A PLENO SOL

 

Plein soleil

Director: René Clement.

Guión: René Clement y Paul Gégauff,

basado en la novela de Patricia Highsmith

Intérpretes: Alain Delon, Maurice Ronet, Marie Laforèt, Erno Crisa, Frank Latimore, Ave Ninchi.

Música: Nino Rota.

Fotografía: Henri Decaé

Francia-Italia. 1960. 99 minutos.

 

Enjundia

 

Realizada en 1960 por René Clement, A plein soleil es la primera de las diversas adaptaciones cinematográficas que han merecido las andanzas de Tom Ripley, el personaje más famoso creado por Patricia Highsmith (1921-1995). Después llegarían adaptaciones de lo más variopintas, tanto como el talante de sus autores -Wim Wenders, Claude Chabrol, Anthony Minghella, Liliana Cavanni…-. Clement fue el primero en adaptar la novela en la que se presentó al personaje –la excelente The Talented Mr Ripley, de 1955-, pero no el primer cineasta en adaptar a la Highsmith. Por notorio que le resulte a cualquiera, no está de más recordar que Hitchcock había llevado a la gran pantalla en 1951 la primera novela de la escritora de Fort Worth, Strangers on a train. Si la novela, publicada el año anterior, ya había alcanzado popularidad, la adaptación rubricada por Hitch coadyuvó a que esa popularidad se disparara. Todo ello nos da una idea de la enjundia del proyecto abordado por Clement, una gran apuesta de la cinematografía francesa para alcanzar al gran público, una obra con cierto marchamo de calidad –o de sofisticación, si se prefiere-, apuntalada en el apartado técnico con talentos de la talla del músico Nino Rota y el operador lumínico Henri Decaé, y protagonizada por Alain Delon, por aquel entonces estrella emergente –aunque aún no había incorporado a Rocco en el filme de Visconti- a la que en el filme (en las pieles de un camaleón del calibre de Tom Ripley) podía dar rienda suelta a sus dotes interpretativas  (y justo es decir al respecto que Delon rubrica un trabajo espléndido).

 

Del libro a la pantalla

 

La adaptación llevada a cabo para convertir en imágenes la novela The Talented Mr Ripley resulta a la postre bastante elaborada. Parte de una compresión de lugares (Mongibello y Roma, en lugar del largo circuito por la Costa Azul y la geografía italiana propuesta por Highsmith), personajes y situaciones, y una evidente simplificación de los postulados de psicología criminal presentes en la novela. A Clement le interesa mucho más jugar con el triángulo amoroso (que forman Tom, Philippe –Dickie en la novela- y Marge) que incidir en esa cierta lectura sobre los estigmas de la homosexualidad que sutilmente cultivaban las motivaciones del personaje en la novela (de hecho, hay una secuencia en la que Tom es maltratado por Philippe, motivación deliberadamente gráfica a los ulteriores actos del personaje, y probablemente la mayor traición a la que es sometida la obra adaptada); igualmente, una vez desarrollada la pursuit story -de la que Clement sabe escoger algunos de los planteamientos y giros más perspicaces-, el filme se detiene más bien en la mecánica de los engaños y en los intereses meramente espurios del asesino, dejando en off buena parte del contenido referido a las patologías psiquiatricas que dan lugar a la suplantación no sólo individual sino en lo que se refiere al discurso sobre las clases sociales (esa mirada bien compleja, algo cínica, tan brillante, que Highsmith propone sobre la burguesía americana afincada en Europa). No es de extrañar que el desenlace de la función (resuelto en imágenes con elegancia, todo hay que decirlo) también se oponga claramente a la propuesta que habitaba en la novela; supongo que en el cine hay que tener más valor que en una novela para decir ciertas cosas…

 

Coups de théàtre

 

Clement parece a gusto efectuando diversos alardes escénicos, se atreve a habilitar la tensión sin valerse de música (o, en algún caso, escogiendo música clásica semi-diegética, cuyo sentido resulta chocante con el contenido de lo narrado), y construye un bien mesurado ritmo, un progresivo crescendo de suspense que funciona cual mecanismo de relojería. Constantemente nos encontramos con experimentos con el encuadre desencajado y con el montaje para distorsionar la medida del espacio, en algunas ocasiones con buenos resultados, otras menos. Probablemente lo más destacable de la puesta en escena de Clement habita en las dos largas secuencias dedicadas a los actio crimini, tanto la que transcurre en el velero de Philippe, en la que se aprovecha perfectamente ese microcosmos para sugerir lo virulento, la desorientación, el miedo, la furia, la deriva (sabemos previamente que Ripley no es un marinero consumado, y le vemos porfiar contra los elementos bajo la presión de la circunstancia que le atenaza pero también de un mar embravecido que el velero va cortando a gran velocidad), como la súbita aparición y ajusticiamiento de Freddie Miles, o más bien la angustiosa secuencia posterior, en la que Tom debe llevarlo hasta su coche cargando con su formidable peso por una sucesión interminable de escaleras (hay un magnífico plano fijo en el que vemos a los dos personajes –el vivo sujetando al muerto con un brazo tras su espalda, como si de un amigo ebrio se tratara- descendiendo un tramo de escaleras, y a Delon pasándolas auténticamente canutas para acarrear con ese peso; después, recurriendo a cierta sorna, incluso a un punto grotesco, la cámara situada en la caja de la escalera nos muestra en semipicado una mano muerta descendiendo despacio, y después, al porfiar Tom con el cadáver para meterlo en el coche, pasa frente a ellos una pareja de párrocos, que claman al cielo; al depositar el cuerpo en el coche, éste se dobla y toca la bocina…).

http://www.imdb.com/title/tt0054189/

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