BLANCANIEVES

Blancanieves

Director: Pablo Berger

Guión: Pablo Berger

Música: Alfonso de Vilallonga

Fotografía: Kiko de la Rica

Intérpretes:  Maribel Verdú, Daniel Giménez Cacho, Ángela Molina,

Pere Ponce, Macarena García, Sofía Oria, Josep Maria Pou

España. 2012. 87 minutos

La fábula alucinada

 No teníamos noticia cinematográfica de Pablo Berger desde hace casi una década, cuando en 2003 dirigiera su estimable opera prima Torremolinos 73. Su regreso, por la puerta grande –y me refiero al prestigio que le ha reportado la película, y al hecho de que es un prestigio merecido–, nos lo proporciona esta Blancanieves, singular apropiación fílmica del ultraclásico de los hermanos Grimm que uno encuadra tan rápidamente como obvia junto a la oscarizada The Artist (Michel Hazanavicius, 2011) y la muy reivindicada por la cinefilia de este país Tabú (Miguel Gomes, 2012) en lo que puede verse como una cuanto menos curiosa revitalización, con propósitos diversos, de las señas visuales del cine mudo. La verdad es que en todos los casos nos hallamos ante propuestas cinematográficamente esmeradas, sin duda interesantes, y en el caso de esta Blancanieves nos da pie a certificar la sapiencia y sensibilidad narrativa de este cineasta vasco formado en los EEUU.

 

La extravagante pero muy astuta disposición de piezas argumentales de Berger nos propone una relectura del citado clásico que toma como premisas arquetipos de personajes y ambientes del folclore patrio, trasladando el esqueleto narrativo literario, y sus enfáticas señas melodramáticas, a un territorio perfectamente reconocible y de jugosas asociaciones. Un famoso torero como rey (Daniel Giménez Cacho), una cantaora como reina (Imma Cuesta), y un revés del destino que conjuga el fatal accidente de él y la muerte en el parto de ella, a quien substituirá una pérfida buscona (Maribel Verdú) que se convertirá en la madrastra mala malísima que le hará la vida imposible a la niña Blancanieves (Sofía Oria) y que, cuando ésta se haga mayor (Macarena García), tratará de asesinarla, momento fatídico del que se librará in extremis para recabar… entre los enanos artistas ambulantes que viajan en su caravana para llevar de pueblo en pueblo su espectáculo freak. Así se agitan las premisas de partida, revelando, entre otras cosas, la universalidad y (por tanto) validez perenne de esa parábola sobre la crueldad humana y el poder insurgente de la inocencia.

 

Meticulosísima en su apuesta escénica, hábil en su conjugación/conjunción de diversos tonos y registros, hermosa en su depuración estética y visual, Blancanieves es una película que cautiva los sentidos. A veces funciona irremediablemente como artefacto posmoderno en el que el efecto epatante visual o la sincronización entre música y montaje proponen juegos lingüísticos y asociaciones, pero a menudo, y eso la convierte en una obra trascendente, la película trasciende de esa respiración artificial del concepto del cine mudo, y a través de sugestivas imágenes es capaz de transportarnos a un territorio de lo intuitivo en el que las emociones exacerbadas dictan las reglas, viaje que ya no puede ser primigenio pero sí en cambio sabe reclamar su condición de alucinado, percutante en sus mecanismos de exploración gráfica y con un atavío lírico que acompasa forma y fondo con mucha solvencia.

 

En sus mejores e inspirados momentos, Blancanieves sumerge lo folletinesco y melodramático en un fastuoso magma de ensoñaciones que todo lo envuelve, que todo lo devora, llevando a lo hiperbólico –a veces monstruoso, a veces grotesco, otras romántico– las coordenadas interpuestas de radiografía socio-cultural. Es decir, celebrando con la mayor convicción las propiedades nutritivas de toda fábula que se precie de serlo.

http://asbvirtualinfo.blogspot.com.es/2013/03/blancanieves-pablo-berger.html

http://www.cinedivergente.com/criticas/blancanieves

http://criticas-de-cine.labutaca.net/blancanieves-oscuridad-inmortal/

http://www.elespectadorimaginario.com/blancanieves/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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