[REC]

 

[REC]

Director: Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Guión: Jaume Balagueró, Paco Plaza y Luis Berdejo

Intérpretes: Manuela Velasco, Ferran Terraza, Jorge Serrano, Pablo Rosso, Vicente Gil, Carlos Vicente.

Montaje: David Gallart.

Fotografía: Pablo Rosso

España. 2007. 82 minutos.

 

Sobredimensiones

 

En un panorama cinematográfico tan fláccido como el nuestro, todo se magnifica, siempre con la ayuda de los esforzados (aunque nada democráticos) medios de comunicación, quizá tratando autodignificar esa flaccidez. Hubo un tiempo en el que sólo Almodóvar dirigía películas en España. Después le tocó el turno a Amenábar, cuya Mar Adentro es sin duda alguna la película más masivamente publicitada de la historia cinematográfica patria. También tenemos el caso de la espléndida El Laberinto del Fauno, aunque en ese caso se trataba de una coproducción con México cuyo realizador era mejicano (y de una obra a la que no se le hizo demasiado caso en este país hasta que en EEUU nos contaron que era muy buena). Por otro lado están los Torrentes, hijos de Airbags y demás espectáculos palomiteros; pocos, pero están ahí. Y después hay una gran falla que tienen que atravesar –con mucho más que talento y suerte- el resto de realizadores que pretenden abrirse paso en esta industria independiente. Les queda, eso sí, la opción de quedarse al otro lado de la falla, en el cine off todo, de tipos como Marc Recha, José Luis Guerín, Jaime Rosales, Albert Serra, y otros nombres que filman películas en las que el mayor valor cotizable es la libertad creativa, por lo que se convierten en los grandes estandartes (o hasta demiurgos) de un cine de tanta independencia que sólo está al alcance de un público muy minoritario (entre el que siempre se cuenta la crítica más refinada, por supuesto). REC cruzó la falla, y se erigió en el título más destacable del año pasado, quizá acompañado de la  inferior El Orfanato. Que en lugar de una sean dos las obras recordadas por su éxito durante un año en su país de producción sigue siendo un bagaje ridículo. A un aficionado al cine de género (y yo lo soy) le agrada que sea el cine fantástico, vertiente de terror, quien ocupe tan estrecho trono, pero ello no nos debe impedir denunciar la triste situación de nuestro mainstream, así como llamar la atención sobre el hecho de que, por ende, todas estas películas sobrepublicitadas suelen estar sobrevaloradas. REC, por ejemplo, es una buena película, pero no hay para tanto.

 

Reality show terrorífico

 

La obra dirigida a cuatro manos por Paco Plaza y Jaume Balagueró inserta una trama bastante original y afiliable netamente a los parámetros del cine de terror en un formato específico y muy concreto (y también original aunque menos): la película está exclusivamente escenificada y montada según lo recogido por el ojo de un cameraman televisivo, esto es el material recogido durante una grabación, en concreto de uno de esos programas televisivos tan en boga en el momento de realizarse el filme en los que los reporteros y sus cámaras salen a las calles y disfrazan el sensacionalismo bajo los ropajes del naturalismo (programas como Callejeros, Está pasando o España en directo, y muchísimos otros de emisoras públicas o privadas, estatales o autonómicas o locales, cuyos títulos desconozco pero que copan franjas horarias de tarde en las que antes los niños sólo tenían a escoger entre diversos dibujos animados y series juveniles). En realidad, se trata de un experimento formal con cierto mérito (aquí más imaginativo que técnico –caso de por ejemplo las películas rodadas en un largo plano-secuencia, como La Soga o El Arca Rusa-), pero que al que suscribe no acaba de convencerle por dos razones: una, porque lo atractivo de ese formato y hechura visual se agota mucho antes que la trama (diría que a medio metraje), y eso que la película dura sólo ochenta minutos; y otro, más importante aunque relacionado con el anterior, que los autores de la película acaban autolimitando por razones de forma las posibilidades cinematográficas del buen engranaje narrativo que llegan a articular.

 

Steadycam

 

El experimento no es nuevo, y su herencia principal –la también exitosísima The Blair Witch Project– ha envejecido mal. De hecho, desde que han proliferado las nuevas y (las llaman) democráticas posibilidades de capturar imágenes en movimiento (videocámaras de alta definición, móviles, Internet…) ya son muchas películas que vienen conceder a esos formatos cierta importancia en la escenificación (sin ir más lejos, la coetánea Monstruoso), e incluso hay cineastas aguerridos en su experimentación, como Brian De Palma, que se atrevió a filmar un auténtico collage de imágenes presuntamente amateurs o de raigambre televisiva en su espléndida Redacted. En este caso, más que de nuevas tecnologías, estamos hablando de manufactura televisiva, y más concretamente de steadycam, el cámara que acompaña a la reportera y va grabando todo lo que sucede ante sus narices. Este esquema obliga a los guionistas/realizadores a efectuar esfuerzos de planificación de encuadres para equiparar el efecto reality televisivo reconocible por el público con la conjugación de las técnicas cinematográficas, a encontrar opciones argumentales válidas para una correcta concreción del relato con la limitación visual autoimpuesta y sobretodo a exprimirse los sesos para hallar recetas que suplan los efectos de sonido y la música, elementos primordiales en el género. Por todo ello merece la pena el visionado del filme. Sin embargo, en la construcción visual concurre cierto manierismo, o sobretodo incongruencias, la más notable, que el cámara luchando por su vida en condiciones extremas aún siga grabándolo todo –y además con esmero-: ello nos obliga a una suspensión de la incredulidad que no es momentánea. Otra pega tiene que ver con el alcance de la crítica a los mass media que necesariamente habitaba en la elección del formato visual y el desarrollo argumental (que, como ya he dicho, no es otro que el seguimiento del rodaje de un programa, y por tanto adoptando el punto de vista de una periodista). Que el espectador no sienta simpatía por esa periodista es un primer paso pero no suficiente para alumbrar una crítica a ese mundo implacable que es el periodismo de baja estofa y sus fueros referidos a los sucesos en la jungla urbana y humana. Hay demasiadas obviedades y clichés en la denuncia (ese tira y afloja entre la chica que obliga al cámara a seguir grabando y el policía y el bombero que le piden que no lo haga), y no se llega a trascender en el retrato de los parias en esos programas, los involuntarios actores, la gente de la calle. En este caso, a lo que más llegan es a una versión menos hiperbólica de los habitantes de La Comunidad de Alex de la Iglesia.

 

 

Esbozo

 

Si quieren que les confiese lo que pienso al respecto de REC es que Plaza y Balagueró hicieron un magnífico trabajo al concebirla y rodarla, y nadie les debe restar un ápice de mérito, pero una vez terminada tendrían que haberla vuelto a rodar de otra forma. Me explico. Lo mejor del filme es sin duda la construcción de una atmósfera y los coups de théàtre que marcan los clímax terroríficos, y en segundo lugar el propio planteamiento argumental –las autoridades sanitarias precintan una escalera con sus ocupantes dentro porque existe un extraño virus que opera de modo parecido a la rabia y convierte a los infectados en una suerte de vampiros-, que parte de un refrescante refrito de diversos ítems temáticos convencionales –principalmente el cine de George A. Romero sobre zombies, por mucho que al final aparezca el tema de la posesión infernal– para extraer algo más: cómo actúa un microcosmos humano en lucha por la supervivencia en condiciones extremas, ello contextualizado precisamente en ese contexto urbano tan reconocible. Quizá sin la limitación de formato, sin esa deliberada radicalidad formal, las muchas cuestiones que la película plantea a nivel temático y la fuerza opresiva de su desarrollo argumental podrían haber alcanzado un mejor puerto. Sin embargo, esas posibilidades que le veo a la narración son fruto –me imagino- de un guión pensado específicamente para ser realizado con ese formato, así que un esfuerzo efectuado con una finalidad tan concreta dio lugar a un sustrato argumental de mayor riqueza, que hubiera podido exprimirse mucho mejor en unos parámetros escenográficos planteados en otros términos –no digo convencionales: existen infinidad de fórmulas visuales, incluida la mixtificación de unas con otras- . Evidentemente que todas las opciones son respetables, también la mía de pensar (o pronosticar) como lo hago. Si alguien cree que soy un aguafiestas, sin duda me lo merezco. Pero para mí la buena película que es REC podría haber sido una gran película. Aunque para ello se hubiera tenido que sacrificar, entre otras cosas, el título.

http://www.imdb.com/title/tt1038988/

http://movies.filmax.com/rec/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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