INVASION

The Invasion

Director: Oliver Hirshbiegel.

Guión: David Kajganich, basado en la novela de Jack Finney.

Intérpretes: Nicole Kidman, Daniel Craig, Jeremy Northam, Jackson Bond, Jeffrey Wright, Veronica Cartwright.

Música: Veronica Cartwright.

Fotografía: Rainer Klaussman

EEUU. 2007. 107 minutos.

 

El clásico

 

        Se trata de la cuarta de las versiones cinematográficas basadas directamente en la novela más célebre de Jack Finney, “The Body Snatchers” (a estas cuatro versiones cabe añadir las que sin estar “basadas directamente”, están “libremente inspiradas”, y aquí el listado daría para mucho, pues la trama, representaciones y metáforas de la novela dieron y continúan dando para mucho). Desde que en 1956 se estrenara la que aún es la versión canónica, el clásico de serie B de Don Siegel Invasion of the Body Snatchers, la historia de esa suplantación de personalidad en masa que anula la voluntad, deseos y pensamientos del individuo halló su celebridad y repercusión en su potencial alegórico, que por aquel entonces estuvo decisivamente marcado por el antagonismo ideológico y la paranoia anticomunista. En 1978, Philip Kauffman rubricó un apreciable remake homónimo, apreciable precisamente porque se trataba de una solvente cinta de terror, y porque, al igual que la cinta de Siegel, estaba fuertemente enraizada en la estética y valores de su tiempo, en este caso la década del pesimismo, la crisis y el definitivo levantamiento del velo que oscureció el american way of life. Deconozco la tercera versión, realizada quince años después por Abel Ferrara, aunque conociendo el talante y opciones artísticas de su responsable cabe imaginar que aquella Body Snatchers 1993 (en españa titulada Usurpadores de cuerpos) fuera una reinvención bien libre, aunque no me atrevo a siquiera sospechar las implicaciones metafóricas urdidas por el realizador de Bad Liutenant. Llegamos finalmente al filme que nos ocupa,  The Invasion, y nos preguntamos por su razón de ser. Ya lo adelanto, tiene que ver exclusivamente con el box-office. El filme dirigido por Oliver Hirshbiegel anota con denuedo, hasta lo cansino, y a menudo de un modo forzadísimo, referencias de todo tipo sobre los sucesos a nivel global contemporáneos a la realización del filme: noticias en los medios de comunicación que nos hablan de la guerra de Irak, referencias macroeconómicas pesimistas, participación de algunos personajes en cargos políticos, y, claro, la enjabonada mental que un burócrata ruso le suelta a Nicole Kidman (y que ésta le responde con habilidad y astucia con etiqueta feminista –etiqueta que yo no, sino ella misma se cuelga-) poco antes de que se desencadene el horror. Pero todo eso está, como digo, insertado con calzador en la trama, de hecho no tiene absolutamente nada que ver con ella, no se aprovecha en ningún sentido narrativo (y eso que la sociedad ultratecnificada y globalizada a través de internet daba no pocas posibilidades de, por ejemplo, colarnos una parábola en clave terrorífica del egoísmo o la soledad). Eso sucede a veces en Hollywood –y en otros lugares, también-: nos cuelan tres palabras rimbombantes para condicionar nuestra percepción, dando por sentado que, claro, hemos ido al cine a comer palomitas y poco más. Alguien debería explicarles que las palomitas no contienen larvas que incapaciten la voluntad humana de discernir.

 

 

El remedo

 

        Superado este primer punto, sabemos que Invasion no es una buena película, porque su sentido, como producto de género –entre la ciencia-ficción y el horror- no vehicula metáfora alguna (lo que, además, si se me permite, es mucho más complicado que extraer alguna de semejante sustrato argumental). Pasa a ser un mero entretenimiento en un sentido que desprecio, pues me gustan muchas películas que pretenden entretenernos con alguna herramienta más que la fachada actoral en boga, el ritmo o los efectos especiales. En realidad, lo peor de The Invasion es que desnaturaliza la historia con su irritante necesidad de corrección. Mira que es inquietante la historia inventada por Finney, y en cambio no existe un solo sacrificio argumental, una sola afrenta a las convenciones, que lleve a turbarnos: la heroína logra salvarse in extremis, a su hijo también –y de hecho, llega a anotarse, contreviniendo todo el alambicado argumental literario, que la protagonista lucha contra los invadidos exclusivamente para salvar la vida de su hijo, es decir, no por miedo a perder la personalidad o la razón-, y el noviete, maculado, es herido para después ser rehabilitado; puntilla final, intentando colarnos un gol a costa de H.G. Wells y la resolución de War of the Worlds –la versión de Spielberg, bien fresca en la memoria del espectador-: la invasión se neutraliza, todos salvados. Recordemos, al contraste, el furibundo desenlace de la versión de la versión de Kaufman (el inolvidable primer plano a Donald Shutherland), pero también el falso happy-end de la versión de Siegel (los productores pensaron que el montaje original del filme resultaba excesivo, e impusieron a Siegel añadir un epílogo, en el que el FBI desarticulase la invasión). En la versión 2008, no ha lugar a sutilezas, y de ello puede responsabilizarse tanto al guionista, David Kajganich, como al artífice en imágenes, Oliver Hirshbiegel; y al respecto anotemos otro dato: Kajganich es novato, y Hirshbiegel rubrica su primera película en Hollywood (contratado tras el éxito de la alemana Downfall): probablemente esa corta experiencia en la industria les convierte en especialmente vulnerables, y es muy probable que los ejecutivos hayan podido influir, quizá decisivamente, en las decisiones temáticas y creativas. Pero, en cualquier caso, esos nombres son los que están acreditados. Y a ellos debe responsabilizarse del desaguisado.

 

 

Las migajas

 

Instalados en este tesitura, y tratando de ser ecuánimes, debemos mencionar que el realizador alemán da con la medida justa del ritmo de la función, y sabe adecuar la puesta en escena a los postulados estéticos convencionales, lo que, ay, salvo en situaciones muy aisladas –y, principalmente, aprovechándose del efecto sorpresivo-, no da de resultas  una atmósfera que condense la cerrazón y paranoia que exuda la historia, pues las soluciones visuales que enmarcan lo angustioso carecen de fuerza en su hechura, ni aportan ideas originales que sean dignas de mención. Queda como mejor contribución cinematográfica el experimento con el tiempo narrativo mediante diversos insertos de montaje, algunos flash-backs, pero otros flash-forwards, en los que la linealidad de la historia se sacrifica en pos del interés por conseguir que el relato avance (ello pierde su impacto conforme avanza el metraje, pero en los primeros compases del filme atendemos a ciertas elipsis interesantes). En cualquier caso, paupérrimo bagaje para un remake que, más allá de su oquedad en el aparato metafórico, sólo merece el epíteto de anecdótico y olvidable.

http://www.imdb.com/title/tt0427392/

http://theinvasionmovie.warnerbros.com/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.