THE BATMAN

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Venganza, Bruce Wayne y El Hombre Murciélago

El estilo del director de Monstruoso y del remake estadounidense de Déjame entrar se reconoce en las imágenes de The Batman. El gusto de Matt Reeves por una naturaleza impresionista de las imágenes, por la fragmentación y el foco en la mirada subjetiva le vienen de lejos, aunque The Batman es indudablemente el titulo más redondo en ese aspecto, el que contiene imágenes más ambiciosas, el de composiciones visuales y montaje más estudiados, el de una labor lumínica pulida en el mejor sentido dramático. Por otro lado, a nivel temático también se puede percibir un devenir filmográfico lógico en la película. Reeves, de un modo u otro, se mueve cómodo en los resortes del thriller y en el desglose psicológico. Amén de sus antecedentes como director, no está de más recordar que firmó junto a James Gray el guion de La otra cara del crimen (The Yards, Gray, 2000) bastante antes de significarse en Hollywood tras las cámaras.
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Reeves, también autor del guion de The Batman junto a Peter Craig, explicó en una entrevista su intención de adentrarse en «el corazón y mente del personaje, tomando como inspiración el trabajo de Alfred Hitchcock». Hay, claro, diversos cómics que le han servido de sustrato, caso de Batman: Ego (Darwyn Cooke y Jon Babcock, 2000) o El largo Halloween (Jeph Loeb y Tim Sale, 1997), pero la verdad es que Reeves propone una mirada personal, idiosincrásica, totalmente desanclada del universo superheroico de la Warner/DC hasta la fecha. No se trata de un nuevo Batman Begins (Christopher Nolan, 2005), pero se ubica en el lapso de tiempo aproximado de (regreso al cómic) Batman: Year Two (Mike W. Barr, 1987), con los villanos aún en sus fases iniciales, en el íter de la criminalidad a devenir iconos de Gotham City. El argumento nos presenta a un Bruce Wayne no neófito pero si en proceso de aprendizaje. En su lucha contra el crimen, y a partir de una serie de asesinatos cometidos por un psicópata  conocido como «El Acertijo», Batman explorará la corrupción existente en la ciudad de Gotham y el vínculo de ésta con su propia familia.
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Batman es presentado en la extraordinaria secuencia preliminar, que discurre durante la noche de Halloween, contemplado «desde fuera», mostrando el miedo que despierta en los delincuentes de la ciudad, algo de lo que él saca partido. Pero en el progreso de esa larga secuencia también conocemos al hombre bajo la máscara, a Bruce Wayne, y se produce la transferencia de esa mirada externa a lo subjetivo, subrayada con esas notas -impresionistas como las imágenes- que el personaje transcribe en su diario y que escuchamos voz over. La naturaleza inconcreta, desdoblada, fragmentada del personaje se trabajará en el relato desde dos frentes complementarios: uno, su pursuit y juegos de pistas que le relacionan con el Acertijo -la trama detectivesca estricta- y los conflictos dramáticos en primera persona que conlleva esa investigación -sus conversaciones con Alfred y pesquisas sobre asuntos turbios de su herencia familiar, su relación con Selina Kyle-. Esas piezas son llamadas a encajar en el clímax del filme ( del que subrayaría su atributo como héroe más que superhéroe) pero también en el epílogo y cierre de la película, porque las piezas se reúnen pero los planos se desdoblan, como la personalidad del enmascarado: el clímax es cosa de Batman, pero la hermosa secuencia de las motocicletas acompañándose hasta tomar en las distintas pertenece a la órbita de Bruce Wayne… La caracterización de Robert Pattinson, el actor escogido para ponerse en las pieles del protagonista, es un pleno acierto que redunda en esa naturaleza del personaje que trasciende sus antecedentes fílmicos, y que nos habla de aprendizaje, de melancolía y fragilidad -más que miedo o estoicidad- pero también de su apoderamiento, de su consciencia de cuál es su encaje en el tablero desquiciado de la ciudad como tablero desnortado de su existencia. Una tipología de personaje, en fin, que revela la destreza, quizá astucia, de Reeves para trazar un arquetipo que sintoniza con aspectos sociológicos que definen la sociedad actual y, especialmente, las generaciones jóvenes. Es cierto que en las metáforas de la naturaleza de un personaje de la entidad de Batman hay muchos aspectos universales, pero no es menos cierto que Reeves, en su concreción psicológica, armoniza esos temas universales con aspectos coyunturales, algo que también hacía -por poner un ejemplo reciente de gran éxito- Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018).
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En ese sentido, atiéndase cómo Reeves, con todos esos mimbres psicológicos por concretar, decide convertir The Batman en una película sobre el (auto)descubrimiento, el análisis inquieto, la dificultad por discernir la verdad entre un acervo de pistas esquivas, en una edificación visual que prioriza lo sensitivo y, por momentos, emotivo. Y es una apuesta trabajada en el guion pero que tiene más que ver con la disposición de piezas en la puesta en imágenes, algo en lo que en efecto Reeves honra a ese Hitchcock que decía buscar, construyendo un relato donde las imágenes funcionan al mismo tiempo en diversos y complementarios planos, una obra que tiene mucho de voyeurista, sobre el acto de mirar, incluso de usurpar la mirada (esas lentillas que se pone Selina), y un tono comprometido con la intriga pero al mismo tiempo con los conflictos, categóricos, del personaje ( estudio este que a la vez incorpora un comentario metanarrativo, sobre la necesidad constante del cine de los últimos años de reciclar arquetipos y buscar novaciones donde parece difícil que las haya). Hablando a la salida del cine sobre la extraordinaria labor escenográfica y de montaje de la película, un buen amigo me comentaba que The Batman le parecía «la película antiMarvel», en alusión a este tan repetido impresionismo expositivo, el uso dramático de la luz, el montaje de las secuencias de acción, etc. Sin ánimo de iniciar controversia alguna al respecto, si opino que resulta llamativo, paradójico, que en esa impresionismo visual y en esa fragmentación narrativa sea, precisamente, donde hallemos muchos más rasgos de autenticidad cinética, dramática, cinematográfica que en la presunta línea clara (digital) de la estética dominante en el cine actual de géneros espectaculares