HOWL

Howl

Director: Rob Epstein, Jeffrey Friedman

Guión: Rob Epstein, Jeffrey Friedman, según el poema de Allen Ginsberg

Música: Carter Burwell

Fotografía: Edward Lachman

Intérpretes:  James Franco, Todd Rotondi, Jon Prescott, Aaron Tveit,  David Strathairn, Jon Hamm, Bob Balaban

EEUU. 2010. 74 minutos

 

Poema beatnik

 Por la propia naturaleza, significado y relevancia del movimiento literario beatnik, que emergió en los EEUU a mediados de la década de los años cincuenta del siglo pasado, y que ha quedado como primera constancia de la insatisfacción ante lo que anidaba bajo la fachada impoluta del american way of life de aquellos años, sería extraño (no imposible, por supuesto) que el cine norteamericano se acercara a sus figuras totémicas desde la perspectiva del biopic, que no se esforzara por eludir las convenciones más o menos asimilables a la película biográfica tipo. Ello queda bien patente en esta Howl, aproximación al poeta Allen Ginsberg escrita y dirigida por Rob Epstein y Jeffrey Friedman, que aunque nos propone en efecto una aproximación a la personalidad y antecedentes biográficos de Ginsberg, incide más bien en la temperatura entre emocional y política de los años de la eclosión de ese movimiento literario que es también una manera de entender la existencia y radiografiar el entorno. Para ello se sirve de una estructura mixta que utiliza como patrón compositivo la lectura del poema que da título al filme –la secuencia histórica decisiva de la lectura del poema en el Six Gallery de San Francisco el 7 de octubre de 1955, por muchos el instante en el que cabe señalar el inicio de la beat generation– y su propia escenificación mediante imaginativas técnicas de animación digital, secuencias a las que se intercalan otras correspondientes a un instante cronológico posterior, 1957, por un lado una entrevista-documental en la que el propio poeta (encarnado por James Franco) relata algunas vivencias y razones de estilo e intencionalidad, y por el otro pasajes del juicio seguido contra el editor de aquel Aullido por un presunto ilícito de obscenidad (por mor de elementos de estilo, como la utilización del slang, y específicamente por un contenido con referencias diversas y bien explícitas al sexo y las drogas).

 

Vemos, pues, que esa estructura pretende hacer caber, de modo sincrético, la dimensión artística (que trasciende de la biográfica) y, al mismo tiempo, la sociológica, pues aquel juicio en el que se dirimían los límites de los tentáculos de la censura fue en efecto relevante en su momento (el juez Clayton Horn –Bob Balaban en el filme- falló en descargo del editor, y la Sentencia obtuvo mucha resonancia en los medios, quedando como una victoria de los Derechos Civiles en general y como un apoderamiento y apertura de perspectivas de éxito para la obra y la beat generation en particular), y sigue resultando relevante para los autores de la película, en sus obvias, y, por qué no decirlo, loables, paráfrasis contemporáneas de los términos de aquella batalla judicial. La primera inercia nos lleva a ubicar ese aparato discursivo en el listado de filmes que, a menudo desde las alas liberales progresistas de Hollywood, se erigen en testimonios de la espinosa pugna por la significación real de la tan cacareada libertad de expresión (el listado es largo, pero, por referirme a dos secuencias históricas distintas, podría citar por ejemplo El escándalo de Larry Flint de Milos Forman y, aprovechando la presencia de David Strathain, la bastante celebrada en su día –y hoy en proceso constante de ser olvidada- Buenas noches y buena suerte de George Clooney). Pero como espectadores y amantes del cine, podemos ubicar el filme en su momento cronológico preciso pero en un marco político más amplio, y llamar la atención sobre el hecho de que el juicio escenificado coincide con los años en los que el Código Hays, tras la desaparición de su creador, retrocedió y empezó a ser felizmente superado.

 

Esas anotaciones, empero, se sitúan más allá de los enunciados específicos de Howl, un filme –curiosamente conciso: setenta y pocos minutos de duración- en el que, a pesar de los trabajados pasajes que reproducen en imágenes el aliento lírico de la obra de Ginsberg, la vocación divulgativa se impone indiscutiblemente por encima de cualesquiera otras consideraciones, dejando en meros enunciados algunos elementos biográficos trascendentes en la obra del poeta (la enfermedad mental de su madre, su primera relación sexual, con Neal Cassady…) y en el apartado de las influencias (el jazz, el budismo, y la obra de autores como Blake o Walt Whitman), y omitiendo otros (por ejemplo, el hecho de que la segunda parte del poema estuviera inspirada por visiones causadas por trips de peyote), así como efectuando sucinta referencia a sus compañeros escritores que conformaron con él el paisaje beatnik, principalmente Jack Kerouac (Todd Rotonda). Esa perspectiva no debe de extrañarnos dada la procedencia como documentalistas del veterano tándem formado por Epstein y Friedman, ni resulta motivo de descrédito ante una obra, esta Howl, en la que se aprecia claramente la sintonía entre intenciones y resultados. Todo lo anterior no empece, por supuesto, que cualquier aficionado a Ginsberg o la beat generation no pueda legítimamente seguir esperando alguna pieza cinematográfica que se atreva a ir más allá en su recorrido narrativo y lírico por este paisaje y momento sin duda relevante y apasionante de la cultura norteamericana del siglo XX.

http://www.imdb.com/title/tt1049402/?ref_=sr_2

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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