NACIDO EL CUATRO DE JULIO

Born on the fourth of July.

Director: Oliver Stone.

Guión: Oliver Stone y Ron Kovic, basado en la obra del segundo.

Intérpretes: Tom Cruise, Raymond J. Barry, Caroline Kava, Frank Whaley, Jerry Levine, Willem Dafoe, Kyra Sedgwick.

Música: John Williams.

Fotografía: Robert Richardson.

Montaje: David Brenner & Joe Hutshing

EEUU. 2006. 107 minutos.

 

VA Men

Tras la descarnada y brillante epopeya cinematográfica que fue Platoon, obra que de hecho marcó el exorcismo de los fantasmas de Vietnam de la mano más inspirada y autobiográfica de Oliver Stone, el realizador de JFK continuó con su trilogía sobre el conflicto bélico del sudeste asiático con la fidedigna adaptación de la obra homónima (y también autobiográfica) de Ron Kovic, otro Vietnam Vet, que fue herido y regresó parapléjico a su país, y que en los turbulentos años de aquel conflicto, con la óptica del dolor, la madurez intelectual, y las nuevas corrientes de pensamiento de su lugar natal, fue modificando de forma radical su postura ante la guerra, y se convirtió en un antibelicista y feroz crítico de la política exterior norteamericana (decir que la historia de Ron Kovic inspiró asimismo otro canto a la paz, el himno rockero más desgarrado de Bruce Springsteen, Born in the USA).

        

Pérdida de la inocencia

Oliver Stone, secundado en las tareas de guión por el propio Kovic, y contando con el respaldo comercial de la actuación protagonista de una star de la magnitud de Tom Cruise (quien, por cierto, rubrica una actuación memorable), continúa vengándose del pasado haciendo del adoctrinamiento seña dramática. En efecto, esta hermosa película que es Born on the fourth of july no ceja en ningún momento de su extenso metraje de puerilizar con los nada livianos argumentos del que perdió la inocencia y sus piernas en una selva asiática por encargo de los señores de la guerra y con el señuelo de una idea, la defensa de la democracia frente al comunismo y su estrategia del dominó. La película se divide en cuatro segmentos muy bien definidos: el primero, la adolescencia de Ronnie y la atracción que en él ejercen los postulados militaristas y anticomunistas de la administración de Kennedy y Johnson; segundo, la oscura y desquiciante realidad de la guerra (en cuatro secuencias, todas ellas memorables, que parecen arrancadas de Platoon, aunque la última de ellas –el momento de ser evacuado- las supere en crudeza); tercera, el lento despertar a la realidad con el dolor de los compañero en las pésimas condiciones de los hospitales de veteranos, carentes de la necesaria dotación infraestructural por parte de la Administración; cuarto, el más extenso, la definitiva ruptura de Kovic con ese falso patriotismo que le llevó a aceptar a pie juntillas unas doctrinas que ni siquiera comprendía.

 

Música de la emoción

Con su avance punteado con ribetes melodramáticos, las imágenes trasladan al espectador, casi siempre con mucha contundencia, el dolor y la frustración infinita de quien ha pagado tan alto precio por los intereses ajenos. Secuencias como el asesinato accidental de Wilson, la citada extrema unción de Kovic en el campamento militar tras sufrir la grave herida, la angustia y frustración que siente en el hospital porque la enfermera le ha tenido abandonado durante mucho rato, el regreso a casa con ojos muy distintos esperándole, la patética pelea en un lugar perdido de México con otro veterano minusválido, o el parlamento improvisado en un meeting de Nixon, entre abucheos de los simpatizantes del político, quedan como momentos de intensidad y emoción desatada, y de caligrafía tan cristalina que no deja lugar a dudas. A la fuerza de todas estas escenas –y muchas otras- coadyuva la magistral banda sonora de John Williams, una de las mejores de su brillante carrera. En el apartado de la utilización de canciones, Stone tira de grandes iconos de las tres décadas que visita y también erige un discurso a partir de la distancia recorrida, por ejemplo, entre “Soldier Boy” y “Born on the Bayou”, o la inclusión en los pasajes centrales de dos himnos generacionales como “American Pie” y “A Hard Rain’s Gonna Fall”.

 

Patriotismo vs. fascismo

  Oliver Stone ha radiografiado en muchas de sus películas la turbulenta década de los sesenta en los EEUU, pero sus retratos nunca alcanzan lo generacional o lo abstracto. Bien al contrario (como patentizan otras dos grandes películas, The Doors y JFK), a Stone le interesaba en ese momento de su filmografía la narración de historias particulares, la doctrina desde lo concreto. En ese sentido hay que ver y analizar Born on the fourth of July, un filme con sus concesiones al sentimentalismo, pero también con muchos instantes en los que radiografía con agudeza el desamparo vital,  erigiéndose a la postre como un excelente biopic, y, simplificando ideas sin caer en reduccionismos, detallando con nitidez la diferencia, crasa, entre patriotismo y fascismo.

http://www.imdb.com/title/tt0096969/

http://en.wikipedia.org/wiki/Born_on_the_Fourth_of_July_(film)

http://www.rottentomatoes.com/m/born_on_the_fourth_of_july/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

COMANDANTE/LOOKING FOR FIDEL

Comandante/Looking for Fidel

Director: Oliver Stone.

Guión: Oliver Stone.

Música: Alberto Iglesias, Paul Kelly.

Fotografía: Carlos Marcovich, Rodrigo Prieto.

EEUU-España. 2003/2004. 100/65 minutos.

 

En profundidad

Oliver Stone es el artífice de estos estimulantes documentales, erigidos a partir de dos larguísimas entrevistas mantenidas por el propio realizador con Fidel Castro, que, con sus filigranas lingüísticas, y sin más censura que los puntos de vista solicitados por Stone, se pasea ante nuestros ojos durante unos densos, nada aburridos ciento sesenta y cinco minutos de disquisiciones sobre la historia, la revolución, los hombres, el futuro y, claro, Cuba. Huelga decir que Stone se mueve bien en el alambre, y no cae en la demagogia de ningún color: el discurso de Castro se revela planfetario, rehuyente e incluso falsario en ocasiones (cuando el realizador le pregunta sobre cuestiones relacionadas con el déficit democrático en la isla); en cambio, en otras se muestra lúcido, apasionado, interesante en la exposición de ciertas doctrinas, o –sobretodo en Looking for Fidel– convincente en su refutación de acusaciones contra su régimen. En Comandante, Stone siembra la entrevista de cuestiones incómodas, y no se amilana a la hora de preguntarle a Castro sobre, por ejemplo, la supuesta ruptura de sus relaciones con Ernesto Guevara poco antes de su muerte en Bolivia (en ese pasaje, vemos imágenes del cuerpo inerte del guerrillero), o sobre los presos políticos, o sobre lo que pasará en Cuba tras la muerte/retiro de Castro. (También hay un instante, francamente curioso, en el que le pregunta a Fidel sobre sus relaciones amorosas: Fidel rehuye la pregunta escudándose en su intimidad, y Stone le compara con su padre, y dice que “su generación es más renuente a tratar temas de la esfera privada”).

  

Montajes paralelos

Entrevistador, entrevistado y traductora simultánea se pasean por diversos espacios de interiores o exteriores y no hacen otra cosa que departir, alcanzando niveles condensos que se refuerzan por la compresión del montaje, y por los primerísimos planos que la cámara nos muestra de ojos, manos, boca o partes de su uniforme. En Looking for Fidel (realizada tras la detención por el régimen castrista de setenta y cinco disidentes acaecida poco después del inicio de la guerra de Irak, y centrada principalmente en ese particular issue), los puntos de vista se enriquecen con algunos testimonios de opositores al régimen –principalmente, Osvaldo Payá-, aunque es bien cierto que no existe un auténtico afán de careo entre posiciones enfrentadas, sino simplemente la plasmación de esas diferencias irreconciliables (en relación con lo anterior, la guindilla de este segundo documental acaece en una secuencia filmada en la penitenciaria, en la que Stone entrevista a unos cuantos presos preventivos –se hallan en situación subyúdice- ante la mirada de Fidel; por el tono y contenido de sus respuestas, da la neta impresión de que el Comandante los amedrenta). Aunque el interés de los documentales se decanta netamente hacia lo periodístico –por su sencillez estructural y llaneza en el montaje-, Stone se atreve de vez en cuando a puntear la voz del dictador/comandante con montajes paralelos de imágenes reales, escogidas con intenciones diversas -buscando lo descriptivo, el interés histórico, el énfasis o el contrapunto a las palabras que escuchamos…-, pero que en cualquier caso le otorgan al documento un brío, una mesura, un ritmo (no olvidemos, al respecto, que los malabarismo de montaje caracterizan casi en su totalidad la filmografía del director, y que, allende excesos como Natural Born Killers, deja trabajos tan interesantes desde ese punto de vista como The Doors, JFK o Any given Sunday).

 

Pensamiento libre

  Diga lo que diga el sector reaccionario de la crítica norteamericana -que con sus descalificaciones, como suele ocurrir, se convierten en lo que denuncian-, del trabajo de Stone resulta documentales eminentes, una lección de historia del siglo XX, y un magnífico instrumento para el pensamiento libre. En los créditos finales de Comandante, Stone inserta una magnífica cita de Benjamin Franklin (uno de los padres de la Constitución americana) que reza: “el que sacrifica la libertad esencial por la seguridad temporal no se merece ni la libertad ni la seguridad”; al leerla, uno puede suponer que Stone se refiere a la Administración Bush y su lamentable “Patriot Act”, aunque también cabe mirarlo desde el prisma opuesto.

http://www.imdb.com/title/tt0342213/

http://www.imdb.com/title/tt0403232/

http://www.labutaca.net/53berlinale/comandante.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Fidel_Castro

http://www.elcultural.es/version_papel/CINE/7261/Oliver_Stone_en_el_laberinto_del_comandante_Castro/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

EL CIELO Y LA TIERRA

 

Heaven & Earth

Director: Oliver Stone.

Guión: Oliver Stone, basado en los libros

autobiográficos de Le Ly Haslip.

Intérpretes: Hiep Thi Le, Tommy Lee Jones, Haing S. Ngor, Joan Chen, Dustin Nguyen, Mai Le Ho, Vivian Wu, Debbie Reynolds.

Música: Kitaro.

Fotografía: Robert Richardson

Montaje: Joe Hutsing

EEUU. 1993. 135 minutos.

 

        Vietnam III

 

        Aunque a menudo oigamos referencias de “la trilogía sobre Vietnam” de Oliver Stone, esta tercera obra es la menos recordada del tríptico (recordemos, conformado con Platoon (1986) y Born on the 4th of July (1989)), probablemente porque fue la que menos parabienes críticos y taquilleros cosechó, circunstancia íntimamente relacionada con su presupuesto más modesto y su vocación –paradójicamente, si quieren- intimista. Es indudable la condición catártica de esas obras, no tanto en consideración a la postura crítica y antimilitarista adoptada por el realizador como por su condición de excombatiente (Stone se alistó para luchar en Vietnam, acudió voluntario; sus experiencias íntimas resuenan en los periplos de su alter ego, el personaje encarnado por Charlie Sheen en Platoon); y cabe decir que esa catarsis se realiza, en cada obra, a niveles diversos y que se pretenden complementarios: en Platoon, las componendas espirituales del aprendizaje del horror in situ, en el frente; en Born…, la espinosa temática de los veteranos de guerra que reaccionaron contra la política militarista de las administraciones de Johnson y Nixon; en esta Heaven & Earth, el otro lado del espejo: la visión de una vietnamita que tiene que aprender a convivir con la guerra y a sobrevivir en esa coyuntura tan hostil.

 

       

Una campesina

 

        A la protagonista del filme (Hiep Thi Le, que afrontaba un gran reto en esta su primera interpretación cinematográfica, del que salió airosa gracias a su talento y al inestimable mimo con el que la cámara la retrata) le toca lidiar con dos adversarios, abstractos (banderas) y concretos (soldados); dos adversarios opuestos entre ellos: es torturada por el ejército colaboracionista para poco después ser asediada, amenazada e incluso violada por las facciones del vietkong que operan en su aldea. Así, en ese análisis catárquico al que antes me refería conviene decir que no se trata tanto de “la visión vietnamita” (uno de los taglines publicitarios del filme) como de la visión de la guerra desde el punto de vista de un civil: Stone no pierde oportunidad de enfatizar ese dato, sus prescindibles convicciones políticas, su esencia de campesina (en los pasajes que muestran la agresión militar en su aldea, a uno le vienen ecos de lo que ya se visualizó en las dos películas precedentes, que se detenían en la descripción doliente de estragos que el pelotón causaba en un pueblo campesino; abundando en esa línea, me viene a la cabeza otro tagline, éste de Platoon: “la primera víctima de la guerra es la inocencia”, máxima que abarca el leit-motiv temático y sentimental de la completa trilogía).

 

       

Apuntes budistas

 

        El libreto escrito por Oliver Stone recoge el testimonio de la ciudadana vietnamita Le Ly Hayslip (publicado en dos libros de sugerente título: “When Heaven and Earth Changed Places” y “Child of War, Woman of Peace”), y se vehicula en imágenes fundiendo, en magnífico equilibrio, el trazo melodramático con el documentalista, la emoción con la descripción. Stone vuelve a demostrar que no le amilanan los retos, se alinea en la radicalidad y no escatima esfuerzos para dar luz narrativa al asiento espiritual que sostiene esta narración autobiográfica: los incesantes comentarios en off que van desgranando la historia están imbuidos de una profunda fe, están narrados desde esa perspectiva; tanto es así que Heaven & Earth acaba conteniendo no pocas enseñanzas budistas, que se trasladan al espectador por cuanto erigen la esencia de la historia.

 

       

Homecomings

 

        Por razón de la larga duración de este fresco bigger than life y de las tan diversas circunstancias vitales por las que transita Le Ly, se producen súbitas rupturas en el ritmo. Ello no obstante, Stone realiza un magnífico trabajo escenográfico, capaz de fusionar en imágenes el preciosismo visual con la tortuosa descripción psicológica, ávido por la descripción, que a menudo se revela tan vigorosa en el texto como en su plasmación en imágenes (v.gr. los pasajes que transcurren en Saigón, la narración del modo en que Le Ly interacciona con los soldados, el mercado negro, los escarceos con la prostitución…). Sólo en el tercio final del filme da coda a los ciertos excesos formales que más tarde se convirtieron en su marca de estilo, pero aquí esos excesos encuentran su sentido en la descripción de las escabrosas condiciones familiares que le toca vivir a la protagonista junto a su marido americano (y, por tanto, bien lejos del gusto por el exceso como norma visual preestablecida en Natural Born Killers o U-Turn). Es probablemente en esos pasajes relativos al modo en que va torciéndose la relación con el marine Steve Butler (Tommy Lee Jones) donde Stone libera los más temibles demonios en el cuadro historiográfico o sociológico, alcanzando cotas de insoportable violencia psicológica en la descripción del horror del homecoming que Lee Jones personifica a la perfección. De ese particular interesa igualmente comentar la saña con la que las imágenes nos muestran la institución familiar, la fe católica y, por extensión, el exceso material como coda del american way of life. Al trazo grueso que perfila la mediocridad y el prejuicio como constantes relacionales en las reuniones de los Butler se opone la carga espiritual que sostiene los actos y sentimientos de los padres de Le Ly (magníficos Haing S. Ngor y Joan Chen). Del mismo modo, los encuadres grotescos que nos muestran las neveras o las estanterías rebosantes de los comercios en los Estados Unidos se oponen a la mirada nítida, panorámica, virtuosa, que muestra la aldea a la que regresa Le Ly, las belleza natural de la luz plomiza sobre los campos de arroz y los marjales, la selva verde en la lejanía… La imagen final cierra el círculo, es la misma que la que abría la historia, y uno alcanza de ese modo tan simple a comprender los ciclos que a veces anidan en esa alma en constante viaje, más allá de la vida y la muerte. El cielo y la tierra. El equilibrio perdido y reencontrado del que habla esta hermosa película.

 

http://www.imdb.com/title/tt0107096/

 

http://www.vietnam-vietnam-vietnam.com/lely.htm

 

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

 

 

 

W.

 

W.

Director: Oliver Stone.

Guión: Stanley Weisner

Intérpretes: Josh Brolin, Scott Glenn, Richard Dreyfuss, James Cromwell, Ellen Burtsyn, Thandie Newton, Jeffrey Wright.

Música: Paul Cantelon.

Fotografía: Phedon Papamichael

EEUU. 2008. 121 minutos.

 

De JFK a GWB

 

Al menos en apariencia, hacía más de una década que Oliver Stone había dejado de lado la radiografía (de la convulsión) política de su país durante los años coincidentes con la guerra de Vietnam: su trilogía sobre aquel conflicto Platoon, Born on the 4th of july, Heaven & Earth) fecha de 1986,1989 y 1993, JFK de 1991, The Doors de 1992, y Nixon de 1995. Sin embargo, el contenido político es inescindible de la obra del autor de Wall Street, tal como revela esa otra vis, la documentalista, que le llevó a filmar dos valiosas aproximaciones a la figura de Fidel Castro y el régimen en Cuba –Comandante y Looking for Fidel, sobretodo la primera trufada de cuestiones íntimamente relacionadas con la política exterior americana en la década posterior a la revolución castrista-, así como la no menos interesante Persona non grata, que se aproxima al conflicto palestino y a la figura casi legendaria de Yasser Arafat. Y el discurso ideológico también se halla inserto por la vía alegórica en Alexander, y, de forma más chocante con la trayectoria previa del realizador, en la controvertida World Trade Center. Por eso a nadie le sorprendió demasiado que Stone asumiera el proyecto de recrear la historia de George W. Bush, presidente de los EEUU entre los años 2000 y 2008, y una de las figuras políticas norteamericanas más descalificadas de todos los tiempos.

 

 

Del biopic

 

La diferencia principal entre W. y el resto de obras citadas nos sirve para calibrar el riesgo llevado a cabo por el realizador: radica en que la biografía de Bush fue realizada coincidiendo con la finalización de su mandato, y que por tanto no existe perspectiva histórica alguna, y sí en cambio la candencia de un desastrado final de la carrera política radiografiada. Al respecto debe decirse de entrada que Stone enfría los planteamientos de forma suficiente para rehuir el vilipendio –que existe, pero es más sutil: quizá por ello, también más contundente-, y por otro lado que al espectador, al igual que al cineasta, le falta perspectiva histórica para analizar el texto cinematográfico. La opción narrativa –propuesta en el libreto de Stanley Weisner y servido en imágenes sin mayores atavíos, buscando el dinamismo y lo eminentemente descriptivo- se hallaría a medio camino entre las ciertas aspiraciones psicologistas de Nixon (mucho menos elaboradas ni rebuscadas) y el tratamiento de la información basado en la concatenación de set-pièces decisivas de un largo abanico de tiempo que hacía avanzar el relato de la vida del Marine Ron Kovic en Born on the Fourth of July (por mucho que en aquel caso la narración fuera lineal y aquí, como en Nixon, se alternen dos tiempos narrativos, uno correspondiente a los ocho años de legislatura, y el otro explicando sus antecedentes personales y familiares y su ascenso político). La audacia del realizador al abordar esta W. consiste en plantearla –en su estructura narrativa- en términos de biopic, cuando en realidad todo el contenido hagiográfico esperable de una biographic picture aparece aquí transmutado en una reprobación constante a las condiciones humanas y psicológicas tanto como aptitudes políticas del biografiado.

 

 

Estupidez

 

Apoyado en una más que correcta caracterización de Josh Brolin (uno de esos actores que desaparecieron tras su cierta notoriedad como adolescente –pienso principalmente en The Goonies– y lo vimos reaparecer en su madurez de forma casi ubicua –como lo demuestra su estimable labor en filmes como American Gangster, Milk y No country for old men, que suman con esta W cuatro películas en menos de dos años-), el filme cita, aunque detalla poco, diversos de los capítulos cardinales de la vida de George W. Bush: los antecedentes de excesos juveniles del personaje, relacionando con ello la mala relación con su padre (atribuída a su condición de oveja negra en una familia de tradición aristocrática, y al hecho de que su hermano Jeb –senador de Florida- despuntara antes que él), su alcoholismo, su ingreso en la ¿secta? de los Renacidos que marcó una regeneración espiritual in extremis, su matrimonio con Laura Bush, sus primeros pasos en la política, su elección como gobernador de Texas y, finalmente, los entresijos en su gabinete político, ya como presidente, que dieron lugar a la guerra de Irak. Se omite deliberadamente su controversa elección en 2001, así como los diversos escándalos relacionados de un modo u otro con su política interior (sobretodo en materia económica) que han ido desgastando su condición de líder hasta el final de sus días en la Casa Blanca. Está claro que quien mucho abarca poco aprieta, carestía predicable de todo biopic sin excepción. Sin embargo, existe en el retrato perfilado por Stone y Weisner en cada secuencia una descripción primordial del talante y talento de Bush: su estupidez. Pocas secuencias en el metraje de W. se quedan sin decirle al espectador que el que fue Presidente de los EEUU durante dos legislaturas es un estúpido, un necio. Y cuando digo estúpido y necio me remito a las definiciones del Diccionario de la RALE: “falto de inteligencia”, “ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber/imprudente o falto de razón”: siendo como es W una película de alta carga ideológica –por mucho que lleve un mal disfraz-, Stone no acusa a Bush de ser un niño pijo indommeñable, de su largo historial de excesos alcohólicos, ni de su injustificable y desmesurado orgullo (que justifica por el sentido de inferioridad respecto de su padre y hermano); Stone le acusa de no tener ningún valor moral, virtud humana o siquiera política destacable, a no ser esa fanfarronería amable de sheriff de western arquetípico. Stone no dice que llegó donde llegó sólo con ese don de fanfarrón, no dice nada, así que tenemos que leer entre líneas y preguntarnos quién o qué le puso donde estuvo y cómo. Esa pregunta queda abierta, pero no otra igual o más importante: quién le manipula. La respuesta es que todos le manipulan, especialmente su asesor político y los miembros de su gabinete, especialmente Dick Cheney y Donald Rumsfeld –interpretados entre el juego mimético y la hipérbole sombría por Richard Dreyfuss y Scott Glenn-, aunque también Condoleeza Rice –Thandie Newton-. Colin Powell –Jeffrey Wright- sale algo mejor parado, y de lo más que se le acusa es de falta de integridad.

 

¿La forja de un presidente?

 

Así que la estupidez campa a sus anchas durante el metraje de esta película. El protagonista en ningún momento despierta nuestras simpatías, no por la imagen predefinida por la realidad que de él tenemos, sino porque no vemos en pantalla que posea cualidad alguna digna de encomio, más bien todo lo contrario. Si el Nixon del realizador era un personaje torturado por todo tipo de fantasmas y por el peso irresistible de un sistema depredador, este Bush no es más que un monigote sin voluntad. No es siquiera un personaje lleno de inquina como el arribista en que se convertía John Ireland/Sean Penn en las adaptaciones de la obra de Robert Penn Warren All the king’s men firmadas respectivamente por Robert Rossen y Steven Zaillian. De ahí que las imágenes siempre se hallen más cerca del subrayado patético que del más mínimo afán dramático, ni siquiera en momentos climáticos como el infarto sufrido por Bush mientras practica footing con resaca (sic) o la posterior catarsis espiritual. De ahí también que el punto de vista narrativo no esconda nunca las miradas condescendientes del corrillo de personajes que circundan al líder (aunque no se nos explique cuál es la motivación de esas subrepticias maniobras manipuladores, lo que daría lugar a un análisis mucho más complejo de la historia reciente de la política norteamericana). O, entrando en detalles, que no se nos escatime el episodio jocoso de la galleta, y que le dé un tratamiento que roza lo trágico: está enfatizando la representación ridícula del personaje (si el incidente de los lanzamientos de zapato en una rueda de prensa en Irak hubiera ocurrido antes –y no cuando la película ya se hallaba terminada- probablemente también lo habría incluido en el metraje). También son dignas de mención las diversas piezas musicales que van jalonando ese desarrollo tan dudosamente dramático de la función, melódicas muestras del country-rock americano que el espectador puede fácilmente relacionar con el arquetipo red-neck que se le presenta en pantalla. Aunque, entre esas piezas, también aparece el yankee doodle, cuya inclusión (además repetitiva) esconde no poco sarcasmo: “Yankee Doodle went to town, A-Riding on a pony; He stuck a feather in his cap, And called it macaroni…”

http://www.imdb.com/title/tt1175491/

http://www.wthefilm.com/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

PLATOON

 

 

Platoon

Director: Oliver Stone.

Guión: Oliver Stone.

Intérpretes: Charlie Sheen, Tom Berenger, Willem Dafoe, Keith David, John McGinley, Johnny Depp.

Música: Georges Deleure.

Fotografía: Robert Richardson

EEUU. 1986. 114 minutos.

 

El infierno

 

Incluso el menos pintado sabe a estas alturas que Oliver Stone es un veterano del Vietnam y que en esta Platoon –y las posteriores Born on the 4th of July y Heaven & Earth– propuso una catarsis cinematográfica del conflicto bélico en el sudeste asiático. La denominada trilogía del Vietnam nos plantea la misma historia desde tonos y puntos de vista diversos. A diferencia de las dos obras posteriores (también reseñadas por este cronista), Platoon –“pelotón”, en inglés- está directamente basada en la experiencia personal de Stone, y se centra íntegramente en el periodo de tiempo transcurrido en el frente en Vietnam, “en el infierno” (en los propios términos que define Chris Taylor (Charlie Sheen) el alter ego del realizador, al que escuchamos decir, cuando la película está empezando y el soldado sólo lleva una semana en la selva: “alguien escribió una vez: el infierno es la imposibilidad de la razón; así es este lugar, un infierno”). Platoon no es sólo una película crudísima; en sintonía con el discurso y afán realista, su tono es terrible y constantemente triste: triste en la mirada de los soldados que la cámara retrata con tanta ansia; triste en el punteo musical del bello adagio de Samuel Barber; triste en la manufactura de las imágenes de violencia; triste, empapada del estado de ánimo de los jóvenes soldados que aprenden que su único cometido no radica en ganar la guerra, sino en sobrevivir. Triste en oposición a lo que debería ser la esencia de la juventud, resumida en la cita que leemos al inicio del fin, del Eclesiastés (“regocijáos jóvenes en vuestra juventud”), cita cuya integración en la película no puede ser más elocuente: la guerra no sólo se lleva la vida de algunos, sino que macula la indemnidad moral y emocional de todos (todos “los que lucharon y murieron en la guerra” -sin distinción de nacionalidad o bando-, a quien se dedica el filme en el rótulo final).

 

 

 

Aprendizaje: pérdida de la inocencia

 

         Chris Taylor es un chico blanco, de familia bien, que decide dejar la universidad y alistarse en el ejército para servir al país. No es pues, según es notorio y la propia película nos recuerda en diversos diálogos, el prototípico caso de soldado raso (“carne de cañón”) de condición humilde, paria social y económico que es llamado a filas. Bien al contrario, es un chico ilustrado, patriota convencido y comprometido. Platoon nos narra las razones por las que Chris cambiará de opinión tras combatir y ser herido dos veces en la jungla, pero a diferencia de los condicionantes político-ídeológicos que afloraban en el discurso de Ron Kovic en Born on the 4th of July, aquí nos hallamos en un plano más elemental, más instintivo, y quizá por ello (o por lo bien que lo plasma Stone en imágenes) más elocuente. Aquí no se ondean banderas, ni se oyen proclamas contra la guerra: la acción transcurre íntegramente en Vietnam. De hecho, el filme empieza cuando Chris llega a Vietnam, y termina cuando es retirado en helicóptero, herido, y sabemos que la guerra ha terminado para él. El primer plano del filme nos muestra la apertura de la parte trasera de un convoy aéreo de la que descienden los nuevos reclutas –Chris entre ellos-, y lo primero que ven en el aeropuerto son las bolsas que cubren cadáveres que serán repatriados; los “novatos” se cruzan con un grupo de soldados ya curtidos, y, de pasada, Chris cruza una mirada con uno de ellos, y Stone alarga durante un par de segundos ese plano del encuentro visual entre el recién llegado y el veterano: esa es la esencia del filme, la película narra el contenido de esa mirada, lo que el veterano (que pasará a ser Chris) le dice al novato (que somos los espectadores): Platoon es una historia de aprendizaje emocional, nos narra las dolorosas lecciones de vida que a un soldado le toca aprender en el frente. Tiene que lidiar con unas condiciones climáticas extremas y con unas condiciones de salubridad pésimas. Eso para empezar. Se enfrentará con el enemigo invisible, que se mueve entre las sombras y la fronda. Soportará el fuego. Perecerá o no, depende del azar. Entrará en contacto con los otros soldados, la mayoría de estratos sociales bien diversos al suyo, con unos trabará amistad, con otros no, respetará y admirará a algunos, odiará y temerá a otros. Cada plano de la película obedece a un afán eminentemente descriptivo, y va espesando la substancia amarga de esta experiencia en el abismo. Stone es un guionista brillante y las reflexiones que pone en la picota (tanto en off como en los diálogos entre soldados) enriquecen sin condensar los contenidos de las imágenes, algunas bellísimas en su captura de cuadros de grupo o panorámicas (generalmente planos aéreos) que nos muestran el combate y la devastación (destaco sobremanera los planos que nos muestran el pueblo vietnamita tras ser arrasado mientras los soldados y los campesinos lo abandonan, en el desenlace del que probablemente sea el pasaje más impresionante de la película).

 

        

 

Padres putativos

        

         Buscando por el plano alegórico el meollo psicológico/emocional de ese proceso de aprendizaje, el filme se detiene con especial interés en dos figuras opuestas, dos sargentos, Barnes y Elías (interpretados de forma soberbia por Tom Berenger y Willem Dafoe, respectivamente), que devienen los dos referentes de la asunción de conciencia y toma de postura de Chris al respecto de lo que ve y vive. Ambos llevan años en primera línea de fuego, los dos son excelentes soldados y estrategas (les vemos desarrollar auténticas proezas, las tareas más peligrosas –Elías, por ejemplo, se introduce en uno de los túneles construídos por el vietkong-, les vemos asumir cada riesgo y conservar la calma en los momentos más dantescos, les vemos discutir con sus superiores jerárquicos defendiendo la opción que después se revelará como más idónea para el combate y la salvaguarda de las vidas de los soldados). Pero su calaña es bien distinta: Barnes es un auténtico superviviente, le han herido muchas veces – tiene la cara cortada- pero siempre ha logrado salir adelante, y está hecho de la piel más dura imaginable, nunca demuestra un solo sentimiento ni mucho menos sentido de culpa, y no tiene escrúpulos a la hora de traspasar la línea en aras a conseguir los objetivos de la milicia (es ilustrativo al respecto la ya citada secuencia en el poblado vietnamita, donde no duda en volarle la cabeza a la mujer del jefe del poblado y después apuntar con su revólver a su hija pequeña tratando de sonsacarle información). Elías sí tiene escrúpulos, y no siente odio por el enemigo y sí apego por la belleza del enclave geográfico en el que le toca combatir, es un tipo afable y generoso, que siempre prioriza la seguridad de los soldados bajo su mando, y que defiende con ímpetu la salvaguarda de la dignidad y el respeto a los Derechos Humanos que Barnes (y tantos otros soldados) ponen en entredicho (de ahí surge, de hecho, su confrontación con Barnes). Tal como el propio Elías le dice a Chris en una secuencia del filme, Barnes cree en lo que hace, y él no (“hemos dado patadas a tanta gente durante tanto tiempo que ahora nos toca a nosotros recibirlas”). Pero, más allá de las apariencias (que Elías es “bueno” y Barnes es “malo”), lo que Chris aprende (y nos dice la película) es que uno y otro sargentos son las dos caras de una misma moneda, dos poderosas representaciones de la virtud en un entorno enajenado, una más elevada (Elías), pero también menos infalible, precisamente por ello. El emocionante speech final del soldado al ser evacuado de la zona de combate (donde dice que Barnes y Elías deben de estar peleándose por “la posesión del alma”) rubrica la profundidad y capacidad para la sugestión que anida en la descripción de esa antítesis entre los dos personajes, sin duda el mejor hallazgo del guión del filme.

 

 

        

 

Vietnam

 

         A pesar de sus intenciones, no hay puerilidad ni sentimentalismos en Platoon. Algunos críticos la consideran una película sobrevalorada, y es porque Stone es un cineasta irregular, que a veces cae en efectismos visuales o se deja llevar por excesos que empecen la hechura de sus filmes (también cae mal por sus sempiternos afanes discursivos y los contenidos de esos discursos, pero ésa ya es otra cuestión). Pero a fe mía que los problemas que plantean algunas películas de Oliver Stone no concurren en esta Platoon, sin duda su mejor obra junto con JFK. Una película en la que, plano tras plano, vemos que está pensada y ejecutada con la cabeza, con el corazón y con las tripas. Una de las mejores películas que se han realizado jamás sobre Vietnam (referente, entre otras, de The Full Metal Jacket, de un realizador al que cuesta más toserle, como es Stanley Kubrick), y sin duda la que mejor despliega su portentosa carga de denuncia. Una obra sin ínfulas, obstinada y llena de talento, que se erige en una experiencia cinematográfica inolvidable.

 

http://www.imdb.com/title/tt0091763/

http://www.rottentomatoes.com/m/platoon/

http://www.penultimosdias.com/2008/09/20/hollywood-y-la-guerra-de-vietnam/

http://tepasmas.com/curiosidades/platoon

 

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