CASINO ROYALE

Casino Royale

Director: Martin Campbell.

Guión: Neal Purvis, Robert Wade y Paul Haggis, basado en la obra de Ian Fleming.

Intérpretes: Daniel Craig, Eva Green, Judy Dench, Mads Mikkelsen, Jeffrey Wright, Giancarlo Gianini, Simon Abkarian.

Música: David Arnold.

Fotografía: Phil Meheux.

EEUU-GB. 2006. 128 minutos.

 

Reciclaje de rostro

 

Parece que no me queda otra que abordar una reseña a esta última y flamante aventura bondiana remitiéndome a lo que el grueso de la crítica refiere, esto es, hablar de reciclaje. Reciclaje mercantil –estamos hablando de una franquicia avalada por un filón de veintipico títulos-, pero con agradecibles resultados en lo cinematográfico. Reciclaje de rostro. No soy yo un particular detractor de Pierce Brosnan, aunque reconozco que, por un lado (y sin que eso tenga porque ser un reproche) nunca se tomó demasiado en serio el personaje que encarnaba, y por otro, su imagen estaba íntimamente ligada a determinados derroteros (a los que me referiré en adelante) que flaqueaban o agravaban la sensación cansina en el espectador de las aventuras del héroe más cínico del cine. Daniel Craig, buen actor, da otra talla al personaje, su planta da la medida pero su rostro humaniza más el personaje, su interpretación le dota de unos matices, de unos aderezos dramáticos, que muchos creíamos desterrados desde los buenos tiempos de Connery y los malos de Lazenby o el más dramático Dalton. Craig conjuga esa interpretación más densa u oscura del personaje (promovida por el propio guión –v.gr. la secuencia, tan dolorosa, de la tortura-) con unos rasgos de fisicidad que lucen bien.

 

Buscando a Ian Fleming

 

Reciclaje de intenciones. Las que van con ese nuevo rostro. Lo dicho, se trata de quitarle un poco de tinta al cliché para que no lo parezca tanto, de matizar actitudes (¿humanidades?) del protagonista (en estos tiempos de vulnerabilidad, el héroe debe sangrar, debe sufrir, debe ser torturado o estar a punto de un colapso cardíaco; ítem más, la componenda dramática, ésta no inédita en el cine de Bond, pero sí mejor resuelta que en las dos anteriores ediciones en las que vimos a Bond enamorado), y del resto de personajes (Q ya no existe; M no aparece de la nada en situaciones inimaginables sino que es el propio Bond quien se cuela en su casa; el malo ya no es malísimo, o en todo caso es vulnerable incluso físicamente, y esconde tras suyo el más villain de todos, a quien la película presenta hábilmente en la primera secuencia para que nos olvidemos de él hasta su reaparición en la penúltima). En definitiva se nota un esfuerzo por acercarse (un poquito) más a la mala baba de los literarios pergeñados por Ian Fleming. Y eso se agradece.

 

Buen juego

 

Reciclaje de fachada. Ni los coches de marca ni las bebidas de gourmet ni las mujeres de escultural belleza pueden abandonar las narraciones bondianas (ni los anuncios –tan poco- encubiertos), so riesgo de desnaturalizar el icono. Tampoco las persecuciones y las escenas espectaculares, que las hay de una forma proporcionada, y que se disfrutan por el buenhacer de planificación y montaje, así como efectos especiales, que tienen detrás. El director Martin Campbell (que es un buen artesano de la escuela spielbergiana, que sacó buenos réditos del mejor Bond de Brosnan, Goldeneye, y auténtico petróleo en secuencias aisladas de un bodrio como La Leyenda del Zorro) se atreve a filmar secuencias más violentas, más tétricas, que ya no son presa de esa patente sensación de irrealidad que lastraba la saga desde hace muchos años (pienso, por ejemplo, en el duelo a muerte, con las manos, con los dos terroristas africanos, o el accidente de coche y  la mencionada secuencia de la tortura, cuya sensación de peligro me trajo recuerdos del Goldfinger literario). No digo que nos hallemos ante la panacea de nada, pero sí que los responsables de la franquicia se han cuadrado consigo mismos y han asumido unos riesgos que, sin dar como resultado una improbable escalera de color, sí que ofrecen buen juego, buenas secuencias, buen ritmo –con algún desliz, sobretodo en el largo desenlace- y entertainment (reciclado) de lujo. Casi podría decir que Casino Royale sería una versión decente del último episodio de las aventuras y desventuras de Ethan Hunt.

http://www.imdb.com/title/tt0381061/

http://www.sonypictures.com/homevideo/casinoroyale/

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