párrafo anterior, porque Reitman los enuncia en imágenes. Pero el mero enunciado es a todas luces insuficiente para insuflar vida a esos personajes y los acontecimientos que los atañen. En ocasiones, como el reencuentro de Ryan con su familia en la boda (casi frustrada) de su hermana, el filme cae directamente en el más estrepitoso ridículo. En otras, sin alcanzar lo bochornoso, se sostiene en una descripción dramática de catálogo y estereotipo, tan pueril como trivial, dejando que el ritmo de la función se sostenga a duras penas en encadenados de montaje que ilustran lo que no son más que continuas transiciones (más el recurso tan celebrado a las reacciones de los trabajadores al ser despedidos, cuya fuerza dramática dejo en entredicho) y esperando, sin éxito, que los diálogos surtan un efecto ponderado. Lo que acaba sucediendo es que los hechos consumados (o ese twist final en la residencia de Alex) nos dicen lo que ha pasado, lo que ha sido de cada personaje, pero no ha habido una auténtica progresión dramática que nos lleve del principio al final en una senda cohesionada y con sentido. Obras como ésta dan alas a aquellos espectadores y críticos que siguen defendiendo que el cine europeo es mejor que el americano en lo que concierne a la introspección psicológica. Yo creo que eso es en realidad un prejuicio –ahí está la vieja guardia de Woody Allen, mal que pese a muchos, un cineasta totalmente americano, y la nueva hornada de cineastas como el citado Payne, o Wes Anderson, o Richard Linklater, entre otros-, pero sí detecto que a menudo esa introspección psicológica acaba funcionando mejor en el cine de género que en el tan cacareado (y oscarizable) drama.

http://www.imdb.com/title/tt1193138/

http://en.wikipedia.org/wiki/Up_in_the_Air_(film)

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20091202/REVIEWS/912029999/1023

http://www.calendarlive.com/movies/reviews/cl-et-up-in-air4-2009dec04,0,471447.story

http://campblood.org/Newblog/?p=1455

http://community.compuserve.com/n/pfx/forum.aspx?tsn=1&nav=messages&webtag=ws-showbiz&tid=24021&redirCnt=1

http://dreaming-neon-black.blogspot.com/2010/01/up-in-air-15.html

http://maguiresmovies.blogspot.com/2010/01/up-in-air.html

http://www.rottentomatoes.com/m/up_in_the_air_2009/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

GRACIAS POR FUMAR

 

Thank you for smoking

Director: Jason Reitman.

Guión: Jason Reitman, basado en la novela de Christopher Buckley

Intérpretes: Aaron Eckhardt, J K. Simmons, Cameron Bright, David Koechner, Katie Holmes, Robert Duvall.

Música: Rolfe Kent.

Fotografía: Jim Whitaker

EEUU. 2005. 93 minutos.

 

Capra en el país de los ciegos

 

Antes de cimentar su fama y llenar cines con Juno – probablemente el sleeper del año 2008-, Jason Reitman adaptó para el cine la novela Thank you for smoking de Christopher Buckley. Dejó credenciales de audacia y una clase holgada de cinismo más la destreza narrativa propia de la nueva escuela de comedia americana, cualidades al menos las dos primeras heredadas de en buena medida del sustrato literario pero bien alambicadas en el libreto firmado por el propio Reitman. No nos engañemos, Thank you for smoking es una fábula capriana con todas las de la ley, aunque previa manipulación (/anulación/traslación a otros parámetros casi opuestos) de los pilares ideológicos del optimismo crítico rooseveltiano que se fijaban en las obras del realizador de Lost Horizon. De hecho, el filme no esconde su baza, y en un momento del metraje, en el instante en que el protagonista Nick Naylor debe enfrentarse a una incomodísima comparecencia en el Congreso, el personaje encarnado por Aaron Eckhardt suelta el guiño a Capra, pues dice sentirse como James Stewart en Caballero sin espada.

 

Deportividad

 

El filme nos narra los duros avatares de Nick Naylor, un magnífico orador que trabaja por cuenta del lobby del tabaco, y por tanto, dando sentido al título de la novela y filme, defiende las ventajas de fumar entre la población norteamericana. Sobre el papel ya reconocemos que se trata de una papeleta complicada, y realmente la forma escogida por el filme para ponernos en situación no puede ser más reveladora: Naylor participa en un talk-show televisivo en el que se discute sobre tabaco, y entre sus contertulios se halla un adolescente enfermo de cáncer. Así explicado suena gravísimo, pero no hay esa gravedad en el tono del filme (narrado en off por Naylor), de igual modo que no hay condicionantes éticos en el modo de actuar y decidir del protagonista. Ello se debe, claro, a la adscripción genérica del filme, el desenfado propio de una comedia, que pasa por el fino tamiz de la ironía las componendas dramáticas. Y al servicio de esa ironía se sitúa un discurso basado en la celebración del individualismo: Naylor no hace otra cosa que valerse de sus armas para sobrevivir en un entorno hostil. Porque hostiles son el politicastro que quiere hacer de la lucha contra el tabaco un caballo de batalla político (William H. Macy) o la periodista que le sonsaca información con malas artes (Katie Holmes), pero también es hostil el jefe de Naylor y, en definitiva, la respuesta que le espera en cada foro donde le toca defender los parabienes del tabaco.  Pero Naylor se lo toma con deportividad, según vemos que trata de inculcarle a su hijo, y con él, a los espectadores: más que hablarnos de la responsabilidad individual frente a la hipocresía colectiva, la película nos viene a decir que en un mundo el único escrúpulo se basa en lo crematístico, da igual de qué lado estés con tal de que tengas algo que aportar a la causa para la que te elijan.

 

¿Fumar?

 

En tan desolado paisaje alegórico, lo mejor del filme son sin duda las pullas con las que se contravienen los clichés caprianos (v.gr. esas reuniones entre Naylor y otros dos representantes de lobbies igualmente mal vistos e igualmente lucrativos: el del alcohol y el de las armas) o las bromas maliciosas a costa del magnate del tabaco que incorpora Robert Duvall o del magnate del cine que interpreta Rob Lowe (que tiene la genial idea de hacer fumar a Brad Pitt para inducir al inconsciente colectivo). Aunque para bromas malévolas, la más intencionada se halla sin duda en el completo metraje de la película, los noventa y tres minutos durante los cuales no vemos a nadie fumarse un cigarrillo.

http://www.imdb.com/title/tt0427944/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

JUNO

 

Juno

Director: Jason Reitman.

Guión: Diablo Cody

Intérpretes: Ellen Paige, Michael Cera, Jeniffer Garner, Alison Janney, Jason Bateman, Olivia Thirlby.

Música: Matt Messina.

Fotografía: Eric Steelberg

EEUU. 2007. 107 minutos.

 

Cine independiente para masas

 

Con Juno ha pasado algo parecido a lo que sucedió con Little Miss Sunshine el año pasado, que alcanzó los podios del Oscar –nominación a Mejor Película, Oscar al Mejor Guión Original- partiendo de una fórmula presuntamente indie. Y digo presuntamente porque, al igual que la otra cinta citada, Juno es una producción de la Fox, aunque sea de su división Searchlight, que se supone con menores ínfulas comerciales: parece que los estudios de Hollywood, siempre tan avariciosos, pretenden quedarse con el concepto de “cine independiente”, cuando bien poco tienen que ver las películas citadas con la disidencia narrativa de los títulos firmados por, por poner un par de ejemplos de la denominación indie de los viejos tiempos, Jim Jarmusch o Hal Hartley.

 

 

 

Embarazo no deseado

 

Esa digresión inicial pretende poner los puntos sobre las íes, no menoscabar las cualidades de la película reseñada, que las tiene. Ya que he citado a Little Miss Sunshine, podría empezar confrontando los pulsos que sostienen la temática de ambas películas y afirmar que su vocación indie (la de ambas) puede interpretarse desde el tratamiento no cuadriculado de los conflictos familiares y sociales que refiere, en el caso de la película de Jonathan Dayton y Valerie Faris la parábola sobre la legitimidad y salvaguarda de lo diferente, en el caso del filme de Jason Reitman los visos transgresores en su mirada sobre las estructuras familiares. Sin embargo, a mi me da la sensación que a Little Miss Sunshine se le veían más las costuras que a esta Juno, probablemente porque, a pesar de las apariencias, Reitman recorre la senda contraria a la transitada por Dayton/Faris, vistiendo de convencional lo que no lo es. Veamos: Juno es una adolescente que tiene la desgracia de quedar embarazada tras su encuentro sexual primerizo con Bleeker, el chico que le gusta; a pesar de sus intenciones iniciales de abortar, la joven decide tener el niño para darlo en adopción, todo ello con el consentimiento de su padre, quien de hecho la acompaña a conocer a los padres que ella ha elegido –de entre los anuncios de una gaceta- para que críen a su hijo biológico. Así, el filme despliega su narración durante el lapso del embarazo (=premisa), y centra su atención en tres focos principales: uno, al modo en que la joven afronta la clase de maternidad que ha asumido; dos, al modo en que ello afecta a la relación sentimental que mantiene/no mantiene con Bleeker; y tres, al hecho de que la relación entre los padres adoptivos del bebé de Juno se vaya progresivamente desgastando conforme pasan los meses de embarazo. Como corresponde a una narración convencional, los meses de gestación (subrayados en estaciones del año) suponen una metáfora del procedimiento de madurez personal que alcanza Juno. Pero lo que no son tan convencionales son las catarsis que el libreto de Diablo Cody abraza en su desenlace, y frente a la consolidación de esa relación amorosa extraña entre Juno y Bleeker (solución presuntamente feliz del filme) se alzan las lágrimas de la protagonista en la cama del hospital, que definen con sencillez y efectividad la desorientación y los tantos posos de amargura que atañen a una adolescente que tiene que pasar por ese periplo. Asimismo, el análisis de las figuras familiares que el filme pone en la picota son muy reveladores de las intenciones de la película: Juno es una niña sin madre, su madre les abandonó a ella y a su padre años ha y su única relación actual con su hija es el envío de pequeños cactus por San Valentín (sic); Juno convive con su padre y con Bren, la novia actual de su padre, que le hace las veces de madrastra y que le ha dado una hermanastra (a cuya costa, por cierto, me pareció ver una broma malévola al personaje de Abigail Breslin en Little Miss Sunshine…); por otro lado, están los padres adoptivos con los que contacta Juno, ella, Vanessa, una mujer obsesionada con la idea de la maternidad, y él, Mark, en cambio, un profesional liberal que trabaja en casa como compositor musical para anuncios y que vive anclado a la adolescencia, al ocio en el que compite con los gustos con Juno, sean pasiones musicales (segunda broma malévola, y a la vez definición acerada del personaje, quien prefiere los Sonic Youth a los referentes setenteros que Juno le propone) o cinematográficas (tercera y mejor broma malévola: aficionado al gore como es, le muestra a Juno una secuencia del filme The Wizard of Gore del mismísimo Herschell Gordon Lewis en la que una máquina taladradora está perforando el vientre de una pobre chica (¡!)). Al final, la pareja romperá su relación, por la incapacidad de él para asumir la paternidad, y será ella (Vanessa), mujer y madre divorciada (o si prefieren, soltera), quien asuma la adopción del bebé que Juno trae al mundo. De este modo, la mirada que propone Juno a las relaciones familiares se mueve en círculos concéntricos a partir de la idea de la monopaternidad: la madre perdida (la de Juno, y ella misma) y la madre recuperada (Vanessa), el padre exclusivo (el de Juno), o el padre perdido (Mark, que se divorcia de Vanessa)… Bien cierto es que contra ello se alzan Juno y Bleeker en el final-remedio, final abierto de la película, que pretende sugerir que tras ese proceso de maduración sentimental, su relación sentimental ha alcanzado visos de seriedad y responsabilidad compartida … en cualquier caso, esa lectura no dejaría de ser transgresora: rehabilitar la familia tradicional está en manos de… dos adolescentes.

 

 

 

Comedia triste

 

La asumida simplicidad narrativa que propone el libreto de Cody y la caligrafía, más bien plana, de Reitman, inciden sin mayores aspavientos en los diversos conflictos que se han ido mencionando, y logran nada más ni menos que abrazar un tono agridulce, que nos impide ver esta película como una comedia, aunque tampoco caiga en excesos dramáticos. Quizá sea Juno una comedia triste, o quizá me lo parece a mí, que acabo de ser padre y soy particularmente sensible a la indefensión en la que se mueven el grueso de los personajes que bailan al son de las patadas que da el pequeño feto que Juno guarda en su seno. En cualquier caso, quizá el mayor mérito de los responsables de Juno radique en la conciencia de estar moviéndose en la inseguridad de sus personajes, asumir en el grueso de escenas (salvo contadas excepciones: p.ej., la lamentable escena en la que Bren le suelta una perorata desairada a la ecografista desairada) esa vocación lírica soterrada en la que las emociones desangeladas laten con fuerza, bien arrulladas bajo cada sonrisa.

http://www.imdb.com/title/tt0467406/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.