LAS CHICAS DEL CORO

Ladies of the Chorus

Director: Phil Karlson

Guión: Joseph Carole y Harry Sauber

Intérpretes: Adele Jergens, Marilyn Monroe, Rand Brooks, Nana Bryant, Eddie Garr, Steven Geray, The Bobby True Trio

Música: George Duning  

  Fotografía: Frank Redman

Montaje: Richard Fantl

EEUU. 1948. 58 minutos

 

Marilyn rising

Aunque en los últimos tiempos se está llevando a cabo cierta (y saludable) reivindicación de diversos cineastas que realizaron su carrera en los márgenes de la serie B del sistema de estudios del cine clásico americano (caso del director de esta película, Phil Karlson, o de  Joseph H. Lewis, Edgar G. Ulmer o André de Toth, entre otros), la edición en España por primera vez de esta  Ladies of the Chorus, realizada en 1948 e inédita en nuestros cines, no responde a esa corriente de reivindicación, en este caso de Karlson (quien por aquel entonces aún no había filmado ninguno de los títulos afiliados al noir que en la actualidad cimentan su prestigio, caso de  99 River Street, Kansas City Confidential o Hell’s Island, o, en menor medida, 5 against the house, Scandal Sheet, The Brothers Rico, The Phenix City Story o Tight Spot). Tiene más que ver con otro nombre, el de Marilyn Monroe, que por entonces tenía 22 años, y que en esta película realizó su primer papel protagonista, en el que, además, cantaba y bailaba. De lo anterior no se sigue que la película le abriera las puertas que más adelante atravesó hasta convertirse en uno de los iconos más refulgentes del star-system, ni mucho menos: Ladies of the Chorus se realizó bajo el auspicio de la Columbia, y Harry Cohn, el ejecutivo al mando, no se dejó seducir por la actuación de la actriz y no le renovó el contrato; Marilyn aún tendría que esperar unos pocos años para empezar a despuntar –en la Metro y en la Fox– con papeles secundarios en obras como La Jungla de Asfalto (John Huston, 1950), Eva al desnudo (Joseph L. Mackiewicz, 1950), Clash by night (Fritz Lang, 1952), hasta que el éxito le llegó, para no abandonarla hasta el final de sus días, en 1953 con sus interpretaciones en Niagara (Henry Hathaway), Los caballeros las prefieren rubias (Howard Hawks) y Cómo casarse con un millonario (Jean Negulesco).

 

Cinderellesca

Cierto es que si no fuera por la intervención de la Monroe, la película llevaría muchos años más que olvidada, pues es un producto con tan pocas pretensiones (rodada en 14 días, con un presupuesto ínfimo, el metraje de duración inferior a una hora) como mediocre en sus resultados, que ofrece una prototípica comedia optimista de la época con algunos modestos aderezos musicales (entre ellos, dos interpretaciones de Marilyn, “Anyone can tell I love you” y “Every Baby Needs a Da Da Daddy”, ambas que transcurren en los primeros compases de la función –la segunda que puede verse, por tono y contenido, como claro anticipo de la célebre “My heart belongs to Daddy”–), y nos narra, con bastante poca gracia, una clásica historia cinderellesca, en la que una joven artista de burlesque, Peggy Martin (Monroe) y un rico heredero, Randy Carroll (Rand Brooks), fraguan un amor inmaculado y vencen las reticencias sociales que les separan. El libreto, urdido por el artesano Harry Sauber, se revela tan banal como plagado de clichés, y, aún peor, se sostiene en un devenir dramático de todo punto incongruente. La relación entre Peggy y su madre, Mae, una corista veterana (encarnada por Adele Jergens, actriz que apenas contaba diez años más que la que encarnaba su hija en la ficción), plantea, mediante la inclusión de un par de anodinos flash-backs, un discurso de enfrentamiento generacional reducido al esqueleto más tópico. Se desaprovecha también otro apunte, el del clásico enfrentamiento y estigmas entre la aristocracia social y el mundo de la farándula, al cercenar los ribetes dramáticos que asoman en el personaje de  Bill Mackay (en una esforzada interpretación de Eddie Garr), payaso que había compartido cartel con Mae, y antiguo (y frustrado) pretendiente suyo, reconvertido en padrino de Peggy, que en las contadas secuencias en las que aparece pugna por mostrar la amargura que exuda bajo el caparazón dicharachero del oficio, anotación dramática que acaba reducida a la mera y liviana mención, probablemente para no empecer el tono cómico y simpaticote que la función pretende atesorar de principio a fin. Last but not least, resulta también digno de mención el hecho de que Rand Brooks, el intérprete que encarna al hacendado enamorado, quede para las antologías de los casting como uno de los más improbables príncipes azules que imaginar quepa en un relato de estas características.

 

Mailer on Marilyn

Sentado lo anterior procede, pues, volver sobre la razón por la que al fin y al cabo se ha editado la película en DVD y he podido visionarla, la presencia, porte e interpretación de Marilyn, una interpretación que, a pesar de la decisión ulterior de Cohn, recibió en su día críticas bastante positivas en las revistas especializadas, y que, sin ánimo de parecer ventajista a estas alturas, se revela (quizá junto la también matizada actuación de Adele Jergens) como lo único que destaca en esta bastante mala película. Si me permiten, y pensando en aquéllos admiradores de la actriz que enamoró a al menos dos generaciones de espectadores, le cedo la palabra a Norman Mailer, en las anotaciones que de la interpretación de la actriz realizó en su muy poética (y recomendable) biografía de la actriz que publicó en 1973: “se comporta con interesante brusquedad en los momentos menos apropiados (como un leve anticipo de la moda camp), y canta y baila con dulce vitalidad, y hasta da lo mejor de sí para hacer que uno no esté de acuerdo en que no es del todo imposible que ella se haya enamorado del heredero Rand Brooks […]; pero lo más interesante en el estudio de esta actriz es el extraño aire de confianza que irradia, un narcisismo tan grande ante sus propias posibilidades que se transforma en una perfumada especie de sex-appeal, como si una muchacha espléndida acabara de entrar en el salón colmado, exclamando: “de lejos soy lo más hermoso que hay aquí””. Mailer también fue ventajista, cierto. Y también se enamoró, en alguna ocasión o muchas, de la rubia más célebre de la Historia del Cine.

http://www.imdb.com/title/tt0041571/

http://marilynmeva.blogspot.com/2009/05/ladies-of-chorus.html

http://homepages.sover.net/~ozus/ladiesofthechorus.htm

http://mikegrost.com/karlson.htm

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